El rey Juan Carlos irónicamente compagina su afición a la caza con la presidencia de honor de WWF-Adena, asociación española que defiende la naturaleza. Así lo indica la organización, que forma parte de uno de los mayores grupos ecologistas del planeta, como es WWF (World Wildlife Fund for Nature), en su página web.

A propósito de la fotografía en que aparece posando junto a un elefante muerto, hemos querido ampliar la mirada sobre el actuar de la realeza en torno a la preervación del medio ambiente y el respeto a la naturaleza que prumueven desde una organización que es puesta nuevamente es puesta en jaque a través del actuar de uno de sus miembros más relevantes.

Esta información se publica desde el respeto a las buenas personas que trabajan en alguna de estas asociaciones y nada tienen que ver con las las intenciones ocultas de WWF que se han venido denunciando desde hace años.

EL ORIGEN DE WWF

La Segunda Guerra Mundial no fue una excepción: los ganadores de la guerra (en este caso, los aliados) vencieron “heroicamente y salvaron al mundo” de la amenaza de una fuerza malvada (en este caso, el nazismo).

Sin embargo, ambos (aliados y nazis) practicaron genocidio, los dos bandos (aliados y nazis)desarrollaron planes de eugenesia, sendos contendientes (aliados y nazis) masacraron y bombardearon civiles brutalmente, experimentaron con nuevas armas, desarrollaron planes de destrucción masiva.

Ambos hicieron lo mismo porque ambos eran una misma fuerza polarizada:
la locura elitista europea usando la nueva tecnología desarrollada por una comunidad científica que trabaja indiscriminadamente con un bando y con el otro.

Así, resulta fácil de entender que antes y después de los teatrales juicios de Nuremberg en 1945, numerosos científicos del Tercer Reich, investigadores militares y altos oficiales nazis fueron “exiliados” a Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile y otros, con cambio de nombre y pasaporte suizo o del Vaticano, mediante La RUTA DE LAS RATAS.

Si esto ocurrió con los artífices científicos y materiales del nazismo, ¿qué ocurrió con las casas reales, la nobleza europea que simpatizaba con el movimiento nazi y los grupos financieros que apoyaron, sufragaron e hicieron posible el nazismo?

No ocurrió nada: permanecen hasta hoy en sus casas, y actualmente asisten a fiestas de la jet-set y reciben el cariño de sus súbditos.

Simplemente, algunos cambiaron su nombre, otros se vincularon con nobleza de países aliados, y otros se lanzaron a nuevas aventuras políticas.

Este es el contexto previo que debemos conocer para acercarnos a la siguiente figura: El primer conde y después príncipe Bernhard de Lippe-Biesterfeld, nace como alemán en Jena en 1911, recibiendo la clásica formación elitista de nobleza europea.

Nacido y educado para establecer lazos sanguíneos con la casa de Orange, a Bernhard se le permite mostrar públicamente su filiación juvenil nazi, entre otras a NSDAP  – el partido nazi.

A fin de cuentas, toda la casa Lippe-Biesterfeld era filonazi (su hermano Aschwin era un alto cargo en las SS), así como todas las líneas secundarias de la familia. Bernhard llega a introducirse en Reiters SS, y trabaja activamente en IG Farben, gigante químico alemán involucrado en la industria bélica (Se hablará de ellos en el Capítulo 10 del libro al final).

Cumpliendo con su noble deber, Bernhard se casa con la princesa Juliana de Holanda, y justo al comenzar la guerra, se exilia en Inglaterra bajo protección del brazo británico del mismo linaje, los Windsor.

Allí, continúa su formación militar de élite, se introduce en los servicios de inteligencia británicos, y establece relación con quien va a ser su compañero de proyectos futuros, Philip Mountbatten, el futuro duque de Edimburgo y consorte de Elizabeth II.

Tras la guerra, regresa a Holanda con la fachada de “héroe de guerra”, y es nombrado comandante de las fuerzas armadas holandesas.

En 1954, el príncipe Bernhard funda el grupo secreto Bilderberg (secreto, por entonces); y en 1961 con la colaboración de algunos invitados Bilderberg (entre ellos, el príncipe Philip), funda el Fondo Mundial Vida Salvaje, renombrado después con las siglas WWF.

Así, el príncipe Bernhard de Lippe-Biesterfeld, brazo holandés de la nobleza europea, experimentado asesino de guerra, y miembro de fuerzas militares de élite (nazis primero, inglesas y holandesas después) funda la primera institución ambientalista con la ayuda de presencia de instituciones de la corona británica, servicios de inteligencia europeos, y grandes corporaciones ligadas a la industria bélica.

Resulta constatado que el movimiento ambientalista comienza ahí, pero ¿con qué objetivo?

Basta echar un vistazo a la posterior lista de miembros selectos del WWF, el llamado Club 1001, para señalar los tres lugares comunes de su membresía: nobleza europea, servicios de inteligencia y grandes grupos corporativos (principalmente, bancarios, armamentísticos y químicos).

