la_revista_blanca_3Los partidarios del capitalismo normalmente están de acuerdo con la llamada Teoría Subjetiva del Valor (TSV), como se explica en los principales libros de economía. Este sistema de economía se denomina a veces economía “marginalista” por razones que se aclararán más tarde.

En pocas palabras, la TSV establece que el precio de un artículo es determinado por la utilidad marginal al consumidor y al productor. La utilidad marginal es el punto, en una escala individual de satisfacción, en el que el deseo de él/ella por un producto se satisface. Así, el precio es el resultado de una evaluación individual y subjetiva dentro del mercado. Se puede ver fácilmente porqué esta teoría podría atraer a aquellos interesados en la libertad individual.

Sin embargo la TSV es un mito. Como muchos mitos, no tiene un solo grano de verdad. Pero como una explicación de cómo determinar el precio de un artículo, tiene serias deficiencias.

La verdad es que los individuos, grupos, empresas etc.. realmente ponen precio a los bienes y los consumen o producen. El nivel de consumo, por ejemplo, se basa en el uso-valor de los bienes al usuario (aunque el precio y los ingresos influye en que alguien compre un producto, como veremos). De igual manera, la producción está determinada por la utilidad del producto de proveer más bienes. El uso-valor de un bien es un evaluación altamente subjetiva, y así, varía de caso a caso, dependiendo de las necesidades y gustos individuales. Así esto tiene efectos en el precio, como mostraremos, pero como medio para determinar el precio de un producto ingnora la dinámica de la economía capitalista y las relaciones de producción que forman la base del mercado. En efecto, la TSV trata a todos los artículos como obras de arte, y tales productos de la actividad humana (debido a que son únicos) no son artículos capitalistas en el sentido normal de la palabra (ej. no pueden ser reproducidos y así el trabajo no puede incrementar su cantidad). De esta manera la TSVignora la naturaleza de la producción bajo el capitalismo. Esto es lo que se discutirá en las siguientes secciones.

Claro, los economistas modernos intentan y nos muestran la economía como una “ciencia sin valores”. Por supuesto, raramente los economistas se les aclara la idea de que están simplemente dando por hecho las estructuras sociales existentes y los dogmas económicos construidos a su alrededor, y de este modo justificándolos. Como señala Kropotkin:

“Todas las llamadas leyes y teorías de la economía política son en realidad nada más que sentencias de la siguiente naturaleza: ‘Dando por hecho que siempre hay en un país un número considerable de personas que no pueden sobrevivir un mes, o incluso dos semanas, sin aceptar las condiciones de trabajo impuestas por el Estado, u ofrecida por aquellos a los que el Estado reconoce como dueños de la tierra, fábricas, ferrocarriles etc… entonces el resultado sería así o asá.”

“Hasta ahora la economía política de la clase media ha sido sólo una enumeración de lo que pasa en la condiciones que se acaban de mencionar — sin indicar distintivamente las condiciones mismas. Y después, habiendo descrito los hechos que aparecen en la sociedad bajo estas condiciones, nos muestran estos hechos como rígidas e inevitables leyes económicas.”

En otras palabras, los economistas normalmente cogen los aspectos políticos y económicos de la sociedad capitalista (como los derechos de propiedad, desigualdad etc…) como dados y construyen sus teorías alrededor de ellos. El marginalismo, en efecto, sacó la “politica” fuera de la “economía política” al dar por hecho la sociedad capitalista así como su sistema de clases, sus jerarquías y sus desigualdades. Al concentrarse en las elecciones de los individuos se abstrayeron del sistema social en el cual esas elecciones están hechas lo que les influye. Ciertamente, la TSV se construyó abstrayendo a los individuos de su entorno social y generando “leyes” económicas aplicables para todos los individuos, en todas las sociedades, para todos los tiempos. Esto resulta en instancias concretas, sin importar las diferencias históricas, siendo tratados como expresiones del mismo concepto universal. Así, en la economía neo-clásica, el trabajo-asalariado se convierte en trabajo, el capital se convierte en los medios de producción, el proceso de trabajo se convierte en una función de la producción, el comportamiento adquisitivo se convierte en la naturaleza humana. De esta forma la distinción de la sociedad contemporánea, a saber, que está basado en el trabajo asalariado se ignora (“El periodo por el que pasamos … se distingue por una característica especial — SALARIOS.” Proudhon, System of Economical Contradictions, p. 199) y aquello que es específico al capitalismo se universaliza y se aplica para todos los tiempos. Dicha perspectiva no puede evitar ser ideológica en vez de científica. Al intentar crear una teoría aplicable para todos los tiempos (y así, aparentemente, sin valores) sólo ocultan el hecho de que sus teorías justifican las desigualdades del capitalismo. Como señalaba Edward Herman:

“Atrás en 1849, el economista Británico Nassau Senior reprendió a aquellos que defendían los sindicatos y la regularización de los salarios mínimos por exponer una ‘economía del pobre’. La idea de que él y la clase dirigente estaban sacando adelante, una ‘economía de los ricos’ nunca se le ocurrió; se veía a si mismo como un científico y un portavoz de pricipios verdaderos. Este autoengaño impregnó la economía dominante hasta la revolución keynesiana de los años 30. La economía Keynesiana, aunque rápidamente amaestrada como instrumento al servicio del estado capitalista, era perturbadora en su énfasis en la inherente inestabilidad del capitalismo, la tendencia hacia el desempleo crónico, y la necesidad de una sustancial intervención del gobierno para mantener la viabilidad. Con el resurgimiento del capitalismo los últimos 50 años, la ideas Keynesianas, y sus llamadas a la intervención, han estado bajo un ataque incesante, y, en la contrarevolución intelectual llevada a cabo por el colegio de Chicago, la tradicional economía laissez-faire (‘let-the-fur-fly’) de los ricos ha sido restablecida como núcleo de la economía dominante.”

Herman sigue preguntando “¿Porqué los economistas sirven a los ricos?” y argumenta “Por una razón, los principales economistas están entre los ricos, y los otros buscan llegar a similares alturas. El economista Gary Becher de la Escuela de Chicago estaba sobre la pista correcta cuando decía que los motivos ecomómicos explican muchas de las acciones frecuentemente atribuidas a otras fuerzas. Él, por supuesto, nunca aplicó esa idea a la ecomomía como profesión … “ [Ibid.] Hay muchos y bien pagados centros de investigación y análisis político (“Think Tanks”), puestos de investigación, consultoras y demás que crean una ‘demanda efectiva’ que traen consigo una oferta adecuada.

La introducción del marginalismos y su aceptación como “ortodoxia” servía y sirve hoy, para desviar la atención de las preguntas más críticas acerca de los trabajadores (por ejemplo, qué es lo que pasa en la producción, cómo impactan las relaciones autoritarias en la sociedad y en el centro de trabajo). En vez de mirar cómo se producen las cosas, los conflictos se generan en el proceso de producción y en la generación/división del excedente, el marginalismo cogió lo que se producía como dado, así como el centro de trabajo capitalista, al división del trabajo y las realiciones autoritarias y todo lo demás.

Las teorías pueden perseguir la verdad o servir a intereses adquiridos. En esta última capacidad, sólo incorporarán conceptos adecuados para obtener los resultados deseados. Una teoría económica, por ejemplo, puede destacar los beneficios, cantidades de producción, los aumentos de inversión, y los precios, y dejar fuera la lucha de clases, la alienación, la jerarquía y el regateo de poder. Entonces la teoría servirá a los capitalistas y como los capitalistas pagan los salarios de los economistas y dotan sus universidades, los economistas y sus estudiantes que están de acuerdo también se beneficiarán.

