Qué bello, pero qué feos son, siempre e intelectivamente hablando, los que lo mandan y los que obedecen…

Sin averiguarlas, me doy por enterado de las sumas de los monstruosos despilfarros que han provocado la crisis entre nosotros. Para qué tirar de hemeroteca o de otras fuentes de in­formación. Las cifras deben ser tan escandalosas que no me ex­traña que en la Europa que ha prestado el dinero redoblen el pobre concepto que ya tenían de este país en cuyos Pirineos terminaba el continente. Y de esto tiene la culpa todo el país por entero. Tienen la culpa los administradores y  gestores políticos y técnicos, y en gene­ral los que se supone constituyen el sumum de la Inteligencia prác­tica de la nación. Unos, por malgastar los fondos que ni siquiera son suyos, otros por apropiárselos, otros por consentirlo. Pero también los votantes por votarles. Y no una sino una y otra vez.

Si empezamos a poner ejemplos no acabamos… Ahí tenemos los casos recientes y clamorosos de jubilaciones obscenas; esas de di­rectivos de Cajas en las que la culpa se la reparten las Autonomías y el Banco de España, mientras millones de ciudadanos están sin empleo y otros ya siquiera sin subsidio…

Entre los miles de millones recibidos de los Bancos europeos para ayudarnos a ponernos a la altura de los tiempos, sumas siderales han ido a parar a construcciones superfluas, a autopistas de corto recorrido en paralelo con magnificas carreteras nacionales, a aero­puertos fantasmales, a suntuosidades por el capricho de un alcalde, de una presidenta de comunidad o de una presidente de diputación o por la presión de los parásitos de su entorno…  Añadamos a todo esto la supuración de la monarquía, las costosísimas campañas en Afganistán, Irak o Libia, para robar petróleo, aprobadas por los parti­dos mayoritarios elegidos mayoritariamente por mayorías.

Esto son algunos de los repulsivos excesos de personajes públi­cos. Pero no sólo ellos quienes los practican. Ahí tenemos, por ejemplo, a la clase médica… Dicen que los viejos y jubilados gastan en botica ni se sabe y que por eso hay que cortar por lo sano y acu­dir al copago. Pero ¿es culpa realmente de ellos? ¿No será de los médicos españoles que en lugar de genéricos recetan medicamen­tos de marca? ¿Sabemos cuántos millones y millones se lleva esa partida? ¿Qué pintan las despampanantes y glamurosas visitadoras de los Laboratorios Farmacéuticos a primera hora o última en sus consultas? ¿De dónde sale el dinero si no de los Laboratorios, para viajes de placer de los galenos o congresos que los enmasca­ran? Son los médicos los que en Sanidad hacen gastar al erario pú­blico cifras astronómicas, no los pacientes que se atienen a sus re­cetas. Recetan carísimos medicamentos con marca de Laboratorio, cuando los genéricos cuestan una quinta parte y tienen el mismo efecto te­rapéutico. Y así iremos observando y sumando y descu­briendo taras y corruptelas y mentiras y abusos y desigualdades, hasta lograr una foto fija tras otra de lo que es real­mente este país.

Va uno mirando uno a uno la vida pública, bien de ca­rácter político, mediático, religioso, judicial o empresarial (pero tam­bién el concepto despectivo que una gran mayoría de ciudadanos tiene de lo público), que todo él merece el desprecio más o menos disimulado de los países prestamistas y en general el desprecio de toda la gente de bien de cualquier parte. Austeridad sí, pero para los que lo tienen todo. A ver si nos enteramos de que la austeridad apli­cada a los demás no es austeridad, sino privación que costea el lujo.

El propio endeudamiento del Estado, de los bancos, de las Comu­nidades, de los ayuntamientos… ha terminado por ser un vergon­zoso recurso de la gobernanza; un recurso que evidencia la escasa inteligencia de los administradores de lo público que dentro de veinte días van a ser realojados en el poder para seguir jugando a democracia…

Hay diferentes maneras de entender el carácter entre débil, apa­ratoso, engolado y tremendista del español. Pero lo que para mí está muy claro es que la inteligencia colectiva, delegada en todos cuantos sobresalen a lo largo de las últimas décadas y aun de los siglos, es inversamente proporcional a las inteligencias individuales de este país en general, en parte conocidas y en su mayor parte desconocidas. Pues quienes rigen a la sociedad en su conjunto, quienes se imponen en ella política, mediática, mercantil y religio­samente; es decir, quienes la mangonean, son siempre los mismos cerebros huecos, los mismos locos listos, los mismos necios aunque parezca que son diferentes.

Jaime Richart

Anuncios