ccf-case-trial-1024x327Las luchas sociales intermedias

Es bien conocida la opinión de muchxs anarquistas que sostienen que a través de los conflictos sociales, independientemente de los motivos que los provocan, nace la conciencia liberada. Son lxs que hablan sobre la vivencia de la rebeldía y la superación de los papeles de cada unx, tras la apropiación de violencia liberadora contra las fuerzas represivas.

Efectivamente, muchas veces, hasta en el caso de las luchas locales como las que tuvieron lugar en Keratea, en Lefkimmi o en Strymonikos, se han llevado a cabo enfrentamientos con los antidisturbios, unos enfrentamientos que han alcanzado el nivel de violencia manifestado durante las grandes marchas en el centro de la ciudad. 

Naturalmente, las luchas sociales intermedias, independientemente de la intensidad del enfrentamiento, tienen fecha de caducidad que expira con la satisfacción de las demandas gremiales o hacen una retirada y quedan abandonadas frente a la inflexibilidad del Poder y vehemencia de la represión.

No obstante, veamos qué es lo que se puede ganar a través de los momentos de las luchas sociales intermedias. En primer lugar, hubo ejemplos en que, cuando las luchas sociales intermedias no han superado los límites de la legalidad y se realizaban negociaciones con el Poder, la presencia de lxs anarquistas ha sido percibida con poco entusiasmo, con perplejidad y algunas veces de manera hostil (por parte de los perros de partidos políticos que controlan algunas de las movilizaciones, como sucedió con los bloqueos de carreteras con tractores por campesinos). Además, hay casos, sobre todo cuando se trata de luchas locales (antes que éstas adquieren unas características violentas), en que lxs anarquistas mismxs están poseídxs por cierto complejo de culpa y van ocultando o apenas murmurando su identidad política, declarándose simplemente como, por ejemplo, “vecinos del barrio” o “trabajadorxs”. Esto por sí sólo obviamente no puede expresar a ninguna posición política, ya que no significa nada concreto el hecho de ser “vecinx de Drapetsona”, “trabajador/a”, “estudiante” o “desempleadx”. Más bien parece una rehuida que hace unx que trata de ser aceptadx, ocultando sus verdaderas características. Es obvio que semejante actitud constituye nada más que un peculiar “politiqueo”.

Por consiguiente, muchxs anarquistas sociales afirman que la gente que no es anarquista, cuando comparten momentos a lado de las ardientes barricadas, durante “correrías” con los maderos, en luchas callejeras o tirando piedras, algo se está cambiando en ellxs y la vivencia de la rebeldía despierta, hasta cierto grado, a su conciencia.

Dicen también que cuando concluyen los tiempos de tensión y esta gente vuelve a sus casas, al menos se van sabiendo que lxs anarquistas no son “unxs gamberrxs que lo rompen todo” y les queda en claro que, por el contrario, los policías son unos cerdos con porras.

Claro que no podemos responder con certeza a esta visión de las cosas. Sin embargo, vivimos en Grecia de 2012, donde durante los últimos 30 años y hasta el mismo día de hoy no han faltado los conflictos sociales. Son mucho más lxs que, aunque sea una sola vez, han salido a la calle y tirado una piedra hacia la policía que lxs que nunca en su vida habían olido el gas lacrimógeno.

Y no obstante la realidad ha demostrado que las contradicciones y la confusión son más fuertes que estas vivencias de los enfrentamientos. Gente que ha recibido palizas de los policías posiblemente son la misma gente que luego pide más policía para proteger su propiedad.

Gente que ha estado detrás de la misma barricada con lxs anarquistas, tal vez creen que lxs anarquistas sí son “chicxs buenxs”, pero igualmente piensan que hay también provocadorxs entre ellxs. A algunxs otrxs quizás les caigamos bien porque hemos estado involucradxs en su lucha y en su territorio, pero al mismo tiempo te dirán en la cara “Nosotros los griegos tenemos que estar unidos…”, mientras que otrxs que dicen que “todxs lxs políticxs son corruptxs” puede que al mismo tiempo digan que el grano de problema radica en unxs cuantxs “sionistas y extranjeros”.