Los análisis del equilibrio general y el marginalismo están hechos para servir a la clase dirigente. El marginalismo ignora la cuestión de producción y se concentra en el intercambio. Argumenta que cualquier intento de los trabajadores de mejorar su posición en la sociedad (mediante, por ejemplo, sindicatos) es contraproducente, predica que en el “largo término” todos estaremos mejor, lo que hace los problemas de hoy irrelevantes (y cualquier intento de corregirlos contraproducente) y, por supuesto, los capitalistas tienen derecho a sus beneficios, intereses y rentas. La utilidad de teorías como ésta es obvia. Una teoría económica que justifica la desigualdad, que “prueba” que los beneficios, la renta y los intereses no son explotativos y que argumenta que a los económicamente poderosos se les de carta blanca, es una teoría que tendrá más uso-valor (“utilidad”) a la clase dirigente que aquella que no. En el mercado de ideas, éstas son las que satisfarán la demanda y se convertirán en intelectualmente “respetables”.

Por supuesto, no todos los partidarios de la economía capitalista son ricos (aunque casi todos desearían serlo). Muchos creen las proclamaciones de que el capitalismo está basado en la libertad y que los beneficios, intereses y rentas representan “recompensas” por los servicios prestados en vez de que provengan de la explotación generada por los centros de trabajo jerárquicos y la desigualdad social. De todas formas, antes de menternos en la cuestión de los beneficios, intereses y rentas, debemos discutir por qué la TSV está mal.

¿Qué tiene de malo esta teoría?

El primer problema al usar la utilidad marginal para determinar el precio es que conduce a un razonamiento circular. Los precios se supone que miden la “utilidad marginal” del artículo, pero los consumidores necesitan saber el precio primero para poder evaluar como maximiza su satisfacción. De aquí que la teoría subjetiva del valor “obviamente descansa en un razonamiento circular. Aunque trate de explicar los precios, los precios son necesarios para explicar la utilidad marginal”.(Paul Mattick, Economics, Politics and the Age of Inflation, p.58). Al final, como Jevons (uno de los fundadores del marginalismo) dice, el precio de un artículo es la única prueba que tenemos de la utilidad del artículo al productor. Dado que se supone que la utilidad marginal debe explicar esos precios, el fallo de la teoría no podría ser más chocante.

Segundo, considera la definición de equilibrio del precio. El equilibrio del precio es el precio para el cual la cantidad demandada es precisamente igual a la cantidad suministrada. En este precio ni los demandantes ni los proveedores tienen incentivo para cambiar sus comportamientos.

¿Por qué pasa esto? La teoría subjetiva no puede explicar realmente porqué este precio es el precio del equilibrio, como opuesto a cualquier otro. Esto es porque la TSV ignora que una medida objetiva es necesaria como base para evaluaciones “subjetivas” dentro del mercado. El consumidor, cuando compra, necesita los precios para asignar su dinero para maximizar su “utilidad” (y, por supuesto, los consumidores se enfrentan a precios en el mercado, ¡justo lo que la teoría de la utilidad marginal trata de explicar!). Y ¿cómo sabe una empresa que está obteniendo un beneficio a no ser que compare el precio de mercado con los costes de producción del artículo que produce? Como Proudhon dijo:

“si sólo la oferta y la demanda determinan el valor, ¿cómo podemos decir qué es un exceso y qué es lo suficiente? Si ni el coste, ni el precio de mercado, ni los salarios pueden ser determinados matemáticamente, ¿cómo es posible concebir un excedente, un beneficio?”

Esta medida objetiva solo puede ser el proceso actual de producción en el capitalismo, la producción que es por beneficio. Las implicaciones de esto son importantes al descubrir qué es lo que determina el precio en el capitalismo, tal como discutiremos en la próxima sección.

Los primeros marginalistas se dieron cuenta de este problema y argumentaron que el precio reflejaba la utilidad en el “margen” (Jevons, uno de los fundadores de la escuela marginalista, argumentó que “el grado final de utilidad determina el valor”); pero ¿qué determinaba la posición del margen mismo? Está establecido por la disponibilidad de la oferta (“la oferta determina el grado final de utilidad”Jevons); pero ¿qué determina el nivel de oferta? (“El coste de producción determina la oferta”Jevons). En otras palabras, el precio depende de la utilidad marginal, que depende de la oferta, que depende de los costes de producción. En otras palabras, finalmente se basa en una medida objetiva (oferta o costes de producción) ¡en vez de evaluaciones subjetivas! Esto no es sorprendente porque antes de que puedas consumir (“valor subjetivo”) algo en el mercado, tiene que ser producido. Es el proceso de producción lo que reorganiza la materia y la energía formas menos útiles a más útiles (para nosotros). Lo que nos lleva de vuelta a la producción y a las relaciones sociales que existen en una sociedad dada — y los peligros políticos de definir (intercambiar) valor en términos de trabajo (ver sección siguiente). Después de todo, el individuo no sólo hace frente a una oferta dada del mercado, también hace frente a los precios, incluyendo los costes asociados a la producción y a la obtención de beneficios.

Como el objetivo completo del marginalismo era abstraerse de la producción (donde las relaciones de poder son claras) y concentrarse en el intercambio (donde el poder actúa indirectamente), no es sorprendente que las primeras teorías de la utilidad marginal del valor fueran rápidamente abandonadas. La discusión siguiente de “utilidad” en los libros de texto economistas es básicamente heurística. Primero, los economistas neo-clásicos usaban “utilidades” medibles (cardinales) ( ej. que la utilidad era la misma para todos) pero eso causó problemas políticos (porque la utilidad cardinal implicaba que la “utilidad” de un dolar extra para una persona pobre era claramente mayor que la pérdida de un dolar para una persona rica y esto obviamente justificaba las políticas redistributivas). Cuando esto fue reconocido (junto con el obvio hecho de que la utilidad cardinal era imposible en la práctica) la utilidad se convirtió en “ordinaria” (ej. la utilidad era algo individual y por lo tanto no se podía medir). Entonces incluso la utilidad ordinal se abandonó porque las utilidades interpersonales no eran comparables y así los precios objetivos no se podía derivar de ellas (este era el argumento de Adam Smith y que le llevó al desarrollo de la teoría del valor del trabajo en vez de una teoría basada en la utilidad, o el valor-uso). Con el abandono de la utilidad “ordinal”, las ramas principales de la economía dejan incluso de pensar sobre las preferencias individuales en esos términos. Esto significa que la economía moderna no tiene, para nada, una teoría del valor — y sin una teoría del valor, la afirmación de que el funcionamiento del capitalismo beneficiará a todos o que su resultado será la realización de las preferencias individuales no tiene ningún fundamento racional.

Así, esta teoría de la utilidad fue gradualmente perdiendo toda su fuerza y siendo reducida de utilidad cardinal a ordinal y de utilidad ordinal a ‘preferencias manifestada’. Esta retirada de utilidad cardinal (patentemente soñador) a utilidad ordinal (distinción sin ninguna diferencia) a “preferencias manifestadas” (la tautología al desnudo — los consumidores maximizan la utilidad total como se “manifiesta” en las estructuras del gasto o, los consumidores maximizan lo que ellos maximizan) era sin embargo una de las muchas retiradas que se hicieron entre los marginalistas cuando sus ideadas presunciones centrales eran expuestas a preguntas simples pero penetrantes.

Aun ignorando la teoría “utilitaria” del valor, las principales ramas de la economía acepta las nociones de la “competencia perfecta” y (Walrasian) “equilibrio general” que eran parte de ella. El marginalismo intentaba enseñar, en palabras de Paul Ormerod:

“que bajo ciertas presunciones el sistema de mercado libre llevaría a la asignación de unos ciertos recursos en una forma muy particular y restrictiva, óptima desde el punto de vista de cada individuo y empresa en la economía.”

Esto fue lo que el equilibrio general de Walrasian probó. Sin embargo, las presunciones necesarias probaron ser algo irrealistas (para subestimar el punto). Como Ormerod señaló:

“No puede enfatizar demasiado intensamente que … el modelo competitivo está lejos de ser una representación razonable de la economía occidental en la práctica … [ es una ] parodia de la realidad. El mundo no consiste, por ejemplo, en una cantidad enorme de pequeñas empresas, ninguna de las cuales tiene ningún grado de control sobre el mercado … La teoría introducida por la revolución marginal estaba basada en una serie de postulados sobre el comportamiento humano y el funcionamiento de la economía. Era mucho más un experimento en pensamiento puro, con poco racionamiento empírico de las presunciones”. Ciertamente, “el peso de la evidencia” está “contra la validez del modelo del equilibrio general de la competencia como una plausible representación de la realidad.”

