Se vuelve a hablar de crisis económica. Sin embargo nadie osa a emparejarla a la crisis de la llamada economía de libre mercado o, para ser más precisos, a la crisis de la sociedad capitalista. Esto son palabras prohibitivas en un mundo global en donde la economía de libre mercado se enseñorea triunfante por doquier; desde las sociedades más opulentas hasta los rincones más recónditos y empobrecidos del Planeta. Y a su vez, sin distinción de regímenes políticos ni de diferentes formas de Estado.

Está fuera de lugar poner en duda el sistema económico imperante cuyas leyes no solo rigen la manera con que los seres humanos organizan la manera de producir los medios de vida inmediatos y materiales para su supervivencia y bienestar sino que además son indiscutiblemente la base a partir de la cual se desarrollan sus instituciones políticas, sus concepciones jurídicas, sus ideas artísticas e incluso sus ideasmorales o religiosas.

Para la mayoría de los especialistas sociales, ésta es solo una nueva crisis. Son disfunciones pasajeras, de reajuste, de ciclo recesivo… Como otras anteriores y como probablemente, dicen, como otras venideras.

Ha transcurrido mucho tiempo de aquellos trabajos analíticos de hombres estudiosos que intentaron desentrañar las contradicciones internas del sistema capitalista y que osaron entrever su inevitable caducidad y las nuevas formas de organización social superadoras. Hoy, ellos y sus trabajos están en el rincón de los olvidos. Ha pasado mucho tiempo de aquellos hombres, como K. Marx, que creyeron que la “economía” podía ser descifrada con el mismo rigor científico como el que se aplica a otras materias científicas.

Hoy, en pleno auge y desarrollo de la civilización científica, la economía es solo un avatar indescifrable a mercedde los estornudos de los dioses y solo al alcance de los brujos de la ingeniería financiera. Sobresaltos, turbulencias, oscilaciones, ajustes, periodos inflacionistas, sequía de los mercados, etc. etc.

El Banco Central de Zimbabwe para hacer frente a una inflación del 165.000% (en el mes de febrero) acaba de poneren circulación billetes de 25 y 50 millones de dólares zimbabuenses. Pero para el campesino asalariado de este país africano que cobra 10 millones al mes, apenas su salario le alcanza para subirse al autobús, para ir al trabajo, ni un solo día. El dios dinero no le sirve para nada.

Algunos creen que esto solo puede ocurrir en algunos países del continente africano o en algún rincón del mundo empobrecido. Pocos recuerdan que estas situaciones inflacionistas no son nuevas en la historia de la sociedad capitalista. En Alemania de los 30 se pusieron en circulación billetes millonarios parecidos a los actuales dólares zimbabuenses (en la cabecera, la imagen de un billete de un millón de marcos alemán de aquella época).

El dios dinero ya no sirve para la inmensa mayoría de las poblaciones del mundo empobrecido que ha visto encarecer los precios de los alimentos básicos en general un 80% desde el 2005. Son palabras de Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial.

Sí, es incuestionable que atravesamos un periodo de grave crisis. Pero que nadie se equivoque, su salidano hará más que anunciar la siguiente que será mucho más profunda. La sociedad del Capital ya no representa para la Humanidad ninguna alternativa de sobrevivencia.

El capitalismo financiero (la formamás acabada de la sociedad capitalista) es esencialmente un factor parasitario que solo tiene el interés de detraer de la actividad económica de la sociedad las plusvalías que ella va generando. Por ello ésta nueva forma de capitalismo más avanzado huye de la actividad económica propiamente dicha y se sitúa, mediante el control y monopolio absoluto de los recursos, de las riquezas, de las fuentes energéticas, de la investigación científica, etc. en la más pura especulación de los precios. De todos los movimientos financieros que se producen actualmente el 95% es pura especulación de precios, valores, divisas, futuros o, cuando no, dinero adormilado en paraísos fiscales y financieros, congelado en obras de arte, quemado en descomunales obras faraónicas, en ingenios de destrucción o en eventos deportivos. Parece como si estas nuevas pirámides vayan a convertirse irreversiblemente en la próxima morada del dinero en su bajada a los infiernos.

La sociedad constructora debe desprenderse de la dictadura del Capital financiero. Bajo su yugo no puede haber desarrollo alguno ni de la economía, ni de la investigación, ni de la educación, ni de cualquier manifestación artística, ni de propia supervivencia de la especie.

El dinero: ¡al infierno¡

El laberinto

Anuncios