Gabirel Ezkurdia

“El simple “político de poder” que también entre nosotros es objeto de un fervoroso culto, puede quizás actuar enérgicamente, pero de hecho actúa en el vacío y sin sentido alguno”. Max Weber.

Horrorizado con los últimos coletazos del “terrorismo antiterrorista” que trata de ocultar la obvia debilidad de la decadente deriva hispana, recuperé un libro que devoré hace 15 años y es paradigma claro del devenir de los tiempos. “Euskadiko Ezkerra viaje a la nada” de Jose Antonio Egido es la parábola minimalista que explica con nitidez parte de la mediocre inconsistencia de la actual “clase política” española. De aquellos polvos estos lodos. La extrema política transgénica de Onaindia, Paramio, Reverte, Martinez, Bandrés y demás melifluos teóricos que hormonaban la deslealtad, el engaño y la transexualidad política como conductas legitimables y provechosas a costa del martirio físico y político de coherentes, honestos y valientes camaradas, es hoy, junto a la falta de carisma y formación de las nuevas hornadas de presuntos líderes de la “clase política”, una de las explicaciones del triunfo de la “antipolítica” y por ende de la decadente deriva definitiva de ese proyecto totalitario llamado España (“¡los vascos son españoles por cojones!” Constitucionalmente popular), perdón Expaña.

El ostión va a ser espectacular. Mientras la Armada Invencible de ladrillo se hunde y la balsa expañola va a la deriva de una potencial suspensión de pagos sin igual en la Historia, con una deuda total (privada+pública) que supera ¡en un 300% el PIB! ¡Grecia está mejor!, los casi cinco millones de ilotas sin azada, los griegos por lo menos se rebelan, siguen impasibles en la Estebanvisión de la Expaña del siglo XXI la entrevista de un arrogante jefe de escuadra falangista que ufano condena divertido, en virtud de la legalidad vigente, toda violencia habida en el planeta desde la ejecución de Abel por Caín, entre aplausos del público, risas de tertulianos afines y sobre actuados gestos desaprobatorios de varios ex, expertos en decir lo que hay que decir sin molestar demasiado: “Te pido perdón por haberte llamado fascista” Enric Sopena. “Pluralidad” y cachondeo ante todo! Aunque sea a costa de las víctimas del fascismo español.

Así es, 35 años después de que el nudo de la soga quedase fijado, la foto general es nítida. Los poderes estructurales del estado y del Sistema, los poderes políticos ideologizados (oligarquías financieras autóctonas y transnacionales) han sido capaces de implementar toda una generación servil de antipolíticos (gestores sin poder ni ideología) tejiendo sobre un eje troncal dos mimbres de gran ductilidad.

El primer mimbre que se articula sobre el aparato hereditario del antiguo régimen, el Eje, se basa en toda una generación de “ex” que se convirtieron a la transición amarrada y bien esposada. Los Diegos. Mientras la UCD centraba a los fachas menos casposos el PSOE recolocaba a los camaradas más pragmáticos, los que decían Diego donde habían dicho digo. Así, los neofranquistas, que nunca han tenido necesidad de ser ex, cambiarse de nombre, ni pedir perdón (el Fragasauro es un crack) eran homologados como demócratas por los supervivientes que perdieron la guerra del 36 y se perdieron entre las bambalinas de la acomplejada política-apolitica de la pseudoclandestinidad munickesa y las gaupasas francesas de Suresnes. Los pocos demás, los antifranquistas de verdad, estaban muertos o en la cárcel, que el Caudillo para algo ganó la guerra copón! ¡Y bien ganada!

De aquellos exterminios e incómodos acojonos a estas “evoluciones personales”. Y así el ciclo de “la transición” del régimen franquista y su Partido Único, el Movimiento Nacional, se cierra con el juancarlismo y su actual Partido Único, el PPSOE, aderezado con sus derivados regionales como PNV, CIU, BNG, CC… Nadie cuestiona nada, todos son colegas, “demócratas”, y a repartir el pastel. Atado y bien atado.

El papel de los Diegos en esta “evolución” es crucial, ya que además de asumir y homologar el Eje, son la correa de transmisión que aporta currículo a la Reforma y presunta pluralidad bien indemnizada además de ser la punta de lanza contra los no abducidos, los coherentes, los que luchan. Así excomunistas, exetarras, exnacionalistas, exfalangistas y hasta extraterrestres despistados, que eso sí ¡también! “habían tirado piedras a los grises” copan aparatos políticos, medios de comunicación y determinantes puestos del Sistema para mayor gloria del Padrecito de la criatura, el ferrolano.

Claro que como decía Lincoln hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios pero un Diego de pro nunca haría caso a “ese tal Lincoln” ya que el converso debe ser más papista que el Papa ya que aunque sabe que Roma no paga a traidores, estos vienen como anillo al dedo y billete a la cartera.

Y así el RH político expañol de la Transición bien sujetada se caracteriza por la conversión. El síndrome EE es masivo. Desde ExPMs concejales del PP en Extremadura a exGRAPOs protofranquistas. De OCE-Bandera Roja al PP. De la ORT al GAL. De EIA o LAIA al PNV. De Terra Lliura a CIU. Miles de Diegos por kilómetro político cuadrado. Solo hay una norma general incuestionable, siempre se va de la izquierda hacia la derecha con la excepción que confirma la norma: Jorge Verstrynge.

