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De los videos que muestran los diálogos entre el físico David Bohm, el psiquiatra David Shaimberg y el filosofo Krishnamurti (1) se puede extraer una conclusión central bastante interesante, al parecer la emergencia de una cualidad como el pensamiento, al desconectarse de la experiencia inmediata, produce una identificación en que la realidad, se confunde con el pensamiento en sí mismo y con el pensador, desde ahí ocurriría la sensación de indefensión psicológica, cuyo primer paliativo ideado por el ser humano es la religión, sobre la que existen antecedentes arqueológicos concretos, por lo menos desde el paleolítico medio, en que los neandertales manifestaban ritos funerarios complejos.

El pensamiento, nuestras capacidades cognitivas de aprendizaje, lenguaje, etc son posibles gracias a la aparición del neocortex. La corteza cerebral recubre todas las áreas más “primitivas” siendo la capa que sigue el sistema límbico, que regula nuestras emociones. La amígdala es parte del sistema límbico y es clave para que el funcionamiento racional pueda darse en buenas condiciones, permitiendo el reconocimiento emocional y la memoria (2). Por lo que hay un estrecho vínculo entre nuestras capacidades racionales y emocionales.

La aparición del neocortex (3) finalmente posibilita que comience a desplegarse paulatinamente la civilización, nos ha permitido manipular la naturaleza, prolongar nuestra esperanza de vida, etc. Sin embargo trajo una consecuencia inesperada, que es haber identificado nuestro pensamiento con la realidad, se genero un “yo” ilusorio y autónomo de la experiencia concreta y su fondo afectivo, provocando que mientras podíamos mitigar la indefensión biológica frente a un ambiente hostil, produjéramos la sensación de indefensión psicológica. El ser humano había emergido de la naturaleza, invento la cultura, generando una fractura a la que aluden los mitos sobre paraísos perdidos, presentes en una de las cunas de la civilización como Mesopotamia.

Esta súbita aparición de la civilización, tiene su expresión mayor durante la revolución neolítica, hace unos ocho mil años antes de nuestra era, se le denomina revolución ya que fue una transformación radical, en que la vida humana paso de ser nómada a sedentaria una transición de la recolección y la caza, a formas productivas como la agricultura y la ganadería. 

Esta transformación ocurre en un contexto posterior a una glaciación, que genera una crisis climática. El neocortex y las capacidades cognitivas que permitieron nuestra supervivencia, sin querer generaron una progresiva identificación con lo abstracto, que nos separo de la experiencia concreta, de algún modo esta capacidad dejo de ser una herramienta para transformarse en nuestra imagen del mundo.

La crisis climática, posterior a la glaciación, incluyo desde el valle del Nilo en Egipto a Mesopotamia, llegando hasta Turquía, para alcanzar posteriormente zonas más alejadas, son estos los lugares mayoritariamente reconocidos como la cuna de la civilización. El antropólogo Robert Carneiro, es el autor de la teoría de circunscripción geográfica, según la que donde hay tierras agrícolas productivas, capaces de generar excedentes, como por ejemplo en el valle del Nilo, rodeado de obstáculos materiales como un desierto, un mar o montañas, si se produce una guerra los perdedores no podrán escapar hacia ningún lado, quedando sometidos a quienes logren imponerse.

De esta manera habrían nacido los primeros estados, organizaciones de control social basadas en reyes, guerreros, sacerdotes que posterior a la victoria generaron sus propios mitos fundacionales, se sometió a la población a un nuevo sistema productivo basado en agricultura intensiva. En síntesis las fértiles tierras que podían alcanzar a mantener a una población, fueron monopolizadas por un grupo especifico que comenzó a reproducir la cultura bajo una sociedad dividida en clases. 

Se puede imaginar que la sensación indefensión psicológica, impidió una comprensión empática y colaborativa, que derivo en las guerras que dieron origen a los primeros estados, por primera vez en forma sistemática y organizada se emprendía un viaje, que se oponía a nuestras posibilidades evolutivas, basadas en la cooperación y aparecía la jerarquización de la sociedad. 

La cultura se transformo en una imagen del mundo pre-fabricada impuesta sobre todos, distanciándonos de la experiencia concreta, manipulando nuestro hacer según los intereses de las clases dominantes, se impuso una imagen del mundo, que agudizo la fractura en diversos grados, siendo tal vez sus expresiones más disociadas las que aparecen posteriormente en la filosofía occidental que en la oriental, por ejemplo en Platón con la separación del mundo de las ideas y el de los sentidos y posteriormente en Descartes con la separación mente y cuerpo, por nombrar pensadores claves en la historia occidental. Si bien, en general esta fractura no es tan aguda en la filosofía oriental, esto no fue un impedimento para que surgieran sistemas de dominación tan complejos como la sociedad de castas hindú o los Imperios en China. 

La realidad dejo de ser algo que había que descubrir por nosotros mismos en conjunto y paso a ser impuesta por grupos minoritarios, para asegurar desde ahí una sociedad dividida en clases, administrando nuestros deseos o restringiendo nuestro hacer en todas las esferas de la vida.

Nuestros liberadores como son el pensamiento racional, la civilización, la cultura nos permitieron sobrevivir, pero esta herramienta, de valor incalculable para nuestra evolución, se emancipo de nuestro control y se impuso como lo único existente, dividiéndonos en clases, fracturándonos hasta nuestro interior, estableciendo una distinción artificial en esta unidad entre lo afectivo y lo cognitivo, que nos impide ver la cultura de la dominación como lo que es, una ilusión, que se ha logrado materializar, pero que carece de cualquier deseabilidad, que es incompatible con nuestras posibilidades evolutivas, al bloquear cualquier principio de cooperación o de reconocimiento de la legitimidad del otro.

La historia del ser humano recién comenzara, cuando podamos abolir las estructuras de dominación, que circunscriben nuestro hacer al interés de las clases dominantes, es decir con la abolición de los estados, solo en ese momento cuando nos veamos ante la circunstancia de organizarnos en forma horizontal, nos veremos forzados a comprendernos los unos con los otros, por lo mismo intentar detener el movimiento autónomo del pensamiento, contactándonos con la experiencia inmediata desde un fondo afectivo, en que el pensamiento se volverá un recurso y no un absoluto, es ahí que se puede materializar una sociedad basada en el apoyo muto, en que nadie tenga el poder de ejercer coerción sobre el otro.

Abolir los estados no es una garantía de que esto suceda así, simplemente nos devuelve la oportunidad de hacernos responsables en forma colectiva de nosotros mismos y de nuestro futuro. De la misma forma que abolir el capitalismo no garantiza, por si solo, terminar con la dominación, que como hemos visto es anterior a este y es algo mucho más profundo que nos exigirá salir de nuestro estado semiaccidental de analfabetismo emocional. 

(1) http://elvirusdelasubversion.blogspot.com/2013/06/la-transformacion-del-hombre.html
(2) Personas con la amígdala dañada son incapaces de reconocer las emociones en el rostro de los demás, en el caso de los simios se ha visto que cuando la amígdala está dañada, las capacidades de aprendizaje y memoria se vuelven deficitarias.
(3)  sobre este tema es muy importante conocer la declaració.n del año 2012 de Cambridge, sobre la conciencia en los animales, ya que al parecer la conciencia no es solo privativa de estructuras cerebrales superiores, lo que significa que mas que estar en la cúspide de la evolución de las especies, simplemente tenemos historias evolutivas paralelas, con el resto de los seres vivos para acoplarnos estructuralmente con el medio, siendo absurdo establecer algún tipo de jerarquía al respecto.

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