Hombres, mujeres y niños se desloman en las minas congoleñas para poder abastecer de un valioso metal a las compañías electrónicas occidentales y a la empresa Bayer. Miles mueren por el coltan, que así contribuye a financiar la “Primera Guerra Mundial Africana”.

Faida Mugangu1 mira absorta la pared gris de la habitación. El doctor Ngabo se acerca a esta mujer raquítica para hablarle, le toca cuidadosamente la mano. No hay reacción. La mujer, de unos treinta años, abraza con fuerza –casi se diría que con demasiada fuerza– al bebé que está junto a ella, envuelto en una manta sobre la cama. Según el parte médico proporcionado por Deogratias Ngabo, doctor del Hospital “Caridad Maternal” en la ciudad congoleña de Goma, Faida Mugangu tiene gastritis. Una vez que abandonamos la habitación, el propio doctor Ngabo nos cuenta qué es lo que le pasa realmente a su paciente: hace un par de semanas perdió a casi toda su familia. A las cuatro de la madrugada, debió ver cómo unos soldados fusilaban a su esposo y mataban a machetazos a tres de sus hijos. Protegida por la oscuridad, ella pudo escapar con el más pequeño hacia los platanares. Al día siguiente, Faida Mugangu sepultó el cadáver de su esposo y los cuerpos despedazados de sus dos hijas y del primogénito, enterrándolos con sus propias manos en el blando suelo volcánico. Después de eso, no pudo comer nada, nadie sabe bien por cuánto tiempo: una, dos, tres semanas… Un día apareció allí, frente al portón de hierro del hospital diocesano, con el bebé a cuestas acurrucado en un manto, destruida en cuerpo y alma. Desde aquel momento no pronuncio una sola palabra más. “Nadie sabe quiénes son los asesinos”, dice el doctor Ngabo, a quien Faida por entonces le confió su historia.

Aquí, en la región de Kivu, al este de la República Democrática del Congo, en realidad el asesino podría ser cualquiera. Ya nadie sabe a ciencia cierta quién está de qué lado. Al amparo de los bosques y a la sombra de los grandes frentes, torturan, matan, violan y saquean las milicias, los bandoleros y los grupos étnicos contrapuestos, pero también lo hacen los propios ejércitos de las principales facciones. Esta tierra está siendo asolada desde agosto de 1998 por la “Primera Guerra Mundial Africana”, una guerra que es casi desconocida en Europa y que parece no quitarle el sueño a nadie. África está muy lejos, y los africanos tienen la costumbre de morir antes de tiempo. Hasta el momento, considerando únicamente la región dominada por los rebeldes, en la parte oriental del país, la guerra se ha cobrado 2,5 millones de vidas.2 Se estima que un tercio de las víctimas eran niños. En la región de Kalemie, según Médicos Sin Fronteras, tres de cada cuatro niños mueren antes de alcanzar su segundo año de vida. A esto se le suman más de 2 millones de desplazados y 16 millones de personas que padecen hambre y enfermedades. Claude Jibidar, quien dirige la organización de ayuda humanitaria World Food Program en la ciudad de Bukavu, al este del país, explica que ya hay más adultos desnutridos que niños desnutridos. “¿Por qué? Lisa y llanamente, porque los niños están muertos.”3 El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas habla de “una de las peores crisis humanitarias del planeta”.4

Crueldades inimaginables

Un informe reciente del secretario general de la ONU, Kofi Annan, revela que los asesinatos en masa, las ejecuciones extrajudiciales y las detenciones ilegales son moneda corriente en el Congo.5 A modo de ejemplo, se describe una masacre de más de doscientas personas: “La mayoría de las víctimas eran civiles, entre ellos, mujeres y niños. A algunos los asesinaron a machetazos, a otros los decapitaron. Los cuerpos fueron arrojados a las letrinas públicas.”

