Steve-BestLas críticas postmodernas han influenciado fuertemente las tensiones teoréticas al interior de los estudios animalistas, pero los teóricos no pueden emplear las perspectivas del postmodernismo sin antes superar sus limitaciones. Esto es crucial por dos razones.

Primero, porque los/as deconstruccionistas y construccionistas sociales son, por lo general, humanistas, especistas y dogmáticos (¡incluso aquellos que deconstruyen el “humanismo”!) que rara vez desafían la dicotomía humano/animal para analizar cómo es utilizada para crear puntos de vista falsos sobre los animales humanos y no humanos.

Segundo, porque no ven que la oposición humano/animal refuerza la oposición entre razón/emoción, pensamiento/cuerpo, masculino/femenino, blanco/negro y occidental/no-occidental.

Como ya lo han señalado algunos teóricos (Keith Thomas, Jim Mason y Charles Patterson) con una óptica mucho más amplia e incluyente, la domesticación de animales no-humanos proporcionó el modelo conceptual y práctico desde el cual los humanos empezaron a distinguir entre la “racionalidad humana” y la “irracionalidad animal”.

Los animales no-humanos – definidos como “bestias brutas” carentes de “racionalidad” – proporcionaron, de este modo, la base moral desde la cual se ha llegado a discriminar a las mujeres, a las personas de color y a otros humanos considerados como subhumanos, “animales” o faltos de “humanidad” (occidental, blanca y masculina).

Donde casi todas las historias, incluso las ya conocidas narrativas “radicales”, han sido escritas desde el punto de vista humano, un creciente número de teóricos/as han empezado a liberarse de los prejuicios especistas para examinar la historia y la sociedad desde el punto de vista de los animales (incluidos los/as humanos/as) y sus relaciones metabólicas con la naturaleza. Este enfoque, como ya se mencionó, tiene por objeto la interacción entre animales humano y no-humanos – en el pasado, el presente y el futuro – y la responsabilidad ético-política de realizar cambios profundos en las maneras en que el ser humano se define a sí mismo y se relaciona con las otras especies y con el mundo natural en su conjunto.

Lo que yo llamo el paradigma animalista examina el origen y el desarrollo de las sociedades a través de las relaciones dinámicas y simbióticas entre animales humanos y no-humanos. Es un enfoque desde el cual se analiza la historia, ya no desde una perspectiva evolutiva que reifica la agencia humana en tanto que acciones autónomas de las especies Prometeanas, sino más bien desde una perspectiva co-evolutiva que concibe a los animales no-humanos radicalmente inmersos en la historia humana y también, claro está, como agentes dinámicos de su propio devenir.

El paradigma animalista busca develar el origen y el desarrollo de las culturas dominantes, para hacer prevalecer la sabiduría y la herencia de los valores igualitarios de las relaciones sociales ancestrales y discernir un progreso moral y social con un sentido más profundo a aquel que es sólo discernible a través de la historiografía humanista, la antropología, la teoría social y la filosofía occidental. Sin importar cuán “crítica”, “subversiva”, “revolucionaria” o “radical” sea la investigación acerca de las dinámicas históricas y sociales, muy pocos/as intelectuales han intentado ir más allá de los prejuicios humanistas cuando han adoptado un punto de vista sobre los demás animales. En otras palabras, no han reconocido adecuadamente, ni siquiera, la importancia de los animales no-humanos en la vida humana y el modo en que la dominación de los humanos sobre otros animales determina el futuro de la Vida misma del planeta.

En este orden de ideas, el paradigma animalista busca, fundamentalmente, profundizar de manera novedosa en la evolución social y biológica de los seres humanos, para revelar los orígenes, dinámicas y desarrollos de las culturas dominantes, las jerarquías sociales, las desigualdades políticas y económicas y los sistemas de poder asimétricos que ejercen una violencia sistemática y destructiva sobre la Tierra. Con enfoques y perspectivas impensables desde otras corrientes del saber, el paradigma animalista analiza cómo la dominación de animales humanos sobre animales no-humanos está íntimamente relacionada con la dominación de la especie humana entre sí, resaltando, muy rigurosamente, el impacto ecológico a gran escala de la explotación y esclavitud de los animales no-humanos.

Un elemento clave de este enfoque tiene que ver con el reconocimiento del papel fundamental que han jugado los animales no-humanos en la creación y moldeamiento del pensamiento humano, la psicología, la vida social y moral y la Historia. La opresión de humanos sobre humanos está enraizada en la opresión de humanos sobre no-humanos. El paradigma animalista nos lleva, ineluctablemente, a comprender el encuentro común de todas las formas de opresión y, por esto mismo, la necesidad de las alianzas políticas y de un proyecto revolucionario de liberación total. El paradigma animalista demuestra claramente – para que tengan en cuenta los/as izquierdistas dogmáticos/as, los/as eco-humanistas y los/as supuestos/as “ambientalistas” – la importancia que podría tener el veganismo y el movimiento por la liberación animal en procesos de liberación humana.

Steve Best

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