LaNuevaGuerrillaUrbanaAnarquista1Un debate que apenas comienza…

Se escuchan muchas cosas y se escriben otras tantas. Consideramos que a pesar de todo el alboroto que han causado los conceptos anti-sociales, el nuevo nihilismo, el terrorismo anárquico y el anarcoindividualismo, los cuales constituyen las bases fundamentales de la nueva guerrilla urbana anarquista, continúan siendo muy vagos.

En el pasado, tanto de nuestra parte como también por parte de otrxs compañerxs, se han realizado bastantes intentos (comunicados, publicaciones, textos) tratando de describir y analizar los temas antes mencionados y de abrir un debate sobre estos tópicos. Un debate que creara espacio para una dialéctica anarquista viva y terminara con las conjeturas, presunciones, prejuicios y verborreas fáciles. Por lo que decidimos juntar todos estos intentos firmados como Conspiración y presentarlos como una propuesta completa e integra, analizando y poniendo sobre la mesa argumentos en torno a las diferentes formas del ataque contra el Poder, los métodos de afrontar al Estado, cómo trazar la estrategia, la selección de los objetivos y la organización de infraestructuras clandestinas; elementos que constituyen el enemigo interno capaz de derrumbar el sistema.

Escribiremos entonces sobre la teórica y práctica, difusión de la nueva guerrilla urbana anarquista. Consideramos que un semejante análisis y preparación palpable es indispensable. Muchos de los textos anarquistas suelen padecer de un vacío teórico. Un vacío de reflexión que deja completamente ignorada la fase práctica, abandonándola a una suerte de automatismo que, como por arte de magia, nos pone la revolución social a las puertas.

En este texto no encontrarán ninguna propuesta sobre “cómo nos imaginamos las cosas después de la revolución”, simplemente presentamos nuestras reflexiones sobre cómo podemos agudizar y organizar el ataque anarquista.

No es nuestro objetivo cansar a lxs lectorxs con un seco y pomposo discurso político, porque creemos que el lenguaje de unx guerrillerx urbanx anarquista puede ser sencillo y conciso, contestando a las cuestiones que nos ocupan cotidianamente. Estamos segurxs que las cosas más importantes siempre se dicen de la manera más simple.

Además, lo que escribimos en este texto es el resultado de los debates y experiencias que hemos ido acumulando al tomar parte en la insurrección permanente anarquista. En ningún caso se trata de alguna infalible fórmula de pensamiento ni tampoco de un manual de uso de la violencia anarquista.

Consideramos que la edición del folleto “La nueva guerrilla urbana anarquista” constituye un fragmento de una discusión más amplia que no termina con su lectura sino que, al contrario: comienza con ella…

La revolución del estomago, la demagogia política y la crítica anarquista

Para volvernos esenciales tenemos que penetrar las palabras y hablar sobre ellas. A la nueva guerrilla urbana anarquista no la hemos denominado “nueva” con la intención de hacer énfasis en la edad de las personas que la componen. La llamamos “nueva”, refiriéndonos a una nueva concepción, como algo diferente de lo que se ha dicho hasta ahora, como una mirada distinta de las cosas, que no quiere rasguñar únicamente la superficie sino llegar hasta el corazón mismo de la guerra contra el Poder.

Sin que seamos historiadorxs, intentaremos hacer una breve retrospección del pensamiento revolucionario.

Observando la marcha de la historia, frecuentemente nos topamos con violentos estallidos del pueblo contra los diferentes regímenes que lo han gobernado. Estallidos que a veces han sido ahogados en sangre a manos de los verdugos de la represión y otras, han derrumbado al Poder existente.

Todas estas incontables experiencias de rebeldía social continúan alimentando hasta el día de hoy el proceso histórico.

Sabemos que la vida social es el resultado de violentas trasformaciones que han sido configuradas al interior del torbellino de la guerra social, es decir, mediante el violento conflicto de intereses defendidos por las diferentes clases sociales.

La cuestión es que todas estas experiencias históricas de lucha que, por cierto, han influenciado nuestra manera de pensar, son parte integral de la historia de un mundo que constantemente sigue repitiéndose, un mundo que nosotrxs no aceptamos.

La aplastante mayoría de las revoluciones que tanto idealizan lxs comunistas, al igual que muchxs anarquistas, al momento de argumentar “lo ineludible que es la liberación social”, han sido guiadas por vanguardias revolucionarias con el objetivo de sustituir el Poder existente por el suyo propio. Respectivamente a los períodos históricos en que ocurrieron y a los sujetos que las llevaron a cabo, estos Poderes fueron luego bautizados como democráticos, dictaduras populares del proletariado o incluso “anarquistas” (con la participación de lxs anarquistas de la CNT en los ministerios del gobierno revolucionario en España en 1936), sin embargo siempre continuaron siendo la Autoridad que ha sido incubadora de futurxs opresorxs.