Por ejemplo, los oligopolios y la competencia imperfecta han sido abstraídos tal que la teoría no permite responder a interesantes preguntas sobre la asimetría de información y el regateo de poder entre los agentes económicos, debido tanto al tamaño, organización, estigmas sociales , o a cualquier otro. En el mundo real, el oligopolio es una práctica común y la asimetría de información y el regateo de poder son la norma. Abstraerse de éstos significa presentar una visión económica en desacuerdo con la realidad a la que hace frente la gente y, por tanto, sólo puede ofrecer soluciones que dañan a aquellos con una posición de regateo más débil y sin información. Además, el modelo se basa en un ambiente atemporal, con personas y empresas trabajando en un mundo donde tienen perfecto conocimiento e información del estado del mercado. Un mundo sin futuro y por ello sin incertidumbre (cualquier intento de introducir el factor tiempo, y así, la incertidumbre, asegura que el modelo deje de tener valor). Así, el modelo no puede fácilmente o útilmente explicar la realidad de que los agentes económicos no saben cosas como precios futuros, disponibilidad futura de los bienes, cambios en las técnicas de la producción o en los mercados que ocurrirán en el futuro, etc.. En vez de esto, para obtener sus resultados – pruebas de las condiciones de equilibrio – el modelo asume que los actores tienen un perfecto conocimiento al menos de las probabilidades de todos los posibles desenlaces de la economía. Lo opuesto es el caso en la realidad.

En este mundo perfecto, atemporal, “el libre mercado” capitalista se probará a sí mismo como un eficiente método de asignar recursos y todos los mercados se aclararán. Al menos en parte, la Teoría del Equilibrio General es una respuesta abstracta para una importante y abstracta pregunta: ¿Puede una economía basarse sólo en los precios para que la información del mercado sea metódica? La respuesta del equilibrio general es clara y definitiva – se puede describir esta economía con estas propiedades. Sin embargo, ninguna economía actual ha sido descrita y, tomando las presunciones involucradas, ninguna economía como tal podría existir. Una cuestión teórica ha sido resuelta involucrando ciertas cantidades de logros intelectuales, pero es una respuesta que no tiene nada que ver con la realidad. Y a veces a esto se le denomina“alta teoría” del equilibrio. Obviamente la mayoría de los economistas deben tratar el mundo real como un caso especial.

De este modo, la Teoría del Equilibrio General analiza un estado económico del que no hay ninguna razón para suponer que existirá o que halla existido alguna vez. Así pues, es una abstracción que no tiene ninguna aplicabilidad discernible o relevante al mundo tal y como es. Argumentar que nos pueda dar una visión pista en el mundo real es ridículo. Como la teoría economía principal empieza con axiomas y presunciones y usa una metodología deductiva para llevar a conclusiones, su utilidad para conocer cómo funciona el mundo es limitada. Primero, como señalamos en la sección F.1.3, el método deductivo es precientífico por naturaleza. Segundo, los axiomas y presunciones pueden considerarse ficticios (ya que no tienen ninguna base empírica) y las conclusiones de los modelos deductivistas sólo pueden realmente tener relevancia a la estructura de estos modelos ya que estos modelos no tienen ninguna relación con la economía real. Mientras es cierto que hay ciertos problemas intelectuales imaginarios para los cuales el modelo del equilibrio general está bien diseñado para dar unas respuestas precisas (si algo realmente pudiera), en la práctica esto significa lo mismo que decir que si uno insiste en analizar un problema que no tiene un equivalente o solución en el mundo real, puede ser apropiado usar un modelo que no tiene una aplicación en el mundo real. Los modelos derivados para dar soluciones a problemas imaginarios son inadecuados para resolver problemas prácticos, problemas económicos del mundo real o incluso para darnos alguna pista sobre como funciona y se desarrolla el capitalismo. En palabras del notable economista de izquierdas Nicholas Kaldor:

“La teoría del equilibrio ha llegado a una etapa en la que el teórico puro han demostrado con éxito (aunque puede que sin advertirlo) que las principales implicaciones de esta teoría no pueden sostenerse en la realidad, pero aún no ha conseguido todavía pasar este mensaje hasta los autores de los libros de texto y a la clase.” No es raro, entonces, que “la objeción básica a la teoría del equilibrio general no es que sea abstracta – toda teoría es abstracta y tiene que necesariamente serlo ya que no hay análisis sin abstracción – pero que empieza con el tipo de abstracción incorrecta, y por lo tanto da un ‘paradigma’ engañoso … del mundo tal como es ;da una impresión engañosa de la naturaleza y la manera en la que operan las fuerzas económicas.”

Hay una noción neo-clásica más realista del equilibrio llamada teoría “parcial” del equilibrio (desarrollada por Alfred Marshall). “El tiempo” se incluye a través de la noción de Alfred Marshall del equilibrio existiendo en varios plazos. Los conceptos más importantes de Marshall son el equilibrio a “corto plazo” y el equilibrio a “largo plazo”. Sin embargo, esto es simplemente comprar un estado estático (ideal) con otro. Marshall trataba los mercados “uno a la vez” (de ahí la expresión “equilibrio parcial”) con “todas las cosas siendo iguales” — ¡la presunción siendo que el resto de la economía no es modificada! Esta teoría confude la comparación de posiciones de equilibrio alternativas posibles con el análisis de un proceso que se desarrolla a través del tiempo ej. eventos históricos son introducidos en una imagen atemporal. En otras palabras, el tiempo, como se conoce en el mundo real no existe. En el mundo real, cualquier ajuste lleva su tiempo en completarse y cosas pueden pasar que alteren el equilibrio. El propio proceso de moverse tiene un efecto sobre el destino así que no hay nada parecido a un posición de equilibrio a largo plazo que exista independientemente del curso que sigue la economía. Las presunciones de Marshall de “un mercado a la vez” y “todas las cosas iguales” aseguran que el concepto de tiempo es tan extraño a la teoría del equilibrio parcial como lo es a la teoría del equilibrio general.

La economía dominante está basada en teorías que tienen poca o ninguna relación con la realidad. El objetivo de la teoría de la utilidad marginal era la de mostrar que el capitalismo era eficiente y que todos se beneficiaban de él (que maximizaba la utilidad, en el sentido limitado impuesto por lo que está disponible en el mercado, claro). Esto era lo que la perfecta competencia decía probar. Pero la perfecta competencia es imposible. Y como la perfecta competencia es en sí misma una presunción de utilidad margina, podríamos esperar que la teoría hubiera sido abandonada en este punto. En vez de eso, la contradicción se barrió debajo de la alfombra.

Además, como la mayoría de las religiones, la economía neo-clásica no se puede comprobar científicamente. Esto es debido a que el modelo de competencia perfecta no crea ningunas predicciones falsificables. Como argumentan Martin Hollis y Edward Nell:

“Realmente, la idea probar el análisis marginal es absurda. ¿Qué podría una prueba revelar? Los resultados negativos demuestran solo que el mercado es defectuoso. Se pueden dar varias interpretaciones … pero una interpretación no es posible – que el análisis marginal haya sido refutado … para generalizar el punto, los marginalistas afirman al efecto que, si las presunciones de la micro-economía Positiva se mantienen, entonces esto y lo otro pasará, son tautologías y sus consecuencias son son simplemente deducciones lógicas de sus protasis.”

En otras palabras, si una predicción de la economía marginalista no se mantiene, podemos deducir de la prueba que la competencia perfecta no existía. La teoría no se puede refutar, no importa cuanta evidencia se reúna en contra. Además, hay otras técnicas útiles que se pueden usar para defender la ideología neo-clásica de la evidencia empírica. Por ejemplo, la economía neo-clásica sostiene que la producción está marcada por los retornos decrecientes a escala. Cualquier evidencia empírica que sugiera lo contrario puede ser desechada simplemente porque, obviamente, la escala no es los suficientemente grande – eventualmente los retornos decrecerán con el tamaño. Similarmente, el término “en el largo plazo” puede funcionar de maravilla para la ideología. Si los esperados buenos resultados para una determinada política no se materializan para nadie aparte de la clase dirigente, entonces, en vez de culpar a la ideología, la escala del tiempo puede ser el culpable (en el largo plazo, las cosas funcionarán mejor – desafortunadamente para la mayoría, el largo plazo aún no ha llegado, pero llegará; hasta entonces tendrás que hacer sacrificios por tus futuras ganancias…).