Pero, más allá de esas contradicciones y ridiculeces, muchxs de lxs que salen a la calle y toman parte en manifestaciones, ya sea porque le están destruyendo su zona o porque alguna legislación les toca directamente el bolsillo, más allá de todas las vivencias obtenidas, la historia muestra que vuelven a sus casas con una memoria borrosa y un vacío práctico. Es el entero recorrido de sus vidas, encerradxs cotidianamente en sus familias, en sus trabajos y en sus obligaciones económicas que ya les están marcando cada vez más. Casi ningunx de ellxs está dispuestx a que los disturbios sean la constante de su cotidianidad, no está dispuestx a arriesgarse por una liberadora reestructuración de su vida, lo que implicara correr el peligro de perder todo lo que hasta ahora habían tomado por supuesto: su casa, su trabajo, su libertad legal. Así cambian de bando y continúan durmiendo hasta que llegue la próxima vez en que al meter la mano en el bolsillo sólo agarrarán su forro.

Además, ¿cuántas veces ha salido a la calle algún sector social para participar en una marcha anarquista? ¿Cuántas veces lxs habitantes de una localidad o un barrio específico que hayan sido apoyadxs por lxs anarquistas en sus luchas locales, han montado una concentración en solidaridad con lxs anarquistas presxs?

Porque aunque sabemos que la solidaridad no se expresa mediante objetos de intercambio, pero por lo menos sí que debe que ser reciproca.

La teoría del detonador

Sin embargo, para no perdernos en un océano de ejemplos y desorientarnos con un eventual empirismo subjetivo, producto de nuestro talante anti-social, mejor abordaremos la cuestión con la sobriedad política.

Una de las diferencias más importantes entre la nueva guerrilla urbana anarquista y más viejas formaciones guerrilleras es la concepción sobre la acción guerrillera como detonador-catalizador que activa la explosión social.

Muchas veces hemos escuchado o leído que la acción de los grupos guerrilleros puede funcionar como detonador de la rabia social y transformarla en una explosión.

Nosotrxs, por el contrario, no hemos podido comprobar que esta afirmación sea cierta. La distancia que separa lxs que han decido tomar sus vidas en sus manos y lxs que continúan observando cómo su vida pasa por las pantallas, no se reduce ni desaparece gracias a la acción de lxs primerxs. En el mejor de los casos esta acción se trasforma en una imagen espectacular en las noticias, que goza a un pequeño (o grande) fragmento de la aceptación social, produciendo sin embargo aplaudidorxs y no cómplices. Representativo es el caso de Organización Revolucionaria “17 de Noviembre” que gozaba de gran simpatía entre amplios sectores de la población pero que, cuando algunxs combatientes de esta organización fueron detenidxs, no se creó ninguna corriente social realmente solidaria con ellxs (con la excepción de las movidas de solidaridad montadas por algunxs de lxs izquierdistas y el ámbito anarquista). A la mayoría de lxs “simpatizantes sociales” les bastó con expresar su apoyo declarando en una encuesta pública que “a los miembros de la 17N los consideran luchadores sociales” para luego volver tranquilamente a sentarse en su sofá.

De igual forma, pensamos que el axioma que afirma que por medio de los conflictos sociales nace la conciencia, sólo rasguña la superficie y no llega a la esencia, al grano del problema. Un hecho por sí sólo, como las luchas callejeras en el centro de Atenas exigiendo que se retire un proyecto de ley, no es capaz de producir la conciencia, no importa cuál sea la razón que lo ha provocado y que ha empujado a la gente a salir a la calle. El hecho de oponerse a tal o cual proyecto de ley no significa que se cuestione la ética de todas las leyes en su totalidad, sino simplemente toma una posición crítica frente a un determinado e “injusto” decreto que ha sido puesto en marcha.

Tanto el empleo de eslóganes como la demanda “que se vayan los ladrones” o “que nos devuelvan lo que han robado” hablan el idioma de algo bien concreto y no exigen la abolición de las leyes ni del Estado.

Por cierto, con el desarrollo de los acontecimientos y cuando tal vez las cosas se desbordan y se llegue al enfrentamiento con la policía, la conciencia va evolucionando, recibe estímulos y se está ampliando, pero eso no marca ninguna separación de su procedencia inicial ni tampoco se convierte en consciencia anarquista.

Si unx le pregunta a lxs manifestantes enfurecidxs si desean que el Poder sea abolido, muchxs de ellxs van a contestar que “hay que limpiar las instituciones, pero no podemos vivir sin la autoridad porque se producirá el caos.”

