spfTeoría práctica

Quien desea ser consecuente consigo mismx, al momento de hablar sobre la insurrección permanente anarquista tiene que incluir en su pensamiento dos elementos: su preparación teórica pero también práctica. Todas las reflexiones presentadas en la primera parte, todas las especulaciones, dudas, conclusiones y interrogantes, deben probarse en el campo material de praxis. De una praxis, la cual nunca surge desde la nada como si fuera resultado de una espontánea ascensión al cielo de la conciencia anarquista, sino que ha sido planteada y puesta en marcha junto a la evolución del razonamiento teórico, creando así una relación de interacción.

Por lo tanto, en este punto intentaremos formular algunas reflexiones y propuestas respecto a la preparación de la práctica guerrillera anarquista, una práctica que nace y puede ser conquistada tras nuestra lucha de cada día y nuestro moverse en los círculos anarquistas.

Para comenzar, es importante recalcar que la nueva guerrilla urbana anarquista no es una confrontación de ideas. Es un combate duradero, tanto en términos de conciencia como materiales-técnicos. Un combate donde la violencia anárquica no resulta ser simplemente un movimiento reflexivo, sino que constituye una práctica que es debatida permanentemente, que evoluciona, va enriqueciéndose, organizándose y es planeada. 

Para nosotrxs no existe acción anarquista carente de violencia.

Todxs lxs tiranxs de nuestras vidas y lxs millones de sus compañerxs de camino jamás se dejarán conmover por una aproximación y argumentación dialéctica. No van a abandonar al Poder ni sus intereses y costumbres para permitirnos pasar a un mundo sin amxs ni esclavxs.

Nosotrxs tenemos que organizarnos, hablar sobre las tácticas y estrategias de lucha, sobre precauciones frente a la policía, sobre nuestros ataques contra el enemigo y sobre crear de nuevo la cultura del ámbito anarquista que tuviese unas características muy claras e insurreccionales.

El mito de la ‘anti-violencia social’

Muchas veces se ha escrito que “el/la esclavx, el/la explotadx y el/la oprimidx se encuentra siempre en una “legítima” posición de defensa y por lo tanto la violencia contra lxs jefxs siempre está moralmente justificada.”

Muchas veces, sin embargo, ésta conclusión, relativamente común entre todas las tendencias de la anarquía, funciona de manera divisoria cuando se trata de la violencia guerrillera. Construye sus propias barreras morales y describe los actos provenientes de esta más combativa e insurreccional parte de la anarquía como “el fetichismo de la violencia”.

Esto comienza con el razonamiento de aquellxs anarquistas, que quieren reconocer a la violencia y verla justificada sólo si tiene una forma defensiva. Es indicativo que en muchos textos anarquistas en Grecia predomina el uso del término “anti-violencia social” para describir o analizar las acciones insurrectas que ocurren frecuentemente en el marco del movimiento de masas.

Ya sólo e únicamente el uso de la terminología “anti-violencia social” muestra la ansiedad que tienen sus exponentes de justificar moralmente el uso de la violencia, con criterio siendo su carácter masivo. La violencia llevada a cabo por un pequeño (o grande) grupo de personas en una manifestación de miles de participantes, es bautizada como “social” con el fin de aparentarla públicamente aceptable por el conjunto de lxs manifestantes, mientras que el prefijo “anti” que se antepone a la palabra “violencia”, intenta poner al revés y suprimir a su “culpable” y negativamente marcado significado. 

No obstante, todxs nosotrxs tenemos experiencia en marchas y disturbios. Por lo que conocemos que al momento de atacar a la policía o a los bancos, muchxs de lxs manifestantes se asustan y se alejan, otrxs nos abuchean, algunxs montan una cadena humana y intentan detenernos, otrxs pocxs, ya sea irónicamente o como señal de apoyo, nos aplauden, mientras que otrxs, sobre todo lxs jóvenes, les gusta la movida y se lanzan a ello junto a nosotrxs. Todo un mosaico de actitudes y toda una mezcla de gente, la cual en ningún caso podríamos llamar homogénea. Por esto encontramos arbitrario bautizar nuestros actos violentos como “socialmente aceptables” y fingir que “gozan de la apreciación de la mayoría”.