No es de extrañar que Nicholas Kaldor argumentara que:

“La teoría Walrasiana [general] del equilibrio es un sistema intelectual altamente desarrollado, muy refinado y elaborado por los economistas matemáticos desde la Segunda Guerra Mundial – un experimento intelectual … pero no constituye una hipótesis científica, como la teoría de la relatividad de Einstein o las leyes de gravitación de Newton, en que las presunciones son axiomáticas y no empíricas, y no se han desarrollado métodos por los cuales se pueda comprobar la validez o revelancia de sus resultados. Las presunciones hacen aserciones acerca de la realidad en sus implicaciones, pero éstas no se encuentran en la observación directa, y, en opinión de los practicantes de de la teoría, no pueden contradecirse por observación o experimentación.”

El marginalismo, sin embargo, a persar de estos pequeños problemas, sirvió una función ideológica valiosa. Quitó la apariencia de explotación del sistema, justifica el dar a los líderes empresariales la “libertad” de operar como deseen, y retrata un mundo de armonía entre los dueños de los hechos. De ahí su aceptación general dentro de la economía. En otras palabras, justifica la mentalidad de “lo que es rentable está bien” y quita la política y la ética de campo de la economía. Más aún, la teoría de la “competencia perfecta” (a pesar de su imposibilidad) permitía a los economistas retratar un capitalismo como óptimo, eficiente y que satisface los deseos individuales. Y esto es importante, porque sin la presunción del equilibrio, el mercado de transacciones no necesita beneficiar a todos. Realmente, puede llevarnos a la tiranía de los afortunados sobre los desafortunados, con la mayoría afrontando una serie de tristes opciones entre lo menos malo de un grupo de maldades. Por supuesto, con la presunción del equilibrio, la realidad debe ser ignorada. Así la economía capitalista está entre la espada y la pared.

Así y todo, el mundo asumido por la economía neo-clásica no es en el que vivimos hoy en día, y así, aplicando esta teoría es engañoso y (usualmente) desastroso (al menos para los que “no tienen”).

Algunos economistas capitalistas pro-”mercados libres” (somos esos en la escuela de derechas “Escuela Austriaca”) rechazan completamente la noción de equilibrio y abrazan un modelo dinámico del capitalismo. Mientras siendo bastante más realistas que la principal teoría neo-clásica, este método abandona la posibilidad de demostrar que el resultado de los mercados es en alguna medida la realización de las preferencias individuales de aquellos de cuya interacción es una expresión. No tiene medio de establecer el supuesto carácter estabilizador de la actividad empresarial o su pretendido carácter de beneficiario social. Realmente, la actividad empresarial tiende a irrumpir en los mercados (en particular al mercado de trabajo) lejos del equilibrio (el uso completo de recursos) en vez de acercase a él. En otras palabras, el proceso dinámico puede llevar a la divergencia en vez de a la convergencia del comportamiento y así aumentar el desempleo, una reducción en la calidad de las elecciones disponibles, de las cuales maximizar tu “utilidad” y así sucesivamente. Un sistema dinámico no tiene porqué ser auto-corrector, particularmente en el mercado del trabajo, ni mostrar ningún signo de auto-equilibrio (estar sujeto a el ciclo empresarial). Irónicamente, los economistas de esta escuela a veces mantienen que mientras el equilibrio no se puede alcanzar, el mercado de trabajo experimentará pleno empleo bajo el “libre mercado” o el “puro” capitalismo. Que esta condición sea un del equilibrio parece no importarles mucho. Así encontramos a von Hayeck, por ejemplo, argumentando que “la causa del desempleo — es la desviación de los precios y de los salarios desde su posición de equilibrio que se establecería con un mercado libre y una moneda estable” y que la “desviación de los precios existentes de su posición de equilibrio .. es la causa de la imposibilidad de vender parte del suministro de mano de obra.” (New Studies, p. 201). Así, vemos el usual apoyo a la teoría del equilibrio para defender al capitalismo contra los males que crea incluso por aquellos que afirman saber mejor. ¿Puede que este sea un caso de conveniencia política, que permite a los partidarios ideológicos del capitalismo de libre mercado atacar la noción de equilibrio cuando claramente choca con la realidad pero siendo capaz de volver a ella cuando se ataca, digamos, a los sindicatos, programas de asistencia y otros esquemas que tienen como objetivo ayudar a las personas de la clase trabajadora contra la ruina del mercado capitalista?

Los partidarios del capitalismo hacen incapié en la “libertad” — la libertad de los individuos de tomar sus propias decisiones. Y quién puede negar que los individuos, cuando son libres para elegir, escogerán la opción que ellos consideran la mejor para ellos mismos? Sin embargo, lo que esta alabanza a la libertad individual ignora es que el capitalismo a veces reduce las opciones a elegir entre el menos malo de dos (o más) maldades debido a las desigualdades que crea (de ahí nuestra referencia a la calidad de las decisiones de las que disponemos). El trabajador que acepta trabajar en un fábrica de explotación (“sweatshop”)“maximiza” su “utilidad” al hacerlo — después de todo, esta opción es mejor que morirse de hambre — pero solo un ideólogo cegado por la economía capitalista pensará que es libre o que su decisión está tomada bajo compulsión económica. En otras palabras, esta idealización de la libertad a través del mercado ignora completamente el hecho del que esta libertad puede ser, para una cantidad muy grande de personas, muy limitada en su ámbito. Más aún, esta libertad asociada al capitalismo, en cuanto al mercado laboral se refiere, se convierte en poco más que en la libertad de elegir a tu amo. Así y todo, esta defensa del capitalismo ignora la existencia de desigualdades económicas (y por lo tanto de poder) que infrigen la libertad y las oportunidades de otros (para una discusión completa de esto, ver la sección F.3.1). Las desigualdades sociales pueden asegurar que las personas acaben “queriendo lo que tienen” en vez de “consiguiendo lo que quieren” simplemente porque tienen que ajustar sus espectativas y su comportamiento para encajar en los patrones determinados por las concentraciones del poder económico. Este es el caso particularmente del mercado de trabajo, donde los que venden la fuerza laboral están normalmente en desventaja cuando se comparan a los compradores debido a la existencia de desempleo (ver sección B.4.3, sección C.7 y sección F.10.2)

Lo que nos trae a otro problema asociado al marginalismo: la distribución de los recursos dentro de las sociedades. La demanda del mercado es usualmente discutida en términos de gustos y no en términos de distribución del poder de compra requerido para satisfacer esos gustos. Así, como un método de determinar los precios, la utilidad marginal ignora las diferencia de poder de compra entre los individuos y asume la ficción legal de que las empresas son personas (la distribución de los ingresos se da por sentada). Aquellos que tengan mucho dinero serán capaces de maximizar sus satisfacciones mucho más fácilmente que aquellos que tienen poco dinero. Además, por supuesto, pueden “sacar de la subasta” a aquellos que tienen menos dinero. Si, como muchos “liberales” de derechas dicen, el capitalismo es “un dolar, un voto” es obvio los valores de quienes serán más fuertemente reflejados en los mercados. Es por esto que los economistas ortodoxos hacen la conveniente presunción de una distribución de ingresos dada cuando intentan mostrar que la mejor asignación de los recursos es la basada en el mercado.