Las mujeres son las más afectadas: “Ellas se ven sometidas a todas las vejaciones imaginables de la guerra. Los soldados las acosan, las humillan y las violan, a veces ante los ojos de sus esposos o hijos.” Por eso corren un “enorme riesgo de contagiarse el VIH/sida”.6

En el Congo han apostado sus tropas siete naciones africanas. El ejército del gobierno es apoyado por tres Estados vecinos: Zimbabwe, Angola y Namibia. En cambio, las regiones norte y este están ocupadas por dos grandes movimientos rebeldes y por decenas de miles de soldados provenientes de dos países limítrofes orientales: Ruanda y Uganda. Pero en la guerra hay otras facciones: desde hace un largo tiempo, las corporaciones industriales occidentales explotan salvajemente las materias primas de este coloso centroafricano y no dudan en financiar a los rebeldes y a los ejércitos. Incluso a veces trabajan codo a codo con ellos. Porque es mucho el dinero que está en juego. Por absurdo que suene, el Congo es uno de los países más ricos de la Tierra. Allí se puede encontrar oro, plata, diamantes, petróleo, cobre, cobalto, estaño y otras preciadas riquezas del subsuelo. El principal frente bélico tiene lugar –no por casualidad– a lo largo de las grandes minas.

Guerra por las riquezas del subsuelo

“El conflicto del Congo gira básicamente en torno al control y al comercio de los recursos minerales.” Esa es la conclusión central de un informe de la ONU sobre la “explotación ilegal de los recursos naturales de la República Democrática del Congo”. Este documento, publicado el 16 de abril de 2001 en Nueva York7, hace referencia a un saqueo sistemático de las riquezas del subsuelo, sobre todo en la región oriental, controlada por los rebeldes. Ruanda y Uganda “les han proporcionado a los cárteles criminales una oportunidad única para que hagan negocios en esta zona tan delicada”, señala el informe. Y agrega que esos cárteles delictivos tienen conexiones en todo el mundo y representan un grave problema de seguridad para la región.

El hecho de que haya guerras por las riquezas del subsuelo no tiene nada de nuevo. En África el tema suelen ser los diamantes, que se han hecho conocidos como “diamantes de sangre” o “diamantes de conflicto”. Con su venta, por ejemplo, los líderes rebeldes de Angola y Sierra Leona financian sus “revoluciones”, sirviéndose de una red mañosa internacional compuesta por traficantes de armas, de drogas y de materias primas. En junio de 1998, el Consejo de Seguridad de la ONU estableció por primera vez una prohibición para trabar la venta de los “diamantes de sangre” provenientes de Angola, en donde Joñas Savimbi y sus rebeldes de UNITA llevan adelante una feroz guerra civil. A esto le siguió un embargo contra Sierra Leona en el año 2000. En dicho país, Foday Sankoh (Frente Revolucionario Unido, RUF) no sólo ha adquirido mala reputación por la utilización de niños soldados, sino especialmente por su “marca registrada”: amputar el brazo a los opositores sin ningún miramiento. De acuerdo con estimaciones, el comercio de diamantes le aporta ingresos anuales por valor de 120 millones de dólares estadounidenses. A pesar del embargo de la ONU, los “diamantes de sangre” dan un rodeo y continúan desembarcando en las grandes tiendas internacionales de Amberes, Ginebra, Nueva York y Tel Aviv. La empresa sudafricana De Beers, líder mundial en el comercio de diamantes, antes realizaba sus compras en Angola, pero ahora asegura que sólo ofrece mercadería “limpia”. Verificarlo es prácticamente imposible.

El valioso tántalo como causa de guerra

También en el Congo el tema son los diamantes. Por supuesto que además lo son el oro, el cobre y el cobalto. Sin embargo, estos metales han quedado un poco relegados debido a la baja en el mercado internacional, y un elemento que hasta el momento era relativamente desconocido se convirtió en el centro de las disputas: el tántalo, un metal con un punto de ebullición sumamente alto y una elevada densidad, es ahora una de las materias primas más codiciadas en el mundo entero. Se emplea sobre todo en condensadores electrolíticos, como los de los teléfonos celulares y las computadoras Pentium. También se utiliza, aunque en menor escala, para fabricar armas y equipos médicos.

