“El actual esfuerzo por reducir el campo y la verdad de la filosofía es tal que los mismos filósofos pregonan la modestia y la ineficacia de la filosofía. Esto deja a la realidad establecida intacta; la filosofía aborrece la transgresión”. Herbert Marcuse

Los estudios críticos animalistas comparten con la corriente dominante de estudios animalistas una perspectiva y un compromiso interdisciplinario sobre nuestra relación con, y representación de, los animales no-humanos. Pero los ECA difieren con la corriente dominante en tanto los primeros poseen un enfoque explícitamente político y normativo. Los estudios críticos animalistas, como parte de su análisis, llevan a cabo una crítica radical al capitalismo, al imperialismo y a la opresión jerárquica en todas sus formas. Su compromiso con la teoría es para fortalecer la liberación total y no la teoría sin más. El paradigma animalista no es, como vemos, pretenciosamente “neutral” e “imparcial”. Por el contrario, defiende y aboga, en aras de la revolución total, el esfuerzo permanente por desmantelar todo sistema opresivo que se presente como natural, señalando el carácter histórico y social de dichos sistemas y promoviendo la actividad creativa, la auto-organización y la solidaridad efectiva entre los distintos procesos revolucionarios.

Sin embargo, en el estado actual de la corriente dominante nada de esto está ocurriendo. Antes bien, esta corriente de estudios animalistas está desarrollando, desde una supuesta neutralidad, temas demasiado abstractos en medio de un holocausto no-humano cada vez más sistematizado y una crisis ecológica planetaria en aumento. No cabe duda de que la corriente dominante está marcada, ideológicamente, por una visión liberal, relativista y autocomplaciente bastante flexible ante los problemas éticos, sociales, políticos y ecológicos más urgentes; y no es una mera casualidad que la corriente dominante sea totalmente tolerante, en el sentido marcusiano, con el especismo mismo.

El estado de la corriente dominante de estudios animalistas ha llegado a tal punto que, recientemente, algunos/as de sus académicos/as más representativos han atacado, de manera enfática y descarada, las críticas realizadas a la red académica de H-animal, sitio web en el cual se defiende la vivisección, el consumo de animales no-humanos y la cría de “mascotas” y demás formas de explotación animal no-humana. Específicamente, el festival orwelliano de la palabra empezó en diciembre de 2007, cuando Anita Guerrini, una profesora de estudios ambientales de la Universidad de California en Santa Bárbara, señalaba lo siguiente:

¿Implican los Estudios Animalistas, necesariamente, un compromiso con el activismo por la liberación animal? Mucho de lo que he leído en este campo, pero no todo, tiene algún grado de compromiso con el activismo por la liberación animal o los derechos de los animales. Esto quiere decir que los Estudios Animalistas parecen tener que ver con algún tipo de compromiso con cierto punto de vista político y esto tiene influencia en los distintos trabajos que han aparecido hasta ahora. Pero, ¿hay algún espacio en los Estudios Animalistas para aquellos que, por ejemplo, piensan que comer carne no es malo? ¿O que la experimentación en animales puede ser justificada en algunas circunstancias? Como alguien que ha escrito sobre la experimentación animal en muchas ocasiones, pero que no la ha condenado sin algunas reservas, no estoy segura de poder llegar a tener un lugar en los Estudios Animalistas como han sido actualmente definidos. Yo no creo que utilizar a los animales, en todos los casos, sea algo bueno y tampoco pienso que el maltrato animal pueda ser alguna vez justificado. Sin embargo si considero que en algunas ocasiones, el usos de los animales por parte de los humanos, es justificado.

Esta profesora, luego de elogiar el grado de “sofisticación cada vez más grande” de los estudios animalistas, resulta ser partidaria de la vivisección, del consumo de animales no-humanos y del bienestarismo, defendiendo la idea según la cual los animales humanos son seres inherentemente privilegiados y superiores que pueden legitimar el sufrimiento, la explotación y el asesinato de otros animales en tanto sea realizado de manera “humana”. Las respuestas de los/as académicos/as de H-animal* eran en su mayoría de respaldo (como por ejemplo, “gracias por sus interesantes preguntas”) y nunca críticas acerca de la contradicción que implica que una persona especista busque un lugar adecuado en el campo de los Estudios Animalistas. Las preguntas insinuantes de Guerrini, como por lo menos algunas respuestas lo señalan, no eran menos repulsivas e incoherentes que el intento que pueda hacer una misógina por integrarse a los Estudios de Mujeres o al de un racista que, con interés teórico e histórico en la esclavitud, el castigo y los experimentos de Tuskegee, esté haciendo carrera en Estudios Afro-americanos.

