Extraído de EL LIBRO NEGRO DE  LAS MARCAS .

El lado oscuro de las empresas globales.

Klaus Werner.  Hans Weiss.

Las multinacionales invierten sumas millonarias para cuidar la imagen de sus marcas. En donde ahorran es en las condiciones de producción. Como consecuencia, surgen relaciones laborales deplorables, pobreza y violaciones a los derechos humanos. En estos casos, el compromiso social no es más que un truco publicitario.

La compañía petrolera Shell constituye una de las principales fuentes de financiamiento de los proyectos sociales en el delta del Níger (África occidental) Esta corporación destina casi 60 millones de euros anuales a escuelas e instituciones sanitarias en la empobrecida región del sur de Nigeria. (1) En Europa y Japón, Shell se cuenta entre los mayores promotores de la energía solar: allí la multinacional construye equipos generadores. Un folleto publicitario reza: “Estamos convencidos de que solamente pueden ser exitosas aquellas empresas que persiguen tres objetivos: competitividad, responsabilidad social y orientación ecológica.”

A todo esto, la compañía representó durante largo tiempo la imagen del enemigo para las agrupaciones ambientales y de derechos humanos. Cuando en 1995 Shell quiso sumergir la plataforma petrolífera Brent Spar en el Mar del Norte, millones de automovilistas boicotearon las gasolineras con el logo amarillo del molusco hasta que la empresa revio su posición. Ese mismo año, la imagen de la firma se vio afectada por segunda vez a causa del asesinato del escritor Ken Saro Wiwa. A Shell, principal productor de petróleo de Nigeria, se la acusa de haber cooperado con el anterior régimen militar de ese país, que simplemente se deshizo de este molesto opositor a la industria petrolera.

Ahora ya se sabe que una violación demasiado evidente de los intereses humanitarios y ambientales perjudica el negocio. “Shell se esfuerza por garantizar que su actividad no conduzca a violaciones de derechos humanos”, dice incluso Arwind Ganesan, de la prestigiosa organización Human Rights Watch. Según su opinión, los informes ambientales y de derechos humanos publicados por la compañía son hasta un modelo para otras firmas. (2)

Por cierto, la gente de Nigeria tiene una opinión muy diferente: Shell fue y sigue siendo responsable de la destrucción del sustento vital de miles de familias. Quienes protestan contra esta multinacional continúan sufriendo intimidaciones aún hoy. Y la empresa, pese a su inescrupulosa explotación de los recursos autóctonos, sigue negándose a pagar un resarcimiento económico adecuado a las víctimas: los afectados del pueblo de los ogoni estiman que, desde el inicio de sus actividades en Nigeria, Shell ha extraído petróleo de su suelo por un valor aproximado de 35.000 millones de euros. (3) Ya en el año 1992 se calculaba que los daños ambientales ocasionados por la explotación ascendían a unos 4.000 millones de euros.

Los 60 millones, otorgados según datos de la empresa para el compromiso social, adquieren de pronto un cariz diferente: se transforman en un gasto comparativamente pequeño, pero tanto más eficaz, dentro del presupuesto de publicidad. En efecto, la acción caritativa de Shell es reconocida en los medios internacionales como un clásico ejemplo de responsabilidad empresarial.

LA IMAGEN ES TODO

Las multinacionales aprendieron su lección. Aproximadamente desde los años ’70, muchas firmas conocidas pasaron a ser el blanco de los ecologistas y los activistas de derechos humanos. Los llamamientos para boicotear a Nestlé, McDonald’s, Siemens y Shell concitaron gran atención. Hoy prácticamente ni se recuerda cuál era entonces el origen de la crítica. Pero en cierta forma se sabe: esas empresas estuvieron involucradas en negocios non sanctae. Entretanto, casi todas las grandes corporaciones publican en forma periódica voluminosos informes ambientales y sociales.

Contratan encargados de derechos humanos y han establecido “códigos de conducta”; mediante estas normas de comportamiento, las empresas se autoimponen reglas (a veces más estrictas, a veces menos) tendientes a respetar los principios ecológicos y sociales. Nuevos conceptos hacen su ingreso en las asambleas de juntas directivas y en las respectivas páginas web. Además del shareholder valué (el valor bursátil de una empresa, tan importante para los accionistas), ahora se incorpora el stakeholder valué: según esta filosofía, sólo podrá tener éxito en la economía de mercado aquel que actúe en forma correcta frente a todos los grupos afectados por un negocio. Entre esos diferentes grupos se encuentran los trabajadores y los clientes, así como también el medio ambiente y los países en los que opera una empresa. Lo mismo se transmite a través de otros conceptos en boga, tales como corporate responsibility y corporate citizenship: el accionar comercial de una firma no se limita sólo a criterios económicos, comprende también una responsabilidad social; sí, las firmas incluso quieren ser “buenos ciudadanos” de un país o de todo el planeta.

De este modo, en octubre de 2000, unos 120 directivos de Siemens se abocaron de manera voluntaria y ad honórem a la construcción de un campo de veraneo para niños huérfanos de Alemania y la República Checa. Tal como informó el semanario económico Wirtschaftswoche, construyeron seis cabañas de madera, una cabaña sanitaria y una de depósito, dos galerías techadas, dos trepadoras y una cancha de beach voley y acarrearon durante la obra 13 toneladas de madera, 50 metros cúbicos de arena y media tonelada de hormigón: “Ahora 24 niños y asistentes sociales pueden pasar allí sus vacaciones libres de toda preocupación.” (4) El semanario comenta que la acción no sólo ayuda a los más débiles de la sociedad, sino que además fortalece el espíritu de equipo. Y (no menos importante) también es buena para la imagen.

Por cierto, Siemens no sólo demuestra el espíritu de equipo en la construcción de campamentos vacacionales, sino también a través de sus numerosas participaciones en proyectos más que cuestionables. Gracias al aporte de la multinacional con sede en Munich, se construyen numerosas y gigantescas represas en países del Tercer Mundo; como consecuencia, millones de personas son desplazadas a otros lugares (en parte, mediante el uso de la fuerza) y pierden su sustento vital sin recibir a cambio una indemnización adecuada. Además, Siemens continúa siendo líder en la construcción de peligrosas centrales nucleares en todo el mundo. Según ha podido verificarse, muchos de estos reactores no son rentables y constituyen una carga para el presupuesto de Estados altamente endeudados. Mientras tanto, la empresa registra con ellos pingües ganancias.

¿FABRICAN MINAS TERRESTRES POR EL COMPROMISO SOCIAL?