Los precios internacionales se han disparado de manera exorbitante no sólo por el boom de los teléfonos celulares y el constante desarrollo del mercado de la computación, sino también por la aplicación en productos tales como Playstation de Sony o Gameboy de Nintendo. Entre febrero de 2000 y enero de 2001, la cotización del kilo de tántalo en la Bolsa de Metales de Londres ascendió de 180 a 950 euros (es decir, a más del quíntuple)

Tántalo

El tántalo es un elemento metálico raro que se identifica con el símbolo químico Ta. En la naturaleza, aparece principalmente como pentóxido de tántalo (tantalita, Ta2O5) junto con el niobio (columbita, Nb2O6) Las mayores reservas se encuentran en Australia, Brasil, Canadá y África (sobre todo en la República Democrática del Congo, ex Zaire) En otras regiones, por ejemplo en Malasia y Nigeria, el tántalo también se encuentra como producto residual en las escorias de estaño.

En el Congo, la combinación columbita-tantalita es denominada en forma abreviada como coltan. El coltan se extrae, a mano o bien utilizando herramientas rudimentarias, a partir de sedimentos aluviales y eluviales (fluviales y erosivos) Su aspecto se asemeja a la de una grava o arena sucia y grisácea. El tántalo es muy duro, tiene una alta densidad y es sumamente resistente al calor, a la oxidación y a los ácidos. De ahí que se adapte mejor que cualquier otro metal a las superaleaciones empleadas para equipos quirúrgicos, armas de alta tecnología, reactores nucleares, lentes de cámaras fotográficas y aparatos de visión nocturna.

De todos modos, la mayor parte de la producción mundial se utiliza para fabricar condensadores electrónicos (diminutos aparatos que almacenan carga eléctrica), con lo cual termina siendo destinada a teléfonos celulares, computadoras, consolas de videojuegos e incluso detectores de humo y automóviles. Información: http://www.tanb.org

El tántalo fue descubierto en 1802 por un químico sueco llamado Eckberg.

El científico cayó casi en la desesperación al ver que resultaba tan complicado investigar este metal resistente a los ácidos. Por eso le dio a su descubrimiento el nombre del dios griego Tántalo, que está condenado a sufrir eternamente en el submundo. Un nombre muy acertado.

Aproximadamente una quinta parte de la producción mundial procede del Congo, donde el tántalo se obtiene a partir de un mineral llamado coltan. Al este del país, es decir, en medio de la zona del conflicto, es la materia prima más codiciada y disputada. Militares y rebeldes de todas las facciones combaten para lograr la supremacía en la región de las minas. Las excavaciones las realiza la población civil –incluso muchos niños–, simplemente con las manos y con unas herramientas de lo más rudimentarias; luego el metal desemboca en el mercado mundial a través de dudosos canales; es transportado en aviones Antonov, de fabricación rusa, que a su regreso traen armas para los rebeldes. “Allí radica el círculo vicioso de laguerra”, dice el informe de la ONU al analizar el saqueo ilegal de las materias primas. “El coltan le permite al ejército ruandés justificar su permanencia en el Congo. El ejército protege a las empresas y a los individuos que extraen el mineral. Éstos reparten sus ganancias con el ejército, que vuelve a crear las condiciones para que la explotación continúe.”

Bayer, el fabricante de la aspirina, en el papel protagónico

Nadie intentó indagar en aquel momento, en diciembre de 2000, cuando parecía que Manfred Schneider, presidente del Consejo de Dirección de Bayer, había hallado la piedra filosofal: con el tántalo, utilizado en la telefonía celular, la compañía obtenía tasas de crecimiento que no le iban en zaga a la Nueva Economía. “Gracias a él, obtenemos grandes ganancias en forma sostenida, algo que, seguramente, no todas las empresas de la Nueva Economía están en condiciones de afirmar”, le confió a la revista Der Spiegel. 8 Schneider sabe de qué está hablando: su empresa es líder en el mercado mundial en lo referente al tántalo. Según los conocedores del rubro, H. C. Starck (una subsidiaria de Bayer con ventas por 665 millones de euros 9, sede en la ciudad alemana de Goslar y sucursales en EE.UU., Tailandia y Japón) elabora más de la mitad de la producción mundial y le suministra este metal noble a la industria electrónica.

