Es evidente que la sociedad se halla dividida entre explotados y explotadores. En esto el marxismo y el anarquismo coinciden. Pero es a partir de aquí que se separan, pues el marxismo esta preeminentemente con la “clase obrera”; en tanto que el anarquismo apoya también a esta clase, pero ve que existen más factores explotados, no sólo la clase obrera.

Ello ha sido la consecuencia de que el anarquismo apoye también a otros sectores de la sociedad que también sufren la opresión del Estado y el capitalismo, como son aquellos a los que los marxistas denominaban “lumpen proletariat” y los campesinos, etc. Pero centrémonos en el tema de la lucha de clases tal y como los marxistas la toman, es decir, entre el proletariado y la burguesía.

La lucha de clases comprendería la clase explotada contra la clase explotadora. ¡No lo olvidemos! Explotados contra explotadores.

Pues bien, cuando los marxistas teorizan acerca de la disolución de las clases sociales, lo hacen diciendo que pasado un periodo transitorio de dictadura por parte del proletariado se disolverán las clases sociales y el Estado morirá de muerte natural.

Porque, -dicen- el Estado de la burguesía “se puede abolir” pero el Estado de los proletarios “se tiene -¡debe! casi nos dicen- que extinguir” (más adelante pasaremos revista a esto).

Las clases sociales no son más que una división entre las personas, derivadas de la condición económica de que son objeto (según la clase a la cual se pertenezca) distintos grupos de personas; pero no es sólo esto, las clases sociales se mantienen por obra y gracia del Estado, que es quien protege los privilegios de la clase explotadora contra la rebelión de la clase desposeída. Es el Estado quien está interesado en que existan clases sociales, las unas explotadas, y las otras explotadoras. Interés desde ya evidente, y que es muy poco probable que se dude de ello.

Se trata, evidentemente, del interés que tiene el Estado en conservar las clases sociales. Sin éstas, su poder, sus privilegios se verían eliminados: no habría quien trabajase por un salario miserable, no habría quien se esclavizaría por no tener ninguna otra opción. Si las clases sociales no existieran, el Estado al ver el sentido de su existencia eliminado se vería eliminado a sí mismo, y los miembros que lo conforman se verían en la situación de trabajar lo mismo que todos los demás. El Estado, el poder, cualquiera que sea su nombre, siempre estará interesado en la existencia de las clases sociales, pues de esta existencia devienen sus privilegios y su sentido de existencia.

¿Cómo explicar entonces que los señores marxistas, intenten “abolir” las clases sociales al mismo tiempo que se empeñan en mantener al Estado, que es quien sostiene precisamente aquello que se quiere abolir?

Ellos se empeñan en esto, pues creen que tomando la maquinaria del Estado, conseguirán eliminar las clases sociales, pero todo, por medio y obra del poder estatal.

Es verdad que dicen que este poder estatal no servirá a los intereses de una clase explotadora, como el actual. Dentro del marxismo, la burguesía propiamente llamada, cesará de existir. Será, entonces, el nuevo conjunto de responsables del Estado quienes tomarán su lugar, y el Estado, que antes servía los intereses de la burguesía, serviría entonces a los intereses de la nueva burocracia que explotará a las masas, aunque con otro nombre.

Nosotros sabemos que cuando existe el Estado, aun el Estado “obrero” que proponen ellos, existen necesariamente clases sociales diversas. La pirámide jerárquica no es eliminada y con ella las diferencias continúan subsistiendo. Desconocer esta ley “casi natural” del Estado, es desconocer todo lo que concierne a la emancipación del pueblo; desconocer la naturaleza del Estado, es echar por la borda al mismo tiempo todas las teorías que sobre la revolución se hayan podido hacer.

Si se desconoce el final de nuestros objetivos como revolucionarios, es querer formular una teoría social “sin cabeza” ¿los marxistas quieren formular una teoría así, o simplemente están equivocados? Esto es lo que vamos a responder en lo sucesivo de este libro.

El marxismo se ha caracterizado durante mucho tiempo por desconocer o hacer caso omiso a esto, por empeñarse en sostener las equivocaciones de Marx que la historia ha demostrado.

Quien conoce medianamente el poder, sabe que quien se asienta en él, lejos de querer abandonarlo, se esforzará por hacer de su poder un todopoderoso, un todo. Quien conoce aunque sea a simple vista el gobierno, sabe que es imposible que haya gobierno sin gobernados, vale más decir, sin esclavos.

Aunque se nos trate de objetar que esto no pasará en el Estado “obrero”; pues serán los mismos obreros los que gobernasen.