“El valor de una empresa puede incrementarse cuando se está dispuesto a asumir también una responsabilidad social en la empresa y en la sociedad”, reveló el mandamás de Mercedes, Jürgen Schrempp, a la Wirtschaftswoche. Lo que no dijo el directivo es si la fabricación de armas también formaba parte de esta responsabilidad. DaimlerChrysler, o, mejor dicho, una filial de la corporación automotriz, se encuentra abocada al desarrollo de armas nucleares. Y no sólo eso: la empresa también produce minas terrestres. En el plano internacional, las minas antipersonales están prohibidas debido a sus atroces consecuencias. A menudo también hay civiles entre las víctimas de su uso.

Para promocionar la “mina antitanque” PARM 2, la filial Deutsche Aerospace recurrió a las revistas especializadas del ramo, utilizando eslóganes tales como “moderna y efectiva”. Hubo oficiales de las Fuerzas Armadas que alabaron las bondades de la PARM: “Las minas modernas tienen un efecto demoledor. Pueden combatir al enemigo aun detrás de una defensa y en espacios muertos.” (5) Sólo tras las protestas masivas encabezadas por la asociación Accionistas Críticos, Jürgen Schrempp anunció a fines de 1998 que se suspendería la producción de minas PARM.

De todas maneras, según datos de los Accionistas Críticos, la paleta de productos aún cuenta con la “Mine-Flach-Flach” (MIFF) y la “Mine-Multi- Splitter-Passiv” (MUSPA) Cabe señalar que ambos artefactos, a diferencia de lo ocurrido en Alemania, fueron incluidos por la Secretaría de Defensa norteamericana dentro de la categoría de minas antipersonales. Por eso, algunos países como Italia (integrante de la OTAN) desecharon este tipo de minas y destruyeron las existencias. (6)

PODEMOS ANIQUILARTE

Uno de los que tienen que ponerse al día en el cuidado de la imagen es Nike, la firma norteamericana de indumentaria deportiva. A mediados de la década del 90, medios estadounidenses filmaron a niños paquistaníes cosiendo el logo de Nike –la “pipa”– en balones de fútbol. Desde entonces, se mantiene la ola de indignación por las condiciones laborales en los denominados sweatshops (las factorías situadas en Asia y América latina, patios traseros donde se confeccionan los productos de esta multinacional) Y una y otra vez salen a la luz nuevos casos de explotación y maltrato.

En EE.UU., estos informes se han convertido en una seria amenaza para la imagen de la empresa. El famoso eslogan de Nike “Just Do It!” (Simplemente hazlo) fue reformulado para convertirse en “Just Boycott It” (Simplemente boicotéala) Cada vez más jóvenes le dan la espalda a la que otrora fuera su marca preferida. Para la empresa, la pérdida de confianza registrada en este target resulta particularmente dolorosa.

En 1997 se produjo en Nueva York una verdadera catástrofe para las relaciones públicas de Nike. El asistente Social Mike Gitelson, quien tenía a su cargo a jóvenes del Bronx, le expresó a la periodista canadiense Naomi Klein que estaba “harto de ver correr por ahí a los muchachitos con zapatillas que ni ellos ni sus padres pueden darse el lujo de comprar”. (7) Gitelson les dijo que los trabajadores de Indonesia ganaban solamente 2 dólares por día y que a Nike le costaba solamente 5 dólares fabricar ese calzado, por el que ellos pagaban entre 100 y 180 dólares. Les contó además que Nike no fabrica ni una sola zapatilla en EE.UU. Y que ése era uno de los motivos por los cuales a sus padres les resultaba tan difícil encontrar trabajo. “Es así, amigo, te chupan la sangre. Si aquí en el barrio alguien te hiciera eso, ya sabes cómo terminaría.” Funcionó. Primero los jóvenes enviaron cartas al director de Nike, Phil Knight, solicitándole que les devolviera el dinero. La empresa respondió con cartas estándar que no decían absolutamente nada. “Ahí sí que nos pusimos furiosos y decidimos organizar una manifestación”, dijo Gitelson.

Seguidamente, doscientos jovencitos de entre once y trece años se dirigieron hacia “Nike-Town”, una especie de supermercado vivencial que la empresa posee en Nueva York. Gritando y vociferando, los chicos arrojaron a los pies del personal de seguridad bolsas de residuos llenas de viejas zapatillas malolientes, todo bajo la atenta mirada de los medios de comunicación. Rodeados por las cámaras, los niños –en su mayoría, negros y latinoamericanos– parecieron cobrar mayor estatura. Uno de los activistas, de trece años de edad y oriundo del Bronx, miró directamente a la cámara de una importante cadena televisiva y dirigió un mensaje a la empresa, cuyo contenido hizo transpirar a los gerentes de publicidad: “Nike, nosotros te hicimos. Y también podemos aniquilarte.” (8)

DUDOSAS MEJORAS

Los dueños de la empresa sabían lo que eso significaba: si sus clientes más mimados se valían de los medios para dañar una imagen creada con tanto esfuerzo y con miles de millones, entonces el agua les llegaría al cuello. Con un solo golpe, una banda de adolescentes del Bronx logró lo que no habían podido cientos de organizaciones de derechos humanos, que apenas habían accedido a una pequeña franja de “buena gente”. Tras cartón, Nike emprendió una ofensiva, reconoció muchas de las imputaciones y juró que implementaría mejoras. En algunos lugares, esas reformas efectivamente se realizaron: numerosas factorías recibieron por fin los correspondientes dispositivos de seguridad (tales como matafuegos y salidas de emergencia), los lugares de trabajo se mejoraron y además se realizaron controles más estrictos contra el trabajo infantil. Pero en cuanto al núcleo del problema, poco ha cambiado: ni Nike ni las otras multinacionales que
fabrican sus productos en los países más pobres están dispuestas a pagar salarios adecuados. Por el contrario: desde que los proveedores independientes deben atenerse a los estándares exigidos por Nike y compañía, el dinero que queda para abonar salarios es aún más reducido.

En Europa, las protestas contra la actitud explotadora de las grandes marcas aún parecen estar bajo control. Las empresas tienen armas para defenderse: De tanto en tanto, Nike-Town Berlín pone a disposición a sus empleados para que desarrollen actividades de bien público en los puntos más conflictivos de los barrios de Kreuzberg, Friedrichshain, Lichtenberg y Neukolln. Con la colaboración de trabajadores de la calle y asistentes sociales, allí se organizan partidos de fútbol, voley y básquet para niños y jóvenes inmigrantes y alemanes. (9)

Esta iniciativa es patrocinada por una agencia profesional de relaciones públicas, la Sociedad agens27 para el Arte, los Medios y la Comunicación. Sin embargo, parecería que no se quiere dar demasiada divulgación al compromiso social. El director de la agencia, Elmar Kirsch, atribuye esto a la mentalidad de ciertos grupos que se empeñan en buscarle el pelo al huevo: “Las entidades sociales presumen rápidamente que las firmas involucradas sólo quieren vender sus productos.” (10) ¡Pero de dónde sacarán semejante idea!

