John-ClarkNos hallamos en un punto de la historia en el cual la necesidad de una nueva visión política viene señalándose en forma evidente.

En el industrializado Occidente encontramos una creciente disconformidad con las opiniones políticas tradicionales y una pérdida de fe hacia la democracia formal.

Existe una pérdida drástica de confianza en los partidos políticos y un abstencionismo electoral a escala masiva.

En el Este observamos un creciente movimiento disidente que desafía la ortodoxia marxista, a menudo de manera subterránea, a través de una disminución del consenso y de la cooperación, otras veces, dramáticamente, con periódicas revueltas.

Y tanto en Occidente como en Oriente nos hallamos en numerosos países y en variables grados, una oposición cultural que vagamente, aunque tal vez proféticamente, señala la necesidad de una nueva visión unificadora.

Los sistemas mundiales dominantes no nos ofrecen ya una perspectiva esperanzadora en cuanto a resolver las amplias crisis sociales y ecológicas a que se enfrenta hoy la humanidad. Estos sistemas, con valores tales como la industrialización, alta tecnología, centralismo, urbanización y el Estado, se han constituido en instrumentos para la creación de la atomización social y el desequilibrio ecológico que se hallan en el origen de tales crisis.

Lo que se necesita es una visión alternativa de la sociedad, del futuro y en general de la realidad misma: una visión que se emancipe de las ideologías tradicionales sobre todos estos temas fundamentales. Tal visión la presenta el anarquismo.

A1 discutir el planteamiento anarquista sobre la actual crisis mundial, enfocaremos algunas de las objeciones que los opositores del anarquismo presentan a la hipótesis de que éste pueda constituir una estrategia global practicable. En particular, mi confrontación con las acusaciones vertidas por Alan Wertheimer en su ensayo Disrepect for Law and the Case for Anarchy (en Anarchism: Nomos XIX, Universidad de Nueva York, 1978), en el cual Wertheimer afirma que el anarquismo es incapaz de afrontar con buen éxito cuatro de las condiciones sociales actuales de carácter mundial. Estas son:

La población mundial es (tal vez) demasiado elevada, y aún está creciendo a una tasa rápida sin ninguna perspectiva inmediata para una reducción seria.
Las necesidades básicas del hombre no son satisfechas en la mayor parte del mundo.
Los recursos humanos y naturales del mundo no son equitativamente distribuidos entre la totalidad
El actual nivel de subsistencia se basa en un alto grado de interdependencia económica y social entre varias regiones del mundo y también entre éstas mismas.

Además Wertheimer afirma que el anarquismo es incapaz de enfrentarse a los conflictos entre los propios intereses individuales y las necesidades sociales, en particular con su relación al problema de la defensa.

Al considerar la respuesta anarquista a estos problemas, es importante comprender el significado del término de <<anarquista>>. Lo que entiendo por anarquismo es una tradición teórica y práctica que se ha desenvuelto y evolucionado en el seno de un movimiento histórico a través de siglo y medio. Este movimiento tiene actualmente algunos principios fundamentales: rechazo de todas las formas de dominación; aceptación de formas de interacción humana basadas en la cooperación, autonomía y respeto de la persona, y una visión ecológica de la sociedad, de la naturaleza y de la realidad en general.

En la práctica, estos principios conducen a los anarquistas a proponer políticas tales como la sustitución de los Estados-naciones por federaciones de asociaciones comunitarias y laborales; la sustitución de la corporación capitalista y la propiedad estatal por la autogestión de la producción por los productores; la sustitución de la familia patriarcal autoritaria por la familia libertaria y acuerdos para la vida; la sustitución de la megalópolis y los modelos poblacionales centralizados; así como la alta tecnología centralizada por tecnologías alternativas a escala más humana, que no sean destructivas de los ambientes social y natural.