La teoría bakuninista acerca de la toma del poder por los trabajadores echa por la borda las teorías marxistas, y esta teoría bakuninista es perfectamente aplicable a nuestra época -y en general- a cualquier país:

Si la clase obrera crea en un determinado país un Estado obrero, ¿quiénes serían los que no estuvieran en este Estado? Puesto que el Estado es obrero ¿a quién gobernaría este Estado? evidentemente, para que exista un gobierno, tiene que haber a quien gobierne. Supongamos que en cualquier región del mundo se crea tal Estado obrero ¿Serian los millones de habitantes los que gobernasen, los que subirían al poder? en el ilusorio caso de que así fuera, ¿a quién gobernarían? En caso de que fuera al pueblo; ¿no sería esto otra división de clases, entre gobernantes y gobernados? Y si el gobierno es popular y necesario ¿Qué necesidad hay de “extinguirlo”? ahora bien, si se extingue, es porque nunca fue ni necesario, ni popular, puesto que -según ellos- sería el mismo pueblo quien lo eliminaría. No hay modo de salir de esto. Además, esta misma intención de extinguir el Estado nos lleva a otras conclusiones: si el Estado es destruido por la libertad, es entonces evidente que hay que destruirlo inmediatamente, si no se quiere seguir siendo esclavo; y si el Estado destruido da paso a la libertad, nos encontramos en la misma conclusión anterior.

Lo que antes fue verdad, hoy está más confirmado.

Para darnos una idea de lo que los marxistas entienden por eliminar las clases sociales, empezando por el mismo Marx, reproduzcamos los puntos 1, 2, 4, 5, 6, y 8 insertados en el Manifiesto del Partido Comunista, puntos que reproduciremos íntegros más adelante, pero que en este capítulo nos son muy ilustrativos, leamos:

1. Expropiación de la propiedad territorial y empleo de la renta de la tierra, para los gastos del Estado.
2. Fuerte impuesto progresivo.
3. Confiscación de la propiedad de todos los emigrados y sediciosos.
4. Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo.
5. Centralización en manos del Estado de todos los medios de transporte.
6. Obligación de trabajar para todos (claro, con excepción de los jefes del partido que estarán en el poder).

Ésta es la manera en como los marxistas quieren ir hacia la abolición de las clases: haciendo un fortalecimiento del enemigo; esto tengámoslo en cuenta, pues no se trata ni de Lenin ni de Stalin de quienes salieron estas palabras, sino del mismo Marx.

En todo caso, como declararía Marx, el Estado obrero, sería compuesto por los socialistas dedicados y cultos, como suele decirse en sus escritos (tontería Saint-Simoniana).

Es decir, el populacho, el pueblo, sería gobernado por una nueva aristocracia de científicos. En palabras más claras, la propuesta de Marx es: el gobierno de los inteligentes sobre los “brutos”.

Para quien ve las cosas sin prejuicios doctrinales las cosas están claras: pretenden seguir dando vida a la bestia estatal, con el pretexto de su necesidad, y de su papel “revolucionario”… un Estado, un Gobierno… ¡Revolucionario!… hace falta desconocer totalmente la historia, la naturaleza del Estado, del poder, para creerse semejante cosa.

Sabemos, sin temor a equivocarnos que mientras exista el Estado, aun el propuesto por ellos, existirán las clases sociales.

También cabría preguntarles a los marxistas, si han comprendido esto ¿comprenden que el pueblo que se rebeló contra sus gobernantes (en este caso el partido bolchevique) en Rusia, no era en modo alguno contrarrevolucionario? Simplemente siguieron los principios de la lucha de clases: explotados contra explotadores. Al ponerse los dirigentes del Partido como los nuevos gobernantes, la rebelión del pueblo ruso fue no sólo una necesidad del momento, sino una obligación revolucionaria. Es imposible tratar de abolir las clases sociales al mismo tiempo que se sostiene la necesidad de un Estado, aunque éste sea obrero, pues el Estado no sólo es un producto que asegura la existencia de clases sociales, sino que el mismo es generador directo de clases sociales.

Dejando en pie un Estado, éste generará alrededor suyo toda una nueva casta de privilegiados, encargados de la dirección de dicho Estado, pues cualquiera sabe que gobierno, es igual a burocracia, burocracia es igual a parasitismo y de esto no se escapa tampoco el Estado propuesto por los marxistas.

Conocedores de la naturaleza del Estado, no nos resulta desconocido que después de revolución, y mediante la dictadura del proletariado, se ejecute el principio de la lucha de clases (explotados contra explotadores) a la manera inversa (¡explotadores contra explotados!).