Si el término “anti-violencia social” se basa en el hecho de que la práctica de violencia se manifiesta dentro del campo social, entonces tenemos que añadir que todas las prácticas, desde las más conspirativas hasta las más públicas, siempre tienen lugar dentro del campo social. Entonces, la colocación de un artefacto explosivo por un grupo anarquista también tendría que ser llamado “social”. Sin embargo, a menudo estas prácticas minoritarias y guerrilleras son apartadas y aisladas por una parte de los círculos anarquistas. Pero nosotrxs no queremos tijeretear los conceptos para hacerlos caber en unas palabras finas y elegantes.Tampoco queremos arrancarles el carácter directo de su contenido, adornándoles con la cortesía y la mezquindad de lo públicamente aceptable. Para nosotrxs la violencia anarquista ha sido, es y siempre será insurreccional y antisocial. Es una ofensa y una bofetada a los compromisos sociales y a la civilización de la hipocresía.

En cuanto al concepto de “anti-violencia”, realmente es un término muy desafortunado, porque sin querer se asocia con el concepto de “pacifismo”. 

Lxs que lo emplean evidentemente quieren separar la violencia liberadora de la violencia del Estado, de la violencia policial. Pero la violencia no es privilegio exclusivo de los funcionarixs estatales para que la rechacemos con el excomunión de un “anti”. Así sólo se crea más confusión y se despiertan sospechas que con esa envoltura verbal de “la anti-violencia social y defensiva” algunxs intentan ganarse la aceptación popular, rebajando y aguando el significado de la acción anarquista. Sin embargo, la piedra lanzada en la jeta de un madero, sin importar cuantos “anti” le pongan delante algunxs, es y seguirá siendo un bellísimo acto de la violencia rebelde. 

Es igualmente representativa la persistencia de algunxs anarquistas en delimitar la justificación del uso de la violencia sólo a su dimensión defensiva. Es decir, sostienen que “ya que el Estado nos ataca, estamos obligadxs de defendernos”. 

Pero, puesto que todas las tendencias anarquistas están a favor de guerra contra el Poder, se entiende por sí sólo que en una situación bélica no existe bando que permanente se mantenga a la defensiva. La guerra es una permanente condición de combate: una vez atacas y otra te defiendes. Tampoco es válido ese dicho arbitrario e ingenioso, que afirma que: “es el Estado quién ataca primero a la sociedad”, porque, como lo hemos formulado en el capitulo anterior, el Estado no es enemigo hecho de una sola pieza, sino un complejo de relaciones y valores que están en una relación interactiva con la sociedad, relación que a veces está marcada por un largo período de consenso y a veces por fuertes momentos de tensión entre sí. 

Por tanto, el razonamiento que argumenta que la violencia rebelde es defensiva, nos recuerda esos intentos infantiles que unx hace para justificarse, con el pretexto de que “fue el otro quién empezó a golpearme primero” y presentarse a sí mismx como el más débil, tratando de ganarse la simpatía. La nueva guerrilla urbana anarquista está lejos de semejantes justificaciones y victimizaciones lógicas. Lxs que nos reconocemos como parte de ella, estamos convencidxs de una cosa: la mejor defensa es el ataque.

Terrorismo anarquista

De este modo, superando la moralización que se ha desarrollado respecto a la violencia guerrillera anarquista, avanzamos hacia el paso siguiente. No es suficiente hablar sobre
la acción, tú mismx tienes que volverte la acción. En nuestros comunicados frecuentemente nos hemos referido al concepto de terrorismo anarquista. Para nosotrxs, el terrorismo anarquista es la superación del derrotismo y del miedo. Es un arma dirigido contra el asesino. No tenemos paciencia de esperar por el próximo caso de barbaridad policial para responder con nuestra propia violencia. Con el terrorismo anarquista pasamos primerxs al ataque. 

Con nuestros ataques contra el sistema movemos el miedo al bando del enemigo. Hacemos que lxs que tienen el Poder, lxs jefxs, lxs ricxs, lxs periodistas, lxs juecxs y lxs maderxs se mantengan inquietxs y continuamente miren hacia atrás. Cada “vehículo sospechoso”, cualquier moto que “por casualidad” pase por su lado, alguien “raro” que tal vez ya han visto por algún lado o un gesto “imponderable” puede ser unx mensajerx de rabia, listx a estallar contra ellxs con toda su fuerza. Con la fuerza de la anarquía frente al orden que representan y sirven. 