Formas evidentes de discriminación prevalecen en los estudios animalistas que de otra forma no serían toleradas en otros campos de estudio. En estos campos, en lugar de ser amablemente recibidos, el equivalente patriarcal y racista de Anita Guerrini estaría seriamente desacreditado. Vemos, por lo tanto, como la doble moral especista prevalece aún en los estudios animalistas, y cómo el discurso sexista y especista no es tolerado por mujeres y hombres pertenecientes a otros campos. De hecho, luego del controversial pronunciamiento de Anita Guerrini, algunos eruditos y académicos se preguntaron si era o no posible hacer estudios animalistas aun cuando se apoyara la vivisección, los espectáculos circenses, la caza de animales o la compra de animales muertos en la tienda para una cena familiar. A esto le siguió, como si fuera poco, numerosos debates sobre si era aceptable o no licuar un pez dorado en una licuadora como una forma de “arte-performance” (una obra que, aparentemente, intenta hacernos “pensar” sobre los otros animales justificando, claro está, el acto mismo).

Pero para los/as académicos/as cuyo compromiso con los animales no-humanos es estrictamente abstracto y teorético, nada es más importante que un tema interesante de investigación acreditado económicamente por un programa académico: para ellos/as no hay ninguna contradicción en esto. Sin embargo, para cualquiera que comprenda que hay un sufrimiento real y concreto padecido por los animales no-humanos y que en consecuencia entienda las implicaciones lógicas que se siguen – el veganismo y la liberación animal – de relacionarse con los demás animales como seres vivientes en lugar de “signos”, “referentes”, “textos” y “discursos”, no puede ser indiferente ante la violencia estructural que se impone sobre los no-humanos. La contradicción del paradigma especista en el campo de los estudios animalistas es realmente preocupante. En este orden de ideas, la vieja máxima científica que dice “una rata es una cosa en la cual se inyecta químicos para hacer un trabajo científico”, tiene que ser entonces revisada a la luz de algunas expresiones de la corriente dominante: “un animal es un objeto, un signo, un referente o una abstracción histórica que reificamos y alegorizamos con el objetivo de sacar a la venta un libro, publicar un artículo y realizar una conferencia académica”. Ambas máximas están, evidentemente, relacionadas entre sí.

En este despliegue vergonzoso llevado a cabo por los/as académicos/as de H-animal salían a la luz, claramente, las inherentes limitaciones, contradicciones, hipocresías y deficiencias de la corriente dominante de estudios animalistas, hasta tal punto que el término “estudios animalistas”, vaciado de significado político y ético, quedaba convertido en un concepto susceptible de ser transformado y moldeado por los intereses especistas. Empezó a generalizarse la idea de que, para investigar y publicar en el área de los estudios animalistas, no era necesario tener un compromiso ético específico hacia los animales. En su lugar, lo que se requería era una “curiosidad” académica acerca de las interacciones entre humanos y animales; una investigación distanciada como la que podríamos llegar a realizar sobre la invención de las tuberías romanas o del rol que jugaron lo eunucos en las dinastías chinas; son, de hecho, las mismas actitudes de “curiosidad”, “neutralidad” y ausencia de compromiso con el “objeto de estudio”, las que guían a los vivisectores y que en buen parte han inspirado algunos de los “experimentos” más aterradores (como por ejemplo, la depravación sensitiva, la separación de bebes primates de sus madres, la adicción, por la fuerza, a la cocaína y las inyecciones letales de LD50 diseñadas para matar a la mitad de la “población testeada”). Pero un compromiso teórico con la explotación humana de animales no-humanos tiene implicaciones sociales y ecológicas importantes, en tanto refuerza la violencia objetiva, simbólica y estructural hacia los no-humanos.