Naturalmente, sería ingenuo de nuestra parte enfrentar hoy a todas estas revoluciones con una “excomunión” universal, analizándolas desde el prisma de la “pureza ideológica anarquista”. Pero también sería demasiado “fácil” falsificarlas y decir que eran “nuestras revoluciones”, escogiendo sólo los momentos liberadores y la ruptura que produjeron y paralelamente, ocultando los momentos que gestaron a las nuevas Autoridades.

Es importante darnos cuenta que los estallidos sociales violentos no corresponden necesariamente a la demanda de liberarse del Poder.

En todo el mundo la mayoría de las revoluciones, incluyendo las religiosas o de liberación nacional, tienen una naturaleza económico-política y exigen violentamente la satisfacción de las demandas impuestas por su liderazgo de turno. Así, tarde o temprano, la mayoría de la gente se conforma con los ocasionales objetos materiales de intercambio que les ofrece el viejo o el nuevo Poder. Ninguna de esas revoluciones han sido por la destrucción del Poder o por la abolición del Estado.

Especialmente en los períodos de regímenes democráticos, las revueltas del estomago se agotan en demandas puramente económicas, llevando siempre impresa su fecha de caducidad y su aspiración a reciclaje, ya que en su mira sólo se encuentran los efectos de la degradación material y la corrupción del Poder y no la causa primaria que las produce, es decir el Poder en sí.

Nosotrxs, como anarquistas, muchas veces nos dejamos llevar por el alboroto que produce la rabia popular, sin importarnos mucho la falta de conciencia de las masas, lo que luego conduce al declive de las explosiones sociales y nos deja solxs en las calles, alzando la bandera de la revolución anarquista que, una vez más, no se realizó.

Por esto creemos que precisamos de algo nuevo. Una propuesta diferente, una posibilidad distinta, una perspectiva nueva. No sobre cómo desarrollar la insurrección anarquista, sino, por lo menos, sobre cómo podemos iniciarla.

Semejante cultura es lo que intentamos desarrollar al interior de los círculos de la nueva guerrilla urbana anarquista.

Los viejos análisis sociales y de clase se enfocan en la degradación económica, presumiendo que sus causas están en el sistema capitalista mismo. No obstante, lo que ignoran o no quieren admitir, es el hecho de que el Estado no es un obstáculo artificial que nos bloquea el camino hacia la libertad y que basta con deshacernos de él para conquistarla. Pero, ante todo, tenemos que expulsarlo de nuestro interior.

Al fin y al cabo, es más fácil esquivar todo lo que no nos gusta, argumentando que ello nos ha sido impuesto y no que es el producto de nuestra propia historia social.

Además, si el Poder es simplemente una grosera minoría de explotadorxs, opresorxs y asesinxs, entonces ¿cómo pudo imponerse por la fuerza sobre la aplastante mayoría del conjunto social? ¿Cómo pudo obtener su fuerza, constituir su ejército y su policía?

¿Quizás nació de la convicción social de que sí es necesario? ¿Tal vez surgió como propuesta de organización social? ¿Una propuesta que además encontró la aceptación social?

Por lo tanto, no creemos que el Estado sea un factor exterior que ha sido impuesto sobre la sociedad por un centro invisible del Poder, sino una condición que nació al interior de la propia sociedad.

Tenemos que darnos cuenta que la manera como vive la gente está moldeando la moral social, de la cual se conforma la realidad política. De ahí es de donde emergen los conceptos de Poder, de Estado y de propiedad que se institucionalizan consolidando su jerarquía que luego vuelve a sumergirse otra vez en la sociedad y así sella la manera de vida autoritaria. En pocas palabras, el Estado y la sociedad, a pesar de sus contrariedades, desarrollan una relación recíproca.

Por consiguiente, la formación del Estado y del Poder son conceptos interactivos con la sociedad y no ajenos a ella.

Hoy en día, particularmente con el estilo de vida moderno, el Poder no se limita exclusivamente a una elite oligárquica sino más bien es una fábrica social difusa que produce conductas, costumbres y percepciones. Es por esto, que el Poder en su forma actual no tiene la vieja apariencia piramidal, sino que está plasmada a través de un complejo de relaciones sociales.

