Enero de 1974, en Cambridge, Massachusets. Los entrevistadores fueron miembros del grupo editor libertario «Black Rose», a la que se sumó un miembro del grupo situacionista «Negations». La versión castellana fue publicada por la revista mejicana Plural en su número 40, correspondiente a enero de 1975.

B.R.: Black Rose.
SIT.: Situationist.

B.R.: No es común que un profesor de lingüística, o cualquier profesor de los Estados Unidos se convierta en radical. ¿Cómo sucedió esto? ¿Qué le condujo a desarrollar y asumir una crítica radical de la sociedad norteamericana?

Chomsky: Por lo que a mí respecta, la cosa sucedió totalmente al revés. En realidad yo llegué a la lingüística más o menos por accidente, por medio de contactos con amigos radicales, uno de los cuales daba la casualidad de que era profesor de lingüística. En una época en que yo estaba más o menos pensando en salirme de la universidad, ese contacto político con él me interesó por accidente en el trabajo que estaba haciendo. De manera que el problema, en mi caso, no es cómo el lingüista se hizo radical, sino más bien lo contrario. Fue el estudiante radical quien se hizo lingüista accidentalmente.

B.R.: ¿Cómo se hizo usted estudiante radical? ¿Era radical su familia?

Chomsky: Se puede decir que crecí en ese ambiente. No mi familia inmediata, sino todas mis tías y tíos eran parte de esa inteligentsia judía radical de Nueva York. La mayoría eran del Partido Comunista, pero a los doce o trece años, yo había superado ya esa fase y… Un tío que murió hace poco era activista de la izquierda antibolchevique. Es decir, había en aquel momento pequeños grupos separatistas que criticaban el bolchevismo desde la izquierda y había ciertos marxistas que criticaban a los bolcheviques, considerándolos como una desviación, de tendencia derechista, del marxismo tradicional… y correcto, como quien dice. Conocí parte de esa literatura y algunas de sus ideas y simplemente me interesé en todo ello.

B.R.: ¿Y con respecto al anarquismo?

Chomsky: En aquella época, a principios de los años cuarenta… yo era estudiante de secundaria. Me había interesado en la Guerra Civil Española, la seguía en los periódicos. Solía dedicar algún tiempo a rondar por las librerías de segunda mano de la Cuarta Avenida, en Nueva York, donde había algunos grupos anarquistas. Conocí a algunos de esos hombres. En aquella época había una oficina de la Freie Arbeiter Stimme (La voz de los trabajadores libres) y esa gente me dio algunas informaciones.

B.R.: En su artículo «Notes on Anarchism» demostraba usted simpatía hacía el anarquismo. Hablaba usted del «proceso de rehabilitación» de Daniel Guerín, de reintegrar el anarquismo al siglo Veinte. ¿Considera usted al anarquismo tan importante frente a los problemas sociales de los países capitalistas avanzados?

Chomsky: El anarquismo cubre un amplio espectro. Esa corriente particular estudiada por Guerin me parece valiosa. Pienso que converge algo con el marxismo liberal. También el marxismo cubre un espectro bastante amplio, y hay un punto en el que algunas variedades del anarquismo y algunas variedades del marxismo se acercan mucho, como por ejemplo, gente como Karl Korsch, que tenía muchas simpatías con el movimiento anarquista español, a pesar de que era una especie de marxista ortodoxo. Y creo que en ese complejo de ideas anarcosindicalistas e ideas socialistas liberales hay cosas muy aplicables… En realidad, pienso que son las ideas adecuadas para una sociedad industrial avanzada. Me parece que el anarquismo, en ese sentido, sugiere ciertos principios de organización que son extremadamente realistas. Una especie de evolución natural, con un nivel alto y suficiente de tecnología y comunicación, y eliminación de trabajo necesario pero oneroso. Bajo tales condiciones, me parece enteramente posible, esencial, dirigirse hacia esas formas sociales tan apropiadas a la sociedad industrial avanzada.

Los intelectuales y el pueblo

B.R.: En tal contexto: (a) ¿qué piensa usted del análisis de las clases de Marx? y (b) ¿qué grupo económico social de este país cree usted es el más importante para una transformación radical?

Chomsky: Pienso que la idea general del análisis de las clases es indispensable. Lo que puede ser cuestionado es si las formulaciones particulares de Marx son históricamente exactas, y aplicables en la actualidad. Yo tendería a estar de acuerdo con la crítica que hace Bakunin de Marx, en el sentido de que «la dictadura del proletariado» en una sociedad parcialmente agraria resultaría un sistema muy represivo y destructor, como en efecto… No doy por supuesto que los bolcheviques introdujeron la dictadura del proletariado, pues no lo hicieron, pero la perversión particular de la misma que aplicaron le da algo de injustificación a aquel análisis, y habría algo más que decir al respecto. Pero yo no tengo ninguna duda de que es verdadera la intuición de que el análisis de las clases es indispensable para comprender los procesos sociales.

B.R.: Con lo que Bakunin estaba de acuerdo.

Chomsky: Exacto. Hay problemas de interpretación, etc., pero yo no veo cómo ningún socialista puede no estar de acuerdo con ello, ni ningún científico social. Por lo que se refiere a la sociedad contemporánea, me parece que se puede identificar toscamente una clase de trabajadores productivos, que incluye ahora un espectro bastante difuso, desde trabajadores manuales, a técnicos, científicos, creadores de cultura intelectual.

B.R.: ¿Quiere usted decir productivos en el sentido de productores de bienes materiales?

Chomsky: No, no necesariamente. Quiero decir que los artistas son productivos porque crean partes de nuestra cultura material e intelectual.

B.R.: Los profesores…

Chomsky: Algunos de ellos. Ocasionalmente. Podría ser, en principio. Como en cualquier otro campo. Los artistas, por ejemplo, podrían diseñar carteles para el Estado, o algo así. Me parece que son un tipo de clase muy difuso, pero son gente productiva, y pienso que esta clase podría tener el papel que tuvo el proletariado de Marx. Es decir, debería incluir a todos. Debería tener, control directo de su propio trabajo productivo, tanto de las condiciones del mismo, como de la distribución, etc.

B.R.: De manera que el proletariado como lo definió Marx (los trabajadores de la industria) no es tan importante porque es una minoría.

Chomsky: Si ustedes piensan que el proletariado lo componen obreros vestidos con tejanos, naturalmente que es una parte decreciente de la clase obrera, en aquel sentido amplio. Francamente, dudo que Marx hubiera estado en desacuerdo con esto. Según mis lecturas de Marx, lo que él consideraba como crucial para la noción de proletariado, era la de trabajo productivo, y en diferentes sociedades, gentes diferentes tienen que ocuparse del trabajo productivo.

B.R.: Sweezy puntualizaba que ciertos sectores de la clase obrera tienen más poder, porque lo que producen parece más esencial.

Chomsky: Eso es casi una especie de asunto técnico. Hay que ver y observar qué es más importante en una fábrica determinada, si el ingeniero que decide qué máquinas estarán allí y qué fabricarán, o si el tipo que está junto a la línea de montaje y ajusta unas tuercas. No tengo objeciones sobre este punto. Pero estoy seguro de que varía. No creo que se pueda generalizar en ese nivel técnico. Dependería de la industria. Tomemos un laboratorio, que es parte, ciertamente, del aparato productivo de la sociedad. Allí, los técnicos son esenciales por lo que respecta a las ideas. No veo fundamentalmente ninguna diferencia entre ellos, por lo que se refiere a contribución a la producción. Ninguno puede seguir adelante sin los demás.

B.R.: ¿Considera usted que esta clase proletaria más amplia va radicalizándose por las privaciones materiales, o más bien por los aspectos psicológicos de la alienación? Sería difícil argumentar que la mayor parte de los profesores del M. I. T. (Massachusetts Institute of Technology) estén materialmente desprovistos, aunque muchos de ellos sufren de un desplazamiento o de una alienación psicológica.

Chomsky: No; en realidad los profesores del M. I. T. y similares son de los muy pocos que tienen el máximo porcentaje de ingreso. Pero siempre ha sido así… Tampoco podría usted decir que Engels sufriera carencias materiales. No veo nada peculiar en esto. Pienso que hay una cantidad de gente a la que le ocurre preocuparse por los demás. Depende… Pero como clase, yo no esperaría que los profesores del M. I. T. fueran la vanguardia de la revolución.

B.R.: No, pero usted mencionó a técnicos y otros. La experiencia de Chile y de otras zonas parece probar que son esenciales. La cuestión entonces es radicalizarlos. ¿Proviene eso de … ?

Chomsky: ¿… carencias materiales o alguna comprensión psicológica? Bueno, creo que es muy humillante… En la tradición radical hay un tipo de corriente que funciona más o menos así, en caricatura: «Oiga, yo sé de los problemas de la opresión, la falta de democracia, etc. Pero esos tipos, lo único que entienden, es que no tienen lo suficiente para comer. De manera que tengo que expresarlo todo en sus términos. Tengo que arreglármelas para expresarle en términos de carencias materiales, etc., porque ésa es la única manera en que conectarán conmigo». Y esto mucha gente lo considera muy radical, pero yo no veo por qué hemos de creer en esa clase de tontería. No hay ninguna razón especial para que personas ricas o educadas tengan más preocupación por la opresión digamos… Si examina usted algo del material documental proveniente de verdaderas luchas revolucionarias (por ejemplo, algo del material colectivo español) lo que resulta evidente es que aun en el nivel más pobre, más oprimido de la población, hay una tremenda preocupación por la justicia, y no por los bienes materiales.

B.R.: Pero ése no es el caso, por ejemplo, de los partidos marxistas.

Chomsky: De acuerdo, pero no surgieron de una lucha revolucionaria. Eran grupos de intelectuales.