En otras palabras, en el capitalismo, no es la “utilidad” en sí la que es maximizada, más bien es la utilidad “efectiva” (llamada normalmente “demanda efectiva”) — esto es, la utilidad que está respaldada por dinero. Los mercados capitalistas (o más bien, la clase dirigente de estos mercados) valora (pone precio) a cosas de acuerdo a su demanda efectiva. “La demanda efectiva” es el deseo de las personas respaldado por su capacidad de pagar. De esta forma, el mercado cuenta los deseos de la gente influyente como bastante más importantes que los deseos de la gente indigente. El capitalismo deriva el consumo lejos de satisfacer la“utilidad” de aquellos que más lo necesitan a satisfacer primeramente los deseos de los pocos ricos. Esto no significa que los deseos de los muchos no sean satisfechos (normalmente, pero no siempre, son satisfechos en alguna medida), significa que para unos recursos dados los que tienen dinero pueden “sacar de la subasta” a aquellos con menos — sin importar el coste humano. Como el capitalista pro mercados-libre Von Hayek argumenta:

“las ordenes espontáneas producidas por el mercado no aseguran que lo que la opinión general considera las necesidades más importantes sean satisfechas antes que aquellas menos importantes.”

Que es simplemente una forma cortés de referirse al proceso por el cual los millonarios se construyen mansiones mientras miles están sin techo o viven en chabolas, dan de comer alimentos de lujo a sus mascotas mientras los humanos pasan hambre o cuando las empresas agrícolas producen cosechas para mercados extranjeros mientras los que no tienen tierras se mueren de hambre (ver también la sección I.4.5.). No es necesario decir que la economía marginalista justifica este poder del mercado y sus resultados.

En resumen, la economía neo-clásica muestra la viabilidad de un sistema no real y esto se traduce en presunciones sobre el mundo en el que vivimos hasta que la mayoría acepta que la realidad es un reflejo del modelo (en vez de vice-versa, como debería serlo pero como no lo es en la teoría neo-clásica). Más aún, e incluso peor, la decisiones políticas serán tomadas basadas en este modelo que no tiene conexión con la realidad — con resultados desastrosos (por ejemplo, el auge y caida del monetarismo — ver sección C.8.) Además, justifica (cuando no ignora) las estructuras jerárquicas y las tremendas desigualdades en riqueza y poder de negociación en la sociedad, lo que hace una mofa de la libertad individual (ver sección F.3.1. para más detalles). La teoría sirve a los intereses de aquellos con poder y riqueza en la sociedad moderna así como al objetivo de un sistema comercial desalmado y contaminante al depreciar la importancia de los factores artístico-creativos y humanos en las toma de decisiones económicas. Así, la mera sugerencia de que las personas deberían estar antes que (y no digamos en vez de) los beneficios produciría un ajuste. Partiendo de una premisa falsa, el marginalismo acaba negando los propios ideales que propugna — en vez de ser la economía de personas libres acaba siendo el medio para justificar las restricciones y las negaciones de esa libertad.

Así, si la teoría del valor subjetivo es errónea, ¿qué determina los precios? obviamente, en el corto término, los precios están altamente influenciados por la oferta y la demanda. Si la demanda excede la oferta, los precios subirán y viceversa. Este principio, sin embargo, no contesta a la pregunta. La respuesta se basa en la producción y en la relaciones sociales que se generan ahí. Esto se discute en la siguiente sección.

¿Entonces, qué determina los precios?

La clave para entender los precios reside en entender que la producción bajo el capitalismo tiene “como su única meta … el incrementar los beneficios de les capitalistas.” (Pedro Kropotkin, Los Panfletos Revolucionarios de Kropotkin, p. 55). En otras palabras, el beneficio es la fuerza motriz del capitalismo. Una vez que este hecho y sus implicaciones son entendidas, la determinación del precio es sencilla y la dinámica de sistema capitalista se muestra más clara. El precio de un producto capitalista tenderá hacia su coste de producción en un mercado libre, siendo el precio de producción la suma de los costes de producción más el ratio medio de beneficios (los ratios medios de beneficio, debemos decir, dependen de lo fácil que sea la entrada a los mercados , ver más abajo)

Les consumidores, cuando compras, se enfrentan a unos precios y una oferta dada. El precio determina la demanda, basado en el valor de uso de los productos al consumidor y su situación financiera. Si la oferta excede la demanda, la oferta se reducirá (ya sea por las empresas reduciendo la producción o por las empresas cerrando y el capital moviéndose a otro mercado con mayores beneficios) hasta que se genere un ratio medio de beneficio (aunque tenemos que decir que las decisiones de inversión son difíciles de revertir y esto significa que la movilidad se puede reducir, causando problemas de ajuste — como el desempleo — dentro de la economía). El ratio de beneficio es la cantidad de beneficio dividido por el capital invertido (capital constante — medios de producción — y capital variable — salarios y esclavitud). Si el precio dado genera beneficios por encima de la media, entonces el capital tratará de moverse de áreas de menor-beneficio a este área de mayor-beneficio, incrementando la oferta y la competencia y de esta manera, reduciendo el precio hasta que el se produzca otra vez un ratio medio de beneficios (hay muchos mercados que tienen una barreras enormes de entrada, lo que limita la movilidad del capital, permitiendo a las grandes corporaciones conseguir grandes ratios de beneficio — ver sección C.4.). Si el precio hace que la demanda exceda a la oferta, esto causa un alza de precios en el corto plazo y estos beneficios extra indican a otros capitalista a que se muevan a este mercado. La oferta de un producto tenderá a estabilizarse a cualquier nivel de demanda, al precio al que se produzca un ratio medio de beneficios (este nivel depender del “grado de monopolio” dentro del mercado — ver sección C.5). Este nivel de beneficios significa que los productores no tienen ningún incentivo para mover el capital dentro o fuera de ese mercado. Cualquier cambio de este nivel en el largo término depende de los precios de producción de los productos (precios de producción más bajos significan mayores beneficios, indicando a otros capitalistas que el mercado puede ser beneficios para nuevas inversiones).

Como puede verse, esta teoría (llamada a veces la teoría laboral del valor) no niega que les consumidores evalúan los productos subjetivamente y que esta evaluación puede tener en el corto plazo un efecto en el precio (que determina la oferta y la demanda). Muchos liberales de derechas y les principales economistas aseguran que la teoría laboral del valor elimina la demanda en la determinación del precio. Uno de los ejemplos favoritos es el de una “tarta de barro” — si lleva el mismo trabajo hacer una tarta de manzana, preguntan, ¿seguramente tendrán el mismo valor (precio)? Estas aserciones son incorrectas ya que la teoría laboral del valor está basada en la oferta y la demanda y busca explicar la dinámica de los precios y reconoce (se basa en el hecho) que los individuos toman sus propias decisiones basadas en sus necesidades subjetivas (en palabras de Proudhon “la utilidad es la condición necesaria para el intercambio.” [Sistema de Contradicciones Económicas, p. 77]). Lo que la teoría laboral del valor busca explicar es el precio (valor del intercambio) — y un producto solo puede tener un precio de intercambio si otros lo desean (tiene un valor de uso para elles y buscan intercambiar dinero o bienes por ello). Así pues, el argumento de la “tarta de barro” es el clásico argumento del hombre de paja — la “tarta de barro” no tiene un valor de intercambio ya que no tiene ningún valor para les otres y no está sujeto al intercambio. En otras palabras, su un producto no se quiere intercambiar, no puede tener un valor de intercambio (y por tanto un precio). Como argumentó Proudhon: “nada es intercambiable si no es útil.” [Op. Cit., p. 85]

La Teoría Laboral del Valor se basa en la visión de que sin trabajo, nada se produciría y tienes que producir algo antes de que lo puedas intercambiar (o lo puedes robar, como es el caso de la tierra).

Como la utilidad (valor de uso) de un producto no puede ser medida, el trabajo es la base de del valor (del intercambio). La Teoría Laboral del Valor se basa en las necesidades objetivas de la producción y reconoce función fundamental (directa e indirectamente) que el trabajo tiene en la creación de productos. Sin embargo, esto no significa que el valor exista independientemente de la demanda. Lejos de ello — como se aclara, para poder tener un valor de intercambio, un bien tiene que ser deseado por alguien aparte de su productor (o el capitalista que tiene empleado al productor), tiene que tener un valor de uso para elles (en otras palabras, es subjetivamente valorado por elles). Así, les trabajadors producen eso que tiene valor (de uso), como lo determina la demanda, y los costes de producción involucrados en la creación de esos valores de uso ayudan a determinar el precio (su valor de intercambio) junto con los niveles de beneficio.