También Ikea, la fábrica de muebles sueca, siente la necesidad imperiosa de señalar en su catálogo que “el trabajo infantil es una parte inaceptable de la realidad actual y lamentablemente está difundido incluso en algunos de nuestros países productores”. (11) De todos modos, Ikea también recibió críticas por la explotación infantil registrada en sus empresas proveedoras. (12) Entretanto, Ikea alega que trabaja en forma conjunta con UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) para prevenir el trabajo infantil. Consultado al respecto, Dietrich Garlichs, director de UNICEF Alemania, explica: “Sí, Ikea financia proyectos de UNICEF. Pero eso no significa automáticamente que ya no haya más niños trabajando en la fabricación de productos Ikea.” (13) Garlichs dice que eso es difícil de controlar. Por lo tanto Urban Jonsson, director regional de UNICEF para el Este y el Sur de África, también se muestra “bastante reticente”, y no quiere que la empresa se engalane con el nombre de este organismo de las Naciones Unidas: “Aun si Ikea hubiera dejado de utilizar trabajo infantil en su producción… ¿Qué cambiaría? Yo no le agradezco a un ladrón porque haya dejado de robarme.” (14)

TRABAJO INFANTIL

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (International Labour Organization, ILO), tomando en cuenta sólo los países en vías de desarrollo, hay alrededor de 250 millones de niños de entre cinco y catorce años que son forzados a trabajar. 153 millones de esos niños viven en Asia, 80 millones en África y 17 millones en Latinoamérica. “Muchos de ellos trabajan en condiciones que hacen peligrar su desarrollo corporal, espiritual o emocional. (15)

Las formas más terribles de trabajo infantil son la explotación sexual y la esclavitud. La primera de ellas incluye la prostitución y la producción de pornografía infantil. La segunda comprende incluso el peonaje, que obliga a los niños a trabajar hasta cancelar compromisos reales o ficticios de sus padres. La mayoría de los niños trabaja sin un empleo formal: algunos lo hacen con la propia familia (en el campo, en la propia empresa), otros en casas ajenas o en la calle (por ejemplo, como lustrabotas) Sólo una pequeña parte trabaja en la industria y en la agricultura. Se estima que en total hay unos 12 millones de niños menores de catorce años produciendo para el mercado mundial. De acuerdo con sus principios, la OIT define al trabajo infantil como la actividad asalariada desarrollada hasta la edad de dieciocho años. Pero según la exigencia, la prohibición general de trabajo rige sólo para los niños de hasta trece años. Durante la edad comprendida entre los trece y los quince años, o bien hasta completar la educación obligatoria, los niños sólo pueden ser empleados en trabajos livianos, de manera tal que no se vea afectada su formación. Antes de alcanzarse los 18 años, rigen normas estrictas en relación con el horario y las condiciones laborales; por ejemplo, el trabajo nocturno está prohibido.
Información: http://www.ilo.orghttp://www.ilo.org

PROTESTAS CONTRA EL PODER DE LAS CORPORACIONES

Desde hace un largo tiempo, grupos sociales y ecologistas denuncian las prácticas inescrupulosas de empresas como Nestlé, Shell y Siemens. Sin embargo, hasta el momento, las protestas proceden de un escenario relativamente acotado, de alguna gente comprometida cuyos éxitos se han registrado sólo a nivel nacional. En Europa, las empresas hoy deben cumplir normas ambientales y sociales mucho más estrictas que en los países del sur e incluso que en EE.UU. No obstante, desde una perspectiva crítica, esto sólo logró que muchas firmas trasladaran sus centros de producción hacia regiones con estándares más bajos. De ese modo, Europa ha exportado sus problemas ambientales a los países más pobres y ahora se ve confrontada con los despidos masivos y la pérdida de derechos sociales.

A medida que caen las barreras en el intercambio económico mundial, comienza a advertirse con mayor nitidez un movimiento de reacción frente al creciente poder de las multinacionales. En diciembre de 1999, decenas de miles de manifestantes impidieron la realización de un congreso de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Seattle. La masiva y furibunda demanda de reglas éticas en la economía global de mercado logró tener así, por primera vez, una repercusión de alcance mundial.

En septiembre de 2000, la “batalla de Seattle” halló imitadores en el Viejo Mundo; durante una conferencia organizada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Praga, los movimientos antiglobalización, formados principalmente por jóvenes de toda Europa, se enfrentaron con la policía en la capital checa. A fines de enero de 2001, miles de manifestantes volvieron a hacerse presentes; esta vez, la cita fue en la ciudad suiza de Davos y en ocasión del Foro Económico Mundial, una suerte de asamblea que reunía a los empresarios más poderosos del planeta. Al mismo tiempo, una colorida combinación de organizaciones no gubernamentales (ONG), intelectuales y entidades de izquierda se congregó en la ciudad brasileña de Porto Alegre. Allí se celebró el primer Foro Social Mundial, que fue seguido con gran atención por los medios. Finalmente, en julio de 2001, fueron Salzburgo y Genova las que se convirtieron en el epicentro de las enérgicas protestas contra el poder y el capital. Sean cuales fueren los países, sectores sociales y políticos de donde provienen estas diferentes agrupaciones, está claro quién es el enemigo común: las corporaciones globales y sus aliados institucionales (la OMC, el FMI y el Banco Mundial) Todos ellos son acusados de utilizar en forma vergonzosa su poder y la falta cada vez mayor de control político, actuando en el mundo entero a costa de los que se encuentran socialmente más desprotegidos.

LA OMC

La Organización Mundial del Comercio (World Trade Organization, WTO), con sede en Ginebra, fue fundada en 1995 a partir del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) Su objetivo consiste en liberar al máximo el intercambio de productos y eliminar las barreras comerciales. Para ello, los 140 países miembros se han impuesto una serie de reglas. Si bien la OMC no puede determinarlas por sí sola, sí puede establecer sanciones comerciales para sus miembros. Dado que los países más pobres no disponen de elementos de presión eficaces, quedan en definitiva a merced de los países ricos. Permanecer afuera no resuelve nada, puesto que eso equivaldría a una exclusión voluntaria del mercado mundial. Entre las “barreras comerciales” combatidas por la OMC se encuentra la protección de numerosos derechos sociales y ambientales; de ahí que la organización se haya convertido en uno de los blancos preferidos para las críticas de los movimientos antiglobalización. Página web: http://www.wto.org

