El pueblo, que es el soberano, o más bien dicho, entre nosotros debiera ser el soberano, puesto que las autoridades en toda democracia emanan del pueblo, que es el único que puede nombrarlas, ese mismo pueblo, ayer fuerte y viril, ahora se ve sometido por sus mismos servidores. 

Del papel de amo que desempeñaba, el pueblo ha pasado al de subalterno de sus autoridades. este hecho, que parecería inicuo aun en los pueblos sobre los que pesan los gobiernos mas autoritarios, es entre nosotros cosa fácil y hacedera, en virtud del mal tino que siempre ha habido para imponer autoridades, ya que éstas no son elegidas por el pueblo. 

Como una prueba de la soberbia de las autoridades, es decir, de los servidores para con el pueblo, esto es, para con su amo, nos referiremos ala imprudente frase que dirigió el gobernador del distrito federal a los señores propietarios de coches de alquiler, con motivo de la última huelga, que tanto escandalizó ala sociedad. Dijo el gobernador : “Los cocheros y los propietarios que estén de acuerdo con los huelguistas deben comenzar por mostrarse sumisos y obedientes. Después habrá tiempo de corregir el estado de cosas” 

Sumisión y obediencia a una disposición caprichosa, atentatoria contra la libertad de trabajo. Sumisión y obediencia se exige al pueblo cuando las autoridades son las primeras en no mostrar sumisión y obediencia en lo que respecta a los derechos de los ciudadanos. 

Sumisión y obediencia debe reclamar el pueblo ( el mandante ) alas autoridades ( sus mandatarios ). Forzoso es que no se confundan los derechos y obligaciones del mandante ( el que ordena ) con los derechos y obligaciones del mandatario ( el que obedece la orden ) 

El pueblo es el soberano, la autoridad es su servidora. el pueblo es el que tiene facultad de reclamar sumisión y obediencia a su servidora. 

Es bueno que el gobernador estudie u papel y, sobre todo, que lo comprenda para que no vuelva a incurrir en desacato de lesa democracia. las democracias necesitan servidores y no amos, para no convertirse en autocracias. 

Además, si comprendió el gobernador que había de corregirse después el estado de cosas,      ¿ porqué no lo corrigió desde luego ? Pudieron ocurrir infinidad de desgracias con motivo de la huelga, pero eso no importaba, después podía corregirse la disposición absurda de  un regidor, es decir, después de que hubiera habido muertos, heridos y se hubiera escandalizado a la sociedad. 

No corrigió inmediatamente la disposición, porque surgió el orgullo, se sobrepuso el amor propio, y nada se hubiera conseguido si los huelguistas no hubieran mostrado resolución al sentirse atacados por la autoridad en sus mas rudimentarios derechos. 

Triste estado social éste en que los gobernantes imponen sumisión y obediencia 

Regeneración n. 15  -    Noviembre  23 de 1900 
 

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