“En todo equipo electrónico hay condensadores de tántalo”, se entusiasma Manfred Bütefisch, vocero de H. C. Starck. “Para los primeros Pentium se necesitaban apenas cincuenta de estas piezas, ahora ya hacen falta entre doscientas y trescientas.”10 Bütefisch agrega que este hecho, sumado a las impresionantes tasas de crecimiento que se dieron en el mercado de la telefonía celular, determinó un aumento descomunal en el precio de la materia prima del tántalo.

La empresa oculta el origen

Lo que el vocero de la empresa no quiere decir es de dónde viene el tántalo. “Son minerales que pueden extraerse en distintos continentes.” ¿En cuáles? “Lo siento, pero no puedo darle información acerca de eso.” ¿Por qué no? “Son datos internos.”

En noviembre de 2000, el periódico berlinés die tageszeitung (taz) estableció por primera vez una relación entre la empresa y el Congo, aunque sin llegar a afirmar en forma explícita que H. C. Starck adquiriera sus materias primas en la zona de guerra. El autor de la nota simplemente confirmó que el tántalo se extraía de la región congoleña ocupada por los rebeldes y que la poderosa filial de Bayer estaba involucrada en su procesamiento.11 Bütefisch dixit “En sí, ambas cosas son ciertas.” Un par de semanas más tarde, el taz consignó que con la exportación de coltan se financiaba, a través de una red comercial mañosa, a las facciones enfrentadas en el conflicto bélico.12

Acto seguido, intenté que Manfred Bütefisch me respondiera si su empresa estaba involucrada en el financiamiento de la guerra del Congo.13 Su respuesta: “Todos los que tienen yacimientos de materias primas en países en desarrollo deben lidiar con ese tipo de acusaciones. Nosotros ya estamos acostumbrados, por eso no decimos nada al respecto.” ¿Por qué no aclaró simplemente que la empresa no lo obtenía desde el Congo? “Si entro en esa discusión, me pongo yo mismo en el centro de la escena. Y no queremos eso, no lo necesitamos.” ¿Qué significaba eso, que no descartaba que el metal proviniera del Congo? “No diré ni una cosa ni la otra.”14

¿El tántalo no viene del Congo?

Buscaba una prueba. Lo que más me irritaba era que todos los expertos en materias primas afirmaban que prácticamente no se exportaba tántalo desde la región comprendida por el Congo y Ruanda. “Puede ser que allí se produzcan un par de kilos –tal vez cien kilogramos– de tantalita, pero no más que eso”, me informó Manfred Dahlheimer, del Instituto Alemán de Ciencias Geológicas y Materias Primas.15 El propio Larry Cunningham, quien forma parte del instituto norteamericano de investigación US Geological Survey y aparentemente es considerado como el mayor especialista mundial en tántalo, se lamentó: “No hay datos del Congo.” Agregando luego: “Pero todo es posible.”16

Sin embargo, un periodista congoleño me había contado que mes a mes se exportaban desde su país 200 toneladas del mineral, lo cual equivale casi a la quinta parte de la producción mundial.17 Judy Wickens, perteneciente al Tantalum-Niobium International Study Center (una representación de los intereses sectoriales de la industria), también había oído rumores que hablaban de estas cifras, pero no quiso ahondar en el asunto. “Los datos comerciales de nuestros miembros (nota: entre ellos se cuenta, por ejemplo, H. C. Starck) debemos manejarlos en forma confidencial. Y otros datos no tenemos.”18 Además, Wickens me advirtió que de todos modos es difícil comprender a fondo los circuitos comerciales. Porque generalmente se desarrollan a través de intermediarios. Y porque lo que figura en los expedientes de la Aduana… “¿acaso cree usted que eso se hace en forma honesta y como es debido?”

Averiguaciones secretas

Al parecer, el comercio con el Congo estaría floreciendo bajo el más absoluto encubrimiento. Para conocer mayores detalles, decidí entrar personalmente en el negocio a modo de intermediario. Por supuesto, no quería comerciar realmente con el tántalo, sino investigar en secreto. En Internet encontré algunos indicios: allí hay bolsas de comercio virtuales, en las cuales individuos y empresas se abren camino para sus operaciones internacionales.19 El espectro abarca desde café hasta peces dorados, pasando por riquezas del subsuelo.