EL FMI

Desde su fundación, en 1946, el Fondo Monetario Internacional (International Monetary Fund, IMF) trabaja en estrecha colaboración con el Banco Mundial. Constituido por 183 Estados miembros, su tarea consiste en garantizar la estabilidad monetaria internacional y asegurar un desenvolvimiento ordenado en las operaciones de divisas. Otros objetivos son la promoción del crecimiento económico y la lucha contra el desempleo. Para lograr la estabilidad monetaria, el FMI brinda ocasionalmente recursos financieros a los países en riesgo. No obstante, condiciona el suministro de dichos recursos al estricto cumplimiento de ciertas pautas (por ejemplo, la reducción del gasto público) En muchos casos, esto ha provocado una fuerte destrucción de infraestructuras sociales (por ejemplo, en los sistemas de educación y de salud) Página web: http://www.imf.org

EL BANCO MUNDIAL

El Banco Mundial fue fundado en 1944 para financiar la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. En los últimos años se ha abocado a combatir la pobreza, especialmente en Asia, África y América latina. Sus propietarios son los 182 Estados miembros. No obstante, el derecho a voto se pondera de acuerdo con el grado de participación, de modo que queda mayormente en manos de los países ricos (con EE.UU., Alemania, Francia, Gran Bretaña y Japón a la cabeza) El Banco Mundial es el principal acreedor de los países en desarrollo. Durante el ejercicio del año 2000 se otorgaron créditos a más de cien países por una suma de casi 16.300 millones de euros. Los sectores críticos sostienen que la concesión de créditos suele estar sujeta a condiciones que, de hecho, desangran el sistema social de los países receptores. Además, hasta el momento se le ha dado muy poca importancia al efecto social y ecológico de los proyectos financiados. Así, esta “ayuda al desarrollo” sigue fomentando proyectos de gran envergadura que destruyen el espacio vital de la población local, mientras que los inversores se alzan con suculentas ganancias. Desde que James D. Wolfensohn asumió la presidencia del Banco Mundial en 1995, las prácticas relativas al otorgamiento de créditos parecen haber experimentado una leve mejoría. Página web: http://www.worldbank.org

ASTERIX CONTRA EL PODER DE LAS CORPORACIONES

Al frente del movimiento europeo contra las corporaciones se encuentra el francés José Bové. Este agricultor orgánico de 47 años se hizo famoso repentinamente: el 12 de agosto de 1999 demolió junto con algunos amigos la obra donde se estaba construyendo una sucursal de McDonald’s en la pequeña ciudad de Millau, en el sur de Francia. Si bien debió cumplir una condena de tres meses con prisión preventiva, el mensaje del astuto campesino con bigote a lo Asterix dio la vuelta al mundo. Con las manos esposadas, elevadas en señal de victoria, el irreductible galo logró vencer al imperio de las multinacionales: “Independientemente de la decisión del tribunal, lo nuestro ya es un triunfo, porque ahora nuestra voz se oye en todo el mundo.” (16)

Bové, quien en 1995 ya se había embarcado junto a Greenpeace hacia el atolón de Mururoa para protestar contra los ensayos nucleares efectuados por Francia en el Pacífico, había logrado utilizar el poder de las imágenes en favor de su causa. Pipa en mano, el agricultor engalanó las portadas de los principales periódicos de Europa y EE.UU. La revista norteamericana Business Week considera a José Bové como uno de los cincuenta europeos más prominentes. (17) La mayoría de los franceses cree que su nuevo héroe nacional representa mejor los intereses de los campesinos que el Ministro de Agricultura. Entretanto, el primer ministro Lionel Jospin y el presidente Jacques Chirac invitaron a comer al rebelde. Y a los verdes de Francia les encantaría presentarlo como su candidato a presidente.

Pero Bové quiere continuar su lucha promoviendo la desobediencia civil. Dentro de este contexto, el ataque a McDonald’s fue concebido como una protesta simbólica contra la OMC, que –bajo la amenaza de adoptar sanciones económicas– había impuesto un aumento en el cupo para la importación de alimentos norteamericanos en Europa. Pero también se interpretó como una señal de largada para los consumidores: a partir de ahora se inicia la lucha contra la arrogancia del capital. Dice Bové: “La población debe controlar las estructuras económicas mundiales. Esto presupone democratizar el modo de funcionamiento de instituciones como la Organización Mundial del Comercio. (18)

GLOBALIZACION COMO OPORTUNIDAD

Buena parte de las críticas a las corporaciones apuntan entonces hacia un control democrático de la economía internacional (no hacia su destrucción, como se presume a menudo) A cada rato uno escucha decir que los supuestos “enemigos de la globalización” propician un proteccionismo nacional, es decir, un encierro en pequeños enclaves económicos. En realidad, muchos sindicalistas europeos se ven guiados por otras motivaciones; conocen las consecuencias del desplazamiento hacia países de bajos salarios y añoran los miles de puestos que se han perdido. Incluso la derecha nacionalista intenta utilizar el movimiento para cerrar las fronteras lo antes posible.

Para hacer una crítica a las corporaciones en términos razonables, es necesario admitir el avance irrefrenable de dos fenómenos: el desmoronamiento de las fronteras de los Estados nacionales desde el fin de la Guerra Fría y la aceleración de los mercados mundiales mediante nuevas tecnologías, como Internet. Ahora el gran desafío consiste en encontrar caminos adecuados para utilizar esos cambios de modo tal que las personas –todas las personas– puedan alcanzar estándares mínimos en lo que respecta a la libertad y el bienestar económico.

TOUR DE COMPRAS EN EL SUPERMERCADO GLOBAL

“Es como si en el ajedrez se hubieran creado nuevas reglas de juego”, escribe Ulrich Beck, sociólogo oriundo de Munich, en un ensayo sobre el nuevo poder de las multinacionales. (19) “Dadas las condiciones impuestas por la movilidad tecnológico-informativa, el peón –la economía– se convierte repentinamente en caballo y puede atacar incluso al rey –el Estado– hasta darle jaque mate.”

Internet transformó el mundo en una “aldea global” donde se reúne gente de distintos continentes para una charla de café virtual. Su equivalente a nivel macroeconómico es el “supermercado global”: en la góndola de productos congelados se exhiben materias primas baratas del Congo, entre las liquidaciones uno encuentra mano de obra tailandesa en oferta, en la sección de delikatessen aparecen investigadores y diseñadores de todo el mundo junto a pintorescos expertos en publicidad. Y en la caja, con ojos resplandecientes, esperan los clientes.

En la actualidad, ninguna zapatilla, casi ningún televisor y sólo unos pocos autos se fabrican allí donde las firmas vendedoras tienen su sede. Ya desde la época de la colonia, las materias primas proceden de África, América latina y Asia. Y mientras Alemania aún no sabe si permitir la misericordiosa entrada de expertos indios en sistemas, las empresas más astutas han establecido desde hace rato sus divisiones de investigación y tecnología en países de mano de obra barata. Cabe señalar que, por el momento, los mayores mercados de consumo siguen estando en los países occidentales industrializados.