Al mismo tiempo, con el terrorismo anarquista, toda la pena y dolor que hemos sentido por nuestrxs compañerxs muertxs y encarceladxs, lo llevamos a las casas de nuestrxs enemigxs. 

Para que ellxs también sientan la pérdida y el miedo, para que aprendan a vivir con ello. Es nuestra propia venganza por todo lo que han sufrido nuestrxs hermanxs en todo el mundo. Es la devolución del terror. Por esto promulgamos el concepto de terrorismo anarquista. No les regalamos los conceptos al enemigo ni tampoco nos escondemos detrás de una refinada decencia que no tiene el coraje de ser sincera. Todos los días damos nuestras batallas contra el sistema, deseando destruir el mundo del Poder. Una inseparable parte de la lucha está también en aterrorizar a quienes tienen el Poder. Lxs tiranxs de nuestras vidas deben conocer que en cualquier momento lxs anarquistas de praxis pondrán precio a sus cabezas. 

Aquí tenemos que aclarar que el terrorismo anarquista no es simplemente un estallido existencial y emocional provocado por los sufrimientos y el dolor que vivimos a causa de lxs poderosxs, sino también un enfoque estratégico de la nueva guerrilla urbana. 

Es la estrategia que bloquea la carga del Poder y agudiza la guerra civil, liberando nuestras vidas de las ilusiones democráticas. Por ejemplo, cuando hace bastantes años ya, el psiquiatra penitenciario, esa escoria Maratos responsable de infinitas torturas a muchísmxs presxs, fue ejecutado por lxs guerrillerxs urbanxs, sus sucesores hasta el día de hoy saben que si “se pasan” e intenten hacer experimentos con lxs presxs, probablemente tendrán el mismo final. Esta memoria del terror pone freno a lxs que aspiran a imitar a ese gran torturador.

Por otra parte, por supuesto que el terrorismo anarquista desata inmediatas medidas represivas. La agudización del Estado policial propulsa a nuestro plan, ya que no deja margen para neutralidades. Cada uno y una deben posicionarse. El aumento de la violencia del Estado y la imposición de nuevas leyes antiterroristas demuestran, evidentemente, lo que queremos expresar con nuestros ataques: “ESTAMOS EN GUERRA”. Finalmente, el terrorismo anarquista trasmite también un mensaje a nuestro propio bando. El mensaje de que frente a un ejército muy poderoso, todx compañerx armado con unas pocas armas, con algunos explosivos improvisados, mucha fantasía, una conciencia anarquista muy clara y un inmenso compañerismo, es capaz de invertir el curso de la historia y subvertir la civilización del Poder.

Lo que precisamos es creer en nosotrxs mismxs y superar nuestros propios límites con la perspectiva de realizar la anarquía. No tenemos nada que perder aparte de las cadenas de nuestra sumisión, no tenemos nada que ganar aparte de nuestra propia liberación. Agudicemos nuestras vidas viviendo para siempre en las barricadas del fuego y en la destrucción de lo existente.

Guerrilla urbana anarquista y conflictos sociales

En la primera parte del texto hemos dejado claras nuestras posiciones respecto a la base de conciencia que hay detrás de los conflictos sociales. Ahora queda responder prácticamente, tanto a nosotrxs mismxs como a lxs compañerxs interesadxs, cual es la postura por la que optamos cuando la ciudad “se mueve” en situaciones de conflicto social. 

Lo único cierto es que si durante períodos de consenso social atacamos a las estructuras del Poder, entonces, en momentos de explosión claro que no nos quedaremos sentadxs con los brazos cruzados para como Casandra resaltar los vacíos o contradicciones de quienes están afuera en las calles y pelean contra las fuerzas represivas. 

Es importante elegir cuidadosamente nuestra estrategia y no dejarnos llevar por la prisa de no perdernos el “festejo” callejero y al fin y al cabo perder nuestro objetivo. 

Además ya lo hemos dicho y seguiremos diciéndolo: “espontaneidad” no significa falta de organización informal. La primera necesaria presuposición de nuestra estrategia es deshacernos de cualquier idea de acción que sea asesora, didáctica o ejemplar. Con nuestra acción no tenemos objetivo de sustituir la acción de la multitud ni tampoco mostrar el camino “correcto”. Es indispensable para el espíritu combativo y para la concientización de cada uno y una, sea unx social o anti-social, que por su propia cuenta descubra su camino, sus aspiraciones y sus contradicciones y luego evolucione.

