Muchas de las veces, que observamos en nuestra vida cotidiana, niños sobreprotegidos por sus progenitores, que lo han mala acostumbrados a tener todo, sin que nunca se le dijera, no, a nada.

Niños fruto de una sociedad en abundancia, con unas libertades,( muy costosas de conseguir para generaciones anteriores), que ellos no valoran y confunden con libertinaje.

Niños egoístas, fruto de una sociedad de excesos y de unos padres que pasaron muchas penurias y que de buena fe, “pero haciéndoles un daño sin quererlo”, les han permitido todo sin enseñar les, que cada acción, conlleva una responsabilidad.

¡Nosotros!, ¡la mayoría de los ciudadanos!, tenemos la culpabilidad de haber malcriado a los hijos de la sociedad. Esos hijos que, germinamos en nuestros ideales libres y diversos, que los vimos gestar en el vientre de una urna, que vimos su morfología idealista al cabo del escrutinio de todos los votos. Ésos hijos son los partidos y sus políticos.

En una sociedad, que destaca por estar, adormecida, poco reivindicativa, poco exigente y con corta memoria de los fiascos de nuestros dirigentes. La mayoría de los políticos han dado rienda suelta, como nunca, a mirar más intereses personales. Cómo a despreocuparse de sus obligaciones y promesas electorales. Para preocuparse en conseguir, el beneficio de unos pocos, frente a las necesidades de la mayoría.

La política ya no es un acto de lucha, por unas creencias y valores,( de eso, se encargaron nuestros abuelos y padres), ahora es un negocio, que utiliza los ideales fundadores que en su día, hizo crear y dio vida a cada partido, para convertirlo en un reclamo para acaparar votos .Y poder ostentar el poder, con la cual, conseguir los privilegios para su bienestar económico.

¿Pero la culpa de esto?, la tenemos,la mayor parte, de la sociedad. Estas dos últimas décadas, hemos vivido un crecimiento económico y de derechos sociales, como jamás en la historia, ¡vivíamos tan bien!, que no nos importaba como se comportaban nuestros dirigentes. En todas las instituciones, tanto a nivel; comarcal, regional o estatal.

Tampoco nos importaba la calidad de dichos dirigentes, ni su preparación para el cargo que ocupaban, como tampoco nos preocupaba, todos sus tejemanejes poco éticos.

Ahora en tiempos de crisis, esta sociedad, intenta exigir a unos hijos mal criados y egoístas, que les ayude a salir de precaria situación, y la respuesta de estos hijos es, la actual. “Primero ayudamos a nuestros amigos influyentes y a ustedes padres, les toca pagar como siempre”.

Tenemos la obligación de reeducar a nuestros” hijos”, ¡exigirles, exigirles! Cambios en sus formas, de trato hacia el pueblo y conductas. Como cambio en sus prioridades y valores con la sociedad. Esta labor, solo lo puede hacer una sociedad reivindicativa y exigente, que no se deje maravillar por promesas, ¡que exija! Planes específicos, que sean consecuentes con las necesidades reales de la población. Que no se sujeten a beneficio de unos pocos como hasta ahora.

El descontento social frente a la política, la poca atención que le prestamos, la mal idea formada de que ellos tienen el poder y que nosotros no podemos hacer nada para cambiarlo. Hace que nuestra estructura política se degenere y con ello, la sociedad, formando un circulo vicioso, que se retroalimenta, la cual nos tiene sumergidos en una crisis, económica, social .Sin perspectivas a corto plazo de solución.

Países como Alemania, con una sociedad fuertemente reivindicativa y exigentes, con sus mandatarios, no solo han conseguido salir, de lo peor de esta crisis, si no que; está exigiendo mano de obra para 800.000 puestos de trabajos sin especialización que están bacantes en su país.

Al tener Alemania una cultura social frente a la política muy activa, obliga a las fuerzas políticas que quieren ostentar las diversas instituciones, a tener políticos, asesores muy bien preparados.

Ése es, el espíritu que hace cambiar las cosas, qué saca de la crisis a unos países antes que a otros. La madurez ciudadana.

Escrito:
Por el Que Mira.

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