Panfleto anónimo sobre la catástrofe social de las últimas horas en la región chilena

Tras 25 años de acumulación de tensión, las placas sobre las que se encuentra situado físicamente este territorio llamado Chile han liberado una cantidad impresionante de energía, en aquello que para los humanos constituye un terremoto, “catástrofe natural” por excelencia.

Pero no vivimos en sociedad cualquiera, sino que en el capitalismo, la forma más concentrada y extrema de sociedad de clases, y las catástrofes, si bien pueden provenir de las fuerzas de la naturaleza, no son “naturales”en cuanto a sus efectos, sino que sociales.

La catástrofe social que en sí misma constituye el funcionamiento de la Economía mercantil se hace evidente en estos casos, pues no son las casas de los capitalistas las que se agrietan y caen, no son las familias de los burgueses las que se quedan sin provisiones básicas, y no son tampoco nuestros amos los que se quedan incomunicados y casi sin posibilidad de desplazarse en ciudades de mierda donde el transporte colectivo cumple una función disciplinaria y de mero transporte de mercancía humana.

El urbanismo no es inocente, y los efectos del terremoto se deben a decisiones conscientes de cierto sector de la industria -al que los poderes políticos se acomodan como buenos representantes de clase- y a las planificaciones y regulaciones conscientes del Estado: ellos son responsables ante el hecho de que muchos proletarios hayan quedado literalmente con lo puesto.

Mientras los empresarios responsables de la caída y colapso de edificios recién construídos apenas responderán con ciertos juicios civiles y pago de multas, son tratados de “delincuentes” y reprimidos policial y mediáticamente los proletarios que se saltan la intermediación que el Estado refuerza entre ellos y las mercancías que toda la humanidad asalariada produce directa e indirectamente (pues hasta cuando dormimosm andamos en micro y vemos tele estamos valorizando el capital). Si todas las personas entrevistadas por los medios (des)información coinciden en decir que lo que importa es la vida, y que “todo lo material se recupera”, es totalmente lógico, justo y necesario que recuperemos nuestras vidas mediante la apropiación directa de las mercancías acumuladas en los estantes de supermercados, farmacias y demás templos de la sociedad mercantil.

El aparato represivo del Estado está a punto de ser desbordado por las masas dedicadas a la expropiación de los expropiadores. En Concepción se han visto obligados a tolerar cierto nivel de apropiación de mercancías, y los perros de la prensa burguesa se aprestan a inventar nuevas líneas divisorias entre quienes se apropian de “productos de primera necesidad” y quienes se apoderan de otro tipo de mercancías “innecesarias”. Sin saberlo, dan cuenta de la distinción entre necesidades humanas reales, que el Capital sistemáticamente ignora, y los bienes “superfluos” a cuya construcción, promoción y distribución consagra inútilmente las energías de una enorme cantidad de proletarios. Insistimos en que, si bien tal distinción es real, en la práctica del momento de crisis y acción colectiva no tiene demasiada importancia, pues los proletarios dedicados a la expropiación tienen perfecto derecho a sacarle al Capital todas las tajadas de plusvalía que estimenen necesarias para satisfacer directamente sus necesidades y placeres.

El espectáculo más lamentable lo ofrecen aquellos buenos ciudadanos que anhelan que el comercio les abra sus puertas para poder usar su dinero y comprar mercancías, pues no quieren “robar”. ¿Donde quedó aquella sabia afrimación del sentido común popular que dice que “el ladrón que le roba al ladrón tiene cien años de perdón”?

En vez de destinar todas sus fuerzas al rescate de víctimas, y luego de mostrar gran torpeza y mala fe a través de la Armada (que emitía comunicados en que se descartaba el riesgo de maremotos ¡cuando estos ya estaban ocurriendo!), el Estado, además de reprimir a los “saqueadores”, ha destinado importantes esfuerzos a buscar y recapturar a quienes de entre los 55 mil presos que hay en Chile se atrevieron a aprovechar la confusión y daños en edficios para escapar de las mazmorras carcelarias del Estado. En esta labor el Estado de Chile ha sumado a las víctimas del terremoto una cierta cantidad de compañeros ejecutados en las calles sencillamente por ser fieles a su idea de libertad.

En el momento presente los proletarios anticapitalistas debemos profundizar nuestras redes de comunicación y apoyo mutuo, y no cansarnos de señalar la naturaleza profundamente social de la “catástrofe”, a la vez que participar directamente de las actividades que tiendan a crear comunidades en lucha apropiándose directamente de valores de uso y atacando al Estado/Capital. Y en tanto perspectiva histórica concreta sabemos que, al igual que en el subsuelo terrestre, dentro del tejido social se acumulan tensiones que necesariamente deberán llevarnos a una inminente gran insurrección. Se trata de simple “sismología social”, es decir, lucha de clases.

EL CAPITALISMO ES LA CATÁSTROFE

¡VIVAN LOS SAQUEOS Y ACCIONES DIRECTAS CONTRA EL ESTADO/CAPITAL!

¡A RECUPERAR NUESTRAS VIDAS, PREPARANDO LA PRÓXIMA INSURRECCIÓN!

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