Algunos de estos distinguidos “amantes de la naturaleza” son:

-El propio Principe Philip (Duque de Edimburgo, supremo representante masculino de la casa Windsor, capitán general de la marina británica. Aficionado no sólo a despedazar zorros con sus perros en su reino, sino aficionado también a la caza furtiva de elefantes y otros animales en India y Nepal, tal y como registró John Philipson)

Conrad Black (Miembro asiduo de Bilderberg y cabeza del imperio de massmedia, Hollinger, creado por su padre, el agente del MI5, George Black)

Príncipe Johannes Von Thurn und Taxis (aristócrata europeo bajo influencia de la esfera Rothschild, hijo de Max Von Thurn und Taxis, fundador de la Allgemeine SS de Hitler)

Tibor Rosenbaum (agente del Mossad y dueño del BCI, banque du credit internacionelle, basado en Ginebra, denunciado por Life como lavadora de dinero negro de diferentes mafias involucradas en tráfico de armas y narcotráfico)

Mayor Louis Mortimer Bloomfield (militar miembro del MI6 que encabezó la operación Permindex)

Sir Francis de Guingand (Ex militar británico, ex cabeza de los servicios de inteligencia británicos, con título de sir y “licencia para matar” expedida por su majestad la reina),

Don Juan Carlos de Borbón (descendiente de Felipe de Anjou, rama francesa vinculada sanguíneamente a la casa Saxe-Coburg. Recibió formación militar de élite y actualmente es capitán general del ejército español y rey de España junto a su consorte, la Reina Sofía, miembro registrado de reuniones Bilderberg),

Dr. Luc Hoffman (director de la corporación farmaceútica Hoffman-Le Roche; involucrado personalmente en el desarrollo de drogas psicotrópicas y en la investigación farmaceútica psiquiátrica)

John H. Loundon (Presidente de Shell Oil hasta 1976, y después ejecutivo vitalicio de Royal Dutch Shell)…

Esta lista continúa, pero no es necesario seguir para darse cuenta de que en estos personajes el amor por la vida animal (o cualquier tipo de vida) no está entre sus prioridades.

¿Qué es lo que comparten todos estos sujetos además de un siniestro concepto de la “vida animal”? Todos ellos poseen, representan y defienden corporaciones involucradas en la explotación de los recursos de antiguas colonias europeas, a través de la instauración de un nuevo régimen imperial que permite el absoluto control económico de estados supuestamente soberanos.

¿Por qué los fundadores y miembros selectos del WWF son nobleza, militares y financieros relacionados con los intereses políticos y económicos de grupos de poder europeos extendidos en todo el mundo?

Respuesta sencilla:

Porque el WWF tiene como único interés defender la política y la economía de los grupos de poder europeos extendidos en todo el mundo.

Ya desde su fundación, el WWF tuvo el apoyo de instituciones de la corona británica relacionados con la política colonial.

Una de esas instituciones ligada al WWF es la Sociedad Geográfica Real, la cual patrocinó las expediciones coloniales de David Livingstone, y estaba formada por miembros de la calaña del científico Sir Francis Galton (el padre de la eugenesia y la biometría racial)

Otra institución real vinculada al WWF es la Sociedad Zoológica de Londres, fundada por el ridículo virrey de la India, Sir Stamford Raffles, y de la cual, el propio príncipe Philip fue presidente.

Así, mientras estas instituciones aseguraban la presencia de fuerzas imperiales en áreas estratégicas, la población europea y estadounidense comenzó a ser adoctrinada en el ambientalismo como una doctrina salvacionista dentro del materialismo, vinculada siempre a teorías neomalthusianas y profecías catastrofistas más o menos científicas.

Y así, muchos miembros del WWF y de instituciones vinculadas al ambientalismo fundaron en 1968  el elitista Club de Roma, un siniestro club privado que tiene como uno de sus objetivos “trabajar para la investigación y solución de los problemas medioambientales”.

A través de la membresía de WWF y de dos de los fundadores del Club de Roma, Maurice Strong y Alexander King, se puede seguir el rastro de la posterior fundación de innumerables instituciones como: Sierra Club, Earth first – Tierra Primero, Greenpeace, Amigos de la Tierr y muchas otras.

De hecho, fue Strong el director de la primera Oficina del Medioambiente para la ONU, y la cabeza visible de la Cumbre de la Tierra en Rio de Janeiro en 1992.

Mientras tanto, durante las dos últimas décadas del S. XX, las generaciones más jóvenes literalmente “mamaron” el credo ecológico sin poder cuestionarse ni el origen ni el objeto de dicho credo, como una nueva pseudo-religión de salvación.

Tan profundamente se enraizaron los “valores medioambientales” en la población, que escandalosas noticias que delataban la actividades criminales de instituciones ambientales como el Proyecto Lock, el Proyecto Stronghold y la participación del WWF en el tráfico de marfil (denunciado por el periodista Kevin Dowling), pasaron desapercibidas.

Tampoco se dio ninguna voz de alarma al comprobar que cuanto más se desarrollaba el “movimiento ambientalista”, más y más problemas medioambientales aparecían, y que mientras políticos y hombres de estado comenzaban a hablar de “ecología y medioambiente”, el deterioro ambiental seguía acelerándose sin que nada ni nadie consiguiera tan siquiera frenarlo mínimamente.

Esta farsa se mantiene hasta el día de hoy a través de una enmarañada red de mentiras.NO IMPORTA LO QUE ES VERDAD. SOLO CUENTA LO QUE LA GENTE CREE QUE ES VERDAD”    Paul Watson – cofundador de GREENPEACE.

http://movimientoporlaverdad.wordpress.com

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