Esta “división global de tareas”, que a su vez es una división entre ricos y pobres, no constituye un orden mundial predefinido e inalterable, aunque tanta gente parezca haberse acostumbrado a ello. No son sólo los representantes económicos los que se alinean con esta postura. Muchos otros también sostienen que este desequilibrio genera una dinámica en la cual las inversiones de los países ricos se dirigen hacia los más pobres, y que, a largo plazo, las inversiones generarán bienestar también allí.

En principio, en eso tienen razón. Al menos si se parte de la premisa de que no todos los habitantes de los países pobres quieren vivir en una economía de subsistencia, es decir, pan para hoy y hambre para mañana. “Sólo hay una cosa peor que ser arrollado por las multinacionales: no ser arrollado por las multinacionales”, escribe Ulrich Beck. En la mayoría de los casos, la imagen idílica del habitante de la selva virgen, alimentándose con su banana orgánica y practicando alegre sus costumbres, no es más que una proyección de burgueses occidentales imbuidos en su economía de bienestar. Son éstos los que quieren aferrarse a un par de ilusiones, disfrutando los paraísos del descanso a través del turismo ecológico. En cierto modo, no es más que una forma sutil de colonialismo. Porque los aztecas, los masai y los tibetanos también deben tener el derecho de recurrir –si lo desean– a Internet, a la medicina moderna y a los bienes de consumo. Está por verse si eso es sinónimo de Microsoft, Aspirina y Coca Cola, dependerá de hasta qué punto los pueblos son capaces de decidir por sí mismos acerca de sus necesidades. Lo cierto es que, hoy en día, muchos países se encuentran al margen del comercio económico internacional. No disponen de reservas económicas ni de las tecnologías costosas; y, por lo general, tampoco disponen del know-how para crear estructuras que ofrezcan a sus habitantes un estándar de vida satisfactorio.

ESTANDAR DE VIDA SATISFACTORIO

Introducimos este nuevo concepto a sabiendas, con el objeto de poder definir el bienestar humano no sólo a través del poder adquisitivo. En su último libro, Desarrollo y libertad (20), el premio Nobel indio y profesor en Cambridge, Amartya Sen, señala: “La perspectiva orientada al ingreso requiere necesariamente de un complemento que nos permita lograr una comprensión general del proceso de desarrollo.” Según el prestigioso economista, es imperioso ampliar el concepto de bienestar, para que también incluya factores como la seguridad social, la libertad individual y el
derecho a la educación y a la salud. En principio, esto significa, ni más ni menos, que es necesario convertir los derechos humanos elementales no sólo en el fundamento sino también en el objetivo de la actividad económica. Si midiéramos el actual desarrollo del mercado mundial con esta vara, el resultado no sería demasiado halagüeño. Todo lo contrario: las promesas de aquellos gurúes, según las cuales esta fase del comercio mundial sentaría las bases para el desarrollo, demostraron ser en gran medida un artilugio para cimentar la desigualdad social.

EXPLOTACIÓN DE TRABAJADORES

Los ejemplos incluidos en los siguientes capítulos (etiquetas de las grandes marcas, industria alimenticia y del juguete) demuestran perfectamente qué cabe esperar de las empresas internacionales y sus “inversiones” en el Tercer Mundo. Adidas, Chicco, Aldi y otras firmas obtienen buena parte de sus productos en países de mano de obra barata. Visto desde una perspectiva positiva, esto podría significar que las corporaciones generan millones de puestos de trabajo, creando así las bases para el desarrollo y el bienestar en esas regiones. Sin embargo, la
realidad luce muy distinta: por lo general, la paga a los trabajadores de las fábricas y las plantaciones se asemeja al salario mínimo del país en cuestión o incluso es menor. Y, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los países occidentales, este salario mínimo no refleja lo que un hombre necesita para vivir, alimentar a su familia, educar a sus hijos y garantizar una jubilación. En numerosos países, el ingreso se define básicamente en función del gasto público que autorizan el Fondo Monetario y el Banco Mundial.

¿De dónde han sacado el Banco Mundial y el FMI tanto poder como para decidir por sobre Estados soberanos?

Los países en vías de desarrollo están altamente endeudados. Esto obedece a diversas causas. Muchos de los países fueron colonias europeas hasta bien entrado el siglo XX y fueron desangrados por sus respectivos dominadores. La infraestructura estatal era prácticamente inexistente, muchos nativos quedaban al margen de la instrucción escolar. Cuando la etapa colonial
llegó a su fin, alrededor de 1960, los nuevos gobiernos recibieron grandes créditos para la reconstrucción concedidos por el Banco Mundial. En la década del 70, los organismos financieros internacionales otorgaron más créditos a tasas de interés inicialmente muy bajas: a raíz del aumento en el precio del petróleo, tenían una enorme cantidad de petrodólares a disposición. Gran parte de esos recursos fue destinada a proyectos que habían sido concebidos por asesores occidentales y que no tenían casi ninguna utilidad para los propios países. Y mucho dinero fue a parar al bolsillo de gobiernos corruptos. En la década del 80 se reprogramaron las deudas: para poder pagar los intereses, hubo nuevos créditos del Banco Mundial. Pero en esta ocasión se impusieron condiciones diferentes, íntimamente ligadas a la visión política de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Surgieron entonces rigurosos programas de ajuste, cuyas principales víctimas resultaron ser las instituciones sociales y educativas.

En la actualidad, la mayoría de los países en desarrollo sigue destinando una gran parte de su presupuesto a los servicios de la deuda, pagando intereses a organismos financieros internacionales y bancos occidentales. El Banco Mundial y el FMI vigilan atentamente el proceso y deciden si inyectan o no más capitales. El que paga los recibe. Recién en los últimos años se ha podido vislumbrar un cambio de perspectiva. Ahora, incluso en Washington, consideran que no es muy eficaz coartar de manera extrema las posibilidades de desarrollo porque, ante tal situación, los países deudores deben vender hasta lo que no tienen y se quedan sin recursos para financiar, por ejemplo, los sistemas de educación y de salud. Pero seguramente pasará tiempo hasta que se produzca una verdadera reorientación en la política internacional respecto de la deuda; para ello, todavía deberemos ver muchas imágenes de niños hambrientos y a muchos movimientos antiglobalización manifestando por las calles del mundo.

EXPLOTACIÓN DE RECURSOS

Las firmas occidentales no sólo explotan a millones de trabajadores, también ejercen un control absoluto sobre las riquezas naturales de numerosos países. El mundo al revés: Angola, Brasil, Indonesia y Nigeria, al igual que la mayoría de los países en vías de desarrollo, poseen una reserva casi inagotable de tesoros naturales (petróleo, oro, diamantes, cobre, maderas nobles, café, cacao, bananas, etcétera) En su calidad de “propietarios” de estos recursos, son objetivamente mucho más ricos que la mayoría de los países industrializados. Y, sin embargo, amplias capas de la población sufren hambre y no tienen acceso ni a los medicamentos ni a la educación.

