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Preparando el enfrentamiento

Esto a que aspiramos políticamente tras la intervención de las fuerzas de la nueva guerrilla urbana anarquista en los conflicto sociales es agudizar la desestabilización del sistema, no en un nivel militar, ya que—como ya lo hemos mencionado—no somos necesarixs para que estalle la violencia, sino presentando en el jaleo del conflicto también nuestra propia propuesta.

La propuesta de deshacernos del Poder de nuestras vidas por completo, lejos de la limpieza de instituciones reclamada por las masas.

Para que esto ocurra es necesario que hablemos sobre nuestros valores y nuestras motivaciones. Puesto que ninguna cosa aparece así desde la nada como si fuera por arte de magia, hablando sobre la guerra tenemos que desarrollar nuestra estrategia.

Cuantxs de lxs compañerxs de la guerrilla urbana anarquista decidirán de tener una presencia pública (en el siguiente capítulo hablaremos más concretamente sobre eso), moviéndose más ampliamente en charlas, debates y asambleas, cada uno y una de ellxs reconoce y sea reconocido por compañerxs que hablan el mismo idioma y tienen los mismos deseos.

Es importante que estos círculos de personas se pongan de acuerdo entre sí y discutan sobre la perspectiva de prácticas insurreccionales que se puede desarrollar durante una manifestación.

Comunicándose de manera conspirativa pueden plantear su acción a la vista de una movilización en la cual esperan que habrá disturbios y enfrentamientos con la policía. Al mismo tiempo, intercambiando experiencias y proponiendo nuevas formas de accionar, pueden prepararse en nivel material y técnico para obtener el mejor resultado posible para golpear a los cerdos de antidisturbios y los símbolos del Poder.

Lxs compañerxs que tienen más experiencia de guerrilla urbana y en lucha callejera, no la deben trasforman en un informal liderazgo, sino en capacidad de trasmitir saberes. Por esto es tan importante que lxs compañerxs jóvenes que no tienen las mismas experiencias tomen parte y no sean excluidxs de los debates entre “lxs iniciadxs”.

Además, el objetivo de la presencia de guerrillerxs urbanxs anarquistas en las manifestaciones no está en competir en lo de “quien tire más molotovs” sino en estar a lado de lxs compañerxs más jóvenes y plantear juntxs los ataques cada vez más eficaces. En este proceso anarquista no haya líderes ni “eminencias”. Estamos en contra de todo informal paternalismo de lxs compañerxs que tienen más edad frente a lxs más jóvenes, mientras que estxs últimxs, aparte de percibir y valorar a las experiencias de lxs más grandes, a su vez deben también trasmitir a estxs primerxs el nuevo espíritu de la época, su diferente mentalidad y sus nuevas preocupaciones, para crear una interacción que no reconoce profesores ni aprendices sino plasma un proceso de equiparación.

Por lo tanto, si deseamos estar en la calle junto con la manifestación, ahí donde estalla el disturbio, es importante que tengamos alguna manera nuestra para que no seamos un número estadístico que simplemente sube la cantidad de molotovs lanzados contra los policías, pero en vez de esto salgamos a la calle guardando todas estas autónomas y políticas características nuestras que estamos promulgando.

Nuestra intervención violenta en las manifestaciones debe que ir acompañada por nuestro intervenir anárquico en las conciencias de lxs compañerxs y lxs demás que participen en ellas. Nuestra acción no empieza ni se acaba con prender fuego a un banco en medio de una marcha, sino junto al fuego lleva consigo también un mensaje sobre la liberación de nuestra vida, la que quiere comunicarse con quienes tienen ojos para ver, cerebro para opinar y sobre todo corazón para sentir.

No basta con sólo elegir correctamente los objetivos y los medios, se tiene que tener en cuenta también las condiciones que hay y cuidar hasta los más pequeños detalles para que nuestra acción no precise más explicaciones. Especialmente hoy en día, en una época de irrefrenable cháchara sobre cosas insípidas, no hay práctica insurrecta que hable por sí misma. Hasta en el marco de la anarquía, unos enfoques propone la nueva guerrilla urbana y otros más las demás diferentes tendencias antiautoritarias.