De esta manera, la Teoría Laboral del Valor incluye elementos que son verdaderos de la teoría “subjetiva” mientras destruye sus mitos. Porque, en el fondo, la Teoría Subjetiva del Valor simplemente dice que “los precios están determinados por la utilidad margina: la utilidad marginal está medida por los precios. Los precios … son nada más y nada menos que los precios. Les marginalistas, habiendo comenzado sus investigaciones en el campo de la subjetividad, proceden a caminar en círculos.” [Allan Engler, Apóstoles de la Avaricia, p. 27]. La Teoría Laboral del Valor, por el contrario, se basa en el factor objetivo de la producción y de los costes (expresados en última instancia como tiempo de trabajo) sobreviniendo a estos (“El valor absoluto de una cosa, entonces, es su coste en tiempo y gastos.” [Proudhon, ¿Qué es la propiedad?, p. 145]). La variación en oferta y demanda (los precios del mercado) oscilan alrededor de este “valor absoluto” (precio de producción) así que es el coste de producción de un producto el que en última instancia regula su precio, no la oferta y la demanda (que afectan temporalmente su precio de mercado).

Mientras la Teoría Subjetiva del Valor es conveniente para describir el precio de las obras de arte (y debemos decir que la Teoría Laboral del Valor también puede aportar una explicación para esto), no tiene sentido tener una teoría económica que ignora la gran mayoría de la actividad económica en la sociedad. Lo que la Teoría Laboral del Valor explica es lo que hay debajo de la oferta y la demanda, lo que realmente establece el precio en el capitalismo. Reconoce los precios objetivos y la oferta a la que se enfrenta un consumidor e indica cómo el consumo (“evaluaciones subjetivas”) afecta sus movimientos. Explica porqué ciertos productos se venden a un precio y no a otros — algo que la Teoría Subjetiva realmente no puede hacer. ¿Porqué tendría un proveedor que “modificar su comportamiento” en el mercado si se basa puramente en “evaluaciones subjetivas”? Tiene que haber una indicación objetiva que guíe sus acciones y esta se encuentra en la realidad de la producción capitalista. Volviendo a citar a Proudhon, “Si la la oferta y la demanda por sí mismas determinan el valor, ¿cómo podemos lo que es un exceso y lo que es suficiente? Si ni el coste, ni el precio del mercado, ni los salarios se pueden determinar matemáticamente, como es posible concevir un exceso o un beneficio? [ Sistema de Contradicciones Económicas, p. 114 ] Así, “Decir … que la oferta y la demanda es la ley del intercambio es decir que la oferta y la demanda es la ley de la oferta y la demana; no es una explicación de práctica general, sino un declaración de su absurdidad.” [Op. Cit., p. 91] Así, la Teoría Laboral del Valor refleja con mayor exactitud la realidad: que para los productos normales, los precios y la oferta existen antes de que la evaluación objetiva tenga lugar y que el capitalismo está basado en la producción de beneficios más que en satisfacción abstracta de las necesidades de lxs consumidorxs.

Se podría argumentar que esta teoría de “los precios de producción” está cerca de teoría neo-clásica del “equilibrio parcial”. En cierta manera esto es cierto. Marshall básicamente sintetizó esta teoría desde la Teoría Marginal de la Utilidad y la antigua teoría de “costes de producción” que J.S.Mill había derivado de la Teoría Laboral del Valor. Sin embargo, las diferencias son importantes. Primero, la Teoría Laboral del Valor no entra en el razonamiento circular asociado con los intentos de derivar la utilidad de los precios que hemos indicado más arriba. Segundo, argumenta que la renta, los beneficios y los intereses es trabajo no pagado a les trabajadors más que “premios” a les dueñes por ser dueños. Tercero, es un sistema dinámico en el que los precios de producción pueden y de hecho lo hacen cuando se toman decisiones económicas. Cuarto, puede fácilmente refutar la idea de la “perfecta competencia” y darnos cuenta de una economía marcada por las barreras de entrada y la dificultad de revertir decisiones de inversión. Y, por último, los mercados de trabajo no necesariamente se despejarán en el largo término. Dado que la economía moderna ha abandonado el intentar medir la utilidad, quiere decir que en la práctica ( y no en la retórica ) que el modelo neo-clásico ha rechazado la Teoría Marginal del Valor y ha vuelto, básicamente, a la aproximación clásica ( Teoría Laboral del Valor ) — pero con diferencias importante que despojan a la versión anterior de su borde crítico y su naturaleza dinámica.

No es necesario decir que la Teoría Laboral del Valor no ignora los objetos naturales como las gemas, la comida silvestre y el agua. La naturaleza es una inmensa fuente de valores de uso que la humanidad tiene que utilizar para poder producir otros valores de uso diferentes. Podemos decir que la tierra es la madre y que el trabajo es el padre de la riqueza. A veces se dice que la Teoría Laboral del Valor implica que los elementos que produce la naturaleza no tienen precio, ya que no requiere ningún trabajo producirlos. Esto, sin embargo, es falso. Por ejemplo, las gemas son preciadas porque llevan una gran cantidad de trabajo encontrarlas. Si fueran fáciles de encontrar, como la arena, serían baratas. De igual forma, la comida silvestre y el agua tiene un valor en relación a cuanto trabajo se necesita para encontrar, almacenar y procesarlos en un área determinada ( por ejemplo el agua, en sitios áridos tiene más “valor” que el agua cerca de un lago ).

La misma lógica se aplica a otros objetos naturales. Si no conlleva virtualmente un esfuerzo conseguirlos — como el aire — entonces se pagará poco por ellos o no tendrán valor de intercambio. Sin embargo, cuanto más esfuerzo conlleve el encontrar, recolectar y purificar o procesarlos para el uso, tanto mayor será el valor de intercambio en relación con otros productos (sus precios de producción son mayores, subiendo el precio en el mercado)

El intento de ignorar la producción implícito en la Teoría Subjetiva del Valor viene del deseo de esconder la naturaleza explotativa del capitalismo. Al concentrarse las evaluaciones “subjetivas” del individuo, esos individuos son abstraídos de la actividad económica real ( producción ) y así la fuente de beneficios y poder en la economía puede ser ignorado. La sección C.2. indica por qué la explotación laboral en la producción es la fuente de beneficios, no la actividad del mercado.

Por supuesto, lxs pro-capitalistas argumentarán que la Teoría Laboral del Valor no está aceptada universalmente dentro de las principales corrientes de la economía. Cierto, pero esto apenas sugiere que la teoría está mal. Después de todo, hubiera sido fácil “probar” que la teoría de la democracia estaba “mal” en la Alemania nazi, simplemente porque no estaba universalmente aceptada por la mayoría de lectores y líderes políticos contemporáneos. Bajo el sistema capitalista, más y más cosas se convierten en productos — incluyendo teorías económicas y puestos de trabajo para economistas. Dado una opción entre una teoría que argumenta que los beneficios, intereses y rentas son trabajo no remunerado (explotación) o una teoría que argumenta que son todos “precios” válidos por el servicio, ¿cuál crees que les adinerads respaldarán con su aportaciones monetarias?

Este fue el caso con la Teoría Laboral del Valor. Desde los tiempos de Adam Smith en adelante, les radicales han utilizado la Teoría Laboral del Valor para criticar el capitalismo. Les economistas clásicos (Adam Smith y David Ricardo y sus seguidores como J.S. Mill) argumentaban que, en el largo término, los productos se intercambiaban en proporción al trabajo necesario en producirlos. Así el intercambio de productos beneficiaba a todos ya que recibían un valor equivalente de trabajo igual al que han expedido. Sin embargo, esto dejó la naturaleza y la fuente del beneficio capitalista sujeto a debate, debate que pronto se extendió por la clase trabajadora. Mucho antes de que Karl Marx (la persona más asociada con la Teoría Laboral del Valor) escribiera su famoso (infame) trabajo El Capital, Socialistas Ricardianos como Robert Owen yWilliam Thompson y anarquistas como Proudhon ya usaban la Teoría Laboral del Trabajo para presentar una crítica al capitalismo, exponiéndolo como basado en la explotación (lxs trabajadorxs de hecho, no recibían en salarios el equivalente al valor que habían producido y así el capitalismo no estaba basado en el intercambio de equivalentes). En los Estados Unidos, Henry George estaba usando la teoría para atacar la propiedad privada de la tierra. Cuando aparecieron les economistas marginalistas, rápidamente fue tomada como una manera de minar las influencias radicales. Les seguidors de Henry George argumentaban que la economía neo-clásica estaba principalmente desarrollada para contraatacaar sus ideas e influencias (ver La Corrupción de la Economía por Mason Gaffney y Fred Harrison).