PROBLEMAS POBLACIONALES: DENSIDAD Y DESARROLLO

La cuestión de la población plantea diversos problemas para la posición anarquista. Uno de los más importantes es examinar si las formas anarquistas de organización social son todavía posibles en sociedades con poblaciones cuantitativamente elevadas o de alto nivel de densidad Según un punto de vista crítico las sociedades altamente pobladas requieren de ordenamientos jurídicos y por esta razón, la anarquía, que postula la ausencia de un sistema legislativo, no podría funcionar en tales sociedades. Es importante destacar que los anarquistas reconocen la necesidad de la adopción de reglas en toda sociedad. La consideración importante no es tanto si deben existir reglas sino, sobre todo, el modo en que las reglas vayan a ser creadas; los procesos a utilizarse para determinarlas, y la naturaleza y extensión de las mismas reglas. Los anarquistas arguyen que de ser posible debería emplearse la elaboración voluntaria de reglas a través de procesos arbitrales y de consenso. Pero dado que con frecuencia ello no es posible, el paso sucesivo consiste en el desarrollo de sistemas productores de reglas a través de procesos democráticos a nivel comunal (si bien muchas decisiones deberían sin duda ser dejadas a grupos aún más pequeños y a los individuos, si las comunidades quieren mantener su carácter libertario). Esta democracia comunitaria puede ser interpretada como si requiriesen sistemas formales de derecho a nivel local que pueden, en tanto las comunidades estén de acuerdo, ser ampliados en sus objetivos a través de la federación.

Existe, sin embargo, una fuerte tendencia a favor de considerar caso por caso a través de asambleas locales y cuerpos judiciales populares, basados más en ciertos aspectos del modelo de la polis griega y en algunos procesos de toma de decisiones tribales. No parecen existir razones válidas para que tales sistemas productivos de reglas descentralizadas y federativas no puedan ser desarrollados en sociedades altamente pobladas.

¿Pero, aun siendo ello posible, tal descentralización para la toma de decisiones puede ser utilizada eficazmente en semejantes sociedades? Existen evidencias de que las relativas ventajas pueden ser ampliadas en sociedades más complejas y altamente pobladas. Dado que los valores y los conflictos de intereses se multiplican con el crecimiento de la población y de la urbanización, el aparato estatal centralizado se hace manifiestamente más inepto como instrumento para enfrentar situaciones de crisis que proliferan rápidamente.

La típica táctica del Estado consiste en ampliar la burocratización y la planificación centralizada, que da por resultado la ulterior disociación entre el mecanismo planificador y la realidad social. Problemas cada vez más particularizados son confrontados de una manera siempre más generalizada. La toma de decisiones descentralizada y federativa, por otro lado, es intrínsecamente más adecuada a enfrentar situaciones complejas, dado que por sí misma es compleja y diversificada. La multiplicación de los problemas demanda la correspondiente multiplicación para la recolección de información, de discusión y de toma de decisiones.

La cuestión del planteamiento anarquista al problema de los elevados niveles de población en relación a las exigencias ecológicas será investigada brevemente. Ello es necesario ya que la estrategia anarquista pecaría obviamente de no realista si requiriera una densidad global de población más baja de la que en la actualidad existe, o que no pudiera afrontar la alta tasa de crecimiento que será inevitable por algún período.

Sin embargo, en primer lugar, deberíamos señalar que la descentralización de la población no demanda una baja densidad global de población. Muchos países del Tercer Mundo, en los que la población se halla fundamentalmente dispersa en pueblecitos, tienen una más alta densidad de población nacional que muchos otros países en los cuales la población se halla concentrada en centros urbanos. En realidad, existe una evidencia antropológica de que las sociedades con sistemas económicos y políticos organizados más libremente que aquellos denunciados por los anarquistas contemporáneos han señalado una alta densidad de población. La política descentralizadora aumenta el nivel de población que puede mantenerse en determinada zona, como resultado de la disminución de la presión ecológica que resulta de la dispersión de la población y la industria, así como la escasez de producción, etcétera.

Esto no significa que los anarquistas contemplen con indiferencia los niveles de crecimiento demográfico que amenazan con superar rápidamente los límites de la capacidad de nuestro planeta para soportar la vida humana, o que tan sólo depositen sus esperanzas en incrementar esta capacidad a través de la descentralización. Surge así una segunda y más importante cuestión: ¿existen estrategias anarquistas para limitar el crecimiento demográfico al punto de estabilizar la población a un nivel más apropiado al bienestar humano y al óptimo equilibrio ecológico? Como afirma Wertheimer: <<mientras nosotros predicamos el control de la natalidad, el campesino hindú continúa procreando niños con el fin de recibir una ayuda en las labores agrícolas y que alguno logre sobrevivir para recibir sus cuidados cuando sea demasiado viejo y enfermo para valerse por sí mismo>>. ¿Aunque fuera capaz de comprender las desastrosas consecuencias sociales de su acción, podemos esperar distinto comportamiento que no sea el de procurar mitigar sus propios sufrimientos? En consecuencia, prosigue argumentando, es necesaria una política demográfica racional basada en la coerción por parte de los poderes estatales.