Por esto lo importante es que los actos violentos durante manifestaciones no se queden huérfanos.

Bastantes eran las mentiras lanzadas contra nosotrxs por lxs periodistas que detrás de la destrucción de un banco o de un hotel lujoso veían “la destrucción de propiedad de gente sencilla”. Por esto, penetrando más al fondo que aquella falsa superficialidad comunicativa, es necesario que hablemos sobre nuestra violencia. Que hablemos sobre los motivos que nos llevan a optar por la ruptura con todo lo que desprecia a nuestras vidas, algo mucho más importante que la anulación del memorándum, el retiro de las legislaturas o la votación contra nuevas medidas económicas.

Pongamos en claro que, no fomentemos ni el más mínimo respeto por la propiedad de las multinacionales y grandes empresas y que toda su riqueza es robada de nosotrxs y que por esto se merece de ser destruida o expropiada.

A lxs compañerxs jóvenes y a todxs quienes les gusta la anarquía, propongamos que no tenemos porqué perder el tiempo en espera para el siguiente estallido de una lucha de masas. Podemos ganarnos momentos de subversión montando unos pequeños y autónomos grupos guerrilleros, preparados para acción ya a partir de hoy.

Esta efusión de nuestros valores puede llevarse a cabo antes o después de una manifestación, creando un legado abierto.

Imagínese por ejemplo que, a la vista de una gran manifestación, toda Atenas o Tesalónica fuera llena de miles de carteles, octavillas y rayados en las paredes que van propagando que el día en que se llame ésta manifestación “vamos a la guerra”…

Teniendo un discurso determinado y sin recurrir a esas vagas distracciones que suelen llenar la gran parte de textos y carteles anarquistas, podemos de manera sencilla y comprensible poner en evidencia el contenido de nuestra acción. Decir que reclamamos algo mucho más allá y mucho más grande que el aumento de un salario o el retiro de un proyecto legislativo. Decir que en las manifestaciones y las marchas multitudinarias no nos importan las demandas puramente económicas que hablan de la pobreza material pero no dicen ni una palabra sobre la pobreza espiritual y emocional. Porque nosotrxs reclamamos tomar nuestras vidas en nuestros manos y también toda la libertad de que nos han privado. Ahora sabemos que nuestro grito se hace más fuerte cuando lo suelta una cara tapada con capucha, una mano armada con molotov, un corazón que late en el ritmo del ataque.

Y si algunxs de lxs compañerxs guardan su cautela por el hecho de que dada la difusión pública de nuestras intenciones tal vez los maderos se preparen de manera correspondiente, lo que podemos hacer es informar sobre nuestra acción luego. Esto puede realizarse por medio de una octavilla o de un cartel. Además, semejantes prácticas fueron ya utilizadas en el pasado. Desde luego, hubo reivindicaciones de ataques (contra la agencia de trabajo temporal “Adecco”, contra la sede de sindicato “amarillo” GSEE, contra un bar de fachas en Monastiraki, etc.) en forma de carteles o pegatinas.

Por las movidas hechas en una manifestación, naturalmente, no puede haber una reivindicación en forma del comunicado firmado por una organización. Algo así sería no menos que una apropiación arrogante hacia lxs demás, ya que en una manifestación la violencia rebelde es esparcida y utilizada por individualidades que no siempre tienen algún referente común. Pero justo por esta razón sí que valen mucho los textos sacados después de los disturbios.

Por un lado porque de esta manera se expresa la reflexión de aquellxs compañerxs que tomaron parte en los disturbios y lo firman como “algunxs encapuchadxs” o “unxs alborotadorxs” y por otro lado porque así informan directamente sobre las motivaciones de su acción, lejos de la mediación por parte de esxs chivatxs-periodistas.

Algo parecido fue adaptado en el pasado muy pocas veces, como por ejemplo en el caso de una marcha antifascista en 1995 en barrio de Kipseli, la cual acabó en un enfrentamiento con la policía y luego en la ocupación de la facultad de Economía y de la universidad Panteio.