Como se muestra arriba, la economía marginalista fue tomada, sin mirar sus méritos como una ciencia, simplemente porque tomaba la política fuera de la economía política. Con el auge de los movimientos socialistas y las críticas de Owen, Thompson, Proudhon y muchos otros, la Teoría Laboral del Valor se consideró muy política y peligrosa. El capitalismo no podía, por más tiempo, estar considerado como basado en el intercambio de trabajo equitativo. En vez de eso, se consideraría como basado en el intercambio de utilidades equitativas. Pero, como se indica ( en la última sección ) la noción de la utilidad equivalente se desestimó rápidamente mientras la super estructura construida encima se convirtió en la base de la economía capitalista. Y, sin una teoría del valor, la economía capitalista no puede probar que el capitalismo resulte en armonía, la satisfacción de necesidades individuales, la justicia en el intercambio o la eficiencia en la asignación de recursos.

Un último punto. Debemos hacer hincapié en que no todes les anarquistas soportan la Teoría Laboral del Valor. Kropotkin, por ejemplo, no estaba de acuerdo con ella. Consideraba que el uso socialista de esta teoría era tomar “las definiciones metafísicas de les economistas académicos” para criticar el capitalismo usando sus propias definiciones y por tanto, como la economía capitalista, no era científica [ Evolución y Medio ambiente, p. 92]. Sin embargo, su rechazo a la Teoría Laboral del Valor no implica que Kropotkin no considerar el capitalismo como explotativo. Lejos de ello. Como todos les anarquistas, Kropotkin atacaba la “apropiación del producto del trabajo humano por les dueñes del capital,” viendo sus raíces, en el hecho de que “millones de hombre y mujeres no tienen literalmente nada con lo que vivir, a no ser que vendan su fuerza y su inteligencia al precio en que se produzcan beneficios netos a les capitalistas y el ‘valor del excedente’ posible.” [Op. Cit., p. 106] Discutimos los beneficios en más detalle en la sección C.2.

El rechazo de Kropotkin a la Teoría Laboral del Valor está basado en el hecho de que, bajo el sistema capitalista, “el valor en el intercambio y el trabajo necesario no son proporcionales el uno con el otro” de esta manera “El trabajo no es la medida del valor.” [Op. Cit., p. 91] Lo que es, por supuesto, cierto dentro del capitalismo. Como Proudhon ( y Marx ) argumenta, bajo el sistema capitalista ( debido a la existencia de beneficio capitalista, renta e intereses ) los precios pueden no ser proporcionales al trabajo medio necesario para producirlos (“Siempre que el trabajo no ha sido socializado, — esto es, siempre que el valor no ha sido sintéticamente determinado, — hay irregularidades y deshonestidad en el intercambio.” [Proudhon, Op. Cit., p. 128]) Solo cuando el ratio de beneficios es cero, pueden los precios directamente reflejar el valor del trabajo ( que es, por supuesto lo que Proudhon y Tucker deseaban — “El socialismo … extiende su [“que el trabajo es la verdadera medida del precio”] función a la descripción de la sociedad como ésta debería ser, y el descubrimiento de los medios para transformarla en lo que debería ser.” [Tucker, Los Anarquistas Individualistas, p. 79] ). Por lo tanto, Kropotkin está en lo correcto al afirmar que “bajo el sistema capitalista, el valor en el intercambio ya no está medido por la cantidad de trabajo necesario.” [Op. Cit., p. 91]

Sin embargo, esto no significa que la Teoría Laboral del Valor es irrelevante para analizar la economía capitalista. Más bien, argumenta que bajo el capitalismo, el trabajo es, esencialmente, la reguladora del precio, no su medida. “La idea que hasta ahora se tenía de la medida del valor,” dice Proudhon, “es entonces inexacta; el objetivo de nuestra invetigación no es el estándar del valor, como se ha dicho tantas veces y tan estúpidamente, sino la ley que regula las proporciones de los varios productos a la riqueza social; pues del conocimiento de esta ley depende la subida y bajada de los precios.” [ Sistema de Contradicciones Económicas, p. 94 ] Así el argumento de Kropotkin no socava la Teoría Laboral del Valor como tal. Sin el bagage metafísico que muchos ( particularmente los Marxistas ) han puesto en la Teoría Laboral del Valor (y correctamente atacada como no científica por Kropotkin), es esencialmente una herramienta metodológica, una forma de investigar los aspectos claves del capitalismo — básicamente, los salarios y los conflictos asociados con estos en el punto de producción — en un alto grado de abstracción. Es pues, una herramienta explicatoria y da valor a una categoría explicatoria, como medio para conocer la dinámica del capitalismo.

Por lo tanto, en vez de ser la cruda idea de que “el valor del intercambio” iguala los precios, la Teoría Laboral del Valor es primeramente un método de análisis. Esto se puede ver por nuestro uso del “precio de la producción” en vez del valor (del intercambio) en nuestra descripción de cómo funciona la teoría. La Teoría Laboral del Valor enfoca el análisis en el proceso de producción y de esta manera correctamente señala a nuestras investigaciones cómo funciona el capitalismo, qué es lo que pasa en la producción, las relaciones de autoridad que existen en el lugar de trabajo, la lucha entre el poder del jefe y la libertad de los trabajadores, la lucha sobre quién controla el proceso de producción y como el excedente producido por los trabajadores es dividido (lo que queda en manos de los productores y lo que se apropian los capitalistas). Por lo tanto, la afirmación de que los precios se desvían de los valores y que la Teoría Laboral del Valor ya no es válida indica una confusión entre el rol explicatorio de la Teoría y el mundo actual de precios y beneficios. La Teoría Laboral del Valor nos recuerda que la producción viene antes, y que por lo tanto es la base del intercambio y que lo que pasa en el lugar de producción influye directamente a lo que pasa en el intercambio. Disminuyendo el trabajo directo e indirecto requerido para la producción reducirá el precio de coste de un producto y por lo tanto reducirá su precio de producción. De esta manera, la subida y bajada de precios y beneficios es el resultado del cambio en las relaciones de valor (en los costes laborales objetivos de la producción — valor trabajo-tiempo) y así, el uso de la Teoría Laboral del Valor como herramienta explicativa es válido.

En otras palabras, la Teoría Laboral del Valor es simplemente aparato de análisis heurístico que nos dan una visión a cómo se producen los precios más que los precios como tales. En la práctica, los precios de producción dependen de los salarios y éstos reflejan los valores trabajo-tiempo, no es que sean los valores trabajo-tiempo.

Kropotkin estaba entonces en lo cierto — hasta cierto punto. Su crítica a la Teoría Laboral del Valor es correcta para aquellas versiones de la misma que afirman que el precio “equilibrio” es igual al valor (de intercambio) de un producto. Estaba en lo cierto cuando notó que bajo el sistema capitalista, esto rara vez ocurre. Lo que significa que nuestro uso de la Teoría Laboral del Valor es simplemente una herramienta explicatoria, un manera de ver los asplectos clave del capitalismo — básicamente, el proceso de producción que crea cosas que tiene un valor uso para otros y que son intercambiadas. La producción viene primero y por lo tanto tenemos que empezar ahí para entender la dinámica del capitalismo. No hacerlo, como no lo hace la Teoría Subjetiva del Valro, llevará a nuestro análisis a un callejón sin salida e ignorará los aspectos fundamentales del capitalismo — el trabajo asalariado, las estructuras autoritarias en la producción y la explotación del trabajo que dicha opresión genera.