Consideramos que la crítica anarquista dirigida contra lxs tiranxs que están por encima de nosotrxs es mucho más que un hecho dado. Es comprensible que la exprese todx aquel que posea un respeto elemental por sí mismx y tenga la clara conciencia de la situación. La forma de las instituciones actuales, lxs parlamentarixs, los partidos políticos y lxs periodistas a menudo se topan con el rechazo de una parte de la sociedad. Sin embargo, el contenido de las instituciones y el Poder mismo, siendo conceptos necesarios para la organización social de la vida, no se ven afectados por este rechazo. Es por esto que observamos que cada vez es mayor la cantidad de gente que protesta y estalla violentamente exigiendo que se saneen y se limpien las instituciones, pero que no desean que se elimine el Poder. Esto constituye una ineludible consecuencia de las tensiones sociales, que sí que desaprueban la gestión del poder político, pero siendo motivadas sola e únicamente por el aprieto de las condiciones materiales no profundizan ni llegan a la idea de que mientras que haya Poder, sea cual sea su representante, siempre habrá explotación.

Por lo tanto, la apuesta de la nueva guerrilla urbana es ejercer la crítica al estilo de vida moderno en general, cuya parte es la opresión económica y no al revés.

Requerimos una crítica anarquista frente a los valores sociales que rigen las relaciones humanas y dominan al interior de la sociedad a través de grandes y pequeñas representaciones del Poder, ya sea en la familia, en la escuela, en el trabajo, en el consumo, en las relaciones…

La guerra de clases es obsoleta

En este punto es necesario que hablemos sobre la sociedad y el individuo. Nos declaramos anti-sociales y nos hemos referido muchísimas veces a nuestra percepción sobre la sociedad. A pesar de eso, como podemos comprobar, en muchas de las bocas y oídos sigue la confusión, la cual produce unas distorsionadas obsesiones en torno de un elitismo revolucionario. Nosotrxs, de nuestra parte, insistiremos en golpear este malentendido.

Para comenzar, con el término “sociedad” en ningún caso definimos exclusivamente a un conjunto de la población. Describimos el marco mayoritario de las conductas sociales, de las tradiciones, de las morales y las costumbres, dentro de las cuales se hacen aceptables los procesos del Poder. Por ejemplo los conceptos de propiedad, patriotismo o de religión, constituyen valores sociales muy difundidos, profundamente enraizados en el “pueblo”, sin necesidad de imponerlos por las leyes y bajo la vigilancia del Estado.

Por cierto, la mayoría de la sociedad, además de que comparte la convicción común de la necesidad de que exista el Poder, al mismo tiempo está dividida en clases. Clases sociales que no están atrincheradas una contra otra como en los siglos pasados cuando prevalecía una exclusión física de los escalones superiores del Poder (forma piramidal basada en la procedencia y los derechos hereditarios), sino que se nos presentan como categorías de personas, determinadas por su fluyente posición en la producción y en su plano económico.  Por tanto, hoy en día la gente se encuentra en una movilidad de clase constante, causada por la estructura misma del sistema actual. La forma participativa del capitalismo y las (sean reales o imaginarias) oportunidades de ascenso profesional, están configurando una escala fluctuante, donde lxs pequeños-burgueses  pueden convertirse en jefes (por ejemplo lxs profesionales en hacerse fortuna por sí mismxs y carreristas) mientras que lxs jefes corren riesgo de decaer y convertirse en pequeños-burgueses  (quiebras de empresas, inversiones fracasadas, etc.).

Sin embargo, la fluctuante movilidad de clase no es un concepto que pueda ser entendido en los estrechos términos económico-materiales, sino, más bien, un vínculo imaginario que une la sociedad bajo la ilusión del enriquecimiento rápido, del suceso material o del ascenso personal. Incluso ahora mismo, con la crisis económica del sistema y mientras más va aumentando la clase de “nuevos pobres”, lo que sí ha resucitado es el ensueño de las viejas promesas y los recuerdos de esa opulencia ficticia que algunos insisten en que una vez hubo. No obstante, nunca se registró ni el más remoto trazo de auto-crítica verdadera de esa multitud de nuevos pobres en referencia a su anterior estilo de vida, mucho menos han declarado su rechazo a favor de una perspectiva libertaria. La mayoría de las actuales protestas y toda la llamada “indignación social” recuerdan más bien las quejas de un niño mimado que le han quitaron su regalito después de habérselo prometido durante tanto tiempo. De este modo, lxs nuevxs pobres se han quedado sin la comodidad de los préstamos, sin sus tarjetas de crédito, sin las acciones de la Bolsa, sin las inversiones y sin el consumismo…

Es por eso que afirmamos que incluso en las condiciones de crisis económica reina la mentalidad pequeño-burguesa, por lo que “la guerra de clases” es ya un concepto obsoleto.