Igualmente, incluso aún durante la marcha, cuando haya ataques contra bancos y centros comerciales, unx de lxs compañerxs puede encargarse de hacer una pintada al lado de un objetivo destruido o lanzar octavillas que propaguen el esparcir de la violencia.

De este modo podemos quitar de los actos violentos esas vaguedades confusas que el enemigo entiende como “la obra de provocadorxs” y algunxs amigxs lo llaman “el estallido justo de la rabia social”.

Hemos elegido que nuestros deseos existenciales constituyan la motivación de nuestra acción y no vamos a utilizar a ese sudario político del discurso seco ni a los análisis puramente económicas para presentar “la razón” de las acciones violentas.

A lxs anarquistas que consideran que el hecho de asumir la responsabilidad política por una acción que hicimos durante una manifestación es sobrante, les tenemos que recordar los acontecimientos de Marfin. Evidentemente, este caso en concreto muestra el frecuentemente negativo prisma a la luz del cual las diferentes tendencias de la anarquía ven la violencia rebelde. Pero tuvo que ocurrir la muerte de lxs empleadxs del banco para que se abriese, y eso de la peor posible manera, un “diálogo” lleno de prejuicios y obsesiones. Por supuesto que los hechos del 5 de mayo de 2010 y el incendio del banco Marfin eran sólo el pretexto. Porque en realidad la muerte de lxs empleadxs de Marfin fue consecuencia de las carencias y debilidades prácticas que desde hace años reinan en el entorno anarquista. Si unx toma en cuenta los “accidentes” que pasan desde hace años ya durante tantos de los ataques anarquistas (compañerxs casualmente quemando unx al otrx, “fallidas” molotovs lanzadas en puntos poco acertados, etc.), ha sido muy probable que ocurriese algo así. Pero sobre los hechos de Marfin ya hemos hablado en el comunicado que sacamos junto a la reivindicación de nuestro doble ataque con bombas, contra la cárcel de Koridallos y contra los juzgados de Tesalónica. En el presente texto la cuestión no es qué fue lo que causó los hechos de Marfin, sino lo que siguió después.

La falta de trasmisión y difusión de determinados posicionamientos y posiciones claras sobre el objetivo de la violencia rebelde anarquista ha propiciado y creado a una peculiar cacería de brujas. Una cacería de brujas en que el papel de la Santa Inquisición fue asumido por un despreciable sector del ámbito anarquista. Durante las asambleas de entonces, ciertxs ridículxs y olvidadxs “anarco-infames” agarraron la oportunidad de atreverse a salir de su propia asquerosidad e insignificancia y empezaron a juzgar. Empezaron a juzgar las percepciones, calumniar las prácticas, señalar las personas concretas, distorsionar las situaciones y chantajear que van a emitir el veredicto. Finalmente, el veredicto ha sido sacado y los hechos de Marfin fueron atribuidos mayoritariamente y de manera totalmente arbitraria a “la corriente nihilista”, a “la nueva anarquía” y a lxs “anti-sociales”. Resulta muy fácil atribuir una colectiva incapacidad e insuficiencia del ámbito anarquista a la más violenta de sus tendencias.

Sin embargo, si hubiera existido un legado (en forma de textos, posiciones, reflexiones, etc.) en torno de los medios, los métodos y la estrategia de la violencia rebelde anarquista en las manifestaciones multitudinarias, muchas cosas se hubieran podido evitar. Por lo menos lxs calumniadorxs no tendrían tanto espacio para moverse y la memoria de los errores cometidos sería capaz de crear la perspectiva de superarlos.

Es obvio que todo lo que se entendía por sí mismo ya ha muerto. Cualquier práctica, si realizada en medio de miles de manifestantes o si en las “amistosas” y conspirativas oscuridades de la noche, tiene que reivindicar su propio y singular significado. Esto no significa que tenemos que acudir a la cobardía de las justificaciones para actuar. Sin embargo, deseamos que cada una de nuestras prácticas hable el idioma de lxs que la hicieron realidad y no que quede abandonada en silencio. Sólo así se superan las vagas confusiones y las autoridades de lo obvio. Sólo así unx puede distinguir entre amigxs y enemigxs.