Nosotros sabemos perfectamente que la abolición de las clases sociales ha de llegar paralelamente con la destrucción del Estado y que este Estado (incluido el suyo) no ha de morir de muerte natural, sino de muerte violenta, por la fuerza ejercida por el pueblo mismo y sin “periodos transitorios”.

No es éste el lugar para exponer la idea anárquica, pues ello saldría de nuestro propósito de examinar al marxismo, pero creo que sí cabe mencionar también que la lucha de clasespropuesta por los anarquistas termina al tiempo de que son eliminadas las instituciones de clase explotadora, es decir es un medio, no un fin en sí.

“Reconocer y proclamar de viva voz que cada uno, cualquiera que haya sido su etiqueta en el pasado, cualesquiera sea su fuerza o su debilidad, sus aptitudes o su incapacidad posee ante todo el derecho de vivir; y que la sociedad tiene el deber de dividir entre todos sin excepción los medios de existencia de que dispone. ¡Reconocerlo, proclamarlo y actuar en consecuencia! […]

Pero creemos que el pueblo, siempre enemigo de las represalias y generoso, compartirá el pan con todos los que hayan permanecido en su seno, ya sean expropiadores o expropiados […]”.

Esta es una de las cualidades más bellas del anarquismo: que nunca pierde de vista que su finalidad es la libertad. No se entretiene en dictaduras burguesas, ni en misantropías de ningún tipo. Su fin no es en modo alguno la violencia, sino la libertad.

Supongamos por un momento que la revolución trata de eliminar las clases sociales mediante el Estado:

Evidentemente es tonto creer que la totalidad de la población ejercerá el poder; será entonces una representación del pueblo la que gobernara. El gobierno se ejercerá sobre el pueblo por esta representación… ¡del propio pueblo!

Pero vayamos más lejos y supongamos que es el total del pueblo, con sus millones de habitantes, quienes gobernarán. El gobierno se ejercería, según ellos, contra la burguesía. La burguesía no son las personas, sino la institución propiamente dicha. Si se expropia a la burguesía, las personas que pertenecían a esta institución cesan de ser burgueses, y si el gobierno popular se ejerce contra ellos, entonces los papeles se cambian: existirá una nueva burguesía con mayor número, y una nueva clase oprimida reducida numéricamente, cosa que con el tiempo cambiaría y será una reducida minoría quien gobernase. Las cosas no habrán cambiado, seguirán habiendo gobernantes y gobernados. Aún cuando estas suposiciones son realmente fantasiosas.

En todo caso, si lo que se busca es la eliminación de las clases sociales, no se puede ir hacia este objetivo con los medios opuestos a ello, no se puede hablar de eliminar las clases sociales al mismo tiempo que se propone otro Estado, llámese como se llame, ya que esto es equivalente a formar nuevas clases sociales también explotadas, y engendrar una nueva clase parasitaria, que bajo el velo de proletario gobernaría a sus anchas a la recién nacida clase explotada.

Proclamamos la destrucción de las clases sociales, pero no para formar otras nuevas, aunque idénticas en el fondo. Proclamamos la abolición de las clases sociales, pero con ello también queremos abolir el medio para crearlas y mantenerlas: el Estado.

Actualmente, muchos marxistas admiten (muchas veces hasta con un descaro terrible) lo nefasto de la revolución rusa, de la situación en Cuba, etc.… y, compañero lector, ¿quieres saber la razón por la cual terminaron en pleno holocausto estas revoluciones? He aquí las causas:

En primera porque se toma la vía autoritaria, estatal, que en este texto vamos a deshebrar, hasta dejar de manifiesto su propia naturaleza. Y que también analizaremos brevemente en los capítulos destinados a examinar el papel de los marxistas en la revolución rusa, etc.

En segunda por este punto esencial entre el marxismo y el anarquismo (que como ya dije no es éste el lugar de exponer en toda su extensión):

El anarquismo siempre dirige sus ataques contra las instituciones, las cuales busca por todas las formas destruir; nunca sueña con que un par de muertes de ciertas personalidades que temporalmente conforman el Estado puedan cambiar las cosas.

El marxismo, por el contrario, al no atreverse nunca a destruir las instituciones (en su raíz) del Estado, a las que lejos de querer destruir quieren hacerlas más fuertes, siempre y cuando estén bajo su dominio, dirige sus ataques contra las personas, creyendo que con ello conseguirán algo. Destruyen a todo aquel o aquellos que consideran peligrosos para su régimen, para sus ideas, y no advierten que lo que se debe destruir es la institución misma. He ahí la clave.