Este argumento se basa en un falso dilema. Las aparentes alternativas son la reproducción anárquica (que de hecho no es <<anárquica>> en sentido anarquista, sino más bien controlada por el jerárquico e inequitativo sistema socio-económico existente) y la natalidad controlada (que está sujeta al control adicional del aparato coercitivo del Estado). Pero éstas están lejos de ser las únicas alternativas ni tampoco las ínvocadas por los anarquistas. Estos abogan, por lo contrario, que en sociedades como la de la India, el sistema social y económico debe ser profundamente transformado, de manera que sea más compatible con la distribución de la población en pueblecitos y los métodos tradicionales de producción centralizados por la política gubernamental. Es más, ellos afirman que la política estatal tiende a la preservación del sistema económico existente, a la vez que instituye un control obligatorio de la natalidad (tanto promoviendo la urbanización y la alta tecnología, como bajo el régimen de Indira Gandhi) que tan sólo perpetúa el presente nivel de miseria y explotación, en tanto que agudiza los desastrosos efectos ecológicos de la sobrepoblación.

E1 planteamiento anarquista en cuanto a las sociedades campesinas en que predomina la tenencia de la pequeña propiedad requiere la sustitución de tales formas por el cultivo cooperativo del suelo mediante asociaciones de productores. Con tal sistema, los miembros de las asociaciones están en posición de resolver su previamente bastante inteligible interés por maximizar el recurso laborable. Así podrán proveer para su vejez y adoptar otras medidas de bienestar social mediante la regulación cooperativa de su producción excedente, presumiendo que la tecnología para una adecuada producción cooperativa sea efectiva (presunción que discutiremos brevemente) y que si el excedente, ahora desviado a las clases dirigentes nativas y extranjeras, se queda en manos de los productores, entonces las necesidades de éstos pueden ser mejor satisfechas. El punto esencial es que el planteamiento anarquista a los problemas de la sobrepoblación implica una reorganización social consciente y que no puede ser parangonado con la inactividad <<libertaria>> o con un simple incentivo moralista.

EL PROBLEMA DE LA ESCASEZ

El anarquismo siempre se ha interesado por el problema de la escasez. Muchos de los llamamientos del anarquismo a los campesinos españoles, ucranianos y de otros países se basan en una visión que prefigura una sociedad de la abundancia fundada en el comunismo libertario y en la producción fundada en necesidades reales. Una reciente teoría anarquista, ejemplificada en el clásico Post-scarcity anarchism de Murray Bookchin, ha tomado la cuestión de la escasez como asunto principal para la teoría política. ¿Pero poseen los anarquistas evidencias de que su planteamiento acerca de la producción descentralizada y las tecnologías alternativas es practicable?

Según Colin Ward, las propuestas de un trabajo intensivo y la producción alimentaría descentralizada hechas por Kropotkin hace más de un siglo han mostrado a través de la experiencia ser bastante prácticas. Asimismo, observa que <<la experiencia japonesa-la evolución desde una insuficiencia doméstica, a través de la autosuficiencia, hasta una desconcertante <<sobreproducción>> -ilustra la posibilidad técnica de las afirmaciones de Kropotkin en cuanto a una enorme productividad a través de una agricultura intensiva. La moderna industria horticultora en Gran Bretaña y en los países continentales supera ampliamente sus expectativas…>> E1 Grupo por una Tecnología Intermedia de E.F. Schumacher se basa en la tradición de pensadores como Kropotkin y William Morris para desarrollar la denominada <<tecnología apropiada>> que permitiría un desarrollo de las sociedades para solucionar sus problemas de escasez y desempleo, a la vez que evitan las desastrosas consecuencias de la industrialización pesada y urbanización.

En los Estados Unidos de América, grupos tales como el Instituto para la Autosuficiencia Local están explorando las posibilidades a través de las cuales comunidades locales empobrecidas pueden escapar de las asechanzas de la dependencia y de la explotación económica por medio del desarrollo de comunidades de producción industrial y agrícola. David Morris y Karl Hess presentan un cuadro bastante detallado de algunas de estas posibilidades en su libro Neighbourhood Power que, en parte, se basa en su trabajo en las vecindades de Adams-Morgan de Washington, D. C.

