En la primavera de 1457 en Francia, la muerte de un niño de 5 años conmocionó a la comunidad de Savigny-sur-Etang. Los sospechosos, una madre y sus seis hijos, fueron llevados a juicio, donde se presentó evidencia, se debatió el caso, y se dictó sentencia: la horca para la madre, perdón para los hijos. Los defendidos en el juicio: una familia de cerdos.

El caso no es raro. En la Europa medieval y en la América colonial miles de animales no humanos fueron llevados a juicio, tanto en tribunales eclesiásticos como seculares. Los animales encontrados culpables eran sentenciados a morir en la horca, en la hoguera, apedreados, a sufrir latigazos, o una combinación de las anteriores. En el siglo XIV en Cerdeña al ganado que traspasaba las cercas se le cortaba una oreja como advertencia. La tercera vez, se aplicaba la pena de muerte.

La mayoría de los registros sobre estos juicios se encontraron en Francia, Alemania e Italia, pero prácticamente todos los países europeos durante la edad media tuvieron juicios contra animales no humanos.

También en Brasil hubo juicios de este tipo. En 1713 la rectoría de un monasterio Franciscano en Piedade do Maranhão colapsó cuando los cimientos fueron comidos por termitas. Los frailes se quejaron a los tribunales, quienes designaron un abogado defensor para las termitas. Este alegó que las termitas eran criaturas trabajadoras con derecho a alimentarse, mientras que la pereza de los frailes había contribuído al mal estado del monasterio. El juez, en un dictamen salomónico, obligó a los frailes a producir una pila de madera para las termitas, lejos de el monasterio y a las termitas a comer sólo de esa madera. No está claro cómo se ejecutó esta sentencia.

La carne de los animales ejecutados no se usaba como comida. Los cadáveres eran quemados, arrojados a ríos o enterrados en fosas comunes junto a otros condenados humanos. Las cabezas de los condenados, especialmente en casos de zoofilia (donde ambos animal no humano y humano iban a juicio), eran a menudo puestas en una estaca una junto a la otra para fortalecer el temple moral de la sociedad.

Ningun crimen fue perseguido con tanto ahínco como la zoofilia. En 1565 en Montpelier un hombre y una mula fueron llevados a juicio juntos y condenados ambos a morir en la hoguera. En 1598 en San Claude una mujer acusada de brujería fue acusada y torturada junto a su perro, su gato, y un gallo, todos acusados de zoofilia. En 1642 en Plymuth, en lo que se convertiría en el estado de Massachusets de Estados Unidos, un adolescente fue torturado y ejecutado públicamente junto a una yegua, una vaca, dos cabras, cuatro ovejas, dos novillos y un pavo.

Topsy la elefantaEn 1903 en Coney Island, Nueva York, Topsy la elefanta fue condenada a muerte, esta vez sin un juicio, sino una bajo una orden administrativa. Se ordenó ahorcarla, pero Thomas Edison se ofreció a electrocutarla. La elefanta fue encadenada se le dio comida con cianuro y se le aplicaron 6.600 voltios de corriente alterna.

Video de la ejecución de Topsy registrada por Edison:

Esta elefanta no fue ejecutada como parte de un proceso judicial. Simplemente, se había vuelto “violenta” y había matado a tres de sus cuidadores, uno de los cuales se sabía que la torturaba y le daba cigarrillos encendidos junto a la comida.


Más de un siglo más tarde, el mismo tipo de procedimiento se sigue aplicando a los animales no humanos cuando atacan a seres humanos. Perros de razas “peligrosas” son ejecutados sumariamente. ¿Se trata de una forma de castigo?

Tal vez seguimos en la Edad Media en este aspecto: cuando hacen algo que no nos gusta, todos los animales son responsables de sus actos y reciben un castigo. Cuando no nos molestan, hacemos lo que queremos con ellos. Total, son sólo animales.

Fuente: Jeffrey St. Clair, “Introduction to ‘Fear of the Animal Planet by Jason Hribal”. AK Peters, 2010. Imagenes: le Blog d’ISIS, Les procés d’animaux au Moyen-Âge, For the Love of the Dog, Anfrix.

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