En esta Sociedad domesticada todo vale mientras no vaya contra el Sistema y sobre todo, si no afecta a nuestros intereses, y cuando me refiero a éstos es porque no se tiene en cuenta más que el perjuicio propio, por ridículo que sea, sin pensar en las consecuencias, a veces mortales, que para otros pueda implicar nuestro “bienestar”.

Decir NO a la caza, a los festejos taurinos, a la industria de la peletería, a las granjas intensivas, a los circos con animales… … … es darse cabezazos contra la pared de la ley. Pedir la desaparición de estas actividades es convertirse en un elemento incómodo para una estructura social consolidada, eso podría alterar el orden establecido que es la base de la autoridad a la que estamos sometidos.

Los ciudadanos, tan modernos, tan progresistas, tan civilizados… Si claro, siempre y cuando no haya que variar ni un ápice sus gustos o costumbres!

Por eso, cuando ven a unos cientos de personas con pancartas que hablan de la “Liberación Animal”, lo primero que se les ocurre pensar es:

“Ya están haciendo de las suyas esa pandilla de perturbados y radicales que nos quieren quitar lo que siempre ha sido así”.

He ahí una definición del egoísmo cuando esa expresión equivale a decir:

“No aceptaré ningún cambio que pueda afectarme lo más mínimo”.

Y esa es la verdadera fuerza de los que son crueles de tantas formas con los animales, que no está tanto en su conducta criminal – crimen al menos moral, ya que todavía no lo es legalmente – sino en la indiferencia cómplice de los que sin torturar, contribuyen a la tortura, y sin matar son colaboradores en esas muertes.

Entre la violencia de unos y el egoísmo de otros, entre los intereses de los primeros y la comodidad de los segundos, el resultado es que siguen muriendo cada día millones de animales en una sangría que no tiene comparación con ninguna otra. No existe en ámbito alguno sufrimiento que exceda en número de víctimas al que padecen los animales. Y por favor, que no venga ninguno de los del primer párrafo o del segundo, diciéndome ahora que de mi frase se deduce que no me importa el dolor en el hombre.

Ese argumento tan corrompido como aquellos que lo emplean, es una más de las falacias indignas con las que tratan de desacreditar al movimiento animalista, a cuyos miembros, por cierto, les suele preocupar y mucho el padecimiento humano, tal vez a diferencia de la mayoría de los que utilizan contra ellos precisamente esa acusación, que por importarles, se importan tan sólo ellos mismos.

Nuestro trato con el resto de los habitantes del planeta se caracteriza por una especie de “autismo emocional”, producto de la ideología de la superioridad humana, fuertemente anclada en la visión del ser humano como cima de la evolución. Este déficit de empatía se manifiesta en múltiples formas de crueldad y explotación institucionalizada de los animales no humanos, así como en el hecho de no conceder más valor a nuestro entorno que el meramente instrumental. Somos una comunidad inmensa con problemas compartidos pero nuestra concepción de los mismos es individualista, cómplices del maltrato, unos por acción, otros por omisión y la Administración, como siempre, viendo qué chaqueta se pone para gustar más a la afición y recibir el aplauso electoral.

Que decir de los que tienen algún animal en sus hogares, y es que poco tiene que ver el dolor si es mi hijo el que lo padece, con el de un niño africano ¿verdad?.  A mi perro no lo toquen! Da igual que en la perrera que hay a quinientos metros de su casa, los sacrifiquen a la semana de ser capturados o que le atraviesen con acero los pulmones a seis toros en la plaza que hay a un kilómetro. Y los que protestan contra eso son peligrosos extremistas o simples majaretas, dependiendo de mi grado de afición a la tauromaquia. Entre crueldades, cobardías y egoísmos, chapoteamos cada día en un mar de sangre ajena.

Y que decir del FALSO ANIMALISMO…

Quiero mucho a mi mascota, Yo defiendo a los animales. 

Resulta que quieres mucho a tu mascota, y ademas defiendes a los animales, que bien!

Lo de mascota suena fatal… y el mi peor, que pasa que has pagado por ella?

Algunos estamos muy hartos ya de tanto defensor…

Defensor de QUE?

Creo que algunos desconocen que hay mas especies de animales en el mundo aparte del perro y el gato. Y pretenden hacer creer su entusiasmo por la defensa animal (sobre todo en redes sociales) cuando en realidad son cómplices y contribuyentes directos de la explotación animal.

Hay un sin fin de individuos que viven en un mundo multicolor, aportando al sistema lo que el sistema quiere de ellos, su absurda forma de vida consumista. La paz interior que da el ayudar a unos animalitos de vez en cuando reaviva su total idiotez por la vida.

Sentirse bien… pero realmente no tengo ni puta idea de lo que hay detrás de cada cosa que consumo. Ese tipo de sistema social y económico que oprime, tortura, y asesina al pueblo, que convierte la vida en un terrible sufrimiento para la vida animal, que envenena, que destruye la tierra.

Y si miramos un poco mas allá… y nos adentramos en ciertas organizaciones animalistas…

Carteles, folletos, Hazte soci@! Compra este DVD! Esta camiseta! Chicles, pipas, caramelos, uuuaaauuu como mola vuestro rollo!

