Todos los que escribimos y hablamos y ladramos y echamos es­pu­ma­rajos por la boca contra el Imperio Moderno Especulativo (como lo llama Gran Wyoming) al que debemos entregarnos, como el ciervo sa­bedor de lo que le espera se entrega al depredador cuando acude se­diento a beber, hablamos, escri­bimos y ladramos como si no cono­cié­semos bien la filiación de los que in­tegran el Imperio y nos hacen la vida imposible.

Si de mí dependiera, sentaría inmediatamente en el banquillo a los gobernantes de toda laya de los países capitalistas; centrales, auto­nó­micos, federales, alcaldes y concejales; a los ban­queros, a los grandes empresarios, a los magistrados de los altos tribunales, a la je­rarquía re­ligiosa. a los que integran los lobbys, a los ri­cachones, a los que regen­tan los paraísos fiscales, a los que están al frente de los or­ganismos políticos, eco­nómicos y judiciales internacionales, etc

Les sentaría en el banquillo -porque todo proceso es en sí mismo una condena- y luego les haría levantarse y les acon­se­jaría una du­cha con gel de última generación. Pero les volvería a re­poner en sus puestos porque, dentro del sistema, lo mismo da que estuvie­ran ellos u otros.

Bromeo, pero me asquea que “nos” pasemos em­pleando el plu­ral como si los que nos hacemos añicos la vida fuéramos “to­dos”, como si “el hombre” fuera el causante de su propia desgracia y de la des­truc­ción del planeta y de tantas cosas. Cuando sabemos perfecta­mente que todos esos que nos amargan la vida, podríamos decir que preci­samente no pertenecen al género humano. Me niego a que cuando se habla de barbarie y de destrucción masiva física, eco­nó­mica o finan­ciera nos metan en el mismo saco a “nosotros” o “no­so­tros” mismos nos metamos. Son “ellos”, no nosotros. A ver si les queda claro a los periodistas y escritores de postín… Ni siquiera para implicar el autor al lector sirve ya como recurso esa repulsiva oratoria, porque es así como siempre nos seguiremos sintiendo de alguna manera cómplices de los crímenes de todo tipo que cometen los enemigos de la humanidad…

Jaime Richart

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