También existe una demanda ¡urgente! de tántalo. Muchos de los traficantes de materias primas tienen su sede en Alemania. En el Registro Comercial sólo aparecen unos pocos. Algunos tienen denominaciones que no remiten al tráfico de las valiosas riquezas naturales. Por ejemplo, la firma Equatorial Safaris de Tanzania, que oficialmente organiza campings en el Parque Nacional Serengeti,20 pero que –según la bolsa de intercambio de Internet– tiene “140 toneladas de tantalita” en stock. O la BTHS Handels—und Seafood GmbH de Hamburgo, que compra “15-20 toneladas de tantalita del Congo y de Ruanda” y que está constantemente a la búsqueda de “cantidades adicionales debido a la inestable situación política en la región”.21 Un caballero o una dama de nombre Surojeet Banerjee, a través de la dirección surojeetjp@hotmail.com, también busca “tantalita para Alemania. Posibilidad de relación a largo plazo.”22

Sonaba tentador. Pero para ingresar al negocio, yo necesitaba una nueva identidad. Eso no era problema: Internet brinda identidades sin exigir documentos, ya que en el mundo virtual la dirección de correo electrónico rige tanto para el nombre como para el domicilio. Perfectamente uno puede enviar y recibir cartas o documentos como george.bush@gmx.net o como juan.pablo.II@hotmail.com, siempre y cuando la idea no se le haya ocurrido antes a otro.23

A los cinco minutos ya era un hombre nuevo.

Nombre: Robert Mbaye Leman. Lugar de residencia: Arusha, Tanzania. Ocupación: Comerciante de materias primas. Señas particulares: Buenas relaciones con el escenario de los rebeldes en el Congo. Encargo: Vender 40 toneladas del más fino coltan congoleño a Alemania.

La noche del 31 de enero de 2001 envié mi oferta al ancho mundo, a una docena de intermediarios. Pedía 10.000 dólares estadounidenses por cada tonelada de materia prima. Con esa cifra, me situaba muy por debajo del precio internacional (demasiado, en realidad) Pero lo importante era que ese precio inigualable llamara la atención.

Habían transcurrido apenas dieciséis minutos desde mi clic en “Enviar”, cuando llegó la primera respuesta. Un tal Rashid Remtula quería saber cuál era la proporción de tántalo, niobio, uranio y torio en el mineral ofertado. Buena pregunta. Honestamente, no tenía ni idea de qué responder, y decidí que a partir de ese momento me desdoblaría. Es decir, yo mismo publiqué de inmediato un aviso solicitando tántalo de manera urgente. Sería un curso intensivo de mineralogía. Si quería evitar el fracaso, debía familiarizarme rápidamente con la terminología más usual. Al cabo de unas pocas horas recibí una oferta de la firma Vitalpharm, de la cual se inferían los datos más importantes. Ahora sí que estaba preparado. Unas horas después de mi primer e-mail, me llegó el pedido que estaba esperando: el de Surojeet Banerjee, el que buscaba “tantalita para Alemania” en una “relación a largo plazo”. También él o ella exigía información más detallada sobre la calidad del material. Además, Banerjee reclamaba para sí una comisión del 2% como condición para cerrar el trato. En tal caso, el material podría ser embarcado hacia Amsterdam.

En el transcurso de dos días, se presentaron ante mí –o sea, ante Robert Mbaye Leman– otros seis traficantes, todos interesados en comprar el coltan. Entre ellos, el organizador de safaris de Tanzania, la firma austríaca Treibacher (que también procesa el tántalo) y BTHS Handels— und Seafood GmbH, la empresa pesquera de Hamburgo. Esta última reconoció dos meses más tarde, en una entrevista con el periódico taz, que compraba tántalo congoleño a través de Uganda y que lo comercializaba en Alemania: “Los precios son increíbles.”24

Bayer quiere comprar coltan del Congo

Estimulado por la fuerte repercusión, el 1º de febrero de 2001 envié mi oferta inmoral a los departamentos de compra de H. C. Starck en Alemania, Japón, EE.UU. y Tailandia. En inglés, pedí que me informaran si a la empresa Bayer le interesaba adquirir coltan procedente de la zona congoleña bajo dominio rebelde: “Puedo ofrecerles una buena cantidad (aproximadamente 40 toneladas) de tantalita, que tengo actualmente en depósito en Bukavu (República Democrática del Congo) Si el negocio se desarrolla con la máxima rapidez, puedo venderla a un precio muy ventajoso. Atentamente, Robert Mbaye Leman, Arusha, Tanzania.”

