De regreso de los infiernos, aislado del color de la vida, camino hacia mi guarida, cansado, asqueado, dolorido. Quisiera escribir, aun tengo fuerzas, quiero escupir el mal de estos días pasados, y cual es mi sorpresa, que me encuentro con la desagradable noticia de que los comandos antiterroristas del estado democrático español, salieron de caza por Madrid, Galicia, Asturias y Bilbao.  Armados y blindados a la ultima, estos defensores de la paz del pueblo español, entraron en los hogares de varios ciudadanos registrando, requisando, robando, todo aquello que les pareció sospechoso. La caza se saldo con doce detenidos, acusados de los delitos de daños, allanamiento y asociación ilícita, relacionados con la liberación de  20.000 visones en el 2007 en una granja gallega. Los detenidos son activistas por los derechos de los animales, algunos de ellos pertenecen a organizaciones legales y completamente pacificas como Equanimal e Igualdad Animal. Estas organizaciones realizan un activismo no violento, sensibilizando a la población sobre los derechos de los animales. Estas detenciones son un claro ataque de la industria peletera contra las organizaciones que han puesto de manifiesto los horrores y el sufrimiento de los visones en estas granjas.  La represión contra las organizaciones defensoras de los animales ya empezó en Europa hace tiempo, y ahora, esa peste represiva, le ha tocado a España.

Revisar las acciones que llevan a cabo Igualdad Animal o Equanimal es tan sencillo como visitar sus webs. No hay nada que ocultar, al contrario. Cualquiera puede acceder a todos estos datos y diariamente es sencillo toparse con mesas informativas a pie de calle, desde donde se da debida cuenta de estas y muchas otras acciones. “Como no tienen a nadie para imputar por las liberaciones de visones, han detenido a varios miembros de Equanimal e Igualdad Animal en un intento de criminalizar el movimiento de derechos animales, como sucede en otros países europeos. Los lobbies de explotación animal y las poderosas multinacionales quieren frenar el movimiento animalista y a España está llegando ahora la represión”, explica Javier Moreno, portavoz de Igualdad Animal, que ha tildado de “sensacionalista” el término de “ecoterrorismo”.

La cantidad de mierda que están soltando por la red a raíz de esta noticia es para flipar. Atacan, acusan directamente, incluso piden la ilegalizacion de estas organizaciones, a las que denominan en varios medios de comunicacion, y paginas en la red, de organizaciones sectarias que pretenden confundir a la sociedad bajo el manto de la una hipotética sensibilizacion con los animales, para finalmente fomentar la cultura vegana en la sociedad, promoviendo la desaparición de la ganadería,  la caza y otras actividades relacionadas con el sector primario.

Los medios de comunicación, deberían de ser conscientes de la cantidad de mentiras que han ofrecido a la población, si, ya se que están al servicio del poder, pero mas pronto que tarde deberian de rectificar. Ese periodismo de estado, bajo la bandera del amarillismo, donde no importa la verdad de los hechos, que lanzan mensajes para distorsionar a la población, y que en la mayoría de sus espectaculares investigaciones periodisticas, solo parten de los datos ofrecidos por la acusación, sin molestarse a contrastar la información, evitando así mostrar la realidad. Todo esto no es mas que la criminalización de un movimiento pacífico, que va teniendo un apoyo social creciente.

En este caso ha sido la industria peletera la que ha presionado para que paguen aquellos que dan la cara. En cuanto ven peligrar su bolsillo y sus crímenes son expuestos a la sociedad,  atacan como un niño enrabietado, da man de mama xustiza española. Que pasa en este estúpido país, que se acusa de terrorismo,  porque a estos asesinos de animales se les pase por los ovos! No existen pruebas que puedan vincular a los miembros de Igualdad Animal o Equanimal con ningún grupo terrorista, ni con el FLA. ¿Como se puede acusar de que pertenecen a una organización terrorista que no existe? jaja ja podría ser una metedura de pata por parte de la acusación, pero creo que lo que se quiere es usar como cabeza de turco al movimiento de los derechos animales para hacerles ver en público como lo que no son en absoluto.