Apocalipsis e ideología del consumo

B.R.: Pero donde hay una crisis energética y la gente está hablando de otro colapso de capital como la depresión, y los movimientos revolucionarios tienden a ver las cosas en términos
apocalípticos, nosotros tratamos de construir nuestra organización y de actuar para cuando se produzca el colapso del capital.

Chomsky: Yo no lo veo así, o no creo en eso, a pesar de que hay en ello un grano de verdad. El grano de verdad es que la riqueza, y más que la riqueza, la perspectiva de crecimiento sin fin, ha sido una técnica muy efectiva de control social. La lógica es más o menos así: la ideología dominante afirma, en efecto, que cada individuo es simplemente un consumidor, una persona que trata de llevar al máximo el consumo, y que en ese acto se da la vida… la vida se va totalmente, o algo así. Ahora, si usted acepta esa ideología y además cree que la producción material aumentará sin límites, puede concluir que es racional no oponerse a la sociedad desigual, aun cuando pueda sufrir por su causa, aun cuando esa sociedad esté dirigida contra usted. Si es usted un «hombre económico», en ese sentido, y espera que de una forma u otra habrán de producirse más mercancías, parece racional aceptar esa sociedad emplazada contra usted, con la esperanza de que en el futuro usted pueda consumir más de lo que consume hoy. Ahora, hay muchas cosas que están equivocadas en esa ideología… La efectividad descansa, por una parte, en la habilidad para hacer que las personas piensen que no son sino átomos de producción y elementos de aumento del consumo. Por otra parte hay en el hecho de que antes se creía posible apoyarse en perspectivas de crecimiento ilimitado. En esta perspectiva, creo que las carencias materiales pueden influir mucho para el cuestionamiento de la totalidad del sistema ideológico, que sí lleva a la conclusión de que se debería ser obsequioso y obediente. Por eso pienso que hay un grano de verdad en la idea de que el déficit material, o la crisis energética, o lo que sea, puede contribuir a formar un cierto tipo de nueva conciencia.

SIT.: Me gustaría precisar más el significado de «alteración psicológica». Estableceré dos polos. Un polo es el moralista, cuya esencia es un llamado a los sentimientos de culpa, deber y sacrificio, que afectó fuertemente a la Nueva Izquierda. El otro polo es la concepción de la subjetividad como busca del placer, como llamados al deseo y a la imaginación. Estos son los dos polos, y me gustaría saber cómo, según usted actúa este tipo de psicología.

Chomsky: No creo que sea obligatoria una elección. Pienso que ambos polos son totalmente válidos. Es decir, pienso que hay una muy buena razón para sentirse culpable en más de una ocasión sobre la forma en que tratamos a los pobres o a los vietnamitas. Yo sí me siento responsable, porque contribuyo al funcionamiento de esa sociedad, con mi pasividad, por ejemplo: dejando que la cosa siga. Siempre que no actuamos radicalmente para poner fin a todas esas cosas estamos contribuyendo a ellas, con nuestra pasividad, con nuestra obediencia, como sea. No veo ninguna razón para no sentirse culpable en esto, ni tampoco veo razón para no apelar a la culpabilidad, que considero debería ser compartida por otras personas como yo -estudiantes o profesores o cualquier otra gente a la que me dirija-. Pienso que esto es totalmente válido. No veo ninguna razón para rechazar lo que es, creo, una respuesta adecuada y exacta a dichas condiciones de opresión y desigualdad. Pero en cambio no creo que sea necesario, con tal motivo ponerse una especie de resaca moral, y llorar por la propia culpabilidad. Lo que hay que hacer, es utilizar esa respuesta emocional perfectamente válida como base para cambiar el modelo de acción. De manera que, en un polo, veo una gran validez en lo que usted menosprecia. En el otro polo, me parece totalmente cierto que, para que un movimiento revolucionario tenga alguna validez para la gran masa de la población, tiene que abrir nuevas opciones, y la opción de ser capaz de vivir en una sociedad en que no se es un opresor puede ser, podría ser, muy liberadora. Debería serlo. Y a mí me parece, por ejemplo, para volver a lo que decíamos antes, que las posibilidades de vivir en una sociedad donde la esencia humana no se defina por la suposición de que hay que ser una especie de hombre económico, llevar al máximo la producción y producir según la demanda, son posibilidades muy liberadoras, tanto para el rico como para el pobre, para los privilegiados como para los no privilegiados. Y esto también me parece que es muy válido. Sin embargo creo que es un hecho objetivo en nuestra sociedad que gente como yo, digamos, contribuye de muchas formas al perpetuamiento de instituciones opresivas y destructoras, y no debemos ser ciegos ante el hecho. Tampoco hago por ello un voto de pobreza, porque no creo que eso ayudaría en lo más mínimo. Sin embargo, soy consciente de ello, respondo a dicha conciencia, y a mi juicio una parte de la conciencia debe estar formada por ese sentimiento de culpa.

B.R.: ¿No es el caso que la izquierda de este país, en particular, nunca pasó de allí?

Chomsky: Supongo, que lo que me molestó más de la respuesta de la Nueva Izquierda, no fue el sentimiento de culpa, que a mi parecer era legítimo y adecuado, sino más bien lo que mencioné antes, tomarse o presentarse como miembro de la clase obrera y hablar en términos de valores que se suponía, debían ser los valores de ésta: preocupación por el déficit material, más que la necesidad de libertad. Y yo pienso que eso era completamente falso.

B.R.: A mí me parece que partir de principios y cosas así, no es lo mismo que partir de sentimientos de culpa y sacrificio. En la mayor parte de sus artículos, usted subraya muchos principios morales y afirma la acción basada en esos principios. ¿Cómo piensa usted que se pueden restablecer principios y sentimientos morales en una sociedad como la nuestra, cínica y orientada hacia la indoctrinación masiva del consumo?

Chomsky: Pienso que los principios de esta sociedad, orientada específicamente hacia el consumo, simplemente tienen que ser confrontados con principios mejores, más atractivos para todos. La gente sencilla tiene otras necesidades… La gente en su vida diaria, no vive realmente como impulsora del consumo. Quiero decir que no es cierto, por ejemplo, que en una familia cada uno de sus miembros trate de acumular la mayor cantidad de alimentos que pueda, sustrayéndola a otros miembros de la familia. Los valores oficiales de la sociedad están muy alejados, creo, de la mayor parte de nuestra vida real en relación con otras personas. Y este conflicto tendría que presentarse en forma perfectamente clara. Entonces, pienso que hay una necesidad de atacar, de criticar activamente los valores oficiales, de demostrar cuán lejos están de la manera en que realmente se actúa y se quiere actuar como ser humano. Claro que esto es sólo una parte de la historia.

Los principios en una sociedad de masas

B. R.: ¿Esta demostración es posible mediante la argumentación lógica, o la forma en que aquellos otros valores se inculcaron hace casi imposible el cambiarlos?

Chomsky: Existe obviamente una disparidad entre los valores con que las personas realmente viven, cuando pueden ejercer una elección, y los valores que se les enseña para vivir. Esto hay que hacérselo ver de algún modo. Pero la idea de llevar al máximo el consumo es solamente un aspecto del problema. Otro aspecto es también la idea de ser subordinado como productor, que es probablemente más importante. La idea de que la producción, en el sentido amplio, tiene que ser organizada en un sistema jerárquico y autocrático, también es una parte esencial de la ideología gobernante, y aquí la crítica de dicha ideología va más allá de la argumentación lógica. Precisamente en este punto es donde los radicales quieren crear alternativas. Y en diversos niveles. Pienso que se podrían decir las mismas cosas sobre cooperativas de consumo u otros esfuerzos para hacer solidaria a la gente por los medios que sea. Todas estas cosas no son realmente alternativas para una argumentación lógica, son complementarias de la misma. Antes que nada, ilustran mediante la acción y la organización, las formas en que los argumentos lógicos son correctos y cómo se pueden superar las brechas entre valores oficiales y valores humanos. De manera que ésos van estrechamente unidos. Por otra parte, se comprobará, por lo menos así lo creo, que si alguna vez logramos una especie de sociedad justa, cosas como mi estándar de vida podrían muy bien no existir. En ese sentido habrá carencias materiales de algún tipo para una gran parte de la población. Y tendrá que ser así. No creo que debamos pasar por alto este hecho y creer que todos tendrán más.

B.R.: Usted considera a la democracia económica como básica para ello, porque en su artículo sobre el anarquismo mezcla de algún modo al anarquismo con el anarco-sindicalismo. No habían por ejemplo, del anarcocomunismo. Hemos trabajado sobre la obra de Reich y no nos parece que la democracia económica sea suficiente. A pesar de que es una condición necesaria, no es suficiente. Reich afirmaba que la gente interioriza en la estructura de su carácter una gran cantidad de la sociedad autocrática y autoritaria muy difícil de exorcizar.¿Cómo encaja esto en lo que debemos hacer, en nuestra «propaganda» y en la cuestión de las juntas obreras o quizá de algo más amplio?

Chomsky: Yo no soy muy bueno para aconsejar. Si pudiera aconsejar qué hacer, lo estaría haciendo yo mismo. No sé qué hay que hacer. Pero pienso que plantea usted bien este punto. No querría dar a entender que la propaganda o los intentos de formar juntas de obreros son el punto final de la agitación socialista. Pero sí pienso que es crucial para la gente ser capaz de… Pienso que hay un aspecto central del autoritarismo que, como usted dice, se interioriza, es el autoritarismo del trabajo. En este aspecto pienso que gozo de un privilegio. Gente como nosotros sí controla su propia labor. Hay muy pocas presiones sobre la misma. Podemos decidir cuándo trabajamos, por qué trabajamos, cómo trabajamos, qué hacemos. Tenemos responsabilidades, pero son autoimpuestas. Y, si alguien quisiera ser esquirol, no podría.

SIT.: ¿Gente como nosotros? ¿Quiere usted decir todos los del ramo del conocimiento?