En este proceso todas las formas de acción rebelde deben de mantener abierta su relación dialéctica, para comunicarse, ejercer y aceptar la crítica, para aprender de las cosas que hicieron correctamente y de sus propios errores y para evitar estancarse. 

Pero ninguna crítica debería de tener un carácter cohibido en el momento del conflicto. Al contrario: tiene que manifestarse con ánimo para la evaluación después de que cae la nube de polvo de la batalla, evaluación capaz de encontrar un camino cada vez más eficaz. 

Igualmente, como se ha escrito, “hay una sola insurrección anarquista permanente pero miles de maneras para actuar anárquicamente”. Por tanto tampoco en este texto unx encontrará la infalible fórmula de “postura-modelo de unx combatiente de la nueva guerrilla urbana”, sino nada más que algunas reflexiones, experiencias y propuestas. 

En situación de un estallido social, creemos que una organizada minoría de guerrillerxs urbanxs anarquistas es capaz de intensificar su violenta intervención en dos maneras diferentes. Obviamente que esta doble metodología no tiene jerarquía, tampoco una es “más anarquista” que la otra. Simplemente, el hecho de optar por una o por otra depende puramente del ánimo y de las ganas de cada unx de lxs compañerxs. 

En primer caso, esta minoría, sabiendo que de todos modos el conflicto social no se empieza ni se acaba con su presencia en el campo de la batalla, puede optar por “ausentarse” del paisaje de la lucha callejera y en vez de esto reunir sus fuerzas para al mismo tiempo llevar a cabo golpes en las zonas periféricas.

La ocasión de que haya enfrentamientos con los antidisturbios en el centro de la ciudad, crea unos “vacíos de seguridad” en el resto del campo metropolitano. Acá surge una oportunidad favorable para lxs compañerxs guerrillerxs: aparecer por sorpresa e inesperadamente en un punto periférico elegido anteriormente y golpear el objetivo que habían localizado. Un objetivo como instalaciones policiales, complejo de centros comerciales, etc., el cual bajo condiciones normales sería difícil o hasta inaccesible para atacar (dada la permanente presencia policial o patrullas). El tiempo para realizar un ataque semejante es conocido, ya que las manifestaciones en que se sabe que tal vez habrá disturbios y por esto una gran cantidad de fuerzas policiales estarán estacionadas en el centro, siempre están convocadas con anterioridad. Además lxs compañerxs minoritarixs no tienen porque esperar hasta el último momento para localizar su objetivo y organizar el ataque. 

Es importante que ya, entretanto, hayan mapeado los posibles objetivos y sus correspondientes zonas, hayan inspeccionado los alrededores y los eventuales puntos de encuentro, hayan encontrado los trayectos de huida y hayan hablado entre sí de manera conspirativa sobre el plan de acción. Luego pueden también guardar este plan “para después” y ponerlo en práctica en un momento adecuado. Las grandes ciudades y sobre todo Atenas o Tesalónica son tan caóticas en su planteamiento urbanístico que la policía, incluso si sospecha sobre alguna movida (como ocurrió en el pasado), le resulta imposible estar por todos lados.

Naturalmente, tal práctica no se aplica para trasferir el concepto del conflicto al nivel de un enfrentamiento puramente militar. Al contrario: estos ataques son nuestra manera de penetrar dentro de los acontecimientos del conflicto social desde nuestro punto de vista anarquista y manteniendo nuestras características. Obviamente que en el comunicado que acompaña a un ataque semejante debe hacerse una análisis respecto a la selección del objetivo y al momento particular en que se realizó el golpe, promulgando el hacer las situaciones beligerantes parte fija de la metrópolis y promoviendo la difusión de nuestras posiciones. Si en el centro de Atenas se está llevando a cabo una batalla con los cerdos antidisturbios y al mismo tiempo un grupo de unxs 15–20 compañerxs decididxs golpea a una menos vigilada, dadas circunstancias, comisaría en la zona periférica y le prende fuego, estas dos movidas no son antagonistas entre sí, sino al contrario: en un punto determinado están cortadas. Se cortan en el punto del ataque contra el Poder para seguir cada una su trayectoria tras el proceso dialéctico.