Hay algo que debería de quedar claro de una puñetera vez. A estos ciudadanos detenidos injustamente, se les a llamado “ecologistas”, y “terroristas”, vamos, que no tienen ni puta idea de a quien están acusando, desconocen por completo la verdadera labor que desempeñan estas dos organizaciones. Queda claro que terroristas NO son, “¿Entrar en una granja y documentar las vejaciones a las que se somete a estos animales es terrorismo?” Podríamos decir que un animalista defiende los derechos de los animales, haciendo práctica del veganismo como forma de acción; mientras que un ecologista se centra en el medioambiente y el ecosistema. En el caso animalista estaría de acuerdo, pero en la definición de ecologista, NO. Alguien que ama la Tierra y la defiende, NO puede dejar de lado a ningún ser vivo de este planeta. En el ecologismo NO puede haber cabida para oscuros intereses. Yo soy partidario, de que debemos amar esta Tierra, y con ello, borrar del planeta toda explotación hacia los animales, hacia los humanos, y luchando contra la destrucción de la Tierra.

La mayoría de las organizaciones que se hacen llamar ecologistas,  se suben al carro político defendiendo su paz verde, y al ritmo de sus amos defendiendo el sufrimiento y muerte de  millones de animales. Ese falso ecologismo, llamemosle superficial,  es una visión reformista y tecnocrática que busca la comodidad empleando el sistema económico y el sistema actual de intereses políticos. Ese falso ecologismo me recuerda a esos sindicatos putas del gobierno, que viven de su podrida mentira, de mamársela al amo, aquellos que sin ningún pudor alardean de su patética lucha obrera.

El ecologismo superficial se caracteriza por tener una perspectiva humanocentrista o “antropocéntrica”, esta postura provoca un distanciamiento de la naturaleza y se aferra a una visión disfuncional de dominar y controlar la naturaleza, visión que es la raíz de la crisis ecológica. Está representado por las batallas culturales y políticas contra la contaminación y la sobre explotación de los recursos. Cultural y políticamente el ecologismo superficial está unido al antropocentrismo, la visión de que la existencia humana y sus deseos son el punto central del universo. Sostiene la popular creencia de que lo salvaje está siendo malgastado si los humanos no lo emplean. También está unido a la moderna experiencia social del consumismo, ligada también con la orientación antropocentrista.

La lucha política de los grupos del ecologismo común está ligada a las tácticas convencionales de hacer campañas para recibir donaciones, tácticas legislativas, pactos y debates organizados en los medios de comunicación de masas. Y asumen que el problema ecológico puede ser solucionando sin necesidad de que haya una transformación social y personal fundamental, y que con varias series de pequeñas reformas será suficiente. Las ambiciones de los líderes son cruciales en las decisiones que éstos toman mientras negocian con las grandes corporaciones y se reúnen con el gobierno para beneficiar los intereses de su ONG. Cualquiera que se autodenomina “ecologista” y defiende toda esta basura, debería caersele la mascara de vergüenza.

Lo peligroso de la vida, no son las personas que hacen el mal, sino las personas que se sientan a observar.

Algo así decía un tal Albert Einstein, y así es, el problema no son los destructores del planeta (que también), el problema somos nosotros, nuestro conformismo, nuestra forma de pensar, nuestra cultura consumista. Desde hace siglos, la Religión tiene curvada a la humanidad bajo el temor, incrustada en la superstición, postrada en la resignación. Durante demasiado tiempo, el contrato social se ha inspirado en un Dios sin justicia; es ya hora de que se inspire en una justicia sin Dios. Durante demasiado tiempo, las relaciones entre las naciones y los individuos han derivado de un Dios sin filosofía; tiempo es ya de que procedan de una filosofía sin Dios. Desde hace siglos, monarcas, gobernantes, castas y cleros, conductores de pueblos, directores de conciencias, tratan a la humanidad como vil rebaño, bueno tan sólo para ser esquilado, devorado, arrojado a los mataderos. Desde hace siglos, los desheredados soportan pasivamente la miseria y la servidumbre, gracias al espejismo engañoso del cielo y a la visión horrorífica del Infierno. Hay que poner fin a este odioso sortilegio, a este abominable engaño.

