“Me cuesta menos en todo sentido incurrir en la penalidad de la desobediencia al Estado, de lo que me costaría obedecer. Me sentiría como si valiera menos en este caso. […] Existen leyes injustas ¿Debemos, pues, conformarnos con obedecerlas?¿Debemos tratar de enmendarlas y acatarlas hasta que hayamos conseguido ese primer objetivo? ¿O, al contrario, debemos transgredirlas de inmediato? Las personas, en general, bajo un gobierno como el que conocemos , pensamos que debemos esperar hasta convencer a la mayoría para modificarla. Pensamos que si resistimos, el remedio será peor que la enfermedad.”
H. D.Thoreau

Como pueblo, si nos organizamos, podremos ser capaces de crear y defender espacios libres del control y la sumisión al poder. Cuando lo consigamos, el poder no quedará bloqueado inmediatamente, sino que se esforzará en reprimirnos y tumbar nuestro poder popular para establecerse como el único legítimo en el territorio. Así, estamos iniciando un período en que las estrategias de acción tendrán que ser muy bien definidas para convertirse en opciones sólidas que incluyan a una parte significativa de la sociedad.

En este contexto proponemos la desobediencia civil a las decisiones estatales que nos afectan. Como personas individuales, como seres libres, tenemos en la desobediencia civil y en la autogestión, dos herramientas fundamentales de acción política. Como pueblo organizado de forma masiva tenemos la responsabilidad de hacer que el mundo en el que vivimos y en el que actuamos, llegue a ser como queremos que sea.

Entendemos como desobediencia civil una acción ilegal realizada de manera consciente y comunicada públicamente para poder conseguir una transformación parcial o global de la sociedad. La apuesta por la desobediencia civil es una apuesta para hacer pedagogía a través de la acción, para generar una vía constructiva de visibilizar el conflicto, para comunicar desde el ejemplo y el compromiso personal y colectivo. Se trata de una vía de acción que empodera al movimiento popular y que ha tenido importantes precedentes en la historia del último siglo.

Una de las estrategias actuales en el marco de la desobediencia es la iniciativa “Ejerceremos el Derecho de Rebelión”, iniciada el pasado mes de septiembre, declarando la falta de legitimidad de las instituciones gestoras del Estado. Mediante el Manifiesto que dio origen a esta iniciativa, vamos facilitando el contacto entre personas que se comprometen en la insumisión al Estado y la desobediencia a todas las leyes y a todas las políticas que consideramos injustas.

La organización de la iniciativa se ha gestado de manera asamblearia, fomentando los procesos de construcción colaborativa para facilitar distintas acciones de desobediencia y el acceso a varias herramientas que puedan guiar el proceso. De esta manera, el encuentro periódico en asambleas y el trabajo colaborativo a través de la red ha permitido que numerosas personas de diferentes partes del mundo (y en especial, personas del Estado español) puedan compartir y trabajar conjuntamente. Somos millones de personas dispuestas a actuar. Debemos liberarnos de nuestros miedos e inseguridades para reconocer públicamente nuestro compromiso y compartir con nuestro entorno la experiencia de dignidad, facilitando la liberación de cada una de nosotras para vivir coherentemente con nuestros ideales más profundos.

La propuesta del Derecho de Rebelión no es sólo una propuesta de desobediencia civil coordinada, sino que, además, es una estrategia de acción que quiere profundizar en una visión del mundo comprometida con la autogestión. Es por esto que ponemos especial énfasis en la desobediencia económica, que sería toda aquella modalidad de desobediencia civil enfocada a liberarnos del poder económico privado o estatal, para derivar nuestros recursos a la construcción de alternativas al sistema económico actual. Así pues, la desobediencia económica incluye todas esas formas de desobediencia civil o social que tienen como objetivo empoderarnos como personas libres, rompiendo las cadenas que nos esclavizan al sistema capitalista actual.

“Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo la Insurrección es para el pueblo y para cada porción del pueblo, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes” (Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1793)

La actual Constitución Española, dictada por el capital internacional y aprobada a espaldas del pueblo, no sólo no nos representa, sino que no la reconocemos como vinculante para nosotrxs. En su artículo 135.3 dice: “Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta.”