Esa misma noche recibí una respuesta. Jürgen Bonjer, comprador de la empresa Bayer en Tailandia, escribió: “Estimado Señor Leman: En general, estamos interesados en comprar todo tipo de materias primas del tántalo. Por favor, háganos llegar los análisis, una muestra representativa de las 40 toneladas y su precio tentativo. No bien tengamos esta información, le enviaremos de inmediato nuestra respuesta. Atentamente, Dr. Bonjer.” Envié inmediatamente los datos solicitados. Justifiqué el precio tan bajo aludiendo a la “peculiar situación política de la región”. A partir de allí no recibí ninguna otra respuesta. ¿Era demasiado bajo el precio? ¿Acaso el Dr. Bonjer había olido algo raro? ¿O simplemente se había acobardado y había decidido dar marcha atrás en el negocio sucio?

Bayer también compra a través de intermediarios

Para averiguar si los intermediarios vendían su coltan a la empresa Bayer, les pedí los nombres de sus clientes. Dije que de ese modo podría evaluar la confiabiljdad financiera de mis compradores. Un tal Dr. Bronsart, de Bvs Ltd. Germany, respondió con un ingenioso juego de palabras que sólo puede comprenderse mediante el texto original en inglés: “We nave no problem proving seriousity and financial capabilities of the contracting BUYER which is a subsidiary of one of the largest chemistry concerns in the world.” En español: No hay problema: El que figura como COMPRADOR (BUYER, pronuncíese: BAYER) en nuestro contrato es la subsidiaria de una de las mayores compañías químicas del mundo. En otro mail, Bronsart fue más explícito: “El comprador es H. C. Starck, de Alemania, cuyo departamento de compra de materias primas tiene su sede central en Goslar.” Además, me hizo notar que a la empresa le resultaba sospechosa una oferta tan barata: “Hay algo que huele mal.”

Decidí pasar a la ofensiva. Le conté a Bronsart de manera confidencial que mi socio en el Congo era Somigl, una firma que desde noviembre de 2000 tenía el monopolio en la exportación de coltan. “Todos los meses, Somigl cede una determinada cantidad de mineral a comerciantes como yo, que, a su vez, la ayudan a efectuar ciertos negocios internacionales. Como usted sabe, la región es políticamente inestable, y siempre se necesitan negocios de importación exportación que puedan desarrollarse a través de canales no oficiales. Tenga en cuenta que esto es África y que aquí la manera de hacer negocios es un poco distinta de la europea.”

Enemigos mortales transformados en socios comerciales

La mencionada firma Somigl (Sociedad Minera de los Grandes Lagos) efectivamente existe. Fue fundada por el grupo rebelde más importante, la Agrupación Congoleña por la Democracia (RCD) El objetivo de este movimiento, que cuenta con el apoyo de Ruanda, era monopolizar el comercio de coltan y asegurarse así cada mes un millón de dólares estadounidenses provenientes de ingresos fiscales. El RCD puso al frente del negocio a una mujer tristemente célebre en toda la región: Madame Aziza Gulamali-Kulsum, quien controla ya desde hace años buena parte del comercio con el preciado mineral. A esta dama se le atribuye un papel central dentro del tráfico de armas desarrollado entre las distintas facciones que intervienen en la guerra. Por ejemplo, durante años constituyó la principal fuente de apoyo financiero de los rebeldes hutus en Burundi, que en la actualidad operan desde la vecina República Democrática del Congo. Conforme a lo señalado por un instituto de investigación congoleño, Madame Gulamali es “uno de los principales miembros de una red dedicada al tráfico de armas”, en una región donde ella ha construido “una gigantesca organización para el contrabando (cigarrillos, oro, marfil, armas, etc.)”25. Se dice que Madame Gulamali mantiene excelentes relaciones no sólo con los rebeldes, sino también con sus adversarios. De este modo, los bandos opuestos combaten militarmente en los distintos frentes de esta horrorosa guerra y, al mismo tiempo, mantienen relaciones comerciales a través de una estructura de tipo mañoso.