A1 discutir el planteamiento anarquista a cuestiones tales como el de la escasez y el nivel de vida, es importante observar que todo lo que se demanda no es para la mera subsistencia, sino más bien para una sociedad de abundancia. Los anarquistas arguyen que la aparente improbabilidad de alcanzar tal sociedad por medio de formas anarquistas de producción se debe a un error al cuestionar la ideología del consumo material. Si la abundancia debe basarse en una infinita expansión de la productividad y en una explotación exhaustiva de la naturaleza, es obvio que jamás se podrá alcanzar. Pero para los anarquistas, la abundancia se logrará del desarrollo de las necesidades sociales y de la satisfacción del deseo de una existencia creativa y satisfactoria. En tal conexión se inspiran los anarquistas para su visión en la riqueza de la imaginación simbólica, la profundidad del sentimiento comunal y el gozo de la experiencia inmediata en muchas sociedades tradicionales.

Los anarquistas enfatizan la incapacidad de los simples incrementos en la producción para elevar el nivel cualitativo de la vida, una vez satisfechas las necesidades materiales básicas. Para discutir adecuadamente este tema, uno tendría a la larga que habérselas con problemas tales como la naturaleza de una sociedad basada en el modelo del ser humano como consumidor, la reducción de los valores humanos a los valores de comodidad en una sociedad consumista, y la destrucción de los ambientes humano y natural en una sociedad obsesionada por la producción de comodidades y el crecimiento cuantitativo.

Es más, el reconocimiento de estos temas aparentemente abstractos no debería conducirnos al descuido por aprehender el interés práctico por formas de desarrollo tecnológico que combine niveles de producción suficientemente altos para satisfacer las necesidades básicas y más elevadas con los requerimientos por un sistema social a medida del hombre, ni burocrático ni jerárquico. Lo que los anarquistas rechazan es un planteamiento simplista que aísle los problemas de la producción, por ejemplo, de la totalidad de las relaciones sociales, o el de quienes ven como única alternativa el continuo desarrollo de las presentes tendencias de la evolución técnica, o a la inmediata destrucción de todo aquello logrado por tal desarrollo.

Este planteamiento directo ignora las direcciones alternativas en el desarrollo de la tecnología y, asimismo, pasa por alto las estrategias alternativas para la abundancia, tales como el gran reparto de los productos sociales como opuesto al consumo individualista, abolición del consumo superfluo resultante de la manipulación de las necesidades y deseos, y la creación de más necesidades sociales (en el cual el crecimiento de las necesidades por sí mismo nos llevará más hacia la abundancia que hacia la escasez), más bien que necesidades materiales consumistas. Es incorrecto asumir que la existencia de una sociedad de abundancia corresponde a la existencia de grandes cantidades de la clase de artículos de consumo que ahora se producen.

EL PROBLEMA DE LA DISTRIBUCIÓN

Las formas anarquistas de producción y de <<tecnología liberadora>> son capaces de satisfacer las necesidades humanas básicas y son compatibles con aquellas formas sociales que se dirigen a la satisfacción de las más elevadas. Pero, aun cuando una sociedad anarquista pudiera alcanzar un adecuado nivel de producción, podría argüirse que tal sociedad sería incapaz de alcanzar una justa distribución de los bienes. Ante todo, se argumenta que si los Estados-nación son incapaces de trascender su <<limitación territorial>>, entonces, las comunidades anarquistas con sus bases locales pueden tan sólo esperar que sean aún más limitadas; en segundo lugar, que la desigualdad entre las comunidades respecto a los recursos o a la productividad desembocaría en injusticias que no podrían ser rectificadas, y finalmente, que el proyecto anarquista sobre la redistribución <<espontánea>> no tiene esperanzas dada la gravedad de la crisis mundial.

E1 argumento de que el anarquismo se encamina hacia una limitación fundada en las comunidades locales se basa en que fija la atención tan sólo en el énfasis anarquista sobre el control comunitario y en la descentralización, y en el desconocimiento de los principios del federalismo y del apoyo mutuo. Desde los tiempos de Bakunin y Kropotkin, el anarquismo ha subrayado la importancia de las federaciones locales, regionales y globales de las comunidades y colectivos obreros.