Esos pocos destacables comunicados como también toda una pléyade de trípticos que fueron sacados después de los hechos de Marfin, resaltaron la imperativa urgencia de acompañar nuestras prácticas por un correspondiente discurso.

Algo así no aportará sólo a la propagación de nuestras posiciones, por supuesto tampoco se va a dedicar a “ajustar las cuentas”, sino que puede abrir una esencial perspectiva de dialéctica entre lxs anarquistas que tienen cada unx diferentes parámetros de la violencia rebelde.

Por lo tanto, haciendo claras nuestras posiciones respecto a la intervención en las manifestaciones, declaramos nuestro punto, ejercemos la violencia guerrillera y creamos una ideal antesala para quienes quieren montar células autónomas y tomar la acción aquí y ahora.

Demonios y Santos del Nechayevismo. Destruyendo los rumores.

Muchas mentiras han sido escritas para esbozar el perfil del guerrillerx urbanx anarquista. Gran parte de los rumores estancados en las aguas pantanosas de la pseudoliteratura del ámbito anarquista, frecuentemente confunden el/la guerrillerx urbanx anarquista y la nueva anarquía con las teorías de Nechayev. Como todo pequeño mundillo, los círculos anarquistas también necesitan tener sus propios “santos” y sus respectivos “demonios”.

En Grecia, el de hecho pequeño legado teórico de Sergey Nechayev ha creado una enorme confusión ideológica. Lxs anarquistas sociales lo rechazan con aversión mientras que muchxs de lxs compañerxs jóvenes, encantadxs por los oscuros elementos de la mitología que lo rodea, están abrazándolo sin crítica alguna.

En medio de toda esa carga, en que palabras y significados pierden su vigencia por el fanatismo de la imagen, a la nueva guerrilla anarquista frecuentemente se le tilda como “nechayevista”.

Poquísimxs, por cierto, hacen esfuerzo de leer el contenido de nuestros comunicados y darse cuenta que nuestro propio nihilismo no tiene relación con el nihilismo ruso de los tiempos de Nechayev.

No estamos de acuerdo con “El catequismo del revolucionario”, considerado como el evangelio del nechayevismo, ni tampoco con el ascetismo revolucionario en nombre del pueblo.

Nechayev y sus compañerxs de camino, tras “El catequismo” presentaron la revolución como un conjunto de órdenes estrictas, que lxs revolucionarixs deban cumplir para realizar la “Causa de la liberación del Pueblo”.

Además, tanto la forma organizativa como los demás textos de círculos “nechayevistas”, se inspiran en un fuerte despotismo revolucionario que lo sacrifica todo en nombre del objetivo.

No nos gusta para nada la idea de una revolución con forma religiosa del deber, una revolución en la que para lograrse, tendramos que “sacrificar” nuestras vidas siguiendo toda una serie de reglas fijadas por algún comité central “revolucionario”. Tampoco nos apetece eliminar nuestra libertad personal por una elite revolucionaria que va a enseñar al pueblo el camino hacia la libertad y que supuestamente se abolirá a sí misma cuando lleguen las futuras “condiciones maduras de las generaciones que vienen”.

La insurrección permanente anarquista antes de todo tiene que ser vivida y no es ningún tipo de obra forzada. Es una genuina y auténtica postura vital que habla en primera persona, mientras que en un grado supremo todo se vive en un permanente aquí y ahora.

No obstante, a pesar de todo lo que nos separa de las percepciones expresadas por Nechayev y por el nihilismo ruso, no podemos omitir el reconocer en aquellxs revolucionarix una férrea voluntad de derrumbar el régimen.

Era gente decidida a derramar su propia sangre por sus ideas y no unxs que se esconden detrás de discursos pseudo-revolucionarios y malas comedias como lo hacen hoy en día varixs anarquistas supuestamente “de raza pura”.