Por tanto, un hecho en sí produce reacción pero no produce conciencia. Por el contrario es la conciencia que produce los hechos. Entonces, ¿cómo es que surge esta conciencia? Nosotrxs creemos que la conciencia se conquista a través de muchísimos estímulos que vienen dados mediante pequeños y grandes actos cotidianos, ya sean vivencias duraderas (entorno social) o sea gracias a las lecturas, configurando el deseo y las opciones y determinando nuestra vida posterior.

Pocas veces una molotov o mil piedras durante una manifestación sean capaces de plasmar una nueva conciencia en una persona que salió a la calle para reclamar mejores condiciones de trabajo. Siempre está presente todo el anterior recorrido de su vida, junto con sus opciones y compromisos, y toda esa carga no se anula de la noche a la mañana. 

¿Cuántas de estas movilizaciones tan violentas, han dejado al concluir aunque sea a la mitad de lxs participantes en un permanente estado de guerra contra el Estado? Desgraciadamente, la mayoría regresa a su normalidad como si no pasara nada.

Al contrario, quienes se quedan radicalmente afectadxs e influenciadxs por los conflictos sociales suelen ser unxs cuantxs que vienen del sector juvenil de la gente que sale a las calles. Porque lxs jóvenes al momento de irrumpir en las explosiones sociales, en cada caso entran en ello teniendo diferentes puntos de partida de su conciencia que aquellxs más “grandes”. No cargan a sus espaldas diez o veinte años de convenios, compromisos éticos y capitulaciones obligatorias, producto de sus deberes sociales o económicos.

Aquí sí la acción guerrillera anarquista puede de hecho servir como “catalizador” para muchxs de lxs jóvenes que salen a la calle con una actitud existencial cuestionadora y cargadxs de rabia e insatisfacción. Al mismo tiempo, en muchos casos ni siquiera conocen cuales son las demandas gremiales de tal o cual movilización en la que toman parte. Simplemente les atrae lo diferente, tienen una insumisión innata y no les importa un futuro repleto de obligaciones, cohibiciones y compromisos. Al contrario, el presente lo viven con toda su rabia. Esto, aunque no suceda con plena conciencia, es un ineludible funcionamiento del cuerpo y del espíritu que va buscando la intensidad de los momentos. En palabras más simples, una parte de esa juventud que viene a las manifestaciones (exceptuando a los organizadxs perrxs de partidos políticos) no lo hace en busca de un acuerdo a medio plazo ni en contra del memorándum y tal vez ni siquiera sabe de que se trata la manifestación: viene por el disturbio y para pelearse con los policías.

Valdría la pena comparar la intensidad de la revuelta de diciembre de 2008, que fue casi exclusivamente una revuelta juvenil y anti-policial, con las recientes movilizaciones “económicas” (con excepción de la movilización por la tarde del 12 de febrero de 2012).

Probablemente, estas minorías del sector juvenil asuma su autonomía y después de su experiencia en la lucha callejera y tras su relación con lxs círculos anarquistas, buscarán el camino insurrecto del conflicto permanente. Estamos convencidxs que algunxs de ellxs ya lo han hecho…

De igual modo, nosotrxs, antes de organizarnos en la nueva guerrilla urbana, nos inspirábamos en las salvajes luchas callejeras, en las movilizaciones contra la guerra o las manifestaciones estudiantiles y en los grupos guerrilleros y en lxs compañerxs del pasado que, a pesar de los desacuerdos que podemos tener con su discurso, con su historia y sus actos nos han trasmitido este singular valor que representa la acción directa.

Volviendo a la percepción que presenta la acción guerrillera como detonador de las explosiones sociales, según nuestra opinión sus exponentes cometen el error de caer en un elitismo latente, que sin embargo frecuentemente se está atribuyendo a nuestra corriente.

Decimos esto porque nosotrxs que tomamos la acción por medio de la nueva guerrilla anarquista, jamás hemos formulado alguna división informal y elitista, pretendiendo de habernos dado cuenta de los planteamientos y la estrategia del Poder, en diferencia al resto de la sociedad que simplemente “precisa un empuje que les haga despertar y rebelarse”.

