En primavera, los zoos nos presentan los cachorros recién nacidos, beneficiándose del masivo público. A la temporada le sigue el otoño, que significa la muerte para muchos animales. Sobre unas prácticas intolerables.

“Vendo de todo.”

Cinco pares de ojos nos miran al abrir la puerta del viejo remolque. Quejas de la vecindad han llevado a estos controladores de inspección al sitio. En el corral hacen un descubrimiento inesperado. En un remolque herrumbroso, encuentran a cinco adultos babuinos de Guinea acurrucándose asustados. “El olor era increíble”, dice el controlador Jaap Reijngoud. “Los monos habrán pasado meses allí. Había una capa de mierda tremenda. Los animales se pegaban a una tela metálica, para estar secos. A una hembra sólo le quedaba el muñón de una cola. Otro había crecido torcido como si hubiese pasado años en una jaula demasiado pequeña. Y a otro incluso le salían las tripas. Con la mano llegaban a un recipiente de agua que estaba fuera de la jaula.”

El propietario de los babuinos es un comerciante de 34 años. “Vendo de todo”, dice, “chatarra, vigas, animales. Tenía quinientos gansos, el otro tenía cinco monos. Me pareció un buen trato.” Según él, los babuinos venían de Bélgica y pasaron solamente cuatro días en el remolque. “Sólo vinieron a pasar unos días para un rodaje.”

Para el director del refugio de animales exóticos son cinco huéspedes más.

“¿Rodajes?”, dice con desprecio, “Si estos monos estaban demasiado asustados y agresivos. Son animales vendidos a bajo precio, probablemente vendidos por un zoológico y así han llegado al comercio ilegal.

Los parques zoológicos tienen un secreto.

Crían animales sin tener sitio.

Todos los años, los recién nacidos atraen a millones de padres y niños acompañado de mucha publicidad. Nacen cachorros mientras que se no le ofrece espacio vital. Aquellos animales son el llamado surplús.

Lo que está prohibido en Alemania, pasa en Holanda: animales de especies protegidas, tanto jóvenes como mayores, son sacrificados. Monos, felinos, osos, antílopes – especies casi extinguidos – son sacrificados por medio de una bala o inyección letal. La carne que queda sirve de comida para los predadores.

Muchos animales, muertos o vivos, llegan al comercio ilegal. O los venden a bajo precio a un país lejano; Bulgaria, Egipto y Ucrania, donde al parecer no existen problemas de surplús.Es la otra cara del zoo.

Para el público, los osos se llaman Gordi u Orejas, mientras que del mismo sitio desaparecen guepardos de manera inexplicable.

Los animales tienen ´bebés´, dicen folletos alegres. Ositos polares tienen nombres como Taco y Winner. Sin embargo, a nadie le llega el folleto triste sobre los monos vendidos a la República Checa o Polonia. El informe anual presenta con orgullo el memorable nacimiento de bebés monos araña, sin informarnos de los cachorros oso nariz, que han llegado a la nevera por razones de ´exceso de población´.

¿Que se hace con el surplús?

“Es un gran problema.”, dice un comerciante de animales. “Los machos siempre son un problema. Una vez mayor, amenazan el grupo. En la mayoría de los grupos sólo hay un macho. Pero lógicamente nacen tanto machos como hembras. ¿Y qué se hace? Yo qué sé.”

Un veterinario de zoo anónimo habla. “Nos dicen que les peguemos un tiro. Así, la carne les sirve para los predadores. Después una inyección letal, la carne ya no vale. Sigue siendo un gran tabú. Cuando se trata de monos, osos y leones, la gente se emociona. Les da lástima. Pero a la vez comen carne. Esa gente es hipócrita.”

Oficialmente está todo bajo control. Los once zoos holandeses alardean de cumplir con los requisitos de alojamiento, cuidado médico y educación del público. Practican la eutanasia, pero muy raras veces, y solamente en caso de enfermedad terminal. El destino de los animales les importa tanto, dicen, que ya no tratan con comerciantes. En lugar de eso intentan establecer una red de intercambio de animales (EAZA) que implica la colaboración de 250 zoológicos europeos.

Una ruptura notable, la con los comerciantes. Han sido socios fijos de todos los parques zoológicos durante décadas. El comerciante entregaba los animales y se llevaba los que sobraban en otoño. Un reportaje de hace tiempo desveló la siguiente práctica: un comerciante se lleva ositos y tigres de un zoo y los lleva a Bélgica. Allí, un matarife los mata a tiros. Todo grabado en cámara oculta.