Chomsky: No todos. Esta es una institución de élite. Me refiero, a los profesores que de alguna manera han hecho carrera en el M. I. T. Yo no pienso que este tipo de privilegio tenga que ser reducido. Más bien tendría que ser generalizado. Pero puede muy bien ser que algunas de las cosas materiales ligadas a ello tuvieran que ser reducidas en una sociedad justa.

B.R.: ¿Pero no está usted hablando de un retorno a la escasez?

Chomsky: No pienso en ningún retorno a la escasez. Pienso que la gente con mi estándar de vida suele ser terriblemente despilfarradora, desde el punto de vista de lo que existe potencialmente. Ahora bien, quizá esto no es exacto. Hay, tal vez, recursos productivos que no han sido utilizados y que serán descubiertos bajo alguna otra sociedad. No lo sé. Incluso soy escéptico. A propósito, pienso que yo y otros nos beneficiaríamos en muchos aspectos con tal reducción. Examine los hechos obvios. Es casi físicamente imposible para mí, ir a trabajar sin automóvil. Me tomaría aproximadamente dos horas ir a trabajar sin automóvil, por el lugar donde prefiero vivir. Pero es que no hay ninguna necesidad de automóvil. Pueden encontrarse alternativas muy triviales y razonables. Por ejemplo, hay una vía de ferrocarril que pasa a una milla de mi casa, y se podría poner a funcionar trenes sobre esa vía. De manera que habría una forma muy sencilla de reducir mi estándar material, si yo fuera a la ciudad en tren; pero mi comodidad personal aumentaría enormemente. A este respecto no pretendo sugerir que la reducción del nivel material signifique necesariamente menos comodidad física. Muy a parte del factor ideológico o psicológico, podría significar más comodidad física.

B.R.: Lo que usted está diciendo se refleja en la polaridad de que hablábamos anteriormente, entre el tipo de carácter masoquista y la persona orientada hacia el placer. Pienso que el problema real no es que debamos asumir ambos porque sean válidos, sino que la estructura del carácter se fija en uno u otro polo. En otras palabras, Reich afirma que el carácter masoquista pondrá toda su energía en ese lado y lo expresará en trabajo político. Mientras que alguien que esté orientado hacia la vida y el desarrollo de su propia sexualidad, de sus propios poderes, será orientado en la otra forma, pero seguirá teniendo un sentido moral. La Nueva Izquierda sí pareció tener aquella actitud masoquista. Se expresó tontamente y tuvo predilección por una organización de tipo autoritario.

Chomsky: ¿A eso le llama usted masoquista? ¿Se refiere usted a asuntos como el de Weatherman?

B.R.: Por ejemplo.

Chomsky: Yo no lo vi así. Quiero decir que no estuve cerca del asunto y no estuve de acuerdo con él, pero la gente que yo conocí me pareció por lo menos tener una razón fundamental diferente, que a mi juicio era equivocada. Al parecer sostenían que para llegar a las clases obreras, había que acercárseles en su nivel, específicamente el de la violencia y la destrucción. Inclusive recuerdo que intelectuales académicos, gente como yo, me dijeron que si uno quiere actuar seriamente contra la guerra, debe ir a un bar de la Tercera Avenida e iniciar un pleito, por cualquier motivo, con el tipo sentado al lado. Tras unos cuantos golpes, el tipo lo toma a uno en serio, y se puede hablar sobre la guerra. Pienso que ése era más o menos el meollo de la ideología Weatherman, por lo menos lo que yo entendí de ella.

SIT.: Ese es el problema con la Nueva Izquierda: siempre se esfuerza en ser como otros, con el fin de traer a algún grupo a la corriente principal de La vida norteamericana. Es la ética cristiana del servicio.

Chomsky: Por lo que yo pude ver de la actividad en pro de los derechos civiles de principios de los años sesenta, trataban de ayudar en la autoorganización de gente pobre y oprimida, y estoy totalmente en favor de eso.

SIT.: ¿Pero con qué objetivos?

Chomsky: Ya escogerían los objetivos cuando estuvieran en posición de elegir. El activista que viene de fuera puede muy bien tener sus propias ideas, pero su idea principal debe ser encaminarlos hacia la elección. Y para comparar…

SIT.: Pero van a ser totalmente cristianos…

Chomsky: Bueno, ¿y qué? Una vez que hayan decidido establecer cooperativas rurales, o que puedan organizar sus propios sindicatos y luchar por sus derechos, etc., ¿por qué deberían hacer elecciones cristianas? Si lo hacen, bueno, ese es el estado de su cultura y de otros compromisos, y está muy bien. Yo no voy a obligarlos a hacer otra cosa. Pero lo importante es que el activista de fuera, al igual que el trabajador por los derechos civiles, estaba actuando acertadamente cuando trataba de integrarse lo más posible en esas luchas, sufrir con el pueblo, trabajar con él, ayudar lo más que pudiera y poner su talento donde resulta valioso; y no tratar de dictar ninguna solución.

Nueva Izquierda y Anarquismo

B.R.: Una de las cosas atractivas de la temprana Nueva Izquierda, era aquel sentimiento de felicidad, su gran cantidad de actividades interesantes y divertidas.

SIT.: ¿Ah, sí? Pues yo fuí a mitin tras mitin, sin sentimiento de felicidad.

Chomsky: Eso vino a fines de los sesenta. Entre el sesenta y siete y el sesenta y ocho, todos tenían que ser más marxistas ortodoxos que el tipo de al lado, y entonces sucedieron cosas extrañas.

B.R.: Cuando se empezaron a hacer distinciones ideológicas muy finas surgió esa conducta, esa actitud La gente comenzó a ser muy virtuosa, y resultó que el dos por ciento del grupo era el que estaba en lo correcto.

Chomsky: Creo que esto está relacionado con la exposición que hacen ustedes. Es decir, hubo algunos límites casi inamovibles respecto a lo que podría lograrse con el primer movimiento. Y los poderosos fundamentos institucionales de esta sociedad, simplemente no podían ser trascendidos por un movimiento de ese tipo. A mí me parece que cuando la Nueva Izquierda se lanzó contra esa situación, cuando se lanzó contra la evidencia de que, con todo lo que estamos haciendo, sólo lograríamos que alguna gente se organizase en un sindicato algo mejor, o que pudiese votar cuando antes no lo podía hacer, con la consecuencia de que votaría por Humphrey o alguien del mismo género; cuando tales evidencias empezaron a calar, entonces pienso que la Nueva Izquierda se desintegra y trató de encontrar una solución mesiánica, en su mayor parte en el marxismo-leninismo. Así que en cierto modo estoy de acuerdo con lo que ustedes dicen sobre las estructuras institucionales: que eran demasiado rígidas, demasiado firmemente encajadas, para que aquellas primeras actividades las sucedieran con fuerza.

B.R.: El ya desaparecido George Lichtheim dijo una vez: «La historia del marxismo es demasiado importante para ser dejada a las sectas posleninistas, esas pequeñas y feroces criaturas que se devoran a sí mismas en una gota de agua». Y esto parece ser particularmente cierto de la izquierda en los Estados Unidos. Pero al mismo tiempo, parece que el Leninismo es una especie de extensión consistente de ciertos aspectos de los escritos de Marx, por lo menos sus escritos públicos, y siempre es descrito como «marxismo en la práctica». ¿En qué forma es el marxismo diferente del leninismo, y en dónde se desvió Lenin?

Chomsky: Antes que nada creo que hay diferentes corrientes de leninismo. Está el Lenin de 1917, de las Tesis de Abril y de Estado y Revolución. Y luego está el Lenin que tomó el poder y actúo con métodos que para mí son irreconocibles, si los comparamos con, digamos, las doctrinas de Estado y Revolución. Para un marxista, quizás para Lenin mismo si hubiera mirado hacia atrás, esto no hubiera sido muy difícil de explicar. Hay una gran diferencia entre las doctrinas liberales de una persona que trata de asociarse a un masivo movimiento popular para adquirir el poder, y el autoritarismo de quien ha tomado el poder y procura consolidarlo. La transición quizá no sea muy difícil de explicar. De modo que, yo les preguntaría de qué Lenin están ustedes hablando. Y esto también es verdad con respecto a Marx. Hay en Marx corrientes encontradas. Pero pienso que es característico, y desafortunado, el que la lección tomada de Marx y Lenin para el período posterior fuese la lección autoritario. Es decir, fue el Lenin autoritario el que persistió, el que se concentró en la conquista del poder estatal por el partido de vanguardia y en la destrucción de todas las tribunas populares en interés de las masas. Ese es el Lenin que conocerían las generaciones posteriores. Y una vez más, esto no era demasiado sorprendente, porque eso es lo que realmente era en la práctica el leninismo. Y yo pienso que para todo ese movimiento socialista es una tremenda tragedia que la Revolución Rusa fuera identificada como socialista. Lenin mismo fue ambivalente en esto. Nunca la identificó como socialista. Habló de cierto tipo de capitalismo de Estado; de que probablemente no se podía tener socialismo en un país como Rusia, etc. Cambió luego, pero básicamente eso había dicho y con esa precisión. Pero entonces, naturalmente, el típico ideólogo de partido y sus diversos esclavos en los llamados movimientos socialistas, tenían, para sus propios propósitos que identificar el capitalismo de Estado que estaban formando con algo un poco mejor que eso. Entonces incorporaron toda la tradición socialista en su estructura extremadamente reaccionaria. Y con ello, virtualmente, destrozaron la tradición socialista.

B.R.: Para construir en este país un movimiento, alrededor de ideas socialistas liberales, ¿piensa usted que es útil seguir utilizando la palabra anarquismo? ¿Piensa usted que tiene un valor histórico, o que deberíamos ser más específicos y hablar de asamblea comunista o socialismo liberal?