La gran mayoría de organizaciones, sean del tipo que sean son siervos del sistema, y funcionan al son que les dictan los gobiernos, incluso algunas de ellas tienen un claro objetivo político.

“Animalistas” que murmuran al ver a un activista con una clara ideología anarquista, defensor de todo tipo de explotación, y que para muchos de esos “animalistas” no son mas que unos guarros radicales. “Animalistas” que viven en su vomitiva ignorancia, que asco dais de verdad. Cuando se darán cuenta de que la explotación a la que esta sometida la humanidad es el mismo sistema para con los animales… Para que lo entendáis todos, CAPITALISMO!!!

Pero vosotros “Animalistas” seguís jugando a su cruel juego, esa forma de vida ideal para el poder que tortura y extermina la vida.  ¿Que es lo que queréis conseguir? ¿Que objetivos perseguís?

¿Un poco mas de agua en las prisiones de animales? ¿Jaulas mas confortables? ¿Leyes que defiendan a…? ¿A que? ¿A la materia que sirve de enriquecimiento al poder?

Vamos a ver!

Esto NO ES UN JUEGO!

NO es una afición, ni un pasatiempo, ni un entretenimiento para que te sientas bien.

Tal vez desde tu mundo multicolor las cosas se vean diferentes, tal vez necesites experimentar lo que es la tortura, el hambre, la total ausencia de libertad… todo eso y maaas, desde la inocencia de un ser vivo que solo quiere vivir en libertad.

Pero claro, que es para vosotros la libertad?

Dejemoslo aquí, porque sino inevitablemente tendriamos que hablar del “Animalismo” VeganHappyFlowers… apaga y vamonos.

La explotación masiva y sistemática de otros seres vivos y de los mismos humanos, es un fenómeno de carácter cultural que se manifiesta paralelo al desarrollo de una forma de organización social concreta, en ningún caso inevitable. Particularmente, en términos teóricos, el mecanismo de opresión/explotación no difiere significativamente, sea cual sea el objeto de explotación (sobre otros seres humanos, sobre otros seres vivos, sobre la naturaleza en general). Explotación de la naturaleza y de los animales por el ser humano. Explotación del ser humano por el ser humano, perfectamente internalizada y asumida por el capitalismo desde hace más de cinco siglos. Explotación de la mujer por parte del hombre (en el contexto macro de la organización patriarcal de las sociedades). Humanidad, animalidad y género, como patrones de desigualdad típicos de procesos de explotación, no son ni respectivos ni sucesivos, sino que se encuentran atravesados por procesos de construcción sociocultural y psicosocial de naturaleza común, transcendiendo intelectual y prácticamente los esencialismos.

La bondad que culturalmente se asigna a un acto moral puede no estar determinada por la actitud en sí misma sino por el sujeto a quien se dirija, resultando que el mismo acto puede interpretarse socialmente como admirable o censurable, dependiendo de si el beneficio se dirige a un humano o a otro animal. El aumento del nivel de depredación de las sociedades humanas en relación a animales y recursos naturales es un proceso que parece no respetar ningún límite natural ni moral, hasta el extremo de que ya es posible hablar de biocidio para referirnos a la muerte de los animales «provocada prematura e innecesariamente por la interferencia de un agente humano».

La dificultad de trabajar de forma eficaz y desde la razón y la ética en defensa de los animales es enorme, considerando que ni siquiera en el ámbito académico existe una postura clara sobre lo que deben ser los derechos animales y el papel que estos tienen en el progreso de nuestra sociedad. La ciencia, a pesar de su pretendida neutralidad, se convierte en un instrumento de dominio, encubriendo su sentido instrumental bajo una falsa ahistoricidad. La humanidad, mediante el dominio de la naturaleza y a través del uso de la razón instrumental y la tecnología, pretende alcanzar, según los filósofos, el sueño ilustrado de seguridad y libertad, un proyecto que acabaría reduciéndose al «crecimiento ilimitado de la producción».

No es posible hablar de ética en un sentido universal y maduro mientras se mantengan creencias que legitiman la violencia sobre otros seres vivos, sean estos de la especie que sean, y se invisibilice el carácter inmoral de la mercantilización de la vida.

No es fácil escribir sobre la magnitud del daño que la especie humana produce sobre otros seres, sobre el planeta y sobre ella misma cuando su conducta no sólo no se rige por valores como el respeto a toda forma de vida diferente desde el punto de vista de cada subjetividad, sino que además reproduce y ensalza la lógica de la explotación como norma de su organización social.

La profundidad y grado de consolidación de esta conducta hace necesaria una respuesta radical, que afronte los problemas en su origen y que, por tanto, actúe sobre la violencia estructural institucional y simbólica en la que se asienta la aceptación del tratamiento cruel a los animales.

A pesar de que el movimiento animalista constituye un fenómeno social cada vez más extendido a escala mundial, el incesante aumento de animales torturados, explotados, esclavizados y muertos por los seres humanos para mantener su estilo de vida representa un tema tabú sobre el que existe poquísima información que a menudo se oculta o falsea haciendo uso de la censura.

Una sociedad domesticada en sí mismo, es la pérdida de identidad propia, la hipocresía desmesurada, la caricatura de cerramiento intrapersonal.

FRM

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