Así estos dos casos, aunque sean diferentes entre sí, al mismo tiempo se manifiestan como vivos actos de enemistad dirigidos contra el Poder.

Es importante subrayar que la intensificación de la autónoma y violenta acción de las minorías guerrilleras está propulsada por el objetivo de expandir las situaciones conscientemente insurreccionales y no para ir gradualmente aislando a lxs anarquistas guerrillerxs urbanxs en el nombre de una pureza revolucionaria o un ejercicio de autoafirmacion.

Paralelamente se está creando confusión en las filas del enemigo, ya que estalla más de un foco de ruptura, no sólo ahí donde él lo ha esperado y para el que estaba preparado, sino también en otros puntos que no eran previsibles en el mapa estratégico de las operaciones policiales. 

Naturalmente hay también una segunda opción en que lxs guerrillerxs urbanxs eligen meter sus manos en el fondo del disturbio e intentan acoplarse al sector combativo pero no afiliado y a otras tendencias militantes de la anarquía. 

Algo así es muy importante, pero requiere planteamiento, ya que fácilmente te puedes encontrar metido hasta el cuello en las contradicciones. 

El campo de los conflictos sociales, si no tenemos una muy clara y determinada estrategia, se vuelve el preeminente y preferido campo de confusión. 

Ahí dentro verás banderas griegas justo al lado de las rojinegras, mientras que el himno nacional se está mezclando con el eslogan “Que se queme, que se queme, el burdel del Parlamento”. En estas grandes manifestaciones (por el tema de seguridad social, el memorándum, etc.) se reúne una heterogénea muchedumbre que cruza todas las tendencias: izquierdistas, no afiliadxs, indignadxs, anarquistas, patriotas, fanáticxs religiosxs, antifascistas, hooligans, sindicalistas, etc.

Es un gran desafío para unx guerrillerx anarquista saber cómo intervenir ahí sin acabar perdiendo sus características anarquistas.

Pero antes de tratar el modo de intervención, bien sería debatir sobre los razones de tal intervención. 

Estamos seguros que el camino hacia la insurrección permanente anarquista no puede ser recorrido por los cristalinos senderos de “la pureza ideológica”. Nadie se despierta un día con la pistola en la mano decidiendo hacerse guerrillerx urbanx anarquista. El proceso de concientización es un penoso camino de tierra, escabroso y lleno de callejones estrechos y sin salida, un camino que pasa por contradicciones y vaivenes, que se forja por detrás de las barricadas, las piedras y los gritos de lucha de grandes masas. 

Es lógico que lxs nuevxs compañerxs que habían adquirido una primera conciencia de la situación y quieren luchar contra el Poder y el sistema, con cualquier pretexto salen a la calle para obtener el bautizo del fuego. 

Lejos y fuera de las demandas de cada una de las movilizaciones que reclaman hacer justicia a nuestras vidas por medio de las migajas de aumento de salarios, hay gente joven que, sean anarquistas o simpatizantes de la anarquía, salen a la calle para “meter la caña” contra la policía, reventar bancos, levantar barricadas y prender fuego a la asfixiante tranquilidad de un mundo que ya no les cabe. 

Además, todxs hemos partido de tales procesos y en medio de los gases lacrimógenas, los fuegos y ser cazadxs por los maderos, sentíamos el deseo de hacer de los disturbios la parte fija de nuestra existencia y agudizar a nuestra conciencia sin esperar a la siguiente manifestación. 

Por esto creemos que el paso por los disturbios callejeros de luchas de masas es indispensable para la obtención de vivencias y experiencias que encontrarán de nuevo frente a sí quienes eligen la guerrilla urbana anarquista como manera de vivir. 

Por lo tanto, el campo de los conflictos sociales constituye el saliente estadio previo para lxs futurxs compañerxs. 

Lxs guerrillerxs urbanxs anarquistas que vienen a las manifestaciones llevan el conflicto más allá de las demandas y reivindicaciones sindicalistas, más allá de las suplicas y el pacifismo de izquierdistas reformistas y más allá de las ridiculeces de lxs paleo-anarquistas sociales…

Con sus ataques contra la policía, los ministerios, los bancos y lxs perrxs de partidos políticos, “minan” el centro de la metrópolis y traen el mensaje de la anarquía a todas partes. Por esto es muy importante que su intervención sea organizada y planificada con anterioridad, para así ganarse más tiempo para el disturbio y una más grande libertad de movimientos en el terreno enemigo, al mismo tiempo propiciando el ejercicio práctico de compañerxs jóvenes en la lucha callejera. 