Aunque sea sólo y únicamente por su honradez y por las extremamente difíciles luchas que dieron, y dejando aparte nuestra crítica y desacuerdos, ciertamente gozan también de nuestro respeto y aprecio que nada tienen que ver con cualquier demonización o idolatría y van más allá.

El amanecer de la Nada

La nueva guerrilla urbana rechaza la sociedad actual y sus valores. Deroga los valores de aquella sociedad y por medio del nihilismo reconstruye y descubre unos nuevos conceptos. Pero frecuentemente el nihilismo está entendido como un concepto vago y abstracto. Algunxs lo confunden con un pesimismo filosófico, otrxs con un arrogante y degenerado pseudoegoismo.

No vamos a presentar la definición etimológica de la palabra “nihilismo”, sino que hablaremos del significado que este adquiere en los textos y en los ataques de la guerrilla anarquista.

Empezamos por una conclusión que viene de lo que hemos vivido.

A pesar de todo nuestro odio hacia el mundo del Poder y su civilización, no podemos ocultar que somos siembra de esta época.

Su veneno lo encontramos por todos lados, puesto que los ídolos del Poder acechan en cada uno de los aspectos de nuestra vida. Incluso nosotrxs mismxs, que siendo anarquistas rechazamos la civilización actual, ¿cuántas veces durante los momentos más liberadores nos tropezamos con nuestro lado “malo”? Dentro de nuestro grupo, en nuestras amistades y en nuestros amores, puede todavía existir la sombra del Poder, la posesividad, la copia de prototipos, la pálida imitación de papeles sociales, las divisiones, los pseudoegoismos…

El hecho de que somos anarquistas no significa que estemos impolutxs y esterilizadxs de la sociedad actual y de su civilización. Sin embargo, significa que estamos en permanente guerra contra ella, aspirando a sacudir de nuestro interior y de nuestro alrededor todas las costumbres y hábitos autoritarios junto con sus residuos. En esta guerra el nihilismo funciona como purgador. Y eso porque no habla simplemente sobre una más liberada reformulación de las relaciones sociales, sino sobre la destrucción total de esas últimas y sobre su reconstrucción desde cero a base de unos nuevos valores que van a surgir tras la anarquía. Cuanto más en el fondo destruyes tanto más intensamente crearás las presuposiciones para una nueva y radical regeneración.

El nihilismo por medio de la acción directa contribuye violentamente a la destrucción de todos los ídolos de la civilización moderna y saca de su pedestal todos esos valores que hoy en día están socialmente aceptados. Todos los valores y todas esas prisiones morales de los compromisos quedan anihilados y liberados de la sombra del Poder, mientras que unos nuevos significados se van creando. El nihilismo es la vida que se mueve hacia las infinitas posibilidades de liberación. Quizá todo eso suena muy abstracto. Pues, hablemos de manera un poco más tangible. Porque la poesía del nihilismo al mismo tiempo crea las ruinas de ese mundo. Especialmente hoy en día observamos como la percepción anarquista se confunde y mezcla con los residuos de unas teorías mutiladas y de unas ideologías invalidas. Frecuentemente aparece una repugnante mezcla de anarquía con unos análisis puramente económicos, con marxismo científico, con obrerismo, con democracia directa o comunización. De esta manera la anarquía queda lisiada y empobrecida, se limita y retrocede. Pierde su vivacidad y su crítica, corriendo peligro de volverse una ideología muerta más.

Al leer y debatir los análisis y textos que circulan en el ámbito anarquista, especialmente ahora con la crisis económica, vemos que predominan especulaciones expresadas en un lenguaje totalmente seco. El lenguaje del pasado y de una ideología muerta. Por ejemplo, una de las cuestiones centrales en esas discusiones es la propuesta de la autogestión de los medios de producción. Es decir, el problema con mucha facilidad se centra en quién tenga en sus manos los medios de producción. Algunxs ya van fantaseando sobre autogestionados servicios públicos, órganos de beneficio público, etc. Pero algo así no cambiará la esencia del mundo. Al contrario: ese punto de vista obrerista que ve el apropiarse de los medios de producción como proyecto motriz de liberación, de hecho no sólo es incapaz de cuestionar el mundo del Poder sino que además lo reproduce. Lo reproduce porque manteniendo el masivo proceso productivo, aunque sea en su forma autoorganizada, conserva el trabajo especializado, el control tecnológica, las metrópolis y la sociedad de masas.