No creemos que la gente hoy en día padece de ignorancia, que no entienda el rol que juega el Poder sobre nuestras espaldas o que necesita que lxs anarquistas les despierten con su “acción catalizadora”. Al contrario: toda la gente conoce los metódicos manejos del Poder y simplemente, con su pasividad ellxs también se vuelven responsables de la preponderancia de la civilización del Dominio.

También por esto ejercemos una fuerte crítica con nuestros comunicados y nuestro discurso. Esto quizás nos haga poco agradables, pero no elitistas.

Sin embargo, las teorías revolucionarias que sostienen que la sociedad está dormida y que la acción anarquista funciona como catalizador para una indefinida explosión social, en primer lugar cometen el error de hablar en nombre del pueblo. Igualmente, esta afirmación suya no explica de donde viene la diferencia que lxs anarquistas, al contrario que el resto de la sociedad, están “conscientes de la situación”. ¿Es que lxs anarquistas pueden ver claramente el crimen del Poder, mientras que el resto de la sociedad no se da cuenta de ello o no cree en su capacidad de cambiar sus propias vidas? ¿Unxs son más listxs que otrxs? ¿O algunxs son más atrevidxs que otrxs? Pero, ¿qué es esto si no el colmo de un elitismo latente?

Muchas veces utilizamos en nuestros comunicados el martillo de mala educación cuando hablamos de pasividad, esclavitud voluntaria e inercia de la sociedad, porque esta es nuestra opinión subjetiva. Pero nunca hemos formulado un sólo pensamiento convencidxs de que poseemos la verdad objetiva, algo que suele encontrarse en los textos de las anteriores formas de guerrilla y los de la tendencia social de la anarquía, los cuales sostienen que “la sociedad está a un paso de la revolución”, de hecho hablando en nombre de ella.

En este punto nos gustaría subrayar que nuestra referencia y simpatía hacia el sector juvenil, en ningún caso lo trata como un nuevo sujeto revolucionario de la nueva guerrilla urbana anarquista, que sustituye el viejo sujeto: la clase trabajadora. 

No creemos que haya un sujeto social determinado que constituye “el sector elegido” de la revolución anarquista. Digamos lo de nuevo: las opciones son las que determinan a cada uno y una.

Además, tampoco fantaseamos sobre el sujeto de la “juventud salvaje” que prevalecía en el pensamiento anarquista durante la década anterior. Porque, desgraciadamente hoy en día, la gran parte de la juventud también está sumida en la enajenación del estilo de vida moderno. A pesar de no estar obligada ni comprometida con las tarjetas de crédito y los préstamos, a menudo se pasa todo el día frente a las pantallas y los teclados de computadoras, se viste como la publicidad manda, se entretiene en unos impersonales espacios multi-ambientales y no le importa lo que pasa en su alrededor.

No obstante, creemos que en una parte de esta juventud que a pesar de los tiempos sigue participando en las manifestaciones y marchas con un ánimo salvaje, vamos a encontrar a lxs futurxs compañerxs.

Ecuaciones bélicas

A partir de aquí surge una pregunta crucial respecto a nuestra estrategia. Ya que hemos  expuesto públicamente nuestros pensamientos, se entiende que en nuestra opinión el  crimen del Poder se consuma con la ayuda de la sociedad que es juntamente responsable. 

Sabemos que la elite del Poder es el corazón frío del sistema. Se trata de todxs esxs  dictadores que se reúnen en chalés, en despachos lujosos, en yates, en congresos, en grandes hoteles, en bienvenidas bañadas en opulencia y en medio de lujo, siempre  escoltadxs por ejércitos de guardaespaldas.

Pero millones de sus compañerxs de camino están por todas partes, en infinitas personas. Tienen rostro de trabajadorx, funcionarix, desempleadx, pequeño-burgués o inmigrante que con su postura y actitud hace factible la jerarquía de lxs de arriba.

Esta co-responsabilidad social no es lo mismo que la guerra, pero seguramente anula la neutralidad. No hay inocentes.

Por esto todos los ataques de la nueva guerrilla urbana sí ejercen una fuerte crítica social contra la inactividad y la pasividad que caracterizan a la mayoría de la población, pero sólo golpean los palacios y los símbolos del Poder.