Ricos y Gobernantes, estos Dioses de la tierra la han poblado de innumerables víctimas, de inexpresables tormentos. La destrucción de la vida en la tierra es un acto deliberado de violencia llevado a cabo por aquellos que solamente se preocupan por los beneficios económicos. Desde la revolución industrial, la civilización occidental ha estado violando de forma sistemática las leyes de la naturaleza. Existe una enorme diferencia entre los actos que llevamos a cabo para garantizar la subsistencia del ser humano, su familia y su comunidad y los actos que se llevan a cabo para acumular riqueza y demostrar poder y dominio sobre otros, en muchas ocasiones a sus expensas.

Todo el mundo debería tener acceso a las necesidades básicas: alojamiento, alimentos sanos, sistema sanitario… También los animales y nuestro medio ambiente. El ser humano está encarcelando, torturando y manteniendo en condiciones intolerables a millones de animales con fines exclusivamente económicos. La investigación en los laboratorios, las industrias peleteras y cárnicas utilizan métodos escalofriantes con los animales, a pesar del reconocimiento internacional de que son seres con sentimientos. Los gobiernos suelen alardear de la libertad que ofrecen a sus ciudadanos y afirman que todos los problemas pueden resolverse activando el cambio social en el marco de la ley.

La destrucción de la vida no es algo que sucede por casualidad, sino que es un acto deliberado de violencia llevado a cabo por entidades que persiguen obtener los mayores beneficios económicos posibles a cualquier precio. Teniendo esto en cuenta, los que verdaderamente aman a la Madre Tierra pueden consideran que lo lógico es intentar que estas entidades dejen de obtener beneficios a costa de matar la Tierra y a todos sus habitantes. El sistema estatal no va a permitir ningún cambio real a no ser que beneficie a la estructura estatal (el gobierno), las grandes compañías, y a la sociedad de consumo. Es cierto que las empresas invierten para producir un desarrollo económico, también es cierto que solo lo hacen para sus bolsillos. De dar un progreso al estado, si lo da, ya que da trabajo y paga los impuestos correspondientes, pero a que costa producen un desarrollo económico, a que costa extraen los recursos naturales.

Pero realmente el problema no solo es de las grandes empresas, acaso la empresa no trabaja por sus proveedores, y ¿Quiénes son sus proveedores? Sus proveedores somos nosotros, más nadie se da cuenta de este gran problema. Toda esta degradación del medio ambiente apareció con la revolución industrial, desde ese momento la ley natural estuvo amenazada. Desde allí dejo a un lado la idea de solo luchar por la supervivencia para adquirir la idea de la riqueza, desde ese momento las sociedades pasaron adoptar el hedonismo. Todos los países viven en la codicia, en el egoísmo, en vez de preocuparse por solucionar sus necesidades básicas de su pueblo, ellos solo buscan satisfacer sus propias necesidades, necesidades destructivas. La mayoría de la acumulación de bienes provienen de la explotación y ruina de otros, ya sean animales humanos o no humanos, o el entorno natural. El capitalismo es el fantasma de está era, ese fantasma que nos sigue a todos, consumismo,  antropocentrismo, es lo que nos esta llevando a la destrucción. Los distintos problemas sociales y políticos que hay en el mundo son meros síntomas de un problema global. El único modo de detener los síntomas del problema es identificar su raíz y actuar directamente para destruirla.

Dicho todo esto, ¿Por qué no queremos actuar?

Debe ser porque la mayoría de nosotros hemos sido criados para no responder a tales acciones. Muchos de nosotros hemos sido criados con la idea del antropocentrismo. Atrincherados en nuestro conformismo, en nuestra soberbia, nos consideramos una especie superior, como la única capaz de sentir,  pensar o sufrir. Los otros animales son “cosas” a nuestro servicio, victimas de nuestra torpe evolución. Utilizamos nuestro distorsionado cerebro para torturar, jugando con el sufrimiento de los débiles, y en un alarde de barbarie escribimos con la sangre de millones de animales la tradición y la cultura, en nombre del “arte”, el “valor”, y la “diversión”.