Durante los momentos de combate con los cerdos de antidisturbios, lxs compañerxs jóvenes pueden “instruirse” en los ataques por sorpresa, en tirar molotovs, en la estrategia de “golpea y corre”, en las huidas listas, en cómo afrontar a los gases lacrimógenos, en la coordinación de un plan, en la eficaz destrucción de objetivos (por ejemplo los bancos) y lo más esencial: pueden vivir esa emoción única de estar unx al lado del otrx con una solidaridad que vence al miedo. 

Todo eso junto con la ya existente conciencia precoz, que continuamente va enriqueciéndose a través de estas vivencias, son requisitos indispensables para los futuros ataques y asaltos nocturnos, para los incendios y las coordinadas series de golpes, como también para la preparación de las acciones armadas. Incluso durante un atraco a un banco, dos compañerxs que aprendieron a no abandonar nunca unx al otrx en el campo de la batalla y a través de enfrentamientos con los antidisturbios se “educaron” con el significado de solidaridad, van a “trabajar” con un singular sentido de compañerismo que es superior a cualquier tipo de “profesionalidad”. 

De este modo, aunque creemos que la violencia de los conflictos sociales en su aplastante mayoría es fragmentaria, ya que reclama unas demandas gremiales y por consiguiente las movilizaciones tarde o temprano volverán a la asimilación y la normalización cotidiana, a pesar de todo eso, para un determinado sector, combativo, no afiliado y filo-anarquista, pueden funcionar como una etapa transitoria en el paso a la organizada e insurrecta violencia anárquica.

Lxs alborotadorxs y la policía interna de las manifestaciones

En este punto algunxs podrían decir sobre un desdeño ético hacia lxs demás manifestantes y su utilización como un colchón-protector que tiene que “absorber” contraataques de los antidisturbios cuando lxs compañerxs después de atacar a la policía se esconden dentro de la muchedumbre. 

El hecho que los conflictos sociales constituyen un variable mosaico de comportamientos y contradicciones, no significa que a todxs lxs que no son nuestrxs compañerxs les metimos en el mismo saco y que sabremos por adelantado que harán. Tampoco significa que les tratamos como material desechable que nos sirve para hacer nuestro “trabajo”. Al contrario: estamos abiertxs a cada uno y una que desea colaborar con nosotrxs para desviar la legalidad de la manifestación. 

A pesar de todas las cautelas y a pesar de la amarga conclusión de que la mayor parte de conflictos sociales son situaciones intermedias en las crisis del sistema, las cuales acaban contribuyendo a su reestructuración, consideramos que siempre hay una posibilidad de que algunxs quieran sobrepasar el papel de “la masa que protesta” y volverse conscientemente rebeldes.

Pero no nos estamos alimentando con las ilusiones propias de lxs anarquistas sociales que tienen visiones sobre “el despertar de toda una masa de gente” simplemente porque la crisis desgarró a sus monederos y por esto salieron a la calle de manera ofensiva. Está claro que apretar el bolsillo no libera a las conciencias, sino añora a que las promesas económicas sean repartidas de nuevo. 

Al mismo tiempo, en el lado opuesto de esta posibilidad de superar de manera liberadora el papel de unx, existe también la eventualidad de que a algunxs de lxs manifestantes, de manera organizada (comités de base, miembros de Partido Comunista de Grecia y los sindicatos controlados por él) o si individualmente (patriotas ridículxs, unxs fieles a la ley) les gustará funcionar como la policía interna que va a empujarnos, sacarnos las capuchas o formar “cadenas humanas” contra nosotrxs. En estos casos no tenemos la menor duda ni escrúpulo de atacarles y pasar por encima de ellxs así como les corresponde, tratándoles como aspirantes a policías.

Conspiración de Células del Fuego [de la primera fase] / FAI/ FRI

LA NUEVA GUERRILLA URBANA ANARQUISTA
CONSPIRACIÓN DE CÉLULAS DEL FUEGO

Anuncios