Por lo tanto la pregunta es: ¿quizás estamos aceptando las condiciones y procesos del mundo autoritario, porque pensamos que podemos transformarlos en unas condiciones y procesos liberadores?

En nuestra opinión, ninguna liberación puede llegar tras la autogestión de la miseria y de la producción heredadas del mundo del Poder. Así la cuestión no puede limitarse simplemente a ¿quién tiene los medios de producción: lxs capitalistas o lxs trabajadorxs?. Con el nihilismo la cuestión va más allá, hasta destruir por completo aquellos medios de producción.

Igualmente la existencia de las metrópolis modernas es una cuestión más que debemos de abarcar. No tiene sentido hablar sobre la anarquía y la liberación si estas no van juntas con la destrucción de las grandes ciudades. Y cuando decimos “destrucción de las metrópolis” no tenemos en mente sólo lo de quemar y derrumbar las cárceles, las comisarías, los ministerios y los demás símbolos del Poder. Lo entendemos como la destrucción nihilista de todos los fundamentos estructurales de las ciudades. Las metrópolis con su arquitectura constituyen una edificación autoritaria que está al servicio del sistema actual. Se trata de un inmenso y densamente poblado desierto social. Una fábrica social que funciona sin parar, un ambiente artificial que produce soledad y enajenación, que establece la dictadura de las mercancías, el control de conductas sociales, la normal circulación del dinero, la existencia de zonas de trabajo, zonas de entretenimiento, zonas residenciales, etc.

Además, las metrópolis están destinadas a ser pobladas por sociedades multitudinarias. Sociedades de masas que para organizar y cubrir sus propias necesidades, terminan en unos centralistas modelos de organización social.

Igualmente, la sobresaturación de la gente propicia la jerarquía piramidal y deroga a los alcances equivalentes. Por esto, con el nihilismo y la anarquía propagamos el derribo arrasador de las ciudades y la destrucción de la sociedad.

La liberación de la gente es acabar con la dimensión de masa que tiene la sociedad y crear pequeñas y autónomas comunidades. Solamente tales comunidades propician la comunicación, el crear juntamente, el debate, la experiencia personal y la vivencia colectiva. Al mismo tiempo, el nihilismo anarquista rechaza a la aterciopelada y camuflada opresión civilizadora. Todos los logros de la civilización dominante, todos los momentos de su cultura y sus pensamientos, pertenecen al mundo del Poder. Incluso la música, el cinematógrafo y la literatura frecuentemente sirven como propaganda del Dominio. Es por eso que se producen en forma de objetos/artículos para el consumo de masas, lo hacen las correspondientes industrias de música, de cine, etc. Con sus representaciones artísticas reproducen modelos de conducta social y de mentalidad como también fortalecen la intrincada red que actualmente aprisiona nuestras vidas.

Incluso el arte alternativo promulgado por la subcultura aparentemente disidente, en realidad funciona sólo como una válvula de descompresión. Sus supuestamente subversivos mensajes y su non-conformista y poco peligroso carácter, no son más que una “libertad” ofrecida por el sistema que así produce su propia forma de disidencia. De este modo lo puede asimilar muy fácilmente, convirtiéndolo en el consumo de películas alternativas, de música alternativa y de diversión alternativa. En pocas palabras, es el mismo sistema el que ofrece una manera ya preparada para que lo rechaces, pero sin que vayas a molestarlo o a constituir una amenaza para él.

Frecuentemente la civilización no nos permite ver el mundo en su dimensión natural. Las invenciones culturales de los seres humanos moldean las teorías muy complejas, las formalidades educadas, los papeles sociales separados y las actitudes fingidas que nos alejan de la alegría que es la esencia de la vida. Al contrario, el nihilismo es en cierto sentido la opción de autenticidad. No necesitamos todos esos disfraces adquiridos y civilizadores para poder disfrutar de los valores y los placeres de nuestro ser.