Por lo tanto, teniendo nuestra mira fijada en lxs dignatarios del Poder, al mismo tiempo desmontamos con nuestra crítica todas esas conocidas identidades colectivas: la masa, el pueblo, el gentío, lxs obrerxs y lxs oprimidxs, descartándolos como posibles candidatxs a ser nuestrxs aliadxs y enfocando la apuesta de la insurrección permanente ya no en las condiciones bajo las cuales vive el individuo sino en las opciones que este elige.

Por eso decimos que el desafío de la nueva guerrilla urbana anarquista no está en concebir el concepto de insurrección de modo puramente económico, es decir basándose únicamente en la terrible posición en que se encuentran lxs oprimidxs dentro del proceso productivo, sino mucho más ampliamente. La nueva guerrilla urbana actúa en base a la percepción de que cada uno y una adquieren su identidad a partir de su propia conciencia y eso no por su origen de clase sino por las opciones que hagan. Rebelde o sumisx, guerrillerx o renunciadx, persona o esclavx voluntarix.

Hacemos llegar el proceso anarquista mucho más al fondo que la desigualdad económica y la explotación. Para nosotrxs, la insurrección permanente anarquista, más allá de los términos materialistas sobre la liberación de la vida, adquiere también los criterios emocionales respecto a la liberación cualitativa de nuestro ser.

Con esta reflexión enfocamos la fuerza de nuestros ataques en las relaciones autoritarias que dan a luz al saqueo económico sin perdernos en unos análisis puramente económicos.

La nueva guerrilla urbana anarquista es sobre todo una vivencia emocional, una conciencia existencial y no una ecuación política de los términos económicos.

Estamos más allá y fuera de la lógica de lxs alistadxs luchadorxs sociales que “sufren” junto al “pueblo desdichado”, ese pueblo que en nuestra opinión es conjuntamente responsable de la rienda que trae puesta.

En nuestras mentes tenemos la idea y la sensación de un mundo repleto de deseos y lleno de vivencias intensas, donde el ver la vida como el infinito y libre vagabundeo constituye la piedra angular de nuestro pensamiento.

La ‘legitimidad‘ de la masa y el ‘callejón sin salida‘ de las minorías

Actualmente, con la crisis económica que ha venido incrementándose cada vez más, una parte de la tendencia social de la anarquía acepta, casi sin pensar, la legitimidad del movimiento de masas. Es decir, para estos círculos anarquistas, el carácter masivo de las luchas sociales funciona como presuposición necesaria para la legitimidad ética de la rebeldía.

Cuando, al contrario, una pequeña minoría de individualidades armadas decide poner fin a la inercia y renuncia a ella, su práctica frecuentemente está etiquetada como elitismo, auto-afirmación política o ejercicio de adrenalina.

De este modo, durante los últimos años un ataque de incursión realizado por unxs 15–20 encapuchadxs con martillos y piedras para reventar un banco o el incendio de un concesionario de coches de lujo llevado a cabo por unxs 2–3 compañerxs, a menudo resulta aislado por estos círculos, sin siquiera examinar el contenido de los comunicados que acompañan a tal acto. Por el contrario, una movida que atraiga el interés de “mucha gente”, aunque sea en un nivel local (lucha para salvar a un parco, para retirar las antenas de telefonía móvil, etc.), inmediatamente se convierte en la señal activadora para estxs anarquistas.

Y qué les importa si esas luchas sociales “masivas” piden que se aleje la basura de la zona residencial donde están protestando, mientras que la acción minoritaria de compañerxs-incendiarixs lucha por alejar el Poder de nuestras vidas…

En este punto la dialéctica resulta anulada y lo único que queda es el peso del comerciante de ideologías que mide la lucha según la cantidad de participantes. Y mientras que en realidad ambas formas de lucha, la de masas y la minoritaria, no compiten entre sí, lxs partidarixs de la cantidad y lxs ambiciosxs por la aceptación social sienten aversión hacia la lucha minoritaria e intentan enterrarla, condenarla al aislamiento político. Esto ocurre porque la lucha minoritaria desmorona las cohibiciones difundidas por lxs reformistas profesionales que hablan sobre retomar la acción violenta sólo en condiciones de movimiento de masas y en vez de eso responde con sus prácticas aquí y ahora, dejando a esxs “comprometidxs” con su micro-política.

