Querido lector/a que a tus nobles y trabajadoras manos ha llegado esta humilde publicación, este escrito va dirigido para ti: Tu, que al ver y leer la palabra “anarquista” sientes algo de curiosidad, debido a lo manipulado de nuestras ideas, usted, el que sufre día a día la explotación a la cual nos tiene sometido el sistema, a ti, ser humano común, es que te invito a que hagas un ejercicio tan simple y clarificador a la vez. Dirígete al centro de tu ciudad y observa… ¿Cuántos bares, cafés con piernas, night clubs, shoperías o el nombre que quieras darle ves? Seguramente tu respuesta será varios, sobre todo en esta ciudad llamada Calama. Ya que te diste cuenta que hay varios “bares” te haremos la segunda pregunta, ¿En cuanto de ellos crees que se ejerce la prostitución? Al parecer la respuesta es la misma que la anterior pregunta. Ahora que abriste los ojos, te invitamos a hacer una cosa: Quemar los prostíbulos.

No pienses que somos moralistas, ni siquiera pienses que somos curas; no deseamos ser ni lo uno ni lo otro, nosotros somos anarquistas y si te decimos que es necesario quemar los prostíbulos y los bares, es por algo y lo explicaremos a continuación. La prostitución es uno de los peores males de la sociedad actual, debido a lo inmundo de su negocio, y acá no nos referimos a las prostitutas, ellas no tienen la culpa, la culpa es del sistema, el mismo que pone en un nivel inferior a la mujer, declarándola como “un ser a la sombra del hombre”. Al estar la mujer por debajo del hombre, entonces el hombre tiene plenos derechos a abusar de la mujer, todo esto según la moral cristiana, y es por esto que existe el matrimonio, la mitificación de que el hombre puede tener varias mujeres, que este es el que para la olla en la familia, mientras la mujer esta destinada a la cocina, y un montón de estupideces más. Siguiendo esta moral, se puede concluir que la prostitución es el fiel reflejo de la sociedad católica y burguesa: La mujer ofrece su cuerpo al hombre a cambio de un plato de comida o dinero, y el hombre, al ser el sustento de la mujer, le da comida a cambio de su cuerpo, de su dignidad, de su esencia de mujer… ¿Esto no pasa en los matrimonios más inestables de todo el mundo? Claro que pasa, en ambos casos el hombre es dueño de la mujer, lo cual nos parece aberrante.

Nosotros/as como anarquistas, profesamos el amor libre, aquel que no necesita de leyes estatales ni eclesiásticas para ser confirmado, el mismo en donde mujer y hombre son iguales, tienen los mismos derechos y están unidos por un solo vínculo: el amor. Por esto es que estamos en contra de la prostitución, porque va en contra del amor libre, de la libertad de la mujer, transformándola en un objeto sexual, al servicio del hombre, ese asqueroso ser que abusa de ella, creyendo con eso que aumenta su masculinidad… Escoria humana, ¡so es lo que son todos los que abusan de la mujer!

Por todo lo expuesto anteriormente, y al haber comprobado que las únicas víctimas de la prostitución son las propias prostitutas, declaramos la quema incesante de los prostíbulos, la incontrolable persecución a los proxenetas, hasta que logremos erradicar este mal sistémico de la tierra, hasta que consigamos la libertad para la mujer… ¡Para todas las mujeres, sin excepción!

Por Una Bomba a punto de estallar.

Publicado en El Sol Ácrata N°6, agosto de 2012.

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