En efecto, en los argumentos de Kropotkin se reflejan la perspectiva “precios de producción” que arriba subrayamos al concentrarnos en los precios más que en el “valor”. Rechazamos las abstracciones metafísicas frecuentemente asociadas con la Teoría Laboral del Valor y nos concentramos en los fenómenos reales, como los precios, los beneficios, la lucha de clase y demás. Esta perspectiva nos ayuda a encuadrar nuestra crítica del capitalismo en aspectos de la vida real mas que en los reinos de la abstracción. Como argumentamos en la sección H.2.2. la concetración de Marx en el valor (el nivel abstracto del análisis) le hizo ignorar el papel de la lucha de clases en el capitalismo y sus efectos en los beneficios (con malos resultados para sus teorías y para el movimiento que inspiró).

¿Qué más afecta el nivel de los precios?

Como se indica en la sección anterior, el precio de un producto capitalista es, en el largo término, igual al precio de se producción, que a su vez determina la oferta y la demanda. Si la oferta y la demanda cambian, que, por supuesto pueden cambiar y así lo hacen al cambiar los de valores de los consumidores y al crearse nuevo medios de producción y los anteriores quedan obsoletos, estos tendrán un efecto a corto plazo en los precios, pero el precio medio de producción es el precio alrededor del cual se vende un producto capitalista. Es entonces el coste de producción el que en última instancia regula los precios de los productos. En otras palabras “Las relaciones del mercado son gobernadas por las relaciones de producción.” (Paul Mattick, Crisis Económica y Teoría de la Crisis, p. 51). Como Proudhon lo escribió:

“Así, el valor cambia, y la ley del valor es incambiable, más aún, si el valor es susceptible de variación, es porque está gobernado por una ley cuyo principio es esencialmente inconstante, — básicamente, el trabajo medido en tiempo.”

Sin embargo, la cantidad de tiempo y esfuerzo utilizados en producir un producto en particular no es el factor esencial en determinar su precio en el mercado. Lo que cuenta son los costos (incluidos la cantidad de tiempo de trabajo) necesarios de media para producir ese tipo de producto, cuando el trabajo se realiza con intensidad media, con las herramientas típicas y un nivel de conocimiento medio. La producción de productos que cae por debajo de estos estándares, por ejemplo, usando tecnología obsoleta o una intensidad de trabajo por debajo de la media, no permitirá al vendedor aumentar el precio del producto para compensar su ineficiente producción, porque su precio está determinado en el mercado por las condiciones medias (y por tanto, los costes medios) de producción, más el beneficio medio requerido para alcanzar el ratio de beneficio sobre el capital invertido. Por otro lado, si usamos métodos de producción que son más eficientes que la media, esto es, que permiten producir más productos con menos trabajo — permitirá al vendedor recoger más beneficio y/o bajar el precio por debajo de la media, y así obtener más cuota de mercado, lo que eventualmente forzará a los demás productores a adoptar la misma tecnología para poder sobrevivir, y de esta manera se baja el precio de mercado de este tipo de producto. De esta manera, avances en la reducción del tiempo de trabajo se reduce en la reducción del precio de intercambio (y por tanto de precio), mostrando así la función regulatoria del tiempo de trabajo (e indicando la utilidad de la Teoría Laboral del Valor como herramienta metodológica).

Similarmente, la Teoría Laboral de Valor también nos da una explicación a porqué los recursos comunes en determinadas áreas son más valiosos que en otras (por ejemplo, el precio del agua para una persona en el desierto sería mucho más alto que para una persona al lado de un río). En el corto plazo, el dueño del agua en el desierto puede cobrar una cantidad enorme a aquellos que la quieren simplemente porque es rara y la cantidad de trabajo necesario para encontrar una fuente alternativa es grande (ignoraremos la ética de cobrar altos precios a la gente necesitada por el momento, como hace la economía marginalista que describe estas situaciones — como “intercambio justo”). Pero si este exceso de beneficio se pudiera mantener por mucho tiempo, entonces tentaría a otros a aumentar la competencia. Si existiera una demanda constante de agua en esa región, entonces la competencia bajaría los precios del agua hasta más o menos el precio medio requerido para hacerla disponible (lo que explica porqué los capitalistas desean reducir la competencia mediante el uso de leyes de copyright, patentes y demás — ver sección B.3.2. — además de incrementar el tamaño de las empresas, la cuota de mercado y el poder — ver sección C.4).

Para resumir, como el coste de producción para un producto es el dado, la demanda sólo puede indicar si un producto es “valorado” suficientemente por los consumidores para asegurar el incremento de la producción. Esto significa que:

“el capital se mueve desde industrias relativamente estancadas a industrias que se desarrollan rápidamente … El beneficio extra, en exceso del beneficio medio, que se gana en un cierto nivel de precio, desaparece otra vez con la afluencia del capital de industrias de poco-beneficio a industrias de grandes-beneficios,” incrementando así la oferta y reduciendo los precios, y con ello, los beneficios”.

Este proceso de inversión del capital, y la competencia resultante, es el medio por el que los precios del mercado tienden hacia los precios de producción en un mercado determinado. Los beneficios y las realidades de la producción son las claves para entender los precios y cómo estos afectan (y son afectados por) la oferta y la demanda.

Por último, debemos destacar que afirmar que el precio del mercado tiende al precio de producción no es afirmar que el capitalismo está en equilibrio. Lejos de ellos. El capitalismo es siempre inestable, ya que:

“la competencia capitalista, el nivel de explotación, las relaciones de producción … [están] en un estado de perpétua transformación, que se manifiesta a sí mismo en cambios relativo de los precios de los productos en el mercado. Así, el mercado está en contínuo desequilibrio, con distintos grados de severidad, y de esta manera aumenta, por su aproximación ocasional al estado de equilibrio, la ilusión de una tendencia hacia el equilibrio.”

Es por esto que la innovación debida a la lucha de clases, la competencia, o la creación de nuevos mercados tienen un importante efecto sobre los precios de mercado. Esto es porque la innovación cambia los costes de producción de un producto o crea, nuevos, mercados ricos en beneficios. Mientras que al equilibrio no se llega en la práctica, esto no cambia el hecho de que el precio determina la demanda, ya que los consumidores se enfrentan a precios ya puestos cuando compran y toman sus decisiones basadas en el precio para satisfacer sus necesidades subjetivas. Así, la Teoría Laboral del Valor reconoce que el capitalismo es un sistema que existe en el tiempo, con un futuro incierto (un futuro influenciado por muchos factores, incluyendo la lucha de clases) y por su propia naturaleza, dinámico. Además, al contrario que los precios de “equlibrio en el largo término” de la teoría neo-clásica, la Teoría Laboral del Valor no establece que el mercado de trabajo se despejará o que un cambio en un mercado no tenga efecto en otros. Ciertamente, el mercado de trabajo puede ver un extenso desempleo ya que esto ayuda a mantener un nivel de beneficios al mantener la disciplina — vía miedo al despido — en los centros de trabajo (ver la sección C.7). Tampoco establece que el capitalismo será estable. Como muestra la historia del capitalismo “que actualmente existe” , el desempleo siempre está con nosotros y el ciclo económico existe (en la teoría neo-clásica estas cosas no pueden ocurrir ya que la teoría dice que todos los mercados se despejan y que los ‘baches’ son imposibles).

Más aún, la Teoría Laboral del Valor indica la fuente de esta inestabilidad — básicamente la “idea contradictoria de valor, tan claramente exhibido por la inevitable distinción entre la valor de uso y el valor de intercambio.” (Proudhon, Op. Cit., p. 84) Este es particularmente el caso con el trabajo, ya que el valor de intercambio del trabajo (su coste, osea, los salarios) es diferente de su valor de uso (lo que realmente se produce durante un día de trabajo). Como argumentamos en la siguiente sección, esta diferencia entre el valor de uso del trabajo (su producto) y su valor de intercambio (el salario) es la fuente del beneficio capitalista (indicaremos en la sección C.7 como esta distinción tiene su influencia en el ciclo económico, en la inestabilidad de la economía)

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