La mayoría de los países en desarrollo carece de tecnologías y de recursos para extraer y comercializar sus riquezas. Por eso, en las actuales circunstancias, las inversiones en minería y agricultura llevadas a cabo por las corporaciones internacionales resultan lógicas y necesarias. Sería absurdo exigirles que lo hicieran sin obtener ganancia alguna. Pero, si se observa con mayor detenimiento, son pocos los casos donde se producen acuerdos justos: presionados por los organismos financieros internacionales, los países muy endeudados establecen impuestos que son
irrisorios, si se tienen en cuenta las escalofriantes ganancias generadas por la exportación. Asimismo, muchos gobiernos se lanzan a una competencia destructiva con el fin de captar inversores extranjeros. A menudo se trata de dinero sucio, de sobornos obtenidos por las élites locales a cambio de condiciones ventajosas para las corporaciones internacionales. (21) Debido a la falta de controles transparentes, suele ser más el dinero que desaparece en los canales de la corrupción que el que se queda en el país en forma de impuestos. Sin duda, la culpa de esto es de ambas partes, tanto de los gobiernos locales como de las empresas internacionales.

Pero el comercio de materias primas no sólo es injusto en lo que respecta al valor efectivo que éstas registran en el mercado internacional. La obtención de recursos y energía en los países pobres suele exhibir condiciones que serían inconcebibles para Europa Occidental. Por ejemplo, a raíz de la construcción de grandes centrales eléctricas, millones de personas son expulsadas de sus hogares sin recibir un resarcimiento adecuado. En las minas de oro se utilizan sustancias tóxicas, que llevan a la destrucción total de ciertos habitats. Algo similar sucede con la producción petrolera debido a la aplicación de tecnologías completamente obsoletas.

Peor aún: en las zonas de conflicto y en el caso de las dictaduras como Angola, Myanmar (ex Birmania), Congo y Sudán, existen afamadas marcas internacionales que, con su compra de materias primas, financian y sostienen el tráfico de armas, las guerras civiles, las insurrecciones y los feroces regímenes militares. Esto atañe a algunos sectores de la industria del petróleo y del diamante, pero también a corporaciones multinacionales como Bayer. La empresa alemana, que opera en el campo químico y farmacéutico, importa el valioso tántalo desde el Congo.

EL HOMBRE, UNA MATERIA PRIMA

También hay empresas alimenticias que otorgan un consentimiento tácito, aceptando así que en las plantaciones de sus proveedores haya hombres, mujeres y niños explotados, intoxicados con productos químicos o sometidos incluso a la esclavitud. Estas firmas declaran en forma grandilocuente la necesidad de prohibir el trabajo infantil e incluso efectúan controles por medio de muéstreos al azar. Sin embargo, para buscar las causas de esta situación catastrófica hay que remitirse en definitiva a la demencial presión ejercida sobre los precios, presión que sufre el proveedor y que es desencadenada por las grandes corporaciones.

Gran parte del cacao que llega a Europa procede de Costa de Marfil. Allí, según señala el profesor de sociología británico Kevin Bales, la mayoría de los dueños de plantaciones utiliza mano de obra esclava. (22) Esto surge de la lógica empleada: la de un simple cálculo de costo-beneficio. “Al igual que la economía mundial, la nueva esclavitud se aparta de las relaciones de propiedad y se concentra, en cambio, en el aprovechamiento y el control de los recursos”, explica Bales. Una vez que la materia prima humana se gasta, simplemente se tira y se reemplaza por una nueva. En Costa de Marfil, un niño de ocho años cuesta menos de 30 euros. Y, por lo general, bastan un par de años para que quede destruido.

Bales, autor de un libro sobre las formas modernas que adopta el tráfico de esclavos, (23) opina entonces que “uno de cada tres mordiscos dados en el chocolate deja el sabor amargo de la esclavitud”. El director de la organización “Save the Children” de Malí –principal “exportador” de niños esclavos hacia Costa de Marfil– se expresa de manera igualmente drástica: “El que bebe chocolate, bebe la sangre de esos niños”. (24)

Esclavitud y trabajo forzado

La esclavitud existe desde los albores de la humanidad. Pero no fue sino hasta la antigua Grecia que los esclavos se convirtieron en una mercancía. El auge se produjo entre los siglos XVI y XVIII, época en que los esclavos africanos eran embarcados hacia América del Norte y del Sur. A pesar de las convenciones internacionales sobre derechos humanos, la esclavitud de ningún modo se ha terminado. 

Aún hoy, se estima que la cantidad de esclavos y trabajadores forzados asciende por lo menos a 27 millones de personas en todo el mundo. Algunas estimaciones hablan incluso de 100 millones. Además de la concepción clásica, según la cual las personas son consideradas como una propiedad a partir del nacimiento, del rapto o de la compra, la modalidad más frecuente es el peonaje. Dentro de este esquema, la persona debe trabajar hasta cancelar una “deuda” real o ficticia sin recibir a cambio remuneración alguna, o recibiendo apenas un pago insignificante. Incluso, en ciertos casos, la supuesta deuda condena a la servidumbre a las generaciones venideras. El ritmo de crecimiento más acelerado lo registra la denominada contract slavery, una forma de esclavitud basada en contratos de trabajo fraudulentos. Un caso especial lo constituye la esclavitud permitida desde el Estado, como la de Myanmar. Allí hay miles de hombres, mujeres y niños esclavizados, trabajando, por ejemplo, en la construcción de un gasoducto. Socios comerciales: las corporaciones petroleras occidentales Unocal y Total. En África Occidental, durante los últimos años, alrededor de 200.000 niños fueron vendidos como esclavos para luego ser explotados en tareas domésticas, talleres y plantaciones. Pero también en Europa florece el comercio con el hombre como mercancía. Mike Dottridge, de la organización Anti-Slavery International, señala que “considerando solamente Europa Occidental, hay 500.000 mujeres que son víctimas del tráfico de blancas y se ven forzadas a ejercer la prostitución”. (25) Información: http://www.antislaverv.org

La industria farmacéutica también explota la “materia prima humana”. En su novela más reciente, El jardinero fiel (26), el escritor de best-sellers británico John Le Carré describe cómo los laboratorios internacionales llevan a cabo peligrosos ensayos clínicos y de qué forma los pacientes africanos son utilizados como conejillos de Indias. Pero estos pérfidos procedimientos no pertenecen a la ficción, incluso en Europa son una triste realidad: así lo demuestran nuestras investigaciones confidenciales en Hungría. A fin de acelerar al máximo los ensayos con sus nuevos productos y lograr resultados favorables, los laboratorios occidentales recurren a países con imposiciones y controles no tan estrictos, donde destinan grandes sumas de dinero para los médicos. En vista de las ganancias multimillonarias, la salud de los pacientes suele quedar relegada a un segundo plano.