Esas prácticas siguen existiendo. Por lo visto, los zoos llevan una relación con disecadores histórica. “Tuvimos malas experiencias con ellos” cuenta un director de zoo. Los animales tuvieron un destino distinto del convenido.” Así desapareció un cachorro rinoceronte después de que el comerciante se lo llevó a España. “Encontramos al animal en un circo, dando vueltas con un sombrero en la cabeza.”

¿Qué ocurre actualmente? “Un buen zoo no tiene surplús”, dice un colaborador de la red de intercambio internacional. “A los animales se les suministra la píldora. Se separan los machos de las hembras. En el caso de las aves, se les puede sacudir los huevos recién puestos. Aparte de eso, hay más y más zoos que llevan un programa de cría, con un libro genealógico en que está registrada la cantidad de miembros de una especie, y los miembros que tienen derecho a parir. Así previenen surplús y endogamia. Tampoco dependen ya de comerciantes, ni tienen que sacar animales salvajes de su hábitat.” Es el sueño de todos los parques zoológicos.

Sobre disecadores y parques dudosos.

Una cuidadora de zoo anónima habla. “Todos aquí hemos visto cosas malas, pero de no hablamos. Nos excluyen. Tenemos un trabajo maravilloso, que por ti cien otros.”

Habla de una pareja de osos mayores. La dirección del zoo decía que ya no había sitio.

“Pusieron un letrero en el lugar vacío, diciendo que habían sido llevado a otro lugar, para participar en un programa de cría. En realidad fueron al disecador.”

Otro ejemplo es el del tigre que fue a otro zoo. Unos meses después, la sala de exposiciones del zoológico tuvo un nuevo tigre disecado. La cuidadora: “¡Era el mismo animal! La mataron. Cuentan buenas historias que de verdad te gustaría creer, pero son mentiras.”

Durante la conversación manifiesta su preocupación por una pantera que está cuidando, que se llama Sherl. Cree que está nominada para ser sacrificada.

La cuidadora anónima no es la única que raja de este tipo de escándalos. Hablamos con unos ex-empleados del zoo más respetado, el de Amsterdam. Hablan del horrible traspaso de animales a zoológicos de bajo nivel. Mandaron a un grupo de osos al zoológico de Dubai, en cambio de un osito de especie rara. “En Dubai organizan espectáculos con chimpancés vestidos. Del grupo de osos sólo quedan cuatro. ¿Dónde está el resto? ¿Muerto?”

Un empleado de un refugio de lobos que se considera ajeno al asunto habla de sus dudas. En un zoo cercano solía haber una manada de once lobos. “Un animal protegido, pero de repente sólo quedaron cinco. No fueron a otro zoo, simplemente se habían ido. Nosotros del refugio informamos, y nos contestaron con un aire distante. Aquellos animales se sacrificaron.”

Un empleado de la fundación Pantera, que acoge a tigres, leones y osos, cuenta: “Un ochenta por ciento de nuestros animales nació en un parque zoológico. Muchas veces también pasaron un rato en un circo o un garito.” Una cosa extraña, dice, es que sólo hay animales de Alemania, Bélgica y Francia. “Los zoos neerlandeses no nos traen animales, porque les da mala publicidad.”

Una empleada del refugio de animales exóticos dice que el problema del surplús zoológico es un problema europeo. “Algunas especies valen su peso en oro. De otras especies en cambio casi no hay demanda. Como los babuinos de Guinea, que paren como los conejos. De osos y leones tampoco hay demanda. Últimamente son los felinos – los linces, panteras y pumas – las víctimas de falta de alojamiento. Para una cobaya gigante patagónica nadie hace esfuerzo.

A veces, una especie se pasa de moda.

Los zoológicos se mandan informes de desiderata y especies sobrantes, según el programa de intercambio. La información es confidencial y lógicamente interesantísima para los comerciantes de animales.

Las listas de surplús son largas. Un director de zoo cuenta: “A veces pasas años queriendo soltar cierta especie, sin resultado.”

Hay causas obvias del surplús. “Los zoos quieren más grupos de una sola especie. Eso significa que ya no hay espacio para otras. Y luego eso que se pasan de moda. El oso, los chimpancés y ciertas especies de mono se consideran atracciones antiguos,” dice un comerciante de animales.

