Los experimentos con animales se realizan con su dinero y su consentimiento. Tiene derecho a hacer que se oiga su voz. Y tiene más poder de lo que cree. Al final prevalecerá la opinión pública y cesarán los experimentos con animales.

Virtualmente todos los experimentos con animales se realizan con su dinero y su consentimiento. Tiene derecho a quejarse, derecho a expresar su opinión y derecho a esperar que la gente le escuche. El sistema que apoya y protege la experimentación con animales está poniendo en peligro su salud, la de su familia, la de sus amigos y vecinos, y la gente que defiende la experimentación con animales lo hace porque tiene interés personal que nada cambie. He preparado un plan sencillo de 10 puntos que ayudará a mostrar con exactitud cómo puede asegurarse de que le escuchan.

No permita que le intimide o atemorice la voz de eminentes médicos y científicos. Algunos de los más reputados y mejor situados están faltos de inteligencia e integridad. Cualquiera (sin importar lo famoso que sea) que defienda la experimentación con animales es un mentiroso o un tonto. Lea la mayor cantidad de libros que pueda al respecto, pero mantenga su escepticismo y su precaución ante el dogmatismo científico. (En respuesta a aquellos que me acusan de dogmático señalo que no tengo reparo en recomendar a mis lectores la mayor cantidad de obras que puedan conseguir, incluyendo las publicaciones de los defensores de la vivisección.) Sea inquisitivo con los así llamados expertos y formule siempre las preguntas más embarazosas, como ¿por qué? y ¿cómo?

Únase a al menos una asociación antivivisección y lea sus publicaciones. Encontrará, inevitablemente, que hay una gran diferencia en calidad entre las distintas publicaciones: algunas son muy amateurs, mientras que otras alcanzan un nivel muy profesional. Asista a reuniones donde pueda enterarse de muchas cosas sobre las motivaciones y los descubrimientos de su grupo antes de ofrecer dinero. Como alternativa a ofrecer dinero directamente, considere el comprar libros, panfletos u octavillas (o incluso producirlas usted mismo) y ofrezca o envíe copias a gente a quien pueda interesarles. Sin duda encontrará que mucha de la gente a la que intente convertir ya tendrán el cerebro convenientemente lavado con el sofisma “o las ratas o su hijo”. Tenga paciencia con ellos, y esté preparado para afrontar las dificultades que entraña admitir que los portavoces de la profesión médica están equivocados. Antes de ofrecer dinero a alguna organización benéfica descubra todo lo que pueda acerca de sus actividades. Un número sorprendentemente amplio de organizaciones benéficas utilizan sus fondos para pagar experimentos con animales. Si tiene dudas, pregunte a los representantes de estas organizaciones si pagan o no experimentos con animales. Si admiten que es así, casi con toda seguridad dirán que sólo se trata de experimentos útiles y relevantes. Como usted ya sabe la verdad le será posible explicar que sólo les dará dinero si cesan con tales prácticas. Podrá persuadirles para que reconsideren sus programas de financiación. Como regla general intente ofrecer dinero a organizaciones que ayudan a la gente o a los animales directamente en vez de “ayudar” a proyectos de investigación inútiles.

Quéjese a sus representantes políticos, pero asegúrese de que la información que les envía está escrita de forma sencilla y libre de gráficas extravagantes. Las quejas a los políticos no son muy efectivas, pero no se dé por vencido. Aunque parezcan no querer discutir con los poderes establecidos, los políticos atentos y competentes siempre están preparados para advertir que cierta línea de ataque puede atraer la atención de los votantes o puede propulsar sus carreras.

Intente comprar productos para la casa o para el cuidado personal que no hayan sido probados con animales. Muchos grupos antivivisección publican listas de productos de aseo, medicinas y productos químicos que no se han probado con animales. Si cree que no le queda otra alternativa más que comprar un producto probado con animales, escriba una carta educada pero firme quejándose a la tienda y al fabricante. Varias empresas cosméticas internacionales han variado su actitud ante los experimentos con animales a partir de las protestas de los clientes. Si se encuentra con una empresa que persiste en continuar con sus experimentos, escriba al presidente de la misma para explicarle por qué ha dejado de comprar sus productos; escriba a los proveedores de la empresa y a sus distribuidores para quejarse, compre una acción y preséntese en la reunión anual de accionistas y pregunte al presidente por qué la empresa persiste en realizar inútiles pruebas con animales; y consiga que otros tenderos boicoteen los productos de la empresa y los periódicos, revistas y emisoras de televisión que anuncian sus productos.

Envíe cartas de protesta a periódicos, revistas y emisoras de televisión si cree que han proclamado juicios de valor erróneos acerca de los experimentos con animales. Además, si encuentra información que considera pueda resultar interesante para un periódico, llame al redactor jefe. Cuando hable con periodistas intente diferenciar siempre los hechos de las opiniones. Sin embargo, no se desespere si al principio tiene dificultades para generar publicidad que le aporte apoyo. Las empresas farmacéuticas, las universidades y los miembros de la jerarquía médica disponen de grandes cantidades de dinero y de prestigio comercial, y muchos periodistas supuestamente independientes, y locutores de radio, pueden no querer contradecir las cifras oficiales.

Puede que se rían de usted o que reciba burlas, pero no importa lo enfadado que se encuentre ante las mentiras de sus oponentes: nunca pierda la calma. (A mí me han llamado nazi y comunista; se me ha acusado falsamente de expulsión de la profesión médica; y un científico me acusó de haber falseado las pruebas contra él aunque siempre he tenido cuidado de citar sus trabajos a partir de sus propios informes científicos.) Si guarda la calma, la potencial audiencia simpatizará mejor con usted y le mostrará su apoyo. Recuerde que, dado que sus oponentes no desean que airee la cuestión (puesto que cualquier tipo de publicidad siempre se considera maligna para el statu quo y dado que tienen más que perder que ganar), puede estar agradecido por la más mínima publicidad que consiga.