Chomsky: Pienso que tiene un valor que es una parte muy significativa de todo el amplio movimiento anarquista, de todas las diversas variantes socialistas del mismo, ya sea el anarquismo comunista o el anarcosindicalismo, que se relacionaban con la organización de una sociedad compleja basada en la igualdad y la solidaridad. Hay otra corriente del anarquismo que no le da peso a nociones como igualdad, solidaridad, etc. Esta es el ala derecha del anarquismo; y es, hasta donde la conozco, una forma extrema de autoritarismo. Es obvio que, siguiendo las formulaciones de, por ejemplo, Murray Rothbard, se llegaría a tales desigualdades de poder, que sería como vivir bajo Gengis Khan, o algo por el estilo. Aun cuando todos serían técnicamente libres, ésa sería la libertad para hacer contratos con la persona que tuviera todo el poder, que fuera dueña de la policía, etc. En mi opinión, ese modo de pensar tiene que ser deseado. Pero no creo que se deba abandonar la noción de anarquismo porque haya una extraña periferia que también la utiliza.

Marxismo y Comunismo

B.R.: Tal como usted no abandonaría el marxismo.

Chomsky: Sí, tal como yo no abandonaría el marxismo. Después de todo, no estarnos interesados en hacer héroes y en identificarnos con ellos, sino en encontrar lo que sigue siendo válido en diversas ideas, conceptos y acciones del pasado.

B.R.: Para volver al leninismo, ¿qué hay de los problemas de por ejemplo, Vietnam, o China, o los movimientos del Tercer Mundo en general? Hay un verdadero desacuerdo entre anarquistas sobre la cuestión del N. L. F. (Frente Nacional de Liberación) y el valor de dichos movimientos en general

SIT.: ¿Puedo cambiar un poco los términos? ¿Aplicaría usted el mismo paradigma a, digamos, la respuesta de los partidos comunistas de Europa occidental y (en alguna medida) el Partido Comunista Norteamericano, y la manera como, pusieron como ídolo, modelo y prueba a la revolución bolchevique? ¿Piensa usted que se podría aplicar lo mismo a las corrientes tercermundistas de la Nueva Izquierda?

Chomsky: Pienso que es similar, excepto que menos pernicioso sólo por razones accidentales, es decir, porque el impacto de la ideología socialista occidental es mucho menor, en parte porque ya no existe, y sí existía entonces. Es ese respecto es menos pernicioso. Pero básicamente es el mismo error. Digamos que un error muy similar. Yo no consideraría a los movimientos revolucionarios del Tercer Mundo como socialistas en ningún sentido. Todavía pienso que pueden ser tratados con simpatía, y que se debe alentar su apoyo, pero eso es un asunto diferente. Yo sí seguí las posiciones de Solidarity sobre el N. L. F., y ése es el asunto con el que yo realmente no estaba de acuerdo, y muy seriamente. En realidad, estaba virtualmente de acuerdo con todo lo demás. Ellos estaban en lo correcto, aunque no fueran pertinentes, al señalar que Vietnam del Norte no es una sociedad socialista liberal. Tienen razón cuando dicen que debemos criticar a tal sociedad. Sin embargo, no la tienen en criticarla cuando las bombas están cayendo allí. Había muchas cosas que no andaban bien, por ejemplo, en la Inglaterra de 1943. Pero no pienso que era el momento, o el lugar, para señalarlas, particularmente si se estaba viviendo en la Alemania nazi, Y esa es la situación aquí. Occidente trata de aplastar esos movimientos y creo que todos, aquí y en Inglaterra, son responsables por ello. London Solidarity, al no impedir que el gobierno británico ayude al aplastamiento de la independencia vietnamita, estaba, en un cierto sentido, contribuyendo a ello. Y, por lo tanto, que está en una posición muy débil para criticar a Vietnam del Norte porque no es socialista, a pesar de que tal crítica es correcta.

SIT.: Estoy de acuerdo en eso en su mayor parte, excepto que parece que la forma en que la izquierda en general, el movimiento antiguerra, quería presentar o manejar las cosas en favor del N. L. F. Y de los norvietnamitas, apoyándose en gran medida en la idea de que éstos creaban una revolución, una revolución socialista. Con ello, los de la izquierda radical propiciaban una situación como la de después de la revolución bolchevique, una situación que condujo al apoyo del socialismo en un solo país, etc.

Chomsky: Creo que la actitud correcta para con la revolución bolchevique fue la que tomó Bertrand Russell. Dijo que estaba bastante podrida. Pero también dijo que era grotesco que los
pueblos de Occidente hablaran sobre la opresión de los revolucionarios rusos, mientras la reforzaban apoyando la contrarrevolución.

SIT.: Sí usted va a ser moralista, parece realmente duro mantener más de una idea en la cabeza a la vez… Sí se va a azotar a la gente con frenesí para que haga algo, tiene que ser en dirección de algo. Básicamente se tiene una tendencia hacía el maniqueísmo, ¿no es cierto?

Chomsky: Pero todo es algo totalmente aparte de la oposición a la guerra norteamericana. Pienso que está fuera, en una dimensión diferente. A mí me parece que fue siempre un error del movimiento antiguerra tomar la posición de estar por el N. L. F., o por Vietnam del Norte, o por lo que sea. Por lo que deberían haber estado es por que se sacaran de allí las sangrientas manos del imperialismo occidental. Lo demás, ya sería problema de los vietnamitas. Pero éste es un asunto complicado. Si se examina verdaderamente a Vietnam del Norte, o digamos el Pathet Lao en Laos (y yo sí traté de saber algo acerca de ello) se ve que se ha comprometido muchísimo con el bienestar social. Allí hay algo como una versión de democracia local. Es muy difícil de saber qué versión, pero sin embargo la hay. Hay algún tipo de participación en el nivel de la planificación, en el nivel local. Pero todo eso se encaja dentro de una estructura fantásticamente autoritaria. Un control total desde arriba, con muy poco campo de acción para el libre acceso a la información. Esto yo lo sospecho, a pesar de que no lo podría decir con seguridad. Y los elementos de democracia o de control popular probablemente sólo funcionan a través del aparato del partido comunista. Claro que esto, en sí mismo, es una cosa tramposa. Porque la estructura del partido comunista se extiende desde el comité central hasta las células y fábricas, y por lo poco que yo pude deducir, pienso que hay allí probablemente algún acceso al control, etc., a través de la estructura, pero naturalmente se está muy lejos del control por los trabajadores. Pienso que lo que hay que hacer es comprender en qué consisten dichas sociedades, simpatizar con lo que es bueno, criticar lo que es malo, ofrecer alternativas, etc. En realidad, me interesó ver que ellos están en cierto modo abiertos a esto. Por ejemplo, tuve una entrevista con Pham Van Dong, quien había leído El poder norteamericano y los nuevos mandarines en la traducción francesa, y su primera observación fue que la obra era demasiado anarquista… Tuvimos algunas discusiones sobre el punto. Estoy seguro de que no lo convencí, como él no me convenció a mí. Sin embargo, percibió inmediatamente que se trataba de una especie de crítica anarquista al comunismo, entre otras cosas, y pienso que si se tiene algún respeto por esa gente, se debe ser muy sencillo y claro en la crítica sobre ellos, se debe tratar, si se puede, de discutir con ellos.

SIT.: Pienso que usted pudo haber jugado inadvertidamente contra usted mismo, a pesar de que, como sabe, tanto los capitalistas como los capitalistas de Estado, en su juego de ajedrez global, han tratado de representar un mundo en el que sólo hay dos opciones, sin tercera fuerza. Hicieron esto en la Guerra Civil Española. Lo hicieron en gran medida en Hungría. Quiero decir que hubo gran similitud en la forma en que los norteamericanos presentaron el caso: («Esta gente quiere el capitalismo») y la forma en que Rusia lo presentó: («Esta gente quiere una contrarrevolución fascista»). Ninguno de los dos hubiera dejado surgir una voz que dijera: «No, no quieren a ninguno de los dos, quieren algo que no es ni el capitalismo ni el socialismo tales como los conocemos». En otras palabras, se dejaba fuera la posibilidad de una tercera fuerza la falla de La Nueva Izquierda, identificarse respondiendo: «No, nosotros no queremos lo que tienen en Rusia» cada vez que alguien decía: «Bueno, ¿por qué no se van ustedes a Rusia», fue de lo más dañino. Esta es una gran parte de la razón por la cual no nos oyen más norteamericanos medios, que tienen esos fuertes miedos anticomunistas. Y se debe a que no nos identificamos claramente como distintos a aquello. Por eso una gran cantidad de gente, como mis padres, pensó que estábamos, conscientemente o no, siendo manipulados por una segunda fuerza.

Chomsky: Yo recibo muchas cartas sobre el particular. Aquí mismo tengo una. Es una típica respuesta de esa clase. Dice: «¿Es usted un comunista con carnet o simplemente un simpatizante?», o algo así… «Quién que no fuera usted podría decir todas esas cosas malas sobre el presidente Nixon.» es realmente muy duro romper con una suposición ideológica dada, del tipo de «o está usted con nosotros, o con los rusos». No importa cómo se diga, no importa cuánto se haga al respecto, a mucha gente le cuesta ver que haya otra posibilidad.

SIT.: ¿Mencionó usted alguna vez precisamente a las asambleas?

B.R.: Naturalmente, en Notes on Anarchism.

Chomsky: Claro, y en El poder norteamericano y Los nuevos mandarines uno de los grandes temas de discusión era el anarquismo español. Una de las principales razones que yo trataba de establecer allí era que el bolchevismo y el liberalismo norteamericano son básicamente manifestaciones de la misma cosa. Eso era algo abstracto y no creo que mucha gente supiera de lo que yo decía. Probablemente no lo hice bien, pero yo no estaba de ninguna manera solo en eso. Mucha gente estaba Intentando lo mismo. Pero es difícil combatir la suposición dominante de que o se es comunista, lo que significa apologista de los rusos, o se es partidario del imperialismo norteamericano. Había una crítica más válida, la de que la Nueva Izquierda sí idealizó de modo bastante tonto a Cuba, China y Vietnam en particular. He visto a gente que regresaba de Vietnam diciendo cómo los vietnamitas eran todo amor y ridiculeces por el estilo.