Para ellxs, es un hecho dado que una insurrección social, si logra de satisfacer sus demandas o si retrocede como consecuencia de la represión, ha sido realizada en términos estratégicos correctos. ¿Cuántas veces se ha hecho un balance real después de una movilización masiva, con el fin de identificar sus puntos positivos y negativos, ya sea a nivel político u organizativo? Frecuentemente lo que aparece luego son sólo unos textos victoriosos y triunfales, decorados con fotos de los disturbios, muy poca crítica y un fuerte elemento de la espera al nuevo ciclo de luchas de masas. Y así el ciclo de repetición come de su propia carne y continúa sin evolucionar.

Particularmente hoy en día podemos observar un fuerte giro, manifestado incluso en los eslóganes que utilizan lxs anarquistas sociales, hacia una orientación más comunista. Es característica la trasformación izquierdista de ciertos puntos de vista y eslóganes anarquistas que se pueden escuchar en marchas y concentraciones, trasformación que tiene como objetivo ganarse una aceptación popular más amplia. Por ejemplo el enfoque anarquista en el rechazo al trabajo, expresado antes por el eslogan “el terrorismo es la esclavitud asalariada, ninguna paz con lxs jefes” ha retrocedido frente a su versión reformista que se refiere al derecho al trabajo: “el terrorismo es cuando buscas el trabajo, ninguna paz con lxs jefes”. Es un misterio bien conocido que, dada la crisis económica y el descontento social, algunxs se piensan que ahora ha llegado la gran oportunidad de “abrir” el movimiento y ampliarlo con más sectores sociales. Nosotrxs por nuestra parte combatimos por la difusión de la teoría práctica anarquista, pero no vamos a alterar nuestros valores ni a fingir el papel de alguien que no somos para volvernos aceptables y agradables ante más gente. Somos anarquistas de praxis y estamos orgullosxs de ello. Ninguna táctica ni estrategia dirigida a lograr una mayor influencia social será capaz de disuadirnos de esto y hacernos recurrir a artimañas que ocultan nuestras intenciones y deseos anárquicos, o sea ocultar a nuestro proyecto de destruir el Poder y su sociedad.

A pesar de todo esto, la nueva guerrilla urbana, ya sea en el cenit de sus golpes o en el nadir de su acción causado por detenciones y encarcelamientos, para los círculos reformistas constituye por definición un error y una estrategia-callejón sin salida.

Tampoco han faltado las insinuaciones expresadas algunas veces por lxs reformistas seudo-anarquistas que los ataques guerrilleros realizados en determinados períodos del tiempo son responsables de la represión lanzada contra el movimiento antiautoritario. Ejemplar es el caso de la polémica dirigida contra uno de los primeros grupos de la nueva guerrilla urbana anarquista, las “Pandillas de Conciencia” que habían realizado ataques de incursión, frecuentemente contra las comisarías (de Egaleo, Perama y el edificio de servicios económicos de la Policía situado en Nea Filadelfia), pero también el incendio de dos vagones del metro y de un centro comercial. Paralelamente, en esa misma época se registraron varios ataques fascistas contra ateneos y espacios autoorganizados. Pues, en aquel entonces, algunxs ridículxs seudo-anarquistas, ciegxs como lirones, llegaron a afirmar que los asaltos fascistas eran la respuesta a los ataques contra comisarías. 

Es decir, estxs “anarquistas” en vez de organizarse y responder a lxs fascistas de manera combativa, iban atribuyendo culpa y crearon un clima introvertido y derrotista. Semejantes técnicas son las que también utiliza el Partido Comunista de Grecia cuando denuncia que “los disturbios provocados por lxs encapuchadxs crean pretexto para lanzar la represión contra el movimiento popular”.

Pero, mientras exista el Estado existirá la represión. Cuando le echas culpa a alguien diciendo que con su acción provoca la represión y al mismo tiempo supuestamente dices apoyar la guerra contra el Poder, se trata por lo menos de una contradicción. Es de esperar que la acción conlleve una reacción. Lo único que podemos hacer como anarquistas de praxis es estar preparadxs para cuando llegue esa reacción y cuidar que nuestros ataques cumplan con ciertas presuposiciones estratégicas que favorezcan la causa de la subversión y la insurrección permanente.

Conspiración de Células del Fuego [de la primera fase] / FAI/ FRI

LA NUEVA GUERRILLA URBANA ANARQUISTA
CONSPIRACIÓN DE CÉLULAS DEL FUEGO

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