En este pequeño ensayo se pretenden aportar una serie de reflexiones desde un punto de vista científico que pretenden apoyar la filosofía animalista y plantear una serie de preguntas, eternamente sin resolver por la filosofía clásica, acerca del antropocentrismo y el raciocinio animal.

“Es preciso recordar a esos que desprecian a los animales que lo mismo que ellos fueron amamantados por su Madre, el pero lo fue también por la suya y que la piedad, única base de la moral, nace del sentimiento de la identidad de todos los seres humanos y de todos los seres vivos y debe extenderse a los animales” Arthur Schopenhauer.

¿Cuál es la principal razón que aportan para justificarse aquellos que para con los animales son crueles y despiadados?, ¿qué tipo de exculpación ronda el alegre cráneo de los seres humanos que en ensalzan costumbres donde se denigra la vida de un animal, que visten ropas que algún día fueron el protector térmico de un ser vivo o que, simplemente tratan a los animales como seres inferiores?

¿Cuál es ese argumento? Pues, principalmente es, precisamente, el antropocentrismo heredado de esa institución caduca y reaccionaria como es la iglesia católica, y su base moral, la religión cristiana. En General cualquier tipo de moral antropocentrista situar al ser humano por encima de todo ser vivo; y yo me pregunto ¿cuál es su base?, ¿Qué, a diferencia de otros seres, el ser humano es el único que posee y conciencia, libre albedrío, alma? Permítanme dudarlo de todas, todas.

Para cualquiera no versado en estudios etológicos, podría ser fácil afirmar lo contrario, pero también una inmensa cantidad de personas, saben, aunque no sea muy bien por qué, como si de un sexto sentido se tratase, que nadie ha sido dotado por la evolución por un escáner mental; nadie puede colarse en la mente de nadie. Así pues, ¿quién es capaz de afirmar que un perro no reflexiona, no tiene moral o no se comunica? A priori, nadie, y esto es un hecho objetivo como ya afirmara el famoso etólogo Konrad Lorenz, poseedor por cierto, de un premio Nobel de fisiología y medicina. Todas las pruebas físicas, químicas y biológicas nos conducen a la misma conclusión: todos los animales tenemos la capacidad de captar información del entorno (todos tenemos un sistema nervioso y órganos rectores al uso), todos poseemos concentraciones neuronales más o menos voluminosas que nos permiten integrar la información de dichos órganos sensoriales (sentimos esa información) y todos elaboramos una respuesta, autónoma o procesada, al estímulo recibido (respondemos).

Entonces, ¿cuál es la principal diferencia entre, por ejemplo, un bóvido y un ser humano? Ni más ni menos que la siguiente: no tenemos el mismo sistema de comunicación o lenguaje y por tanto no podemos intercambiar información. Absolutamente nada más que tenga que ver con la capacidad de raciocinio o de conciencia. Algunos alegarán diferencias cerebrales, y nada más lejos de la realidad. Quien piense que una diferencia en el tamaño del cerebro o en el número de circunvoluciones está relacionado con la inteligencia, y por tanto, con el surgimiento de procesos neuronales encaminados hacia una conciencia, está totalmente equivocado. He aquí algunos ejemplos para desmitificar la supremacía humana:

  • los Córvidos nos han mostrado a los seres humanos desde que éstos se han preocupado por el estudio de la vida que son un grupo de animales de elevado poder intelectual. Dos ejemplos de ello son: el cuervo (Corvux covux), ave social y con un tremendo poder adaptativo al medio que le rodea, y la urraca (Pica pica) un ave capaz de realizar un auto-reconocimiento delante de un Espejo como así lo ha demostrado el etólogo Helmut Prior, una interesante prueba válida tan sólo para aquellos animales muy visual es, y que aporta indicios sobre la existencia de una conciencia de ellos mismos. Otros animales que son capaces de realizar este auto-reconocimiento son: el elefante asiático o Elephas maximus (Joshua M. Plotnik, Frans B. M. de Waal & Diana Reiss, 2006) y los delfines mulares o Tursiops truncatus (Diana Reiss &Lori Marino, 2001).

  • Un colectivo animal que también ha demostrado indicios de conciencia, moral y raciocinio son los chimpancés bonobos y chimpancés pigmeos (género Pantroglodites) y los gorilas. Particularmente famoso es el caso de la gorila Koko, que fue capaz de aprender el lenguaje de signos americano, el cual fue capaz de dominar lo suficiente como para comunicarse con su cuidadora.

  • Un ejemplo el cual demuestra que no tenemos que guiarnos por el peso del cerebro es el caso del cachalote, que posee un cerebro de más de 10 kg y, hasta donde se ha conseguido estudiar, no es uno de los mamíferos marinos con un lenguaje más desarrollado.

  • Y por último, un ejemplo muy llamativo de un animal del pequeño cerebro, raro y poco conocido, y que desafía toda concepción, por nimia que sea, de un antropocentrismo moral. Este animales se llama Kea o Nestor notabilis, un ave Estrigópida que habita las zonas más elevadas y montañosas de la isla grande de nueva Zelanda. Este animal es capaz de cooperar en grupos para resolver problemas, problemas que un niño humano de tres años no es capaz de resolver, también es capaz de resolverlo individualmente, tiene una curiosidad innata conocida entre los habitantes de las zonas donde dice ya que, en su labor de curioseo, destrozada, golpeada, abrir e intenta utilizar todos los utensilios de fabricación humana que quedan a su disposición. Se ha llegado a comprobar científicamente de estos animales poseen verdaderas relaciones de amistad con sus congéneres (referencias  Diamond, J & A. Bond (1989) y Gajdon, G.K., Fijn, N., Huber, L. (2006)).

¿Quién puede afirmar que un animal no siente, no piensa o no tiene conciencia? Objetivamente nadie. ¿Quién puede afirmar, por el contrario, que un animal posee el raciocinio, conciencia o “alma”? Objetivamente nadie, y por las mismas razones dadas para la posición contraria, pero las pruebas empíricas como de las citadas brevemente en los párrafos anteriores y el principio de precaución, decantan la balanza hacia la existencia, al menos de mamíferos y aves que han tenido que adaptarse a medios complicados (la evolución parece haber hecho buena la máxima de que “la necesidad agudiza el ingenio”), de procesos mentales complejos cercanos o en la misma aparición de una conciencia. Volviendo a citar a Schopenhauer:

“tan estrechamente unida a la bondad de carácter se halla la piedad para con los animales, que se puede afirmar que el que es cruel con los animales no puede ser un hombre bueno”

Álvaro G. Molinero

Anuncios