La relación entre el comunalismo local y el global está perfectamente expresada en la obra de Martin Buber, en la que afirma que a menos que las relaciones inhumanas, burocráticas, objetivizadas en las relaciones creadas por el Estado, el capitalismo y la alta tecnología, sean reemplazadas por relaciones cooperativas, personalistas nacidas en el grupo comunitario primario, no se podrá esperar que la gente tenga una profunda simpatía por la humanidad como unidad.

Según Buber, a menos que consigamos ver a la humanidad en nuestros vecinos es imposible abrigar esperanzas en superar esa <<limitación>> que impide actuar con simpatía hacia la totalidad de la especie. Pero ello no es un simple precepto moral; sobre todo, es un llamado a la praxis comunitaria. Como afirma Buber: <<una comunidad orgánica -y sólo una tal comunidad puede conjuntarse para formar una equilibrada y articulada raza de hombres-, no podrá jamás erigirse por encima de los individuos, excepto tan sólo en pequeñas y cada vez menores comunidades: una nación es una comunidad en la medida en que es una comunidad de comunidades>>.

Los anarquistas afirman que extender esa red1stnbución es una necesidad, y que será alentada más por la práctica de la ayuda mutua a través de la libre federación que por las naciones-Estados o por la creación de un Estado mundial. E1 elemento central es la coyuntura anarquista en lo que concierne al desarrollo de los intereses de clase en sociedades basadas en formas de organización burocráticas y centralizadas. La cuestión relevante es si las formas estadista o federalista de organización pueden mejor contribuir al desarrollo de los modelos de cooperación tanto del pensamiento como de la acción, y examinar el otro lado del mismo asunto en cuestión, si el poder, en verdad, corrompe en gradual proporción en que es centralizado o concentrado.

La teoría anarquista sostiene que en tanto se mantenga la concentración del poder económico o político, debemos esperar que éste será empleado en interés de quienes controlen ese poder. Por ejemplo, en los Estados Unidos de América, nación con la mayor concentración de la riqueza y con una de las tradiciones más prolongadas de democracia liberal, apenas presenta virtualmente ninguna redistribución entre los estratos económicos y sólo una fracción del 1% del Producto Nacional Bruto se destina a ayudar a los países más pobres.

Como evidencia de la naturaleza de la alternativa propuesta por los anarquistas, podemos examinar las federaciones establecidas por los anarcosindicalistas en España en 1936. Observamos que la redistribución, que desde hacía mucho tiempo estuvo ausente por generaciones en los países democráticos liberales y de carácter social, se efectuó en un período de unos pocos meses en las zonas colectivizadas, ante todo como resultado de la institución de la industria y agricultura autodirigidas. En el corto tiempo que las colectividades pudieron actuar autónomamente, éstas empezaron a difundir este igualitarismo más allá de los límites de las colectividades en sí.

De acuerdo con Gaston Leval, en regiones como Castilla y Aragón, <<el principio comunista libertario fue aplicado no tan sólo en cada colectividad, sino en todas las colectividades>>. Leval describe tales programas como de alivio a los necesitados, redistribución de fertilizantes y maquinaria de las colectividades más ricas a las más pobres, y cooperativas de producción de semilla para su distribución a zonas más necesitadas. De acuedo con Leval, existía un despertar entre los colectivistas que <<al elevar la mentalidad comunalista, el siguiente paso fue el de superar el espíritu regionalista>>. Los experimentos de los anarquistas españoles de la década de 1930 proveyó evidencias a la reivindicación anarquista de que cuando los seres humanos desarrollan modelos de vida y valores basados en la ayuda mutua a nivel de pequeños grupos de comunidades locales, se puede ir lejos en la práctica de la ayuda mutua en otros niveles de organización social.

Dada la tecnología de la liberación ahora existente, el mayor problema para las sociedades pobres es la realización de la transformación social. Para esto se requiere su liberación económica y política de la explotación de los poderes imperialistas y de las clases nativas dirigentes, así como su emancipación de los modelos de dominación transmitidos a través de la tradición cultural. La función de un movimiento anarquista en tales sociedades es la creación de una praxis adecuada para desplazar tales grupos y estructuras, e instituir formas liberadoras en su lugar. Así, el problema económico no es visto como la ausencia de una forzada redistribución (la que sería muy probablemente rechazada por las clases y Estados que se benefician de la explotación), sino más bien como la destrucción de los modelos de producción indeseables, resultado de la mala distribución y de las ideologías que legitiman el proceso.