Porque para que exista una guerra tiene que haber dos bandos que luchan y chocan entre sí, cada uno defendiendo sus diferentes intereses. En caso de guerra de clase, esto significa la identidad y la conciencia de clase. Significa que todx proletarix y todx empleadx ataquen a sus jefxs con la intención de abolirles como clase y no para ascender a su posición. Significa que exista la conciencia de que la opresión viene de la existencia de una sociedad de clases y no sólo el descontento y la rabia causadas por el hecho de que el paraíso material que les prometían las publicidades es un engaño que les deja endeudadxs hasta el cuello.

Significa que lxs oprimidxs profesan una cultura diferente y no que envidan a aquella que no pueden obtener.

De nuestro punto de vista anárquico, lxs únicxs que hoy en día poseen la conciencia de clase son lxs grandes jefes que defienden a sus intereses e igualmente ciertas honestas aunque pintorescas minorías obreristas alimentadas por las ilusiones proletarias del pasado.

Imagínense además, si todxs esxs indignadxs y lxs que van por ahí protestando, mañana volvieran a estar satisfechxs con sus salarios y recuperaran su sueño pequeño-burgués de tener una casita de campo, dos coches y cuatro televisores, al costo de la todavía mayor degradación de lxs inmigrantes, veríamos como rápidamente volverían a sentarse
en su cómodo sofá… Además, más o menos así fue construido en la década de los 90 el “milagro del desarrollo griego”: sobre la indiferencia y comodidad de la sociedad griega. Puesto que la sociedad está dividida en clases (no obstante carentes de conciencia de clase), en este punto unx podría decir que a pesar de todo ese rollo anti-social, tal vez nos reconocemos más cercanxs a las clases y sectores sociales más oprimidos, como por ejemplo, a la multitud de lxs obrerxs no especializadxs.

Pero la pobreza económica pocas veces propicia una perspectiva de liberación anarquista. No es casual el hecho que en el pasado muchos de los regímenes fascistas y totalitarios se hayan establecido sobre la pobreza y miseria económica, después de presentarse a sí mismos como la solución salvadora y el camino de salida de la crisis. Efectivamente, las masas empobrecidas a menudo vean en un Hitler o un Mussolini sus líderes-redentores. Además, fue ese “pueblo pobrecito” quien por medio de las elecciones ascendió a esa escoria llevándola al Poder. Esto ocurre porque para cualquiera que está económicamente desesperadx, frecuentemente su prioridad radica en asegurarse, de la manera que sea, lo necesario para vivir. No tiene ganas de ponerse a pensar si existe una propuesta de vida diferente, donde no reinen la desigualdad y la explotación. Lo que le preocupa es escuchar a una propuesta o aunque sea una promesa, que se comprometa a sacarlo ahora mismo de su callejón sin salida.

Qué discurso resulta más convincente hoy en día, ¿un sermón de odio hacia lxs inmigrantes que “privan a lxs desempleadxs griegxs de miles puestos de trabajo” y“aumentan la criminalidad” o una propuesta anarquista que plante “la abolición de la esclavitud económica y asalariada”? En nuestra opinión, el miedo a un futuro económico incierto y el enfado general es lo que produce el creciente conservadurismo de mucha gente.

Por eso la pobreza y la miseria crean condiciones favorables para lxs demagogxs del populismo y del patriotismo, que aprovechan tales circunstancias para propagar el racismo y la xenofobia. Basta con echarle un ojo a los recientes porcentajes obtenidos por “Amanecer Dorado” en las elecciones del 2012 para reflexionar en lo antes dicho. De este modo, muchxs de lxs oprimidxs que ven como sus vidas han demostrado ser un naufragio, frecuentemente comienzan a cazar los “objetivos más fáciles”, por ejemplo a lxs inmigrantes sin papeles. Especialmente en las zonas donde se concentran las capas sociales más bajas, tanto autóctonas como inmigrantes, es ya frecuente el fenómeno de conflicto al interior de una clase. Un conflicto que se presenta por la asfixiante situación que vive la gente en estas zonas.

Por un lado están lxs inmigrantes que ven a Grecia como una estación intermedia en su travesía hacia otros países europeos pero que, al carecer de documentos se quedan varadxs en estas tierras. Viven hacinadxs como animales en casas miserables, como parásitos al nivel económico, recibiendo una explotación brutal por parte de lxs autóctonos y, desgraciadamente, una parte de ellxs desarrolla conductas despreciables y asquerosas como las violaciones, los robos y tirones violentos y además dirigidos contra las clases bajas de la gente local, ya que los bancos y los barrios de los ricos les parecen inaccesibles.