LUCHA CONTRA LA EXPLOTACION

¿Es ésta la forma de asegurar fuentes de trabajo en los países más pobres? ¿De esto se vanaglorian las empresas? ¿Acaso los niños esclavos, los que perciben salarios de hambre, los soldados de las guerras civiles y los conejillos de Indias deben agradecer a los patrones e inversores por su “contribución al desarrollo”? ¿Qué tiene de raro que cada vez más gente se alce contra una globalización cuyo concepto de “inversión” se parece tanto al de “explotación”?

Ya es hora de obligar a las empresas a cumplir con sus obligaciones. El cuidado de la imagen no es suficiente. En la Ley Fundamental de Alemania, puede leerse: “La propiedad obliga. Su uso debe servir al mismo tiempo al bien común.” (27) Bonitas palabras. Lo que urge es un cambio auténtico, serio, duradero y transparente. Las inversiones en los países pobres son vitales, pero deben estar controladas por organizaciones civiles independientes; de lo contrario, la ganancia obtenida a partir de la pobreza hundirá a estos países en una miseria cada vez mayor. Aquí los sindicatos también deben jugar un papel protagónico. Pero el problema es que ahora, cuando se requiere con tanta urgencia la solidaridad a nivel internacional, la imagen sindical se ha deteriorado en la propia Europa, ya que muchos viejos burócratas se muestran reacios a implementar cambios en el mercado laboral (aun aquellos que resultarían oportunos) En lo que se refiere a las organizaciones eclesiásticas y no gubernamentales, ya existe un trabajo efectuado en conjunto con representantes sindicales occidentales y locales. Su tarea intenta poner de manifiesto los escandalosos abusos que se registran en los sweatshops y plantaciones. Para obtener resultados tangibles, los activistas necesitan el apoyo decidido de sus respectivas organizaciones.

Es necesario obligar a las corporaciones a asumir responsabilidades. Las multinacionales disponen de un poder cada vez mayor. En muchos casos, sus ventas anuales superan el presupuesto total de los Estados. A menudo tienen mayor margen de decisión que los países en donde operan. “Frente a estas decisiones, los gobiernos nacionales a lo sumo son asesores”, señala el sociólogo Ulrich Beck. “Cuando una institución perteneciente al Estado nacional intenta limitar el margen de acción de una empresa, entonces ésta se radica en otro lugar. Por lo tanto, la cuestión ya no es si algo debe hacerse, sino simplemente dónde se hace.”

La ligereza con la que numerosas empresas mudan sus establecimientos de producción de un lado a otro acarrea un nuevo problema, ya que dichos traslados suelen dejar un enorme número de desocupados a sus espaldas. Ése es también el motivo por el cual nosotros, en la mayoría de los casos, nos pronunciamos en contra de los boicots. No se trata de que las corporaciones retiren sus inversiones de los países más pobres; se trata de que utilicen su poder para garantizarles un estándar de vida digno a aquellos que son la fuente de sus ganancias.

¿POR QUE LAS MARCAS?

También hay productos sin imagen publicitaria, de marca desconocida, que se fabrican en condiciones escandalosas. De la pobreza, la corrupción y las violaciones a los derechos humanos sacan provecho muchas empresas no tan importantes y ramas enteras de la industria que no están en contacto directo con los clientes. ¿Por qué las críticas se concentran precisamente en las marcas más famosas? 

Por un lado, hay razones puramente pragmáticas: las marcas basan su poder en una imagen que ha sido cuidada con inversiones publicitarias de muchos millones. Ese es precisamente el flanco por donde se las puede atacar. Si las marcas se presentan a sí mismas como muy modernas, sociales, saludables, amantes de la sana competencia, de los niños, de lo multicultural, de la mujer, de la familia y del medio ambiente, es lícito juzgarlas de acuerdo con los parámetros que ellas se imponen. Por ejemplo: Benetton, la multinacional italiana, creó una imagen de compromiso social mediante una provocativa serie de afiches con fotos de enfermos de sida, víctimas de guerra y recién nacidos. En 1998 pudo saberse que la ropa de esta empresa era fabricada en Turquía por niños de doce años. (28) 

Pero las marcas, además de ofrecer un efectivo blanco de ataque a los consumidores críticos, determinan las tendencias en la economía mundial. A menudo, una misma trabajadora de Indonesia cose en forma sucesiva las etiquetas de Nike, de Reebok y de alguna firma desconocida en las correspondientes zapatillas. Sin embargo, son las grandes corporaciones, con sus miles de establecimientos productivos, las que tienen el poder para decidir sobre las condiciones en que se desarrollan estos procesos. En definitiva, las empresas líderes –por lo general, las marcas conocidas– fijan los precios del mercado internacional. Dentro del precio final establecido por las grandes marcas, los costos de producción suelen representar un porcentaje casi insignificante. Una inmensa parte de lo que pagan los consumidores se debe a la sugestión ejercida sobre ellos. A mediados de la década del 90, solamente las empresas norteamericanas destinaban más de un billón de euros a la publicidad de sus productos. (29)

Los valores impuestos por las marcas versus la crisis de sentido ¿Por qué eso las hace tan exitosas? ¿Por qué las empresas no se ahorran (o no nos ahorran a nosotros) ese dinero y se limitan a vender sus productos sin fastidiar al mundo entero con su cargosa publicidad? “Porque los mensajes publicitarios de las empresas, valiéndose de modernas técnicas de comunicación, han asumido el papel de quienes tradicionalmente creaban sentidos (las escuelas, las iglesias, las comunidades sociales y las instituciones culturales)”, sostiene Jeremy Rifkin. El economista y escritor norteamericano agrega: “El comprar una marca transporta a los compradores hacia un mundo imaginario; tienen la sensación de que realmente comparten con otros los valores y significados creados por los diseñadores.” (30)

De modo que Nike no comercia sólo con calzado deportivo, sino también con un sentimiento de wellness colectivo. IBM no vende computadoras, sino “soluciones” (soluciones a los problemas) “Nosotros no vendemos un producto”, dice asimismo Renzo Rosso, el propietario de la empresa de jeans Diesel, “vendemos un estilo de vida. Creo que hemos creado un movimiento. El concepto Diesel es todo. Es la forma de vivir, la forma de vestirse, la forma de hacer algo.” (31)

El hecho de que las zapatillas, los componentes de la computadora y los jeans se fabriquen pagando sueldos de hambre pasa a un segundo plano (al igual que el producto) No obstante, tal como señala la periodista Naomi Klein en su libro No logo, ya es posible percibir algunas “grietas y fisuras detrás de la fachada de esplendor” de las grandes marcas. (32)

RECONQUISTAR EL PODER

Cada vez más gente busca desmantelar esta fachada de esplendor. Internet, además de haber acelerado el ritmo del mercado mundial, constituye el arma más poderosa para ejercer la crítica hacia las corporaciones. Tanto por correo electrónico como en miles de páginas web, se organizan encuentros, se discuten estrategias y se pone a las firmas inescrupulosas en la picota. Algunas organizaciones como la “Adbusters” (ver lista de links al final del capítulo) luchan contra la locura consumista ridiculizando conocidas campañas publicitarias. Otras entidades realizan investigaciones profesionales para detectar abusos concretos. Lo que quieren es más participación, más derechos laborales, estándares ambientales y sociales internacionales, más posibilidades de control y un comercio justo en todo sentido.