Sin las adecuadas claridades éticas y políticas y colmado de intelectualoides oportunistas que esperan únicamente ascender de escalafón, la corriente dominante de estudios animalistas sobresale por ser un campo donde los/as académicos/as suelen examinar las relaciones entre humanos y no-humanos como un ejercicio meramente intelectual, sin tener en cuenta los diferentes contextos y las consecuencias sociales, éticas y políticas de nuestra relación con los demás animales. De esta manera, allí donde vemos sufrimiento y explotación otros ven referentes históricos y objetos abstractos de investigación. Allí donde el imperativo ético nos debería llevar al veganismo, otros continúan consumiendo animales y promoviendo la vivisección. En lugar de reconocer la vida concreta y real de miles de animales esclavizados y aceptar las profundas obligaciones que tenemos que asumir para superar esta forma de violencia, la corriente dominante, por el contrario, la encubre y la fortalece.

Es necesario señalar aquí las razones por la cuales considero que los estudios críticos animalistas, desarrollados por ICAS, son críticos. En primer lugar, porque ponen en cuestión el paradigma especista de la corriente dominante, su incoherencia ética y su indiferencia política, así como su lenguaje hiperabstracto, esotérico, elitista e incomprensible para las personas no eruditas. En segundo lugar, porque se opone radicalmente al sistema capitalista promoviendo análisis y tácticas políticas radicales como respuesta a problemas sociales estructurales.

Es por esta razón que los estudios críticos animalistas emergen como una alternativa necesaria y vital. Esta corriente crítica rechaza la insularidad, la indiferencia, la hipocresía y las profundas limitaciones éticas de la corriente dominante donde las realidades de carne y hueso de los animales no-humanos quedan reducidas a signos abstractos, símbolos, imágenes, palabras sobre papel o protagonistas de algún drama novelesco. La corriente dominante de estudios animalistas no puede responder a la violencia especista precisamente porque es incapaz de ver a los demás animales como entidades de carne y hueso. Por el contrario, los concibe como “referentes”, “signos” y “textos” y no como esclavos que pasan toda su vida en las jaulas que los seres humanos han fabricado para ellos.

En contraste con las orientaciones dominantes de los estudios animalistas, así como de las tendencias prominentes de los movimientos por el bienestar animal y por los derechos de los animales, ICAS promueve una alternativa crítica, radical y transformadora. A continuación señalamos algunos de los puntos más importantes de esta propuesta:

1. Promover escritos e investigaciones interdisciplinarias y comprensibles que incluyan perspectivas típicamente ignoradas por los estudios animalistas, tales como la economía política y la crítica al capitalismo.

2. Rechazar, en aras de la transformación social, los análisis académicos pseudo-científicos, prestando atención, de manera explícita, a los valores normativos y a los compromisos políticos, dejando muy en claro que la teoría no es desinteresada y que la investigación no puede ser apolítica y neutral.

3. Abstenerse de puntos de vista académicos limitados con el objetivo de vincular la teoría con la práctica, el análisis con la política y la academia con la comunidad.

4. Analizar, de manera amplia y articulada, los puntos comunes a todas las formas de opresión, de manera que el especismo, el capitalismo, el racismo, el sexismo, la discriminación por discapacidad, el estatismo, el clasismo, el militarismo y otras tantas ideologías e instituciones jerárquicas sean consideradas como partes de un complejo y enorme sistema de dominación global.

5. Rechazar las posiciones apolíticas, así como las posturas políticas conservadoras y liberales, con el objetivo de avanzar en una propuesta anticapitalista. Esta orientación busca desmantelar todas las estructuras de explotación, dominación, opresión, tortura, asesinato y poder a favor de una sociedad descentralizada y democrática.

6. Rechazar las medidas reformistas, legislativas, monotemáticas y centradas en los intereses humanos a favor de una alianza política y solidaria con otras formas de lucha.

7. Abogar por una política de liberación total, es decir, que integre la lucha por la liberación animal humana, no humana y de la Tierra. (Parafraseando a Martin Luther King Jr.: una amenaza a la liberación en cualquier lado es una amenaza a la liberación en todas partes).

8. Deconstruir y reconstruir las oposiciones binarias construidas socialmente tales como humanidad/animalidad, naturaleza/cultura y femenino/masculino, entre otras, para así desenmascarar estas imposiciones históricas de las ideologías dominantes y avanzar hacia procesos de liberación contundentes.

9. Apoyar abiertamente políticas radicales y estratégicas militantes utilizadas en muchos movimientos sociales, como aquellos que implican sabotaje económico y tácticas de acción directa para presionar a los explotadores.