La cuestión de Vietnam

B.R.: Usted siempre argumentó, inclusive en su último libro, que el N. L. F. era independiente, no un títere de China, o de la U. R. S. S., o de cualquier otro. El año pasado, usted argumentó que el convenio que Kissinger firmó era, esencialmente, el programa del enemigo. En vista del vagabundeo mundial de Kissinger, y de lo que todos dicen con relación a una solución fraguada por las superpotencias y con la presión de China y Rusia sobre la República Democrática de Vietnam para frustrar cualquier ofensiva desatada por el N. L. F., ¿es todavía posible, después del Tet, decir que el N. L. F. es una fuerza independiente, y que la República Democrática de Vietnam es independiente, ya sea de China o de la Unión Soviética?

Chomsky: No creo que el vagabundeo mundial de Kissinger, o sus planes globales, hayan tenido realmente ningún efecto sobre lo que pasó en Vietnam, aunque lo intentó. Por diversas razones: principalmente, porque ni los rusos ni los chinos estuvieron nunca muy entusiasmados con el comunismo vietnamita, y no necesitaban a Kissinger para que los hiciera menos entusiastas de lo que probablemente ya estaban dispuestos a ser.

B.R.: ¿Por qué piensa usted que fue así?

Chomsky: En el caso de China, en parte porque pienso que China no quiere ver junto a sus fronteras sociedades independientes y fuertes. Y una Indochina bajo el comunismo, dominada por los vietnamitas, bueno, representaría una fuerza importante y muy independiente, que no tendría utilidad para China y que seguiría su propio camino. Y los chinos no están interesados en eso. Es, más o menos, la misma razón por la que Stalin se opuso a los comunistas griegos: no quería ver una federación comunista balcánica. Esta es, básicamente, política de gran potencia. No importaba si eran comunistas, fascistas, o cualquier otra cosa, si eran fuertes, independientes y con apoyo popular. Por lo que se refiere a los rusos, pienso que están aterrorizados en parte por los elementos liberales del comunismo indochino que están allí a pesar del autoritarismo. Este tipo de cosas asusta a los rusos, y por razones obvias. Muy aparte de esto, los rusos son muy racistas, y pienso que en esa actitud hay implícita una gran cantidad de odio racial. Pero el punto principal, por lo que se refiere a los rusos, es que su política internacional siempre consistió en buscar lo que ellos llaman «detente», y eso significa subordinación a los Estados Unidos. Lo que quieren, por lo que yo veo, es ser aceptados dentro del sistema norteamericano como una especie de socio «junior»: ellos hacen su trabajo, nosotros no los molestamos, etc. Por eso, el apoyo al nacionalismo vietnamita es inconsistente. No podían negarse a darlo, porque entonces hubieran perdido toda la confianza internacional, la del tercer mundo, o la que sea, y esto también les interesa como posibilidad de influencia y con propósitos de poder. Pero sin embargo, pienso que ése es un aspecto fundamental de su política, y no se necesitó convencerlos mucho para hacerlos seguir ese rumbo. Pero pienso que sólo han tenido efectos marginales sobre los asuntos de Indochina, simplemente porque allí no tienen tanta influencia. Sin embargo, ustedes tiene razón, cuando preguntan si el N. L. F. dejó de ser independiente por la época del Tet, o algo parecido. Pero esto no tendría nada que ver con China o con Rusia, sino con el buen éxito de la ofensiva norteamericana. La guerra norteamericana iba realmente contra Vietnam del Sur; el otro asunto era una pantalla. Y la guerra contra Vietnam del Sur tuvo éxito en un cierto sentido. Es decir, destruyó en gran parte esa sociedad, y dado que el N. L. F. era una fuerza social arraigada en esa sociedad, al destruir esa sociedad pienso que los Estados Unidos minaron al movimiento. Creo que parte del propósito de la guerra era forzar al N. L. F. a la dependencia del exterior, de manera que no pudiera ser un movimiento auténticamente sudvietnamita. Por la misma razón, los Estados Unidos trataron de conducir a China a las manos de Rusia.

B.R.: ¿Qué piensa usted de una decisión como esa?

Chomsky: ¿Dice usted por parte de los Estados Unidos?

B.R.: Sí, en términos de la estrategia que se expresaría así: «Lo que queremos esforzar al N. L. F. a una estrecha asociación con el norte, a fin de desacreditarlos».

Chomsky: Sí, esto es duro de decir. Supongo que la gente más sutil tenía conciencia de ello. Los escritores mercenarios habituales hicieron probablemente ese trabajo en una especie de forma refleja. Se creyeron probablemente su propia propaganda. Es decir, desde el comienzo la propaganda consistió en hablar de agentes del norte. Y los del tipo Bundy probablemente la creyeron, y actuaron de acuerdo con ella. Pero, alguna gente debe haber sabido lo que estaba pasando, bajo la superficie. Tomen a alguien como Robert Perlman, el tipo que dirigió los
programas de pacificación, que es un verdadero tecnócrata, es decir, un verdadero tecnócrata brutal y que lo dijo muy abiertamente: «Vean, ninguno de nuestros programas es muy efectivo, pero los vamos a triturar por simples peso y masa», o algo por el estilo… Y esa es la cosa.

B.R.: ¿Cuánta influencia tienen sobre la política tipos como Pool, que defendió cosas semejantes: la destrucción del campo, bombardeos de saturación, campos concentracionarios?

Chomsky: Eso es verdaderamente difícil de saber. Sospecho que toda esa gente como Pool, Huntington y el resto, eran apenas ideólogos periféricos; gente que, más o menos, veía lo que pasaba y trataba de dorar un poco la píldora.

B.R.: Por ejemplo, los de un instituto de investigación como el Center for International Studies», ¿son ideólogos para dorar la píldora, o efectivamente tienen una influencia sobre la política?

Chomsky: Es difícil de juzgar, pero yo no puedo creer que esa gente haya tenido nunca mucho que ver con nada. Querían hacerlo, creo, pero dudo de que lo hayan logrado. No creo que Huntington entienda, ni siquiera hoy, por qué la gente se molestó tanto por lo que escribió. Yo, por ejemplo, probablemente su crítico principal, simplemente dije: «Vean lo que el tipo está diciendo», y cité largos pasajes. Y él no entendió, y dijo: «Bueno, ¿y qué?», es decir, «¿por qué tanto escándalo con esto, qué es lo que no va?»

Los nuevos dirigentes

B.R.: Ha habido mucha relación entre la universidad y los militares. Kissinger fue sacado de Harvard, y ahí estaba esa cosa, la «Foreign Affairs Association», a la que pertenecía mucha gente universitaria, que aparentemente sí estuvo relacionada con el gobierno. ¿Actúa Nixon en forma independiente de la intelligentsia liberal del Noreste, o simplemente la descarta?

Chomsky: No, pienso que hay una especie de sistema de filtro, a pesar de que una parte muy sustancial de la intelligentsia liberal, aspira al empleo gubernamental. Son nuestros bolcheviques. Pero, naturalmente, sólo se colocan los que tienen la ideología y los compromisos adecuados. Cuando Kennedy busca a un historiador para adornar su administración escoge a Arthur Schlesinger y no a Barrington Moore. Porque aquél dice las cosas adecuadas, cree en las cosas adecuadas. Así es el negocio. Lo mismo pasa aquí; si un tipo como Kissinger quiere ganar poder, propondrá la clase de política internacional que es aceptable para la gente que dirige la sociedad, pero haciendo ver como que él está determinando las cosas. Se puede saber cuánto está determinando Kissinger la política, haciéndose esta pregunta: ¿Qué sucedería si Kissinger presentara una propuesta que fuera contra los intereses de la clase dirigente norteamericana? Estaría enseñando historia en el Tecnológico de Georgia o algo parecido.

B.R.: Parece ser un hábil tecnócrata, un yes-man.

Chomsky: Se las arregla para articular y formular políticas que representan, en gran parte, los intereses de los grupos de la clase dirigente, y por eso éstos lo convierten en un manipulador.

B.R.: Entonces el problema está en cómo se hace la política. Porque Vietnam y Watergate han sacado a la luz una cantidad de cosas, y está toda esa imagen del cowboy yanqui y todo lo demás. ¿Cómo piensa usted que se toman las decisiones? Es decir, se toman claramente para fortalecer al sistema capitalista, pero también parece haber competencia, y yo no puedo aceptar el mecánico punto de vista leninista de que el Estado es simplemente el comité ejecutivo de la clase capitalista.

Chomsky: Algo hay de eso.

B.R.: Sí, pero debe ser más conflictivo.

Chomsky: Debe ser, porque la clase dirigente misma tiene conflictos internos y, hay una especie de dinámica que condujo a que la «Interstate Commerce Commission» fuera adquirida por los ferrocarriles. Aquellos elementos de la clase dirigente, que tienen intereses particulares en una u otra esfera de la actividad gubernamental, tenderán probablemente a dominarla. Lo que hagan, podrá estar en conflicto con los intereses de clase de otros, pero los otros no se preocupan tanto y lo dejan pasar. Y pienso que, en gran parte, lo mismo sucede con la política exterior. Hay algunos elementos de la clase dirigente, es decir, los abogados corporativos, que tratan con corporaciones multinacionales y, por lo tanto, representan un tipo de interés general, en una economía libre, internacional, global, y esas cosas. Estas son las gentes que trataron, y tuvieron éxito en ello, de tomar posiciones donde se toman decisiones, en el sistema político del extranjero, exactamente en la misma forma en que los ferrocarriles tratarán de adueñarse de la I. C. C. (Cámara de Comercio Internacional), o cualquier otro centro de poder tratará de adueñarse de la estructura gubernamental que lo regula. Naturalmente, esto significa que a menudo estarán haciendo cosas que son dañinas para otros elementos del sistema corporativo que no se preocupan mucho por ello, y sufren marginalmente. A veces esto puede desembocar en conflictos reales. Conflictos serios. Pero todavía, con todo lo expresado, me parece a mí que no es desleal hablar del ejecutivo estatal como simplemente una rama de la clase dirigente, que está gobernando esa estructura centralizada.