Por esto proponemos destruirlo todo. No basta con abolir el Estado y sus instituciones para saborear la libertad, se precisa una destrucción nihilista de la percepción del mundo que tenemos hasta ahora. Destrucción de una percepción antropocéntrica que nos pone en el centro del universo, como si todo fuera girando a nuestro alrededor. Una percepción semejante ineludiblemente crea mecanismos autoritarios que hace que queramos expandirnos y dominar a la naturaleza, a los animales y, lógicamente, a otros seres humanos. Destruyan, destruyan, destruyan, hasta que lleguemos a eliminar nuestra vida vieja para construir algo anárquico y libre. Y mientras que exista el recuerdo del Poder, ya que este se lo pasa bien en nuestro interior, la destrucción tiene que ir mucho más a fondo, tiene que ser consciente y continua…

En pocas palabras podríamos decir que el nihilismo es detonador de la anarquía. Es el continuo poner en duda y cuestionar, que lo ve todo críticamente, continuamente evolucionando la anarquía. Al mismo tiempo no permite que la anarquía se convierta en  un nuevo orden dirigente. El nihilismo es aquella situación que puede hacer que las palabras sí digan algo que no se ha dicho hasta ahora y que los colores revelen algo que no ha sido visto hasta ahora. Es la revelación de una nueva vida que golpea, ataca y deroga las restricciones y limitaciones del Poder, de las ciudades, de la sociedad, de la civilización y de los medios de producción. Es una tentativa de realmente comprender nuestra vida, una tentativa que la libera de la actual complejidad del técnico y tecnológico ambiente en el que vivimos. De este modo lleva la vida a un estado de consciente simplicidad, ahí donde las emociones y los pensamientos derogan a las reglas y a los límites.

De esta manera aportamos a la destrucción de la sociedad burguesa, teniendo como objetivo tanto derrumbar sus fundamentos como también el derribo total de la idea actual del disfrute y el gozo. Abandonamos el culto de los objetos en el mundo de las cosas muertas y nos llenamos de insaciabilidad de los deseos, del intelecto y de los sentimientos. Nos negamos a que los cálculos fríos y su certeza se encarguen de nuestra vida. Las relaciones humanas tienen que ser basadas en la pasión, porque si no, se hundirán en el aburrimiento y la repetición.

Por esto, aunque las probabilidades de liberación son desconocidas en cuanto a su perspectiva, la evolución y el moverse son más preferibles que la seguridad del estancamiento. Porque de la inmovilidad lo único que puedas esperar es la muerte. En realidad ni la anarquía ni el nihilismo ofrecen garantías, pero los dos sí ofrecen la vida. La vida no va sin movimiento, sin evolución o sin conflicto.

Los conceptos mismos de la amistad, de la comunicación y del amor serán probados con una nueva intensidad y con una nueva pasión. Lo único cierto es que se despedirán representaciones que hoy en día son todas falsas y envenenadas.

Con su mareante forma, el nihilismo se levanta irrespetuoso y provocador frente a todas las ideologías “revolucionarias” que quieren predeterminar las sociedad futuras que ellas mismas evangelizan.

Esas ideologías revolucionarias nos recuerdan a alguien que intenta encerrar todo un mar en una botella. La vida y la anarquía no son un manual de uso que te enseña como descubrirlas. Ni la ruptura con el Poder ni la acción directa anarquista prometen soluciones, sino experimentan con las infinitas eventualidades de libertad en que cada uno y una a su vez crea una nueva probabilidad. Esto que hoy en día es nuevo, mañana será viejo y tiene que ser superado. Cada uno de los respiros necesita el siguiente. Así construimos la nueva Persona Libre en una vida anárquica. Ahí donde todo es posible.

Conspiración de Células del Fuego [de la primera fase] / FAI/ FRI

LA NUEVA GUERRILLA URBANA ANARQUISTA
CONSPIRACIÓN DE CÉLULAS DEL FUEGO

 

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