Creen, que eliminando a toda su oposición crearán un mundo según su ideal, y no se dan cuenta de que en realidad, sólo sustituyen unas instituciones opresoras por otras de la misma calidad, aunque bajo su dominio. Todo esto, a costa de innumerables vidas, que habrán servido sólo para encumbrarles. El ideal de los marxistas es la represión brutal y constante de todo lo que se salga o se pretenda salir de sus garras. Y esto, dirán (para enaltecimiento de la ironía)… ¡por la revolución!

¿Acaso en Rusia se abolieron las clases sociales mediante la constitución del Estado bolchevique? No.

Si queremos destruir la división entre las personas, lo que se debe hacer es cortar de tajo el problema: el Estado.

No podemos querer ir al norte mientras avanzamos hacia el sur.

Ahora bien, seguramente no faltará quien nos trate de decir que sólo criticamos la teoría marxista de la lucha de clases y con ello queremos decir que la lucha de los obreros contra la burguesía no debe existir… les conozco de sobra, y sé que intentarían así refutarnos, así que me apresuro a aclarar esto:

Evidentemente la lucha contra la burguesía debe existir, pues no hay otra manera de salir de la situación actual sino por medio de la organización y de la lucha implacable contra el poder. Se nos dirá que la crítica de la muerte del marxismo la dijo también la burguesía, pero son argumentos infantiles: si el cristianismo tuvo en sus inicios unas ideas buenas, no por ser ateos nos vamos a volver reaccionarios, solo por llevar la contra.

Además, si la burguesía critica al marxismo lo hace tan sólo para salvaguardar sus intereses de una idea que pretende quitárselos, para ejercerlos ellos. Nosotros proclamamos la derrota del marxismo, ¡pero vamos en busca de la derrota de la burguesía! No para tomar sus instituciones, sino para destruirlas… ¡contra los privilegios burgueses y marxistas! Estos argumentos entonces son en verdad infantiles y esconden tras de sí el interés de defender lo indefendible.

Además, siguiendo con el tema de este capítulo, si los marxistas toman prioritariamente a los obreros como clase de lucha ¿Cuál es el papel que deben seguir las demás clases como los campesinos, y quienes no son ni campesinos ni proletarios, como las prostitutas, las amas de casa, los indigentes, etc.? Según ellos tanto los campesinos como las amas de casa, etc., deben ir detrás del proletariado; según ellos los indigentes son gente que también debe ir a remolque del proletariado.

Según nosotros, todos los elementos de la sociedad que sufren la opresión del sistema deben organizarse de manera horizontal para la lucha contra el poder. De esta manera, el proletariado no va a la vanguardia, sino acompañado de sus hermanos que también son explotados.
Entonces, no tomamos la lucha de clases a la manera de ellos:

Proletariado
Otros elementos extraños al proletariado vs burguesía.

En realidad el marxismo no toma la lucha de clases ni siquiera así; más bien podríamos decir que la aplican de la siguiente manera:

Proletariado + elementos burgueses radicales y en la cola los elementos extraños al proletariado vs Burguesía.

No podemos decir que tomen la lucha contra el Estado, porque ellos no quieren destruir el Estado, sino más bien sólo quieren destruir éste Estado. Entonces, no se trata para ellos de eliminar los privilegios, sino de embellecer la servidumbre con el nombre de socialismo, que no es la misma cosa.
Entonces, la llamada lucha de clases nosotros la entendemos así:

Campesinos                                                          Estado
Amas de casa                                                       Burguesía
Proletariado                             VS                      Capitalismo
Indigentes                                                            Fuerzas Armadas
Otros elementos explotados                            Otros elementos explotadores del poder

¿La eliminación de las clases sociales, dicen? ¡Eliminemos entonces la raíz, eliminemos el motivo por la cual existen!

Se nos dirá, el Estado no es el generador de las clases sociales, sino la economía capitalista.

Aceptan que el poder económico engendra el poder político, y por eso lo primero para ellos es la destrucción de este sistema económico y la creación de uno nuevo, según sus ideas; pero no aceptan que a su vez el poder político engendra el poder económico y que por lo tanto, al momento que se erradica el poder económico, es preciso también erradicar el poder político. Es decir: se precisa acabar con el Estado, y crear un sistema económico descentralizado sin Estado.

Y sólo entonces, cuando el creador de clases sociales y guardián de éstas sea destruido, la humanidad dejará de estar dividida; si esto no se realiza, la humanidad seguirá girando en el círculo de autoridad y división de clases en el que el Estado quiere mantenerlo.

En definitiva, los marxistas se equivocan al querer eliminar las clases sociales mediante el Estado.

Erick Benítez Martínez
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