No debe pensar en la imprudencia que comete, ni detenerse en una esquina a mirar la ciudad quieta. No puede mirar plantandole batalla a cada transeúnte inquisitivo. En medio del centro adormecido, alienando tras los remates finales de la programación televisiva, él pedalea. Partió del centro, Barrio Brasil, los viejos adoquines hacen incómoda la bicicleta. Erasmo Escala pasa como un suspiro. Pedalea. Pasa la moneda: lo más probable (no hay forma de saber) es que la mirada de rencor se dirija a ese epicentro de la burla con mirada seria. Pedalea. San Diego. El viejo de siempre, “el barsita”, le decían, cuando más de una vez pasaron por ahí cerveza en mano y el tipo les balbuceó unos sorbos, está ahí tirado y borracho en una esquina. Y él, que se debe hacer entristecido por el pobre viejo, él ya llevaba meses sin tomar. Ni siquiera los tentadores patios de la academia lo pudieron convencer de lo importante del alcohol. Ni siquiera ellxs, sus compañerxs, entendieron que divertirse no es una obligación más que haya que cumplir viernes a viernes. Allá  con la manga de borrachxs, él no era así. Con la voluntad es suficiente. La voluntad de saber también era importante. Pero saber para actuar. No se trataba de saber para entender mejor las cosas y así irse a dormir tranquilo, con las ideas más claras , no. El conocimiento de los privilegiadxs, dijo una vez, tenia que crear llagas, incomodidad. no había que dar nada por sentado, dudemos de todo.

Pedalea. Pasan unos en moto. De nuevo la rabia. El rencor. Recordar a la tía Belinda. Mientras los MAPUS, los PPD se regocijaban en sus nuevas y flamantes oficinas, todavía apestadas de perfume militar, ella seguía sin ver el viento libre en las calles gracias a un tribunal de uniformes: fue la última de su especie en el pabellón cuatro. Las visitas, los gendarmes se alargaron más de lo estrictamente ne-ce-sa-rio, decía el abogado con voz golpeada. lxs presxs politicxs no son prioridad para el objetivo último: la reconciliación nacional, insinuaba con todo resignado. A él no le iban a venir con la reconciliación nacional. Él no los iba a perdonar nuca. ¿A quién iba a perdonar, a la institución? Lxs de arriba jamas iban a pedir perdón, porque siguen pensando que lo que hicieron estuvo bien, están seguros de que hicieron lo correcto.

Pedalea. No le importan las cámaras que, ávidas de ser útiles, guardaron todo lo que pasa en la calle. Mañana podrán usar las imágenes para ajustar la realidad a su antojo. Siguen avanzando, inmune a la amenaza de los observadores de luma y balazo. en la espalda lleva el furioso sueño de destruirles la tranquilidad y volverles la vida insoportable     a los de verde. A los imbuidos en gris que transitarán en unas pocas horas por ahí, hacerles sentir quizás que no todo es TAN obvio, que no todo es TAN dado. Que la rutina sí es intolerable y que la melancolía insoportable que los acomete a cada parada de estación no es un síntoma de anormalidad, sino todo lo contrario.

La adrenalina bombeando, doblar, Lavalle. Se adelanta por varios metros. En la sangre la libertad hirviendo. No pasará de la siguiente esquina: un error, un chasquido. Después nos enteraremos, claro, que la presión que causa un extintor devenido en bomba es sensible a los más leves cambios de temperatura. Y que media hora pedaleando no suda en vano. Un grito sordo, media cuadra más atrás, que nunca va a llegar a escuchar. Ya no pedalea. No quedan pedales. Hecho pedazos un rostro con la determinación marcada en la frente.

Mauricio Morales ha muerto.

(Ahora en la memoria grabamos nosotrxs tu nombre. En el recuerdo cargamos como una alegría dolorosa as huellas de tu paso, y te recogemos para en la espalda, como tú, llevamos los mismos sueños, sino mismo método, igual esperanza).

Cuentos subversivos de ayer, hoy y siempre. Terror en la ciudad #3 EDITORIAL LXS NIÑXS SALVAJES.

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