B.R.: Pensé que era importante, porque si usted ve al Estado simplemente como un órgano de clase, entonces la dictadura del proletariado como un órgano de clase se hace factible, pero sí usted ve que, particularmente en la sociedad moderna, el gobierno es el treinta por ciento de la economía, la más grande corporación y el mayor empleador, etc., entonces algo es aquí diferente, y el Estado es mucho más que simplemente el comité ejecutivo de la clase dirigente. En realidad, tiene sus propios intereses.

Chomsky: Sí, tiene sus propios intereses independientes, y creo que por ejemplo, es posible verlo en alguna medida en algunas directivas particulares que toma el capitalismo de Estado. Parte del ímpetu del capitalismo de Estado hacia la militarización tiene que ver con intereses especiales que se han desarrollado dentro de ese sector mismo; y precisamente han logrado obtener mucho poder de decisión. En esto, Seymour Melman, a pesar de que no acepto completamente su análisis, me parece que ha encontrado algo, cuando dice que hay un sistema administrativo parcialmente independiente, en la estructura total del Pentágono, que simplemente tiene a su disposición tremendas disponibilidades. Y aunque, naturalmente, la verdadera clase dirigente lo liquidaría en cualquier momento, por el simple expediente de retirarle sus recursos, sin embargo eso no es lo que sucede, debido a su interpenetración con ella, etc.

B.R.: Corren muchos comentarios sobre un golpe militar, el fascismo, etc… Parece que, a pesar de que los militares tienen tremendas ligas con la industria de la defensa y otras, en realidad podrían tener intereses propios, un interés ideológico o lo que sea, que pudiera coincidir con ciertos segmentos de la clase dirigente. Pero uno sospecha, al ver en operación al fascismo, que hay dentro de él elementos independientes que pueden dominar las actividades, y que en realidad no son necesariamente elementos comerciales.

Chomsky: Pueden, pero yo pienso que los antecedentes apoyan muy bien el punto de vista de que el fascismo es el último recurso de las clases dirigentes cuando ya no pueden mantener de otra forma sus privilegios. Y ésa es la razón por la cual yo no esperaría que eso sucediera en los Estados Unidos, por lo menos en un plazo breve.

SIT.: Usted percibe los peligros de considerar al fascismo en términos estrechos. Es decir, toda la mass psychology, de Reich, era un intento de señalarles a los leninoides de esa época que encasillar al fascismo en esos términos era demasiado fácil. 0 sea que ello tiene que ver con un estructura autoritaria del carácter, con gente criada desde la infancia en familias dominadas por el padre, la Iglesia, la totalidad del complejo de instituciones que preparan a la vida adulta. Es decir, la conciencia de la gente, los motivos de cálculo, el hombre económico, y el subconsciente del pueblo. ¿Entonces qué papel tenían las bandas en marcha y todo el llamado machista, que hacía que la gente tuviera orgasmos colectivos en las reuniones de Nuremberg? Obviamente, la cosa iba hacia algo más profundo en la psique del pueblo.

Chomsky: Sí, no estoy en desacuerdo con eso, pero estos mismos factores de estructura de la personalidad, estructura de la familia, etc., son igualmente verdaderos en los períodos prefascistas. Y yo creo que es correcto decir que son factores que pueden ser fácilmente explotados por una organización fascista, o por una llamada organización comunista, o por cualquier organización tendiente a movilizar a las masas. En realidad, en cierta medida, toda la mística de Kennedy apelaba, en un nivel más bajo, a ese tipo de cosas, y había elementos de ello en el New Dwal. Pero, el problema, ¿cuándo recurrirá la clase dirigente a tales métodos, cuándo tratarán de hacer un llamamiento semejante, a esas corrientes del autoritarismo en la familia y en la personalidad? En rasgos generales, pienso que lo harán cuando ello constituya el último recurso para la preservación de sus privilegios. Y que hay para ello una buena razón que tiene que ver con la naturaleza del capitalismo como tal. Es cierto que nosotros no tenemos realmente un capitalismo, sino una variante de él. Pero en su forma ideal, a la que nos aproximamos en cierta medida, el capitalismo es básicamente un sistema donde todo está a la venta, y más se puede obtener cuanto más dinero se tenga. En particular, esto es cierto con respecto a la libertad. La libertad es una de las mercancías que está a la venta; si usted es rico, puede comprar tal cantidad de libertad. Por ejemplo, si usted tiene dificultades con la ley. Y por esa razón tiene mucho sentido, si se acepta el sistema capitalista, tratar de acumular propiedades, no simplemente porque se desea el bienestar material, sino porque eso garantiza la libertad. Se puede acumular esa mercancía. 0 sea que esto significa que, totalmente aparte del simple bienestar material, inclusive de la necesidad de libertad, etc., dichas necesidades en cierta medida se satisfacen si se tiene suficiente riqueza y poder para comprar sus soluciones en esa especie de mercado libre. Y esto significa, que la defensa de las instituciones libres, estará en gran parte en las manos de aquellos que se benefician de las mismas, es decir, los ricos y los poderosos. Ellos pueden comprar esa mercancía y, por lo tanto,
quieren que existan esas instituciones, como por ejemplo la prensa libre, y todo eso, Pero, esto es verdad hasta cierto punto. Si resulta que tales instituciones libres comienzan a golpear sus privilegios entonces, naturalmente, cambiarán las reglas del juego. Como, por ejemplo, sucedió en el caso evidente de Chile. La clase capitalista defiende la libertad de prensa, o lo que así se llame, y la libertad del sistema legal, porque es la beneficiaria de ellos, pero solamente mientras son una especie de esfuerzo por redistribuir el privilegio.

La actitud anarquista

B.R.: Esto presenta la cuestión de cuál debería ser la actitud anarquista hacia una forma transicional, y de cuán profundamente debería entrar en la política, porque es muy tramposo, en este país, distinguir entre genuinas descentralizaciones de poder, que presumiblemente nosotro apoyaríamos, y descentralizaciones de poder que simplemente hacen más poderosa y eficiente en su represión a la estructura total.

Chomsky: Sí, este es un problema muy serio y ustedes deben enfrentarlo concretamente en cada circunstancia. Ahora mismo, el caso del impeachtment viene a cuento.

B.R.: Es cierto.

Chomsky: Yo soy muy escéptico con respecto al compromiso radical en cualquiera de estas cosas del impeachment. Me parece que tienden a contribuir a la mistificación de la presidencia. Ustedes están en lo cierto, cuando dicen que Nixon es un bandido y un hijo de puta, y que hay que echarlo. Pero que la izquierda contribuya a la creencia de que eso va a traer cambios sustanciales, es simplemente añadir argumentos a la creencia de que el presidente es alguna especie de Dios o Rey, y que sólo necesitamos tener al dios adecuado. Algunas de las cosas que surgieron son realmente graves. Por ejemplo, recibí una cosa del «Emergency Civil Liberties Committee», que es realmente una buena partida de gente, la gente que se encarga de todos los casos difíciles que la A. C. L. U. (Unión Americana de Libertades Civiles) no tocaría, etc. Pero ellos tenían esa petición y, bueno, yo generalmente firmo todo lo que viene, pero eso era tan malo que yo simplemente no pude firmarlo. Decía que debíamos hacerle enjuiciar políticamente al presidente, porque esa es la única manera de restaurar la dignidad de la presidencia y de reconstruir nuestro honor nacional. Esa posición contribuía a la peor clase de creencias, es decir, a las razones por las cuales la élite corporativa inteligente quiere librarse de Nixon: porque ha manchado esas razones, precisamente. Es difícil reverenciar a un presidente cuando este roba a todo el mundo para construir algo en San Clemente. Si quieren sacar a ese tipo de allí, es porque está perjudicando a la ideología.

B.R.: ¿Cómo ve usted, entonces, el proceso de descentralización? ¿Tiene usted una perspectiva del mismo? ¿Es apocalíptico, gradual?

Chomsky: En principio, es verdad que ustedes tienen que construir de alguna forma las organizaciones del futuro en la sociedad presente. La gente tiene que tener un cuadro de cómo manejará a su comunidad, o industria, o lo que sea, y tiene que luchar para hacerlo, en la medida que pueda. Al mismo tiempo, supongo que, en un cierto punto, la clase dirigente simplemente contestará con la fuerza, y como tiene que haber una defensa contra esa fuerza, eso probablemente signifique revolución violenta. No me sorprendería que eso fuera inevitable en una cierta etapa, simplemente a fin de resistir a la fuerza que permanece en las manos de los privilegiados, los que en Chile o en cualquier otro lugar, atacarán a todo tipo de institución libre que comience a quitarles sus privilegios.

B.R.: Usted incluyó un capítulo sobre los límites de la desobediencia civil en su último libro, For Reasons of State. ¿Piensa que nosotros tenemos que ir definitivamente más allá de ese tipo de cosas?

Chomsky: Allí hablaba de los Berrigan. Yo pienso que lo que hacen es verdaderamente importante y les tengo mucho respeto, pero esa acción tiene una significación social muy estrecha.
Es precisamente útil en un caso como el de la guerra de Vietnam, cuando hay un tipo de intereses de la clase dirigente que serán llevados adelante si los costos no son muy elevados en casa, y cuando una gran parte de la población encuentra que eso no está bien. En esa combinación de circunstancias, la desobediencia civil puede ser efectiva. Puede ser una manera de movilizar a esa gran parte de la población que ve que no está bien elevar el costo; movilizarla hasta un punto en que los dirigentes de la sociedad decidan que ya no vale la pena. Esto es útil, muy valiente, y lo apoyo por completo, pero no tiene virtualmente nada que ver con el cambio social, según yo lo entiendo.