De este modo, la Reforma franquista o Transición, se refuerza y asienta con un masivo proceso de claudicación personal, de chaqueteo profesional, de deslealtad a los principios y los compañeros, eso sí todo barnizado con conceptos como “responsabilidad histórica” “evolución”, “adaptación” “modernización”. Pocos o nadie deciden “evolucionar” e irse discretamente a su casa sin dar lecciones. Todo Diego con vocación saca pedigrí para hacer cátedra de su conversión, de su denuncia del pasado y la delación a cambio de un futuro exitoso en la antípoda de lo que siempre defendió.

“Para acabar con el paro, debemos mantener los puestos de trabajo existentes, recuperar los perdidos y crear nuevos”.Patxi Lopez.

“Nada hay más terrible que una ignorancia activa”. Goethe.

“El futuro está garantizado”. Junto y tras los Diegos llega la nueva generación, el otro mimbre determinante: las jóvenes generaciones de la antipolítica. Los fieles y desideologizados enfants terribles del aparato del Partido y sus sucursales que han dado presunta faz de regeneración generacional a la encadenada transición.

“Cómo voy a ser franquista si nací después de haber muerto Franco” Mercedes de la Merced. Demasiado acné neofranquista en las nuevas generaciones. Estos JASP (Jóvenes Antipolíticos Sumisamente Políticos) son los talibanes de la antipolítica. Indocumentados mentecatos, agresivos tiburones o serviles charlatanes, todos ellos desideologizados, apolitizados, sistematizados. Sin carisma pero con ambición. De López a Erkoreka o de Pajín a Imaz pasando por Urkullu. Aprendiendo de los antecesores, algo de Digo y mucho de Diego.Son la generación Ni-Ni, Ni sienten Ni padecen. Aparateros correctos, defensores del stablishmen que nunca han “sufrido” un ápice en sus aparateras vidas. Pijos que por no necesitar, ni necesitan presumir de haber “tirado piedras a los grises”, y que siempre han estado liberados de los mundanales problemas del común de los mortales: exámenes, oposiciones, deudas, precariedad laboral, paro, hipotecas, represión policial, accidentes de trabajo, injusticias judiciales, controles de alcoholemia… Descarados políticos profesionales que dicen tratar problemas que les son absolutamente ajenos desde la más frívola de las hipocresías. Todo lo que se ignora, se desprecia. Antonio Machado.

Y así, el caos expañol deriva de la combinación de esas tres categorías sin personalidad política propia: los “apolíticos neofranquistas”, los Diegos y los JASP. Los primeros expertos camaleones en la transformación estética del inmovilismo más expectante al Sol llamado juancarlismo; los seguidores de Churchill cuando decía que “el que con 20 años es comunista tiene corazón pero que si sigue siéndolo con 40 es imbécil”; y los Ni-Ni que han hecho de la política un servil modus vivendi ajeno al trabajo y la formación en lo personal y antípoda del servicio público y el compromiso social en lo colectivo.

Nos mean encima y dicen que llueve. Popular.

Esa antipolítica de la Expaña ademocrática del siglo XXI, que hunde sus atributos en el doble rasero ético con las víctimas, en la protección de la impunidad de los terroristas de estado, en la sumisión al capital financiero transnacional, en la legitimación de la injusticia judicial, en la legalización del encarcelamiento político indiscriminado, en la apología del terrorismo patronal, en el deja-vu del terrorismo machista, en la tarea logística de obviar la corrupción, el exterminio económico, el expolio social, en la frivolización de la información… Esa antipolítica de la “clase política” española es directamente proporcional al escandaloso engendro amoral que es la Expaña del siglo XXI: rancia en los fondos y chabacana en las formas.

Franco decía que odiaba la política, y por eso dejó todo trincado y bien ahorcado. Exterminó a la izquierda y garantizó que en Expaña no hubiera política, porque solo hay derecha. Derecha extrema o derecha de rostro humano. Ambas dos con similares antipolíticas, con idénticos recursos: creyentes tradicionales, conversos y seminaristas, no hay hueco para ateísmo político alguno, para el cuestionamiento, para la lucha ideológica. Solo hay gestión de una inercia bien encadenada. Por eso no hay diagnóstico efectivo contra la eufemísticamente llamada crisis, el saqueo social; no hay honestidad ética ni política, ni por supuesto democrática, es imposible, respecto a Euskal Herria o los Països Catalans; no hay catarsis ante la impunidad de los genocidas, no hay preocupación por la gente, por las personas.

Nikita Jruchov soltó que los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río Hablaba de la antipolítica, de los profesionales del politiqueo. Las peroratas vacías de las Centrales Sindicales del Capital, los frívolos balbuceos de los antipolíticos ante el saqueo social de la impune oligarquía financiera, debiera encender una ola de indignante denuncia social masiva, pero la patética traza general por la que se vislumbra la desertización dialéctica arrastra al desánimo y a la resignación al evidenciarse que millones de ilotas siguen lobotomizados en el país de las Maravillas de La Esteban o con “la furia roja” en el próximo Mundial de Sudáfrica. Cuanto menos aporta un político, más ama a la bandera. Kin Hubbard.

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