Según un informe de la ONU, Madame Gulamali no sólo controla el tráfico de coltan, sino que además es conocida por falsificar billetes y declaraciones aduaneras, “sobre todo para los productos que ella exporta”. Hace poco, al ser confrontada con declaraciones de aduana falsas (en donde el coltan aparecía como mineral de estaño), ella respondió: “En este negocio, eso lo hacen prácticamente todos.”26

Ciertos negocios

El Dr. Bronsart, de la Bvs Ltd. Germany, no se dejó amedrentar por mi alusión a “ciertos negocios con la firma Somigl”. Por el contrario, manifestó su agradecimiento y me aseguró que “la confidencialidad es uno de nuestros principios”. Dijo que había conversado con el cliente, Bayer, que seguía estando sumamente interesado en el negocio. Lo único que continuaba generándole dudas a la compañía era el “asombroso precio”. En un mensaje enviado el 6 de febrero de 2001, Bronsart me informó: “El jefe del Departamento de Materias Primas está muy interesado en comprar el material que usted ofrece, sobre todo con miras a entregas regulares en el futuro, y también está conforme con las condiciones de entrega propuestas; sin embargo, aún quiere aclarar determinadas cuestiones.” De todas maneras, luego me tranquilizó: “Considere a H. C. Starck como un socio fuerte y confiable.”

Para aclarar una vez más la cuestión del precio –en realidad, lo que yo había pedido era demasiado poco, y estaba contrariado porque eso podía echar a perder el negocio–, intenté hacerle creer a mi cliente que la cantidad que le había ofrecido podía venderla a ese precio únicamente en forma clandestina y que además requería divisas con urgencia para “ciertos negocios internacionales”. El argumento era débil. Pero no se me ocurrió nada mejor. Así y todo, Bronsart respondió: “Muchas gracias. Eso fue de gran ayuda.” Entonces me envalentoné y solicité una carta de intención oficial por parte de Bayer, con firma y membrete. Pero evidentemente había ido demasiado lejos. El 7 de febrero, sin ofrecer mayores explicaciones, el Dr. Bronsart me escribió que Bayer ya no estaba interesada en el trato: “Elinconveniente radica en el precio que usted mencionó.”

Suficientemente buena para los rebeldes

Entretanto había vuelto a dar señales mi “relación a largo plazo”. Surojeet Banerjee me pedía que me pusiera directamente en contacto con el cliente. Por cierto, se trataba otra vez de un intermediario: la Born International Sourcing Service, con sede en Alemania. Quien hace las veces de gerente en esa firma es el comerciante de materias primas Ralf Born. También a él le expliqué que el precio tan bajo del coltan se debía a un trato especial con la firma Somigl. Y que para concretar la operación, yo precisaba una autorización especial de los rebeldes, con quienes tenía muy buenos contactos. Asimismo le dije que necesitaría el nombre y la dirección del potencial cliente final.

“Nuestras fábricas contratistas constituyen dos de los mayores procesadores”, fue la vaga respuesta de Born. A todo esto, demostró ser un conocedor del rubro. Sin que yo le mencionara el nombre de la directora de Somigl, Aziza Gulamali-Kulsum, él escribió: “Podemos entregar una garantía de un banco alemán, lo cual debería bastarle. Al menos a Aziza Kulsum le basta. Quiero que sepa que nosotros conocemos a fondo la bizarra situación que se vivió y se vive actualmente en el Congo, donde los enemigos de guerra son, al mismo tiempo, socios comerciales.” No podría haberlo expresado mejor. ¿Acaso Born ya había comerciado con Madame Gulamali? Solicité una vez más los nombres de sus clientes. En lugar de eso, Born me envió un proyecto de contrato y me contraofertó un ventajoso negocio con maquinarias para minería, adjuntando una detallada lista con los precios de los equipos que yo podría ofrecerle a Somigl. 27

Tras dos docenas de mensajes llenos de insinuaciones, pasé a la ofensiva y le pregunté a Born si estaba dispuesto a efectuar entregas directas a H. C. Starck, considerando que ése era justamente el socio ideal de los jefes de las regiones bajo dominio rebelde. Born se mostró sorprendido y me hizo saber que “la política de compras empleada por firmas como Starck podría representar un problema, ya que para la prensa alemana la imagen de Somigl no es demasiado feliz”. Advertía, sin embargo, que si me molestaba un poco y leía entre líneas, vería que él ya había mencionado como cliente a un emplazamiento de la empresa en Asia: “Estimado Señor Leman: Ése es Starck.” Finalmente, el 8 de febrero, Ralf Born me informó que durante una charla telefónica el cliente le había manifestado su interés en comprar el material. “Como siempre”, agregó.