Aunque la redistribución, producción y distribución en general no tuvieran efecto <<espontáneamente>> en el sentido, que ocurrieran sin planteamiento o estrategia, es mucho más probable que tuviera lugar una más justa distribución como resultado de los conscientes esfuerzos cooperativos de los explotados para cambiar las relaciones de poder, como una consecuencia del acuerdo de los poderes explotadores sujetos ellos mismos al control de una más elevada autoridad política que violentaría la redistribución.

La real alternativa al planteamiento anarquista parece ser, no un optimismo democrático liberal o de carácter social acerca de la democracia global, sino más bien el marxismo-leninismo, que se halla suficientemente atento a las realidades del poder económico para realizar que tal cambio en las relaciones de poder inevitablemente envolverá un proceso global de lucha de clases. Pero aunque los anarquistas puedan estar acordes en que el planteamiento marxista-leninista pueda tener feliz éxito en reducir significativamente los extremos de la desigualdad económica, ello es un juicio errático como praxis de liberación por las siguientes razones:

El punto de vista marxista-leninista de la revolución social, con su fuerte inclinación hacia el estatismo y el centralismo, da como resultado un nuevo Estado capitalista y una forma centralista-burocrática de dominación clasista perpetuadora de la desigualdad política y a menudo de la económica
La aceptación acrítica del marxismo-leninismo de la alta tecnología conduce a continuar la producción alienada y el obligatorio desarrollo de un interés clasista tecnocrático y continuar la dominación de la naturaleza y la destrucción de la ecosfera.
La orientación economicista y productivista del marxismo-leninismo le oculta muchos importantes aspectos de la lucha por la liberación humana, uno de los no menos importantes, el cultural, el estético y el erótico, y debilita su análisis de muchas formas de dominación (incluyendo el político, racial, sexual y psicológico).

EL PROBLEMA DE LA TRANSICIÓN

Otro argumento común contra la posición anarquista es el de que la transición hacia una sociedad anarquista tendría resultados desastrosos, dado el alto grado de interdependencia entre la actual economía mundial y el presente nivel de urbanización. E1 anarquismo es visto como un cambio que implicaría un cataclismo, la destrucción inmediata de toda la compleja organización, y una regresión a la independencia comunal.

Pero como ya ha sido señalado, los anarquistas no abogan por la completa independencia comunal sino más bien por una interdependencia orgánica que empieza con las unidades sociales más fundamentales y edificando, a través de la federación, a la humanidad como unidad. Los anarquistas no han propuesto que el cambio tecnológico y la descentralización deben ser tomados como principios absolutos para ser aplicados dogmáticamente, sin importar lo que las necesidades humanas puedan dictar. Los anarquistas no abogan porque toda la tecnología sea destruida, mientras esperamos que formas alternativas liberadoras sean desarrolladas e instituidas. Ellos proponen, en su lugar, que la investigación actual debe ser realizada sobre tecnología alternativa y que el pueblo empiece a usar tales formas liberadoras lo máximo posible, ello mientras la alta tecnología continúe predominando. Por ejemplo, mientras los anarquistas rechazan completamente la conversión a la energía nuclear, no abogan, sin embargo, porque esos otros recursos energéticos sean eliminados, sino que deben ser reemplazados progresivamente por otras alternativas, como son la solar, eólica, metano, geotérmica.

De manera similar, los anarquistas no abogan por la descentralización a través de la aniquilación o reagrupamiento forzoso de los habitantes de la ciudad. Muchos anarquistas aprueban las ciudades a escala tradicional y abogan por políticas tales como la de asambleas vecinales, la integración del trabajo, el juego y los lugares públicos, jardines y talleres comunales, y planteamientos semejantes para transformar el medio urbano. Sin embargo, los anarquistas prevén reducir las inhumanas megalópolis al nivel de la ciudad y un proceso progresivo de síntesis ciudad-campo. Lo que consideramos una necesidad inmediata no es el desplazamiento de grandes masas DoDulares sino la institución de la democracia directa a pequeña escala en la forma de asambleas vecinales y factoriales.