La resistencia al Estado-Policía

B.R.: ¿Quiere usted hacer algunas sugerencias, con respecto a la organización necesaria, o comentarios sobre qué tipos de estratega podrían resistir efectivamente al moderno estado policíaco tecnológico, que hasta el momento parece haber resistido a todos los ataques?

Chomsky: Las técnicas de vigilancia y de control que se están desarrollando, son una cosa muy seria. Creo que nosotros simplemente tenemos que intentar organizar a la gente en grupos para que destrocen las cámaras pesquisitivas de televisión, y organizar a los técnicos para que interrumpan ese mecanismo. Alguien me contó un artículo de la National Review, escrito por un tipo llamado Miles Copeland, que era, quizá todavía es, agente de la C. I. A. El artículo trataba de la vigilancia doméstica y de qué amplitud está tomando. Aparentemente, James Buckley introdujo una especie de proyecto de ley que proponía una categoría especial de gente a la que se le permitiera obtener informaciones de cualquier fuente, «y dado que estas personas son muy respetables, podríamos estar seguros de que no harían nada malo con tal información», etc.

B.R.: Sorprende la poca resistencia popular que ha habido contra esto. Chomsky: No hay mucha conciencia de ello. En realidad, el tipo de conciencia que se está formando nace de los lugares más curiosos. Muchos periódicos de izquierda, reciben cartas de presidiarios, cartas realmente interesantes sobre la situación que hay en las prisiones. De allí es de donde se debería esperar eso en primer lugar, en instituciones de control total, como prisiones y escuelas. Allí es donde se ve en primer lugar la modificación de la conducta… las drogas.

B.R.: Los electrodos en el cerebro…

Chomsky: La psicocirugía… A propósito, vamos a tener una gran reunión aquí el viernes, para tratar por lo menos de obtener alguna información sobre este tipo de cosas, y ver si no hay algo que pueda hacer esta clase de gente técnicamente orientada, simplemente como un servicio, como una defensa de las comunidades contra este tipo de intrusión y operación. Este es un paso concreto, en el que ustedes pueden ver el comienzo de una forma de relacionar el interés inmediato de una comunidad, con el interés inmediato de los técnicos del M. I. T., por ejemplo.

B.R.: Oí decir que el M. I. T. está transmitiendo uno de los proyectos de construcción de esta zona con cable de televisión libre de cargo. No puedo imaginar cómo pueden llegar a tales extremos de generosidad.

Chomsky: Circuló una historia, con respecto a que los cables de televisión tienen una capacidad de dos vías.

B.R.: Tienen posibilidades de control por encima de la vigilancia. Permiten una programación mucho más selectiva en términos de propaganda. Se puede diseñar un conjunto de programación para proyectos de construcción, otro para los barrios suburbanos, especializando y refinando con ello la entrada de la propaganda.

Chomsky: Conozco a mucha gente de la izquierda interesada en los medios de comunicación que creía que había un gran número de oportunidades en ese asunto del cable de televisión. Pero resultaría tan voraz…

B.R.: Me parece que lo que sucede es que el llamado acceso libre, o acceso abierto, empieza a ser reconocido como un dispositivo ilusorio de relaciones públicas, utilizado por las corporaciones cablegráficas para obtener franquicias en pueblos y comunidades. Dado que los grupos de comunidad en realidad no poseen u operan los sistemas de televisión, tan pronto como presentan alguna controversia, se les posterga.

Chomsky: ¿Quién maneja este asunto? ¿Es algo corporativo?

B.R.: Los F. C. C. (Comisión Federal de Comunicaciones) han diseñado ciertas reglas de libre acceso, pero son muy vagas, ahora mismo, se encuentran en la ciudad de Nueva York, en proceso de definición, y en su mayor parte se Las define en términos restrictivos. Por lo que se refiere a propiedad al control último, y control probable por parte de los F. C. C., se trata básicamente de la misma gente que posee todo lo demás: Sylvania, Hughes Aircraft, y AT & T. Todos están muy metidos en la industria del cable. Pienso que una cantidad de grupos radícales que trataron de obtener cable de televisión cuando apareció por primera vez, tuvieron hacia él una actitud de manipulación, encarándolo en términos tradicionales de estructura del poder, como una oportunidad de darte una apariencia vistosa y engañosa a la revolución, o para hacerse publicidad.

Determinismo y conductismo

B.R.: ¿Podría hacer una pregunta filosófica? Me pregunto por qué simpatiza usted mucho más con el determinismo económico de Marx, que digamos, con la teoría conductista de Skinner, que es otra forma de determinismo.

Chomsky: Yo no leo a Marx como un determinista económico. Él explicaba cómo los modelos de elección están influidos por intereses materiales y por otros intereses definidos en términos de clase; hablaba de la significación de las relaciones de producción en la definición de las clases, y cuáles deberían ser. Y todo eso estaba bien. Marx identificaba factores cruciales que tienen un papel en la acción social, en una sociedad de clases, pero esto no necesariamente es determinista. Ahora, en cuanto a Skinner, simplemente pienso que se trata de un fraude, que está vacío. Aunque es un fraude interesante. Hay aquí dos niveles de discusión. Uno es puramente intelectual: ¿A qué altura llega? Y la respuesta es cero, zitch… Es decir, no hay allí más que principios triviales, si hay principios.

B.R.: En Skinner, no en Marx.

Chomsky: Sí, en Skinner. Ahora la otra cuestión es, ¿por qué tanto interés en ello? Y aquí me parece que la respuesta es obvia. Es decir, la metodología que sugieren es conocida de todo buen guardia de prisión o interrogador policíaco. Pero, ellos la hacen aparecer benigna y científica, etc.; en cierta manera, doran un poco la píldora, y por dicha razón es muy valiosa para ellos. Yo pienso que estas dos cosas tienen que denunciarse. Usted se pregunta: ¿esto es ciencia? No, es un fraude. Y entonces se pregunta ¿qué interés hay en ello? Respuesta: el interés está en que le dice a cualquier carcelero de un campo de concentración que puede obedecer a sus instintos y al mismo tiempo pretender que es un científico. Y que eso es bueno, porque la ciencia es buena, o neutral, etc. Lo que sí proporciona, es una especie de manto de neutralidad a la opresión y al control; el mismo tipo de manto con el que la intelligentsia liberal cubrió la dominación imperialista. Trataron de hacerlo parecer como una especie de ejercicio de pragmatismo, y de resolución de problemas, y por tanto perfectamente neutral. En realidad, es interesante… Yo he citado decenas de veces observaciones de algunos de esos especialistas de la contrainsurgencia, que pretenden decir: «Miren, es como la física; ciertas entradas, ciertas salidas. Totalmente neutral desde el punto de vista ético. Simplemente, es cosa de resolver algunos problemas. Solamente alguna clase de moralista loco se preocuparía por ello». Bueno, esa es la contribución conductista: tomar las técnicas estándar de control, opresión y coerción, y tratar de hacerlas «desaparecer», de aislarlas de la crítica y del conocimiento, mediante su asimilación y la ciencia. Eso no tiene nada que ver con Marx.

B.R.: Siento que hay quizá una analogía entre decir que una clase de gente hará ciertas cosas bajo ciertas condiciones económicas, como por ejemplo sí la clase dirigente se ve realmente
amenazada, hará uso de la violencia para defenderse, y la afición de Skinner de que sí se utilizan ciertos aparatos de reforzamiento de la conducta, un individuo está obligado a…

Chomsky: Es eso de «está obligado a» lo que resulta significativo. Si usted dice «tiende a», entonces naturalmente es cierto. Es decir, usted puede muy bien generalizar sobre lo que la gente tiende a hacer bajo ciertas circunstancias. 0 sea, usted tiende a ir a la playa cuando se eleva la temperatura, no cuando desciende.

B.R.: Pero eso no es una ley.

Chomsky: Exacto, en primer lugar no es una ley, uno tiene en ello un control individual. Y no hay necesidad de acudir a los científicos para descubrir nada sobre los principios mismos de la tendencia..

B.R.: Pero ¿diría usted que en ciertas situaciones, la clase dirigente podría, digamos por razones morales, hacer donación voluntaria de sus privilegios?

Chomsky: Eso es concebible, pero no pienso que haya ninguna razón para creer que tal cosa sucederá. Marx mismo especuló con esa posibilidad en Inglaterra. Y podría ser; imagino que un país como Suecia, por ejemplo, que es una especie de chistosa mezcla de cosas (y no es que sepa mucho sobre Suecia), si no fuera por presiones exteriores, el deterioro dirigente, podría llegar a un punto en que simplemente no tendría defensa efectiva, ya fuera física o moral. Es decir, tendrían que convencerse a sí mismos de que era justo lo que hacían. Poca gente puede actuar si no se convence de ello. Naturalmente, no sucedería en Suecia porque sería conquistada, o algo así. Pero aparte de eso, tal caso hipotético describe una evolución, una especie de deterioro moral, de deterioro del poder, por parte de los grupos de la clase dirigente, que podría hacerlos renunciar, o negarse a luchar por sus privilegios, o algo por el estilo.

Positivismo

B.R.: Usted escribió mucho sobre la mentalidad tecnócrata de los planificadores de Vietnam, etc., que siempre están trabajando dentro de ciertos esquemas, que no cuestionan nunca. ¿Cómo podría encajar esto en la tendencia de Occidente, o por lo menos de la sociedad anglonorteamericana, hacía el positivismo? Es decir, puedo ver cómo, por ejemplo, los soviéticos y los alemanes pudieron usar el hegelismo. Pero parece que en Occidente hay una tendencia positivista, que tiende a excluir toda moral como pura subjetividad. ¿Cómo puede encajar esto en esa mentalidad?