Y los programas de cría EEP. Un zoo que participe en uno, obtiene cierto nivel.

Los zoo sustituyen sus animales bastardos por ejemplares de pedigrí. Los bastardos se van a un parque pequeño, menos conocido, o al extranjero. A un parque en África o Europa del Este, o sencillamente con un comerciante, vivos o muertos. “Si el realojamiento resulta demasiado caro, los sacrifican. La solución más barata es la que les vale. Muchos parques tratan con problemas económicos,” añade el comerciante.

Degeneración.

La cantidad de bastardos y endogamia en los zoos europeos es enorme. Incluso hay cruces de leones y tigres. Quedan pocos animales genéticamente parecidos a los congéneres salvajes. El director de antes: “Hemos criado desordenadamente durante décadas. Estábamos contentos de tener una pareja fértil por lo menos. Por eso ocurre que hay muchos bastardos de todo tipo. Lo que hacemos ahora, es dejar que se extinguen uno por uno.”

Sobre todo sobran bastardos jirafas, cebras y leones.

En cierto zoo de buena fama siguen naciendo leones bastardos. “Pasamos años queriendo soltarlos,” dice el gerente, “No nos interesa quedarnos con especies poco populares.”

Es el dilema del zoológico moderno.

Aspiran conservar especies, en proyectos ′Arca de Noé′. Pensando que cuando extinga un animal en estado salvaje nos quedan los que están criados en un zoo para realojarlos en un parque natural. Por lo tanto, pretenden conseguir animales genéticamente semejantes a los congéneres salvajes.

El realojamiento en estado salvaje, sin embargo, resulta complicado. Muchos proyectos de realojamiento fracasan.

Los bastardos sobran. Los grandes parques ya han reducido la cantidad a la mínima, por medio de exportación y eutanasia. En los pequeños parques todavía quedan muchos. Un veterinario dice: “El cruce de tigre y león es el ejemplo más claro. Un feto de la naturaleza. Y los mapaches, que genéticamente son un desastre. Esos están en construcción cementerio. Sacrificar todavía no hace falta, porque no hace falta el espacio que ocupan. Pero los abandonan a su suerte, dejándolos para los cuidadores que están implicados emocionalmente.”

Un león bueno es un león muerto.

Por otra parte son muchos los parques que crían mapaches. Los comerciantes han descubierto un mercado: el mapache como animal doméstico.

Un león bueno es un león muerto, según el comercio. También tigres y osos suelen valer más muertos que vivos. En Bélgica trabajan compradores de animales que recogen animales en toda Europa.

En Lieja se encuentra el almacén de Jean-Pierre Gerard. En una barraca al borde de la ciudad mata leones, tigres, osos y antílopes. La carne de oso, en Alemania del Este, se considera una exquisitez, como también la del antílope. Son desollados y las pieles son vendidas.

La empresa de Jacques Boute en Venlo (Holanda del sur) diseca cabezas de animales y fabrica alfombras de las pieles. Con las alfombras viene el certificado de ´procedente de animal nacido en cautividad´.

Otro es Louis Lenaerts, en Bélgica, uno de los comerciantes más grandes. Si puede vender un animal o si lo ve cualificado para la cría, lo deja vivir. Si no, le pega un tiro (con un calibre menor, para no dañar la piel). Las pieles las vende. ¿Un león disecado? “Claro. Por 2500 euros.”

Lenaerts compraba animales de zoo. Desde que salió en televisión en el reportaje sobre estas prácticas, quedan pocos que quieren tratar con el.

Sin embargo, según la ley no hace nada ilegal. Sólo una vez le pudieron imputar algo. La policía lo cogió matando tres tigres jóvenes. Le dieron una multa por falta de permiso de matanza.

El motivo para comerciantes como Lenaerts es dinero, mucho dinero. Tom de Meulenaar, del despacho de Traffic Europe (que investiga el tráfico de animales exóticos) sabe lo lucrativo que es el comercio de osos y tigres sobrantes. “Animales del surplús son todo un comercio. Aún más lucro está en los productos derivados; las pieles, los huesos y los órganos. Las pieles van al disecador y las carcasas van a China o Taiwán para la producción de medicina tradicional.” Huesos de tigre valen 1500 dólares el kilo. La bilis de oso vale más que la cocaína.