NOTA SOBRE LA AUTODEFENSA

Es un fundamental principio del anarquismo que si la comunidad debe ser defendida, ello deberá resultar por la acción voluntaria del pueblo. Esto conduce efectivamente a la crítica de que la comunidad anarquista no podría defenderse efectivamente a sí misma contra las altamente organizadas y disciplinadas fuerzas militares en que ordinariamente se constituyen en períodos de guerra. De hecho, no existe ninguna defensa para ello, mientras cada miembro no desee que la comunidad sea defendida; si cada uno lo desea, por ser de interés personal, voluntariamente se elegirán a sí mismas para efectuar la defensa.

Los anarquistas creen firmemente que <<la guerra es la salud del Estado>>, y que, por consecuencia, siempre representa una amenaza para el desarrollo de la libertad, lo que es fatal. Militarizar una sociedad para luchar contra el autoritarismo significa una victoria automática para el autoritarismo. Por esta razón, los anarquistas insisten sobre la necesidad de limitar la actividad militar para la autodefensa comunal a través de milicias populares, y así se oponen a las fuerzas militares jerárquicas, dirigidas centralmente. En este contexto, el argumento que tal planteamiento perderá el apoyo popular, no es de ningún modo significativo. Las comunidades, de hecho, se defienden a sí mismas cuando existe un real peligro para su libertad. La objeción teórica concerniente a la no participación popular, pasa por alto los elementos psicológicos de la guerra y los efectos penetrantes de la presión social. Una comunidad coherente no tiene dificultad para asegurar su participación para su defensa, aunque el requisito anarquista acerca del voluntarismo resulta más y más difícil de cumplimentar en cuanto aumenta en magnitud la amenaza al grupo. La cuestión crucial es, por lo tanto, si la estrategia de la autodefensa popular puede ser efectiva cuando sea utilizada.

La respuesta parece ser que sí, que la autodefensa popular puede ser efectiva. Por ejemplo, el movimiento anarquista campesino del majnovismo en Ucrania desarrolló métodos sumamente exitosos de lucha guerrillera contra fuerzas superiores en sus batallas contra diversos ejércitos desde 1918-1921. E1 éxito militar de los majnovistas acabó tan sólo cuando su ejército, debilitado tras sus victorias contra las fuerzas derechistas, fue atacado por su anterior <<aliado>>: los bolcheviques. Las colectividades españolas también alcanzaron un destacado grado de movilización de la población durante el período de las milicias populares De hecho, el apoyo y la moral tan sólo declinaron significativamente cuando las milicias fueron militarizadas en manos del Estado. Experiencias recientes, tales como las guerras indochinas y la resistencia al colonialismo y al neocolonialismo en muchas zonas del mundo (Afganistán viene a ser el más reciente ejemplo), han puesto en cuestión la habilidad del poderío de las Naciones-Estados para destruir con éxito (o con provecho) la oposición en zonas donde la guerra de guerrillas es vigorosamente apoyada por las comunidades locales que se sienten afectadas.

CONCLUSIONES

En su argumento final, Wertheimer señala, en contradicción con lo que él considera ser la posición anarquista <<los sufrimientos humanos no pueden siempre ser atribuidos a los Estados y sus superestructuras legales>>. Este comentario ilustra muy bien una de las ideas erróneas más comunes acerca de la naturaleza del anarquismo, propiamente, al ser reducido a un mero antiestatismo u oposición al gobierno. Sin embargo, al analizar las limitaciones sociales para el desarrollo humano, los anarquistas no han restringido sus análisis a los efectos del Estado. Su crítica abarca a todo el sistema de dominación, incluyendo no tan sólo sus aspectos burocráticos y estatistas, sino también factores tales como la explotación económica, la opresión racial, sexual, la dominación tecnológica.

Los anarquistas sostienen que las raíces de la presente crisis ecológica pueden encontrarse en los sistemas prevalecientes de industrialismo y de alta tecnología centralizada. El programa anarquista es tanto una estrategia para la liberación humana como un plan para evitar la catástrofe ecológica global. Este programa obviamente requiere una gran participación del desarrollo futuro, pero aun en forma presente parece ser la única política práctica que ofrece una viable síntesis entre los valores de autodesarrollo humano y de liberación con aquellos de equilibrio ecológico y supervivencia global.

Como Richard Falks escribe <<la visión anarquista… de una fusión entre una confederación universal y formas societarias orgánicas de carácter comunal permanece en el mismo centro del único feliz prospecto para el orden mundial futuro.

John P. Clark

 

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