Por otro lado está la población local perteneciente a las clases bajas que habitan las mismas casas y se mueven en las mismas calles y barrios que lxs inmigrantes. Las diferencias culturales, la asfixiante convivencia, la pobreza, la propaganda del Estado, la mentalidad localista arrogante, todo eso conectado con algunas de las conductas despreciables de lxs inmigrantes, conforman una mezcla explosiva del conflicto al interior de una clase.

Es ahí donde gracias a la contribución de la escoria fascista organizada se está incubando el huevo de la serpiente. Por esto, la mayoría de las zonas donde estallan los pogromos racistas son los barrios en que reside la gente de clases bajas (Egaleo, Kolonos, Rendi, Aspropyrgos, Elefsina, etc.).

Igualmente, en los conocidos hechos que se están produciendo en la zona de Agios Panteleimonas suelen tomar parte algunxs inmigrantes (por ejemplo albanesxs), cuyos comportamientos hacia lxs inmigrantes “de piel oscura” son igualmente racistas que lxs de
“patriotas griegxs”. Es decir, ahí encontramos la expresión literal de la nueva “guerra de pobres contra pobres”.

Esto demuestra que la posición social/posición de clase por sí misma no produce conciencia sino que frecuentemente puede concluir en “canibalismo”. Así para muchxs de lxs económicamente desposeídxs, este mundo de explotación y sucivilización, parecen ser el único tesoro que unx merece defender. Como alguien lo ha escrito por algún lado: “¿Quiénes son lxs que más temen que cambie el mundo? Lxs más asustadxs.”

Lobo o cordero

En las antípodas de la sociedad está el individuo. De la misma forma que la sociedad no es simplemente la suma de toda la gente que compone la población, así el concepto de individuo que promulgamos desde el anarcoindividualismo no se reduce a una unidad aritmética. Tanto la sociedad como el individuo son términos sociales.

El individuo es una unidad social que está en plena interacción con el conjunto, recibe innumerables estímulos, pensamientos y percepciones y posteriormente los filtra en su interior, adquiriendo una conciencia individual. Aquí radica la diferencia con la sociedad, puesto que ésta conciencia no está incorporada a las estadísticas, no constituye la opinión pública ni la voluntad popular, sino va más allá del refugio de la dominante civilización de masas.

Nosotrxs buscamos el punto en que lo individual pueda conectarse con otras individualidades y formar minorías colectivas y comunidades anarquistas libres de axiomas, líderes y súbditos.

La apuesta de estas minorías anarquistas es poder esparcirse por el tejido social y llegar a corroer sus lazos con la civilización dominante. El concepto de anarcoindividualismo se realiza tras su continua y combativa intervención en la vida social y no queda atrapado en ejercicios de autosuficiencia, auto-supervivencia y elitismo.

El anarcoindividualismo no puede existir fuera de la sociedad como una suerte de ascetismo sino solamente en contra del autoritario sistema de valores profesado por esta misma sociedad. Paralelamente, se propone formar minorías y comunidades no a manera de “islotes de libertad”, sino como infraestructuras necesarias para la acción combativa. Aquí se ubica la diferencia entre el anarcoindividualismo y la vanguardia revolucionaria, ya que el primero quiere liberar la fuerza y la conciencia que existe en cada unx de nosotrxs, mientras que la segunda quiere guiar a la gente hacia su propia fórmula de la revolución. 

Por esto, cuando la vanguardia revolucionaria es golpeada por la represión, su estructura suele derrumbarse, ya que su fuerza se reduce al entusiasmo del gentío que se deja llevar por sus particulares personajes-líderes. Mientras que el anarcoindividualismo, por ser una postura vital, personal y consciente, a pesar de todas las heridas que reciba continúa siendo activo, puesto que la revolución anarquista, además de ser una propuesta colectiva, constituye también la causa personal para cada uno y una de nosotrxs. Es el cruce donde toda persona se confronta con su conciencia y pone fin a la “ignorancia”. Cada uno y una asume la responsabilidad de sus actos y decide la manera en que va a vivir: como lobo o como el cordero que sin presentar la batalla se entrega a la matanza.

Conspiración de Células del Fuego [de la primera fase] / FAI/ FRI

LA NUEVA GUERRILLA URBANA ANARQUISTA
CONSPIRACIÓN DE CÉLULAS DEL FUEGO

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