La WWF calculó que un solo tigre produce para 500.000 euros en productos derivados. Un inspector del servicio de inspección corrige: “Unos 120.000 euros, más bien dicho.”

Un león no es tan interesante como un tigre. El disecador: “Compro las pieles por 1500 euros. Por una alfombra con fondo de lino cobro 2500. Un animal disecado en cualquier posición cuesta 4000 euros.”

Tres leones, dos osos y un tigre – pieles con cabeza – nos miran desde el mostrador. Al lado, con las patas levantadas, hay un león muerto sentado. “Animales sobrantes de parques zoológicos”, dice Boute.

Las reglas CITES para especies amenazadas.

El filial del ministerio de agricultura está enfrente de la estación de trenes. Allí sede el departamento que vigila las reglas del convenio CITES, tratado internacional sobre las especies amenazadas. Un pequeño equipo controla el comercio.

Investigan cada petición de permiso, utilizando varias listas numeradas. En la lista número uno están todas las especies prohibidas para la venta. Tigres, monos, linces, antílopes, pájaros y anfibios. Lista número 2 informa de las especies de comercio limitado: lobos, zorros, antílopes, monos, pájaros y el oso hormiguero.

Resulta que los zoos neerlandeses tienen una posición excepcional. En el año1994 tuvieron exención total en cuanto a la tenencia y la cría de especies protegidas. En cambio, están obligados a presentar un informe anual sobre la cantidad de animales.

La administración del ministerio resulta pobre. Los informes están incompletos o simplemente faltan. Algunos zoológicos no han presentado ni un informe desde el año de exención. En cambio, sí pidieron muchos permisos de exportación.

Otros zoológicos parecen que nunca han pedido permisos. Un zoo sólo pide permiso para el comercio de animales muertos.

Las listas anteriores del año 1997 no están a disposición, ´por razones técnicas´. Por lo visto, un nuevo programa informático ha borrado la información. Un empleado de la oficina se encoge de los hombros. El control de los zoológicos no tiene prioridad, el departamento tiene que tratar 13.000 peticiones al año.

¿No pudiera ser mejor el control?

Porque examinando los papeles, encontramos muchos casos extrañas. Un zoo pidió permiso para la exportación de once chimpancés. Pero el informe anual del mismo año no presenta ninguna exportación en absoluto. Comprobando el permiso, resulta que el destino fue un laboratorio de la universidad de Zürich, poniendo: “10 cadáveres de chimpancés. Objetivo: Ciencia”. Fueron destinados para la investigación genética. Otra petición del mismo zoo es de poco después, esta vez para la exportación de catorce chimpancés. Además mandaron seis primates protegidos a un centro de primates de la misma universidad de Zürich, dice el director del zoo. “No para pruebas biomédicas, sino para investigación de conducta.”

Otro ejemplo. Un zoo pidió permiso tres veces en un año para la exportación de monos con destino Polonia y la República Checa. Comprobando ´el permiso nº 10593´, resulta que fueron mandados al zoo de Pilzen, pero con finalidad comercial. Algunos zoológicos venden animales a coleccionistas. Por ejemplo, un jeque de petróleo de los Emiratos Árabes Unidos. Le venden una especie de antílope sumamente rara, el oryx árabe. Un antílope blanco, extinto desde principios de los años setenta. No se trata de un proyecto de realojamiento, como en Omán. El jeque ya posee cuatro oryx en su finca, registrados en el banco de datos ISIS, que controla mundialmente las colecciones privadas de animales protegidos.

Por conservación de la naturaleza los zoológicos prefieren no sacar animales del ámbito natural. Pero son listos. Un ejemplo: un parque de primates quería conseguir monos bonobo, una especie rarísima. Sólo quedan cien de ellos viviendo en cautividad. Lógicamente no hay ni un zoo que los suelte. Por lo tanto los precios suben a unos 500.000 euros el ejemplar.

La suerte le tocó al director del parque de primates cuando pude comprar seis bonobos en Zaire. Eran animales de laboratorio en un instituto de investigación biomédica en Kinshasa. Más bonito no hay: animales salvados de un laboratorio cruel. ¿O se trata de un rodeo quizás, para obtener animales salvajes?

El permiso nos ayuda. Debajo del titular ´Orígen´ viene la letra ´W´, de ´Wild´, que significa salvaje. Quiere decir que los animales han sido sacados de su ámbito natural.

