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¿Qué cosa más evidente y notoria de lo que implican las rejas en los animales que se suicide un animal por estar en cautiverio? ¿Puede existir algo más absurdo que el hecho de que encierren animales en una jaula? 

El tarsero, al igual que otros animales presos, prefiere la muerte que vivir la agonía tortuosa del encierro. Pocas cosas son tan penosas como evidenciar tal hecho, pero los animales que no se suicidan, también viven el peor de los castigos. No hace falta explicar que los animales sienten y que valoran su libertad, tienen los mismos intereses intrínsecos que las personas, están en una búsqueda constante de sus necesidades, las cuales se ven arrancadas por el especismo, y esa miseria humana que los encierra tras las rejas del macabro entretenimiento, la ciencia asesina, y todos los ejemplos de explotación hacia ellos en manos de una sociedad carcelaria.

Es necesario ver el suicidio para saber lo que sufren, lo antinatural y absurdo? ¡NO! lo evidenciamos también con la zoocosis, es una patología que se produce en los animales en consecuencia del encierro, consiste en que los animales se muevan de un lugar a otro, movimientos aparentemente sin sentido y constantes que nos demuestran una desesperación por lo mas preciado: “la libertad”. También implica automutilación, bulimia, anorexia y otras tantas acciones que surgen solamente en el encierro. Entonces preguntémosnos una vez mas, ¿nos sorprende que un animal se suicide por el encierro? Miremos un video de un zoológico, de un circo, de una granja, de un laboratorio, o cualquier lugar donde tengan una cárcel de animales, por mas grande que sea, por mas que esté bien cuidado, las cárceles son cárceles, grandes o chicas, los animales no son pertenencias, deben ser libres y salvajes, como nosotrxs también debemos serlo.

Los tarseros o tarsios (género Tarsius) son primates del infraorden Tarsiiformes. Antes se clasificaba como prosimios junto a los lémures, pero ahora se consideran haplorrinos y están, por tanto, situados junto a los Simiiformes (platirrinos y catarrinos). Poseen enormes ojos, pies alargados y cuerpo pequeño. Son insectívoros (aunque a veces comen culebras y pájaros) y nocturnos y solitarios y en muchas de las regiones donde habitan los consideraban demonios. Su hábitat se ha visto muy reducido y actualmente se restringe al Sudeste Asiático, Filipinas, Célebes, Borneo, y Sumatra. Están en peligro y cuando los han capturado, se han lastimado e incluso matado, víctimas del estrés. En algunas de sus áreas de distribución se consideran animales de mal agüero e incluso un poco “diabólicos”.

¿Un animal no humano se suicida? 

Hasta ese punto llega el ansia de libertad de este peculiar animal, uno de los primates más pequeños del mundo con sólo 16 centímetros de altura y enormes ojos marrones similares a los de un búho y los más grandes en proporción a su cuerpo de cualquier mamífero.

El tarsero es una de las mayores atracciones turísticas de Filipinas por su aspecto amable, lo que no le ha beneficiado, pues durante años ha sido exportado ilegalmente para intentar convertirlo en mascota, una tarea casi imposible. “No pueden sobrevivir demasiado tiempo enjaulados, les provoca estrés. Después de algunos meses se golpean la cabeza y si tienen cerca un recipiente con agua se ahogan a sí mismos. Lo he visto varias veces”, indica Carlos Pizarras, responsable del cuidado de los primates en la Fundación del Tarsero en la isla de Bohol.

Según algunos estudios científicos, el animal entre rejas cuelga su cabeza de la pared hasta provocarse la muerte, o incluso llega a deprimirse tanto que fallece de un trauma psicológico. “El contacto con los humanos les afecta mucho, incluso pueden dejar de respirar por el estrés en esos momentos”, lamenta Pizarras.

Con los años y al tiempo que iba descubriendo las peculiaridades de estas criaturas, Pizarras se dio cuenta de que cada vez era más difícil hallarlas en las selvas de Bohol. Hace 30 años se empezó a evidenciar como desaparecían porque se quemaban bosques para transformarlos en campos de cultivo. Y también había mucha gente que los capturaba para venderlos como mascotas o campesinos que los mataban porque pensaban que comían sus cosechas”, rememora.

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