Imagina que toda la economía se convierte de pronto en un casino.

Los inversores apuestan sobre los futuros del petróleo, las hipotecas basura, los valores de internet, buscando hacerse con una ganancia fácil y rápida. En ese escenario los grandes intermediarios, los agentes de bolsa y los bancos de inversión representan (apropiadamente) el papel de la banca.

Igual que en los casinos reales, la banca siempre gana al final – independientemente de que las inversiones tengan éxito o fracasen, ellos siempre se llevan su parte como comisiones e intereses.También como en los casinos reales, cuanto mayor sea el número de apostantes más dinero gana la banca: cuanto más apuestas, más ganan. Y aunque las burbujas especulativas no tengan en sí  mismas ningún valor inherente, el dinero que se lleva la banca es absolutamente real.

En este mundo todos siguieron adelante con la estafa casi hasta que les pusieron las esposas. Financieramente tenía todo el sentido: había tanto dinero en juego que para los ejecutivos lo más eficiente en términos de coste (desde un punto de vista personal) era perseguir beneficios masivos a corto plazo sin importar cómo, aún a sabiendas de que el juego acabaría por explotar antes o después.

¿Por qué no hacerlo si pasara lo que pasara se iban a quedar el dinero?

Cada nivel del negocio albergaba una estafa seudocriminal, una transacción que o lindaba con el fraude o era un fraude puro y duro … Tú eres el comprador incauto de una vivienda sobrevalorada y tu vendedor pide un préstamo a tu nombre que pasa al siguiente eslabón de la cadena. El préstamo te lo otorga una agencia de crédito que está compinchada con tu vendedor. Lo único que les interesa a ambos son las comisiones. De hecho, inmediatamente después de prestarte el dinero esa agencia vende tu hipoteca a un gran banco de inversión nacional e internacional, cuyo trabajo consiste en coger tu préstamo y mezclarlo con otros muchos e incorporarlo a un gran paquete titulizado, que será después fraccionado en pedacitos y vendido como títulos de inversión al siguiente jugador.

Este motor funciona usando la misma estrategia una vez tras otra. Goldman se posiciona en el medio de terribles burbujas maníacas que funcionan como un sistema gigante de lotería, aspirando enormes sumas de dinero de las clases bajas y medias de la sociedad con ayuda de un Gobierno que le deja reescribir las reglas de juego, a cambio de las migajas que el banco reparte como donaciones políticas. Esta dinámica permite al banco succionar al mismo tiempo riqueza de la economía y vitalidad de la democracia, lo que da lugar a un fenómeno regresivo, que como una inmensa bola de nieve, nos empuja sin cesar hacia la penuria y la oligarquía en un solo movimiento. Bancos como Goldman siguen estando prácticamente blindados ante el impacto de la opinión pública, porque mientras el único vínculo de los ciudadanos con el poder es la vía torpe y altamente imperefecta de las elecciones, un banco de ese tamaño dispone de toda una red de conexiones íntimas y un acceso casi directo a la legislación. En muchos casos, ni siquiera necesitan esas conexiones: su gente directamente ocupa los cargos políticos de mayor poder. Y mientras en el mejor de los casos los ciudadanos sólo pueden ejercer presión ante sus representantes (que además dependen de las enormes donaciones políticas de esos bancos) para que investiguen o denuncien delitos cometidos años atrás, el banco ya ha puesto en marcha 5, 6, 7, nuevas estafas desde entonces, cada una de ellas envuelta en una complejidad tal que la conciencia pública tardará años sólo en empezar a comprenderla.

A los norteamericanos les gusta la política simple, pero la Era de la Estafa no podría ser más complicada – un laberinto inmenso de normas y reglas financieras en el que unos pocos miles de banqueros y operadores sangran a millones de clientes usando instrumentos financieros que son demasiado complejos como para explicarlos en el telediario – Navegar por este caos requiere un esfuerzo y una atención desmedidos, y no hay demasiados políticos en ninguno de los dos bandos, con el más mínimo interés a ayudar a que la gente pueda adentrarse en ese viaje. De hecho, es exactamente lo contrario: los políticos prefieren que nos conformemos con unas cuantas explicaciones estúpidas de lo que pasó en el 2008 como que la culpa es de lo propietarios negros que no podían pagar sus casas, o de que tuvimos mala suerte, o de que había alguna manzana podrida en el seno de las empresas.

Matt Taibbi

Goldman Sachs:  Uno de los mayores bancos de inversión mundial y co-responsable directo, junto otras entidades como la agencia de calificación Moody’s, de la crisis actual, y uno de sus mayores benficiarios. En 2007 ganaron 4 mil millones de dólares en operaciones que desembocaron en el desastre actual. ¿Como lo hicieron? Animaron a los inversores a invertir en productos sub-prime que sabían que era productos basura, y al mismo tiempo se dedicaron a “apostar” en bolsa por el fracaso de los mismos.

Se tiende a querer hacernos pensar que la crisis ha sido una especie de resbalón, pero la realidad apunta a que detrás de ella hay una voluntad perfectamente orquestada de hacerse con el poder directo en Europa, en una maniobra sin precedentes en el siglo XXI.

La estrategia de los grandes bancos de inversión y agencias de calificación es una variante de otras llevadas a cabo anteriormente en otros continentes.

1. Hundimos a los países mediante la especulación en bolsa/mercado. Los volvemos locos de miedo a lo que dirán los mercados, que nosotros controlamos, cada día.

2. Los obligamos a recurrir a préstamos para mantenerlos en Status Quo, o “salvarlos”. Estos préstamos están estrictamente calculados para que los países no los puedan pagar, como es el caso de Grecia que no podría haber cubierto su deuda ni aunque su gobierno vendiera el país entero, y no es ninguna metáfora, es matemática.

3. Exigimos recortes sociales y privatizaciones en detrimento de los ciudadanos, bajo la amenaza de que si los gobiernos no los llevan a cabo, los inversores se retirarán por miedo a no poder recuperar el dinero invertido en la deuda de esos países y demás inversiones.

4. Se crea un altísimo nivel de descontento social, propicio para que el pueblo, ya sonado, acepte cualquier cosa con tal de salir de la situación.

5. Colocamos a nuestros hombres donde mejor convenga.

 Este tipo de estrategias están perfectamente documentadas y se han venido utilizando con distintas variantes a lo largo del siglo XX y XXI en otros países, notablemente en Latinoamérica por parte de los EEUU cuando se dedicaban, y se siguen dedicando en la medida que pueden, a asfixiar económicamente mediante la deuda exterior por ejemplo a países de América Central, para crear descontento social y aprovecharlo para colocar a dirigentes afines a sus intereses.

Ahora esto está pasando en Europa, y ya no es que lo haga EEUU, sino que lo hace la industria financiera internacional.

Y lo que está ocurriendo bajo la mirada impotente y/o cómplice de nuestros gobiernos es el mayor robo jamás realizado en la historia de la humanidad y a escala planetaria, son golpes de estado, y violaciones flagrantes de la soberanía de los estados y sus pueblos.

AGM

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