Es un viejo truco. Hace años, otro zoológico ´salvó´ a siete gorilas de las manos de un comerciante en Camerún. Costó 120.000 euros. Fue un escándalo internacional. “Vinieron de un ambiente sospechoso”, reconoce la dirección del zoo. “Nos pidieron el favor de acogerlos, lo que nos encantó.”

Otra operación de un zoo holandés es la del primate más amenazado, el tití león dorado. No hay más que cuatrocientos viviendo en estado salvaje. A través de este zoo, seis de ellos desaparecen del banco mundial de datos ISIS en el año 1998, cuando el zoo los exporta a la República Checa.

Europa del este es afamado por la venta de todo tipo de animales. Los parques zoológicos no llevan registro, excepto el zoo de Praga. Sólo les queda uno de los tití dorado. “Siguen allí los seis. Acabo de llamar esta mañana,” nos asegura el director del zoo que los mandó. No entiende que es imposible, ya que dos animales murieron en el viaje, como está en el permiso. “De verdad que he llamado.”

Un comerciante extranjero explica: “Esos monos son tan rarísimos, que el destino de Praga no suena muy lógico. Los mejores parques pagarían su peso en oro.” De la exportación de ocho monos japoneses a Ucrania se ríe: “Nadie los quiere. No hay explicaciones para un transporte tan caro, sólo dumping. Por eso los animales se van a Bulgaria o Egipto; aquellos zoos nunca se llenan.”

De la administración de exportación resulta que los países del Este son populares. El veterinario: “Es una elección. Claro que allí el alojamiento es peor. Pero también la gente está peor.”

La eutanasia, según la versión oficial, no se practica. Sólo en casos de vejez o enfermedad terminal. Sin embargo encontramos cantidad de fallecimientos extraños. Una loba parió seis cachorros, y murieron todos, según el informe anual. Nacieron diecisiete críos antílopes, todos murieron. Nada menos que treinta y tres críos de cabra fallecen. Un manjar para los predadores, reconoce uno de los zoológicos. En otro nacieron seis cachorros leones completamente sanos de los que ninguno siguió vivo hoy en día. Una chita parió una camada de seis cachorros preciosos que murieron todos, como también desaparecen dos chitas adultas. En la lista de muertes del zoológico en cuestión pone: Cinco machos y una hembra: DESTRUIDOS. El último animal simplemente desapareció.

En la lista de muertes de otro zoológico vemos que muere un grupo entero de coatíes. Tres llegan al congelador, el resto sigue dos meses después.

Fallecimientos por exceso de población, dice la dirección.

En la larga lista de muertes (cada mes 15 animales aprox.) encontramos a los lobos por los que se preocupaba el colaborador del refugio de lobos. Seis cadáveres. Tres disecados, con una cabeza luciendo en la pared.

Los animales corren peligro en un zoológico. Eso está claro.

Los zoos tampoco informan de las causas de muerte, según las normas.

Se hace mucho para prevenir la extinción de una especie, conforme las reglas CITES, de animales salvajes. Con los animales nacidos en cautividad sin embargo se hace cualquier cosa.

Dentro de Europa, se necesita un certificado para tener animales como los de la lista nº 1. Para los de lista nº 2, el tráfico es libre. Fuera de Europa es preciso más papeleo, pero teniendo el certificado de ´nacido en cautividad´ no hay problema. CITES claramente sólo existe para limitar el comercio. Quien quiere disecar un animal protegido por lo visto es libre de hacerlo.

Traffic Europe, la organización que estudia el tráfico de animales protegidos, se preocupa por el destino de los animales en parques zoológicos. El director de Traffic Europe en la oficina principal en Bruselas, Tom de Meulenaar, dice: “En la ley hay unas lagunas enormes. Controlan bien el trato de animales salvajes. Pero las reglas para animales en cautividad son un desastre. Por eso hay mucho fraude. Con un animal de zoo puedes blanquear fácilmente a un animal salvaje. Con un animal salvaje dispones del material genético perfecto para la cría. Además puedes intercambiar o venderlo sin restricciones.”

Quien inscribe un tal animal en el libro genealógico de la EEP (European Endangered Species Program) está bien recibido.