En un documento de debate, la Federación de la Industria Alemana lamenta la creciente influencia de las organizaciones no gubernamentales sobre la opinión pública: “En virtud de su red internacional, las ONG están adelantadas en el campo de la acción y el conocimiento. Las organizaciones como Amnistía Internacional y WWF resultan creíbles para el gran público y generan un alto grado de confianza.” (33)

Las corporaciones están alarmadas: su enorme poder, alcanzado desde la caída de la Cortina de Hierro a expensas de las instituciones políticas, es sólo un éxito provisorio. Surge un movimiento en la sociedad civil que se expresa también en Europa en voz cada vez más alta y con mayor furia. No exige el fin del mercado, exige tener en él una participación justa. En el largo plazo, esta exigencia ya no podrá acallarse, ni siquiera con inversiones millonarias para el cuidado de la imagen.

Así como el poder de los representantes políticos es un poder conferido por el pueblo, el poder de las empresas es otorgado por los consumidores. Con cada foto de niños esclavizados, con cada artículo sobre trabajadores explotados, con cada informe sobre pacientes maltratados o bellezas naturales destruidas, ese poder se va desmoronando. Tal como dijo el muchacho de trece años del Bronx, el que arrojó sus viejas zapatillas frente a las puertas del local de Nike: “Nosotros te hicimos. Y también podemos aniquilarte.”

KLAUS WERNER ­ HANS WEISS

Links.

Aquí se concentran las críticas a las corporaciones:

Divertidas parodias a la publicidad de las grandes marcas. http://www.adbusters.org

La madre del control a las corporaciones… http: // http://www.corpwatch.org

y su filial británica. http: //corpora tewatch.org.uk

Y aquí se dice cómo se hace: Curso de investigación. http://www.corporations.org

El “Corporate Europe Observatory”. http://www.xs4all.nl/ceo

Informaciones esenciales para activistas potenciales. http://www.essential.org

Listado de links de derechos humanos. http://www.derechos.net/links

Por la solidaridad, el desarrollo, el medio ambiente… y contra las grandes empresas. http://www.antenna.nl/aseed

No sólo los opositores a McDonald’s pululan por aquí. http: //www.mcspotlight.org

Contra la explotación en la industria textil… http: //www.cleanclothes.org

…así como en la industria minera y petrolera. http://www.moles.org

Accionistas críticos de las corporaciones alemanas. http://www.kritischeaktionaere.de

La alternativa se llama Comercio justo. http://www.transfair.org

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1  “Nigeria  protests  prompt  development  moves”,  Financial  Times,  22.2.2001;  importe  en  dólares estadounidenses:  53  millones.  Debido  a  las  fuertes  oscilaciones  en  el  tipo  de cambio,  en  este  libro  hemos utilizado de manera uniforme la paridad promedio del año 2000 (0,92 dólar por euro) 

2 “Whose Globe?”, Business Week 45/2000 

3 “Ogoni Wars: Arms Were Sponsored By Shell”, This Day, Lagos, 25.1.2001 

4 “Brücken bauen”, Vfirtschaftswoche 48/2000

5 “Eine Mine ist (k)eine Mine”, http://www.dfg­vk.de/abruestung/abrmine2.htm  

6 Ver ttp://www.kritischeaktionaere.de/Konzernkritik/DaimlerChrysler/DCagbOl/DcagbO1f/  dcagb01f.html

7 Naomi Klein: No logo: el poder de las marcas. Buenos Aires, Paidós 2002, capítulo 16

 8  Ibidem, capítulo 16

9 “Brücken bauen”, Wirtschaftswoche 48/2000  

10  Ibidem  

11 Catálogo de Ikea 2001, pág. 19  

12 Ver, por ejemplo, “Wieder Kritik an Ikea wegen Kinderarbeit”, Berliner Zeitung, 24.12.1997  

13 Entrevista con Klaus Werner, 11.12.2000  

14 Entrevista con Klaus Werner, 11.12.2000  

15  Información de prensa de la OIT, 18.6.1998

16 “Kämpfer an globaler Front”, Die Zeit 28/2000  

17 “The Stars of Europe”, Business Week, 6.12.2000

18 “Kámpfer an globaler Front”, Die Zeit 28/2000  

19 Ulrich Beck: “Die Macht der Ohnmacht”, Stern 6/2001

20 Amartya Sen: Desarrollo y libertad. Editorial Planeta, Barcelona, España 2000

21  La  organización  Transparency  International  ofrece  documentación  sobre  el  alcance  de  esta  corrupción y su distribución regional, http://www.transparency.org

22 “Gute Geschäfte mit der Ware Mensch”, Formal 17/2001  

23 Kevin Bales: Die neue Sklaverei. Kunstmann Verlag, Munich 2001  

24 “Blutiger Kakao”, Der Spiegel 17/2001  

25 Entrevista con Klaus Werner, 6.12.2001  

26 John Le Carré: El jardinero fiel. Plaza & Janes, Barcelona 2001

27 Ley Fundamental de la República Federal de Alemania, Derechos Fundamentales, Artículo 14

28 “Abiti Benetton cuciti in Turchia da bimbi”. Corriere della Sera, 12.10.98 

29  Jeremy Rifkin: Access. Das Verschwinden des Eigentums. Campus Verlag, Francfort/ Nueva York 2000, pág 230 

30  Ibidem, pág. 231 

31 Klein, No logo, capítulo 1

32  Ibidem, “Introducción”  

33 “An alle Aktivisten: Zieht euch warm an”, die tageszeitung, 13.1.2001

34 http://www.ips­dc.org/downloads/Top 200.pdf

35  “DaimlerChrysler  besitzt  die  teuersten  Marken  in  Deutschland”,  Financial  Tiwes  Deutschland,  12.10.2000

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