Chomsky: El positivismo no tiene nada que ver con la ciencia o algo similar; tiene que ver con el capitalismo. Tiene que ver con la resolución de problemas técnicos en interés de quien quiera que plantee tales problemas, y determine cuáles son las soluciones adecuadas. No hay nada equivocado en esto. Si, supongamos, tuviéramos una comunidad que controlara sus propias organizaciones o industrias locales, o lo que fuera, y quisiera que un cierto tipo de problema se resolviera bien, el problema en cuestión sería resuelto de la manera que llenara mejor tales condiciones. La utilidad ideológica de este tipo de pragmatismo fue contribuir a la creencia de que no hay en ello nada ideológico, de que es simplemente neutral y científico, que no refleja ni el privilegio ni el poder. Naturalmente todo eso es basura. Y para establecerlo fue elevado a la categoría de ideología universal, en la misma forma en que, por ejemplo, la ideología burguesa fue elevada a ideología universal hace algunos siglos. Todo el final del debate sobre la ideología es muy divertido a este respecto, porque muchos de los exponentes que criticaban correctamente ideologías anteriores, señalando que en realidad universalizaban intereses particulares, terminaban diciendo: nosotros simplemente resolvemos problemas, técnicamente, y no tenemos ningún tipo de ideología. Era volver a hacer exactamente lo mismo que ellos mismos habían criticado a los de la generación anterior. La creencia de que están simplemente resolviendo problemas aparece como una tontería, cuando uno se da cuenta de quién establece las condiciones de una solución aceptable, quien define los problemas, quién estará en condiciones de hacer uso de las soluciones que se obtengan, quién rechazará las que no le gustan, etc.

B.R.: Este es un problema que siempre me fascinó. Es decir, que la filosofía puede definir mucho, y limitar una cantidad de elecciones. Yo no estoy seguro de que exista una filosofía revolucionaria, pero no logro ver que algo progresista, cualquier tipo de cosa liberal sucia del positivismo. Simplemente, me parece que las excluye totalmente. Toda la cosa de que las elecciones morales son puramente subjetivas.

Chomsky: Bueno, no estoy seguro de ello.

B.R.: Gran parte de la mentalidad de «The Backroom Boys», etc., parecía reflejar esto.

Chomsky: No creo que sea leal echarle la culpa a los positivistas. Estos eran, en su mayor parte, más o menos liberales y socialistas, es decir, que sentían que era posible, mediante la aplicación de la razón, alcanzar metas humanamente deseables. Tomemos a alguien como Bertrand Russell. Siempre estuvo de acuerdo, básicamente, con Hume, en el sentido de que la razón es la esclava de la pasión, es decir, sólo se tiene que decidir qué tipo de cosas se quiere, por la razón que sea, y se usa la inteligencia para tratar de lograrlas. 0 a Rudolf Carnap, qu era un positivista par excellence, y que sin embargo era un valiente liberal y luchador por los derechos civiles, y fue de los primeros en oponerse a la guerra de Vietnam. Y tal actitud es perfectamente coherente con su creencia de que no se puede dar una justificación científica a los juicios de valor, que muy bien puede ser verdad. El hecho es que tipos como los del estilo de Bundy, más tarde hicieron uso de ese esquema y de esa terminología, y los distorsionaron para convertirlos en un instrumento de dominio de clase, y esto ya es otra cosa.

B.R.: Yo no me refería a personas, sino más bien a una tendencia del pensamiento.

Chomsky: Bueno, en la medida en que tiende a poner de lado los juicios de valor, o cuestiones de elecciones y de dónde vienen, etc., el positivismo puede tener un efecto muy reaccionario. Pero eso no es inherente al positivismo; es inherente a una distorsión del mismo.

Actualidad del Anarquismo

B.R.: El anarquismo es criticado a menudo por ser utópico e incapaz de manejar situaciones prácticas complicadas. Una de las situaciones más complejas de la actualidad es la del Medio Oriente.

Chomsky: Pienso que ése es un ejemplo perfecto de la utilidad del anarquismo. Lo que hay en el Medio Oriente es un ejemplo casi clásico del absurdo total de un pueblo que se organiza en sistemas de Estado. Es decir, ¿qué ganan los judíos de Israel, como seres humanos, con identificarse como el grupo dirigente en un Estado judío? El único efecto de tal decisión es destructivo para ellos mismos. Examinemos el surgimiento de todo el control teocrático en Israel. Eso no tiene, en lo absoluto, nada que ver con las raíces del judaísmo, nunca existió. Es el reflejo del establecimiento de un sistema de Estado. Y para la gente del país es terriblemente opresivo. Muchos de ellos no son religiosos; no quieren ningún tipo de tontería semejante. Pero están unidos a ello, desde el momento en que insisten en que haya un sistema de Estado que se distinga de alguna forma de todos los demás. Bueno, ¿en qué manera se distingue? Por una especie de ideología que tiene que ser creada. Obviamente, va a ser teocrática. Y esto significa interferencias de toda clase en la vida diaria de cada uno, como por ejemplo, que no lo van a dejar casarse cuando le dé la gana. De manera que, aparte de que estorba los obvios intereses comunes entre, digamos, los obreros palestinos y judíos, o los intelectuales, o cualquiera, aparte de que conduce a guerras interminables y finalizará probablemente con la destrucción de ambos bandos, aparte de todo eso, precisamente en sus vidas diarias resulta opresivo y destructor, tanto para aquellos que ganan como para aquellos que pierden. Es decir, no podría haber un ejemplo más dramático de lo absurdo de pueblos que se organizan en
sistemas de Estado, para propósitos de mutua destrucción. Y hasta que eso no se supere, no hay allí esperanza.

B.R.: ¿Tiene usted un proyecto para una solución liberal?

Chomsky: Sí, pienso que allí la única solución, tiene que ser desarrollar un interés común a judíos y árabes que trascendiera al conflicto nacional. Y tal interés común existe; por ejemplo,
construir una sociedad socialista liberal. Si se quieren identificar nacionalmente en ese tipo de sociedad, muy bien. Yo no veo mucho interés en ello, pero si eso es lo que la gente quiere, muy bien, esa es su elección. No hay razón por la cual no se pueda tener instituciones nacionales, inclusive que existan lado a lado, y que la gente escoja identificarse de una u otra manera, si eso es lo que el pueblo quiere. Y también tendría que dejar una opción para gente que no lo quisiera, que no quisiera ser parte de uno u otro de aquellos sistemas. Y esto es perfectamente factible, es decir, se podría hacer. Me parece que realmente la única esperanza para los pueblos de esa región es ser capaces de construir ese tipo de compromiso socialista conjunto. Hubo una corriente temprana del movimiento sionista que insistió en ello. Y tenían la razón, en todo. Tenían razón en oponerse al Estado judío, y tienen la razón ahora.

B.R.: ¿Diría usted también que la crisis mundial de energéticos señala lo absurdo de un control nacional de recursos internacionales?

Chomsky: Aquí pienso que se debe ser muy cuidadoso, porque hay una línea de pensamiento que está surgiendo en los Estados Unidos que dice: ¿Por qué tendrían que tener para ellos solos, esos jeques locos, todos esos recursos?

B.R.: El próximo paso sería invadir.

Chomsky: Sí. En cambio no se preguntan: ¿por qué tendríamos que tener a la General Motors toda para nosotros, o por qué tendríamos que tener grano sólo para nosotros?

B.R.: El Globe acaba de publicar un editorial que dice que, sí no resolvemos pronto el problema, nos encontraremos a merced de una tropa de «jeques vestidos de sábana», lo que en vista de sus recientes comentarios sobre el racismo parece…

Chomsky: Estoy seguro de que vamos a oír muy pronto muchas frases por ese estilo.

B.R.: ¿Cree usted que contemplaremos también un crecimiento correspondiente del antisemitismo?

Chomsky: Sí. Si examina usted las elecciones que tuvimos en Lexington. El periódico local publicó, hace una o dos semanas, las primeras cartas antisemitas que he leído.

B.R.: ¿Con respecto a la campaña?

Chomsky: En realidad, lo que sucedió es que tienen una ceremonia en el Lexington Green, en Navidad, con la figura de Cristo, etc. Y mucha gente lo objetó arguyendo la separación entre la Iglesia y el Estado, etc. Y cada Navidad hay pelea por ese motivo. De modo que este año, las cartas en defensa de la ceremonia tenían un tono claramente antisemita, por lo menos un par de ellas; decían, «muy bien, se nos critica por hacer nuestra ceremonia en ese lugar, pero nos vamos a morir de frío por culpa de ustedes», y así por el estilo. Pero pienso que ambas cosas pueden ir lado a lado, es decir, el antisemitismo puede desarrollarse junto a los sentimientos racistas antiárabes. Y creo que eso es precisamente lo que va a suceder en este invierno.

B.R.: Ambos lados se señalan para el sacrificio.

Chomsky: Eso es exactamente lo que parece está sucediendo. Es decir, ellos mismos han trabajado para crear un sistema en el que son instrumentos de las superpotencias. Y todo sobre la base de un compromiso con un sistema de Estado. Este es todo el problema allí. No podrían representar un mejor argumento para el anarquismo.

B.R.: ¿Qué esperanza ve usted para el futuro? Es decir, mucha gente en el movimiento está deprimida en los últimos tiempos y ha dejado de actuar, incluso parece echar marcha atrás. Hemos tratado de enfrentar de alguna forma la situación. ¿Qué ve usted para el futuro?

Chomsky: El futuro me parece tan esperanzado como me parecía hace un par de años. Es decir, el movimiento de los últimos diez años tuvo mucha reacción. Reaccionó ante atrocidades
determinadas. Nunca fue muy estructural, nunca trató realmente con la sociedad, ni supo por qué debería cambiar. Por lo menos no en gran parte; pues hubo quienes sí lo hacían. Pero a mí me parece que ahora es el momento de tratar de reconstruir estructuras realmente populares, que no estén basadas en grupos periféricos, marginales, como los estudiantes, sino que surjan verdaderamente de comunidades vivientes, que continuarán, y que tienen una enorme necesidad de superar estructuras represivas.


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