10. Buscar caminos para realizar diálogos críticos a través de una amplia gama de grupos académicos, trabajos de base y organizaciones políticas. Sólo a través de los nuevos paradigmas de la ecopedagogía, del diálogo con otros movimientos sociales y de una política de alianzas solidarias, es posible construir nuevas formas de conciencia, de conocimiento, así como también nuevas estructuras sociales que son necesarias para transformar la sociedad jerárquica que ha esclavizado a todas las formas de vida en este planeta durante los últimos 10 mil años.

Los estudios críticos animalistas están comprometidos políticamente con posturas radicales y con un lenguaje y una orientación crítica hacia la opresión en todas sus formas, para visibilizar la enorme crisis ecológica. Sin embargo, la corriente dominante, además de apolítica, está en una crisis ética: se trata sólo de otra diversión o distracción burguesa por la búsqueda narcisista de reconocimiento, dejando a un lado los verdaderos problemas que podría estar transformando. Sin ningún compromiso con la teoría y la práctica por la liberación animal y el veganismo, la corriente dominante es funcional al statu quo especista y parte del problema mismo. No estoy adelantando una definición esencialista o un constructo platónico y mucho menos estoy sugiriendo que no se puedan articular conceptos sobre los “estudios críticos animalistas” diferentes a los que propongo. Lo que pretendo es controvertir nociones que están conceptualmente vacías, carentes de orientación ética y políticamente ambiguas; nociones incapaces de articular la teoría con la práctica; nociones indiferentes a la crisis civilizatoria actual las cuales no logran aprehender el significado integral de un enfoque animalista. Los/as estudiantes que se involucran en la corriente dominante de estudios animalistas parecen estar más interesados/as en el oportunismo académico y en la explotación de nuevas formas de capital cultural, que en la abolición del especismo. Los animales no-humanos ya han sido explotados lo suficiente y lo que menos necesitan es que los/as académicos/as de la corriente dominante se burlen de su desgracia explotando sus sufrimientos para ascender de escalafón en el ámbito académico, sin trabajar, en cambio, por ponerle fin a su esclavitud. Aquellos/as que no están de acuerdo con la interpretación que doy aquí de los estudios críticos animalistas, tienen la tarea de probar por qué y al mismo tiempo de desarrollar una formulación más adecuada.

Ahora bien, es crucial trabajar en una perspectiva radical como ésta para asegurar el vigor político y el potencial ético de los estudios animalistas, antes de que sean cooptados por la academia y su inherente predisposición a mercantilizar el conocimiento. Esto ha pasado con otros programas académicos. Barbara Epstein, por ejemplo, atribuye el fracaso del “enérgico movimiento de mujeres” a la “institucionalización y marginalización” en los programas académicos de Estudios sobre Mujeres16. Russell Jacoby muestra cómo el enclaustramiento académico de los programas de Estudios Culturales “terminan simplemente elogiando el status quo” por medio de un discurso postmoderno que fractura la realidad y delimita los campos de acción haciendo del compromiso y la verdad un asunto relativo17. Y es que, siguiendo una trayectoria similar de cooptación, los estudios animalistas ya están siendo restringidos, canonizados, modificados, codificados, neutralizados y apolitizados en vista de la producción, el consumo y la distribución académica. El otro elemento que vicia la autonomía y relevancia política de los estudios animalistas incluye, ni más ni menos, las prácticas en campos veterinarios o en las industrias de “alimentos para mascotas”, así como el apoyo generalizado a especistas y a centros de explotación animal.

Es, por lo tanto, de vital importancia comprender que los estudios críticos animalistas representan un crítica radical y alternativa a las instituciones académicas y a la corriente dominante de estudios animalistas, así como también al capitalismo y a todas las demás ideologías e instituciones opresivas. Debemos tener en cuenta, en este orden de ideas, las dinámicas del oportunismo y cooptación que neutralizan todo aquello que tenga intención subversiva. Es por esto que puede llegar el momento en el que la clase profesional dominante, reformista y oportunista, corrompa y diluya el carácter radical, ético y político de los estudios críticos animalistas. Es de suma importancia, repito, mantener el compromiso con la liberación animal y continuar desarrollando herramientas de transformación social de manera articulada en aras de la liberación total.

Steve Best

Anuncios