Casi todo el mundo marca una línea de defensa que incluye lo que necesita ser defendido. Pocos de nosotros aceptamos de buen grado ser atacados físicamente o que nos roben. Para mucha gente, la pérdida de algunas libertades es la chispa que les mueve a recurrir a protestas y rebeliones violentas. Para unos pocos la desaparición del último 5% de los bosques ancestrales de Estados Unidos les hace contraatacar a las compañías madereras. Para otros la extinción y trato que reciben los animales les hace movilizarse en su defensa. Mientras se recrudezca el desastre ambiental y las personas experimenten sus efectos de diferentes maneras, más gente se unirá al activismo.

La mentalidad materialista y la búsqueda de explotar la naturaleza propia del capitalismo aseguran la aceleración de la destrucción ecológica. El nivel de cambio necesario en la sociedad humana para que pueda compartir la Tierra con sus otros habitantes acobarda a prácticamente todo el que recapacite sobre ello. Cualquiera que crea en un futuro de paz y prosperidad para todos los seres vivos, tiene que intentar en la medida de sus posibilidades, dar un paso hacia la acción.  ¿Se supone que tenemos que seguir trabajando al lado de la ley? ¿O incluso dar la razón a la destrucción? ? Cuando es el propio estado el que provoca las injusticias contra las que estamos luchando.

¿Es lógico esperar que el sistema cambie si no se le obliga?

Todo cambio social en la historia de la humanidad ha incluido acciones legales e ilegales. Toda persona que quiera crear un cambio social y político debe mirar al pasado y ver qué funcionó, qué fracasó, y qué métodos son necesarios emplear para lograr su objetivo. No estar dispuesto a hacer esta reflexión es rechazar adoptar una postura honesta para lograr proteger la vida en este planeta. El creer en los medios legales regulados por el Estado para conseguir un cambio social significa confiar en el sistema legal de ese mismo Estado. El Estado ha demostrado repetidas veces que prefiere proteger el comercio y los beneficios que a los animales humanos y no humanos y al entorno natural. Confiar en que el Estado vaya a defender aquello que es justo y a proteger la vida es cometer un error muy grave y engañarse a uno mismo. El propio Estado es una gran parte del problema. “Además en una sola noche unos pocos individuos pueden conseguir lo que
probablemente no se pueda lograr durante años de luchas legales y millones de dólares invertidos”.

Una escuela de pensamiento, incluida dentro de la teoría de la no violencia, afirma que un individuo que se opone a una entidad debe permitir que ella vea su propia maldad, para que a continuación cambie voluntariamente. Esta creencia conlleva una extraordinaria confianza en la conciencia humana, la cual llegados a este punto ha quedado claro que va bastante desencaminada. Si un individuo tiene una conciencia que funcione, ¿llevará a cabo actividades que amenacen y destruyan las formas de vida en el planeta? Estas actividades prueban que quienes las lleva a cabo no tiene un gran sentido de la conciencia. Por consiguiente, todos los esfuerzos del mundo por hacer un llamamiento a esa conciencia fracasarán estrepitosamente. Es necesario algo más que eso.

Hay que ser conscientes de este defecto que tiene la teoría de la no violencia. También se da cuenta de que el hacer uso de los métodos permitidos por el Estado supondrá que éste no les ataque, pero jamás servirá para crear ningún cambio político y social. Las leyes son un mero reflejo de la moral y las normas de la sociedad en general. Desgraciadamente, como consecuencia de un condicionamiento masivo y la manipulación del deseo, la sociedad en general está viviendo una vida de un consumismo extremo, lo que supone un ataque grotesco hacia lo que todos necesitamos para sobrevivir: aire limpio, agua limpia y tierra limpia.

En el punto al que hemos llegado existe una necesidad de que inmediatamente los individuos se olviden de las leyes y que se esfuercen por detener directamente la destrucción de la vida, usando los medios que sean necesarios. La destrucción del planeta se debe a las ansias por obtener beneficios, por consiguiente, la única respuesta acertada es conseguir que el seguir asesinando no les resulte beneficioso. Cuando una entidad injusta es atacada duramente a nivel financiero, se dará cuenta de que por su propio interés debe dejar de cometer actos injustos.

En un mundo enfermo y destructor de la vida, es peligroso difundir la verdad, y mucho mas, si esa verdad hace pensar a la sociedad.

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