Incluso si un artículo o emisión sólo convence a una persona acerca de los males de la vivisección, ya habrá sido de ayuda. Para ilustrar las dificultades del movimiento antivivisección en la obtención de cobertura, mencionaré que después de ser nombrado Presidente de la LIMAV (Liga Internacional de Médicos por la Abolición de la Vivisección) se envió a un gran número de revistas médicas una nota según la cual 572 doctores de veintiocho países se habían unido para quejarse de que los experimentos con animales eran tan poco fiables que resultaban un peligro para la salud. Ninguna de tales notas informaba acerca de la LIMAV, pero aquella semana el British Medical Journal encontró espacio para dar detalles acerca de un seminario del National Health Service sobre cómo solicitar la reducción de gastos de sus empleados.

Intente convencer a sus médicos de que los experimentos con animales están perjudicando su vida permitiendo que las empresas farmacéuticas lancen al mercado substancias que no se han comprobado adecuadamente antes de su venta. Una vez les haya convencido de la verdad, sugiérales que no receten tal tipo de medicamentos.

Si es usted estudiante y sus profesores esperan que realice experimentos de vivisección, tiene derecho a protestar y a rechazar tomar parte en ellos. Millones de animales se utilizan cada año en escuelas y universidades, pero la mayor parte de las instituciones de prestigio permiten hoy en día que sus estudiantes objeten ante tales experimentos sin castigo académico alguno (aunque algunos profesores pasados de moda y poco dados a razonar todavía creen que se debe forzar a los estudiantes a despedazar a animales).

Creo que vale la pena señalar que en 1987 el gobierno argentino prohibió la vivisección en las escuelas y afirmó que “la biología es la ciencia de la vida, y por ello no resulta coherente la enseñanza a costa de la vida de otros seres”. El gobierno argentino también señaló que “los experimentos con animales son parte de un proceso peligroso que tiende a desensibilizar la mente ante el dolor y el sufrimiento”. En algunos estados americanos se han aprobado leyes que obligan a las instituciones de enseñanza a ofrecer alternativas a los estudiantes que objetan ante la disección de animales, vivos o muertos.

Tenga en cuenta el hecho que no sólo las empresas farmacéuticas y químicas realizan experimentos con animales. Muchos aditivos alimenticios se comprueban con animales (así que compre comida cultivada orgánicamente cuando le sea posible; las pieles, el algodón, el cuero y la lana se convierten en prendas de vestir con la ayuda de productos químicos probados en animales, y también se preparan fibras artesanales con los mismos productos químicos (así que compre la menor cantidad de ropa posible y utilice sus prendas hasta que queden inservibles); muchos productos de jardinería y de uso doméstico corriente se prueban con animales (así que intente no comprar productos anunciados como “nuevos” o “mejorados” o que afirmen contener ingredientes “más efectivos que antes”).

Si se convierte en miembro activo de casi todos los grupos antiviviseccionistas que encuentre, me temo que pronto se dará cuenta de que la mayor parte de las organizaciones e individuos que dicen oponerse a los experimentos con animales se pasan la mayor parte del tiempo peleándose unos contra otros en vez de luchar a favor de los animales.

Son propensos al desacuerdo acerca de la forma y el método de ataque. Son propensos a desacuerdos acerca de hasta dónde se debe criticar a los que realizan experimentos con animales. Son propensos a variaciones en los objetivos de las campañas, algunos antiviviseccionistas creen que algunos experimentos con animales tienen justificación.

Todas estas variaciones son naturales e inevitables en un movimiento de ámbito internacional que comprende millones de militantes individuales.

Pero no hay justificación para las guerras intestinas en el movimiento antivivisección.

Los vivisectores nunca muestran en público sus desacuerdos. Los científicos locos nunca se desaprueban unos a otros. No gastan sus energías en pelearse. Mi impresión personal es que no importa si otros antiviviseccionistas no aprueban mi línea de ataque. Y rechazo enojarme si me entero de que otros antiviviseccionistas sólo están dispuestos a criticar ciertos experimentos.

Lo importante es que todos vamos en la misma dirección. No estaría muy contento de unirme a un movimiento que estuviera a favor de la prohibición de los experimentos con animales sólo los sábados y los domingos, pero no me opondría activamente a tal movimiento. No tendría mucho respeto por una sociedad que afirmara que sólo los científicos cuyos nombres empiezan por K son los elegidos para realizar experimentos con animales. Pero ¿qué sentido tendría luchar contra tales organizaciones? Puede que sus objetivos y los míos no sean los mismos, pero al menos tenemos un objetivo en la misma dirección general. Prefiero perder mi tiempo luchando contra los vivisectores y los experimentos con animales que luchando contra otras personas cuyos puntos de vista difieren en menor grado con los míos.

Creo que aquellos de nosotros que nos oponemos a los experimentos con animales debemos luchar juntos. Daremos la bienvenida a cualquiera que esté de acuerdo con nuestros objetivos generales y que resista la tentación de juzgar o condenar a otros cuyos métodos u objetivos puedan variar ligeramente de los nuestros. Tenemos bastante con qué enfrentarnos como para complicarnos las cosas luchando unos contra otros.

Por qué Debe Cesar el Genocidio de Animales. Libro escrito por el Dr. Vernon Coleman, presidente de LIMAV (Liga Internacional de Médicos por la Abolición de la vivisección)

 

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