Los viejos y feos animales, los bastardos y los animales de sexo no deseado, se cambian sencillamente por animales de ´mejor calidad´. Incluso los microchips no son problema; se le quita al animal muerto y se le pone al animal salvaje.

Los directores de zoo reconocen que el tráfico de animales salvajes mueve mucho dinero. Si a un zoo del Este se le ofrece una suma de 50.000 dólares por un animal, no resiste. Significa tal fortuna, que mantendría al parque entero durante un año.

Incluso se ha visto tráfico de especies ´falsificadas´. “Hay un comerciante que compra panteras que se parecen a la especie de la pantera siberiana, de la que quedan unas decenas sólo. Las lleva a Corea del Norte, donde se les dan un certificado falso. Después las venden por mucho dinero,” informa un director de zoo.

En Holanda, los comerciantes siguen con el oficio. “Recogí unos osos hace poco tiempo y los llevé al disecador,” dice uno. Conoce los osos de las que se preocupaba la cuidadora anónima de antes. “Aquellos osos también vendí al disecador.” El director del zoo en cuestión dice: “Me dijeron que irían a un zoológico belga.”

El director del zoo de Amsterdam llegó a las noticias diciendo que existían dos razones para dejar parir a los animales. Uno: tener cachorros es divertido. Dos: los puedes partir en partes y venderlos a la industria de medicina china, lo cual salvaría la vida de animales salvajes. El director fue reprendido fuertemente. Sin embargo, su manera de pensar es típica. Más y más zoológicos sacrifican sus camadas. Uno dice: “Todavía no es ninguna regla. En Dinamarca ya es la práctica diaria. Hoy en día me atrevo a defenderla. El director del zoo de Amsterdam lo dijo un poco fuerte, pero la idea es la misma. Tenemos que explicarle al público que la muerte es parte del juego.” El veterinario: “No tiene que haber secretos. Los parques zoológicos tienen que ser abiertos sobre este tema.”

Al servicio de inspección no gusta en absoluto. “Mi corazón sencillamente dice que no es justo. Pero no podemos hacer nada, porque las reglas no lo prohíben.”

El director del zoo de Amsterdam no quiere más publicidad. Los patrocinadores que simbólicamente adoptaron animales suyos enfurecieron al enterarse de sus palabras. Ahora dice: “Holanda todavía no está preparado. En los Estados Unidos incluso está prohibido echar ratones y grillos vivos a los predadores. Hay una diferencia muy grande entre lo que la gente cree admisible y lo que hacen ellos mismos en su vida privada. En el comercio al por mayor ya hay cinco tipos de solomillo de antílope. Y cola de cocodrilo. Eso sí les gusta.”

Al lado del refugio de animales exóticos hay un pequeño garaje. Dentro están metidos en cuarentena los cinco babuinos de Guinea. “Una cosa asquerosa,” dice el director del refugio. “El con la lengua fuera está mentalmente retrasado. El otro tiene el tórax en quilla, no lo he visto tan fuerte en mi vida.” Suspira. “Esto no tiene buena pinta.” El origen de los babuinos todavía es desconocido. El director del refugio opina que problemas de este tipo seguirán existiendo, si no imponen la obligación de registro para cada animal. “Es horrible que los zoológicos matan a los animales que lucieron una temporada antes. O que los mandan a un laboratorio ruso donde se quedan con electrodos en la cabeza.” Una semana después llegan los datos que faltaban. Casi seguro que los monos vienen de Bélgica. “Nos dieron el nombre del comerciante Lenaerts.” La peor noticia es el resultado de las pruebas médicas. “Un animal tiene el peligroso virus herpes-b. De los otros lo sospechamos también. Si uno de ellos le escupe a una persona, esa persona morirá seguro. Es una enfermedad irreversible.” El comerciante de 34 años ha corrido mucho riesgo. Lo que va a pasar con los monos es la cuestión. “Tenemos que meditar bien la cosa. Igual resulta mejor sacrificarlos. Un animal con herpes es muy peligroso.”

La cuidadora anónima nos llama por teléfono. Llora. “¡Han asesinado a mi pantera! ¡Le han metido una inyección letal!” “Sí,” dice el zoo. “Era un bastardo. No tenía mucho público.”

“¡Qué cochinos!” dice el empleado de la fundación Pantera, a unos cincuenta kilómetros del zoo. “Nosotros teníamos sitio, lo sabían.”

Bert Huisjes

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