Con la aprobación sin referéndum de este cambio constitucional, se ha demostrado de manera definitiva que la soberanía popular no controla al Estado, el cual ha sido secuestrado por el poder económico. Un gobierno que actúa en beneficio de unos pocos es ilegítimo.

Según el Código Penal español: “Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes: Derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución.” Por ello, y dado el carácter precipitado, interesado y antidemocrático de esta reciente reforma constitucional, podemos determinar, que los delincuentes están en el gobierno y las estructuras que los secundan. El derecho a la rebelión está reconocido desde hace más de dos siglos por el derecho internacional, a través, por ejemplo, de la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” de 1793. Su función es hacer prevalecer el derecho de rebelarse por el bien común ante situaciones como la que estamos viviendo. Ante la rebeldía golpista de los de arriba, el derecho de rebelión de las de abajo. Nuestro compromiso es con el bien común y por eso, siguiendo nuestro deber legítimo como ciudadanas, nos declaramos rebeldes a la constitución, insumisos al Estado y desobedientes a toda autoridad que lo represente. Es por ello que nos declaramos ciudadanas de las asambleas populares y de las asambleas de proyectos postcapitalistas en las que participamos. Es de esta manera como ejercemos nuestra soberanía.

Nos comprometemos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para construir un nuevo poder popular que posibilite una nueva sociedad donde las decisiones sean tomadas realmente por el pueblo. Entendemos que tras la gran acumulación de indignación que hemos vivido, la mejor forma de recuperar la dignidad es mediante la rebeldía. Entendemos como dignidad nuestra capacidad de desobedecer leyes injustas y/o contrarias al bienestar de los pueblos. Por todo ello, nos comprometemos con el llamamiento para iniciar y extender una acción de resistencia fiscal total al Estado español y hacia aquellos que lo controlan como acción consecuente para demostrar que no pagaremos “sus deudas”, porque no reconocemos esta Constitución. Una desobediencia fiscal que sirva para alimentar la autogestión de las asambleas y desde éstas, dar “prioridad absoluta” a la financiación participativa de los recursos que consideramos realmente públicos.

Puesto que la situación que vivimos en el Estado español, es común a muchos países del mundo, y puesto que los poderes económicos que mandan son globales, animamos a los seres humanos de todo el mundo a afirmar su derecho de rebelión, mediante manifiestos como éste. La resistencia fiscal fue una de las estrategias de desobediencia civil que llevó a la India hacia la independencia del Imperio británico; ahora puede ser una estrategia clave para independizarnos a todos del capitalismo global.

Algunas de las mejores maneras de colaborar pueden ser organizaros en un colectivo, participar en las asambleas locales, crear un grupo de trabajo local del derecho de rebelión, o juntaros con gente de vuestra zona para participar en una cooperativa integral.

Martin Luther King dijo hace más de 40 años: “Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones de la gente perversa, como del pasmoso silencio de la gente buena.”

No podemos dejar que la historia se repita con nuestra generación. Una banda de criminales de las finanzas ha secuestrado lo poco que podía haber de democrático en los estados y está llevando a cabo un plan premeditado para recortar nuestros derechos sociales, sólo para aumentar sus beneficios. Esta situación se añade a las gravísimas crisis ecológicas, energéticas, alimentarias, sociales y de valores que acompañan el declive del sistema capitalista. Tenemos la suerte de ser la generación más informada de la historia. Hemos aprendido que somos millones de personas dispuestas a actuar. Ahora no hay excusas.

No hay suficiente con la indignación. Y sólo el compromiso que vaya acompañado de una actitud de insumisión frente al poder político-financiero, podrá llevarnos a conseguir nuestros objetivos. No hay seguridad a corto plazo que pueda ser excusa para dejar el compromiso social para después. Con el apoyo mútuo nos ayudaremos en las dificultades; desde la autogestión podemos solucionar los problemas de vecinos y vecinas, mucho mejor que como lo está haciendo el Estado.

Salir a la calle hasta agotarnos no es suficiente, necesitamos que dejes de obedecer, que dejes de mandar, que dejes de pagar la hipoteca, que dejes de pagar tus impuestos al Estado para pagarlos directamente al pueblo, que dejes de comprar en multinacionales, que dejes de aceptar discriminaciones de cualquier tipo.

Sean cuales sean tus cadenas, rómpelas.

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