Dos meses después, Ralf Born se presentó frente al die tageszeitung como un inocente corderito. El periódico reproduce declaraciones en las que el traficante de materias primas afirma no haber comprado coltan en el Congo. “Me da dolor de estómago. Es sencillamente un gobierno de rebeldes. Es un horror, el país se está desangrando.”28 Hasta el momento, de mi “relación a largo plazo” con Born el taz no sabía nada.

El 9 de febrero suspendí todos los contactos con los clientes: “A raíz de unos problemas que se han presentado, debo partir urgentemente hacia Arusha. Robert Mbaye Leman.” En realidad, no volé hacia Arusha sino hacia Kigali, la capital de Ruanda. Apretujado en un minibús junto a doce nativos y algunos racimos de bananas, me abrí paso por el montañoso paisaje ruandés hasta atravesar la frontera con el Congo. Allí, justo después de la frontera, está Goma, la capital de los rebeldes. 

Coltan, Kalashnikovs y niños soldados

El doctor Ngabo va de aquí para allá y abre las puertas de los armarios y de las habitaciones, como si quisiera hacer un recuento de las carencias en el patio interno. En el botiquín, un par de cajas semivacías. En la sala de operaciones, una suerte de sillón plegable con un par de lámparas encima, nada más. Dos baños, dos duchas en un cubículo. Ni un equipo de desinfección, ni siquiera una lavadora hay en el Hospital Charité Maternelle de Goma, donde el doctor Ngabo atiende, junto con dos médicos más, a cien pacientes. En una habitación oscura, mirando fijamente la pared, está sentada Faida Mugangu, la mujer que hace un par de semanas perdió a su familia.

Adolphe Onosumba Yemba también es médico. Hace algunos años tenía su propio consultorio en Johannesburgo, y le iba muy bien. Pero, desde noviembre de 2000, Onosumba se dedica a otra profesión: es el líder, en el este del Congo, de la agrupación rebelde RCD, cuya influencia se extiende a lo largo de una región tan vasta como Europa Central. Sin embargo, cuando me dirijo a las afueras de Goma y visito su residencia, espaciosa y celosamente custodiada, compruebo que el aspecto de Onosumba, de 34 años, no se parece en nada al de un combatiente clandestino: “No creo que aquí usted encuentre, además de nosotros, otros rebeldes con corbata y laptop”, dice con una sonrisa este hombre joven y atento; y cuando entramos a su oficina, cierra las cortinas. Por razones de seguridad: “Al fin y al cabo, con las cortinas abiertas, seríamos un buen blanco para los tiradores de precisión.”29

A menos de quinientos metros, la mayoría de la gente vive en tugurios de chapa y bajo toldos de plástico. En las casas del centro de la ciudad el revoque se desmorona, la mayoría de los locales están vacíos, en sus puertas se han levantado barricadas y en sus ventanas no ha quedado un vidrio sano. Niños soldados reclutados por los rebeldes patrullan las calles polvorientas. A través de la radio, los watoto (“niños”) son convocados a luchar por el RCD. Pero la mayoría no va en forma voluntaria, dice Refugees International. En abril de 2001, esta organización de ayuda humanitaria habló con uno de los muchachos: “Mark tiene quince años. Hace dos meses, cuando volvía a su casa desde la escuela, fue raptado junto a cinco compañeros de su curso por cuatro soldados del RCD. Los llevaron al aeropuerto, los pusieron en un avión y los enviaron a un campo de entrenamiento militar.” Tres de ellos murieron allí. Mark no supo cómo murieron. Tal vez porque los habían obligado a dormir bajo la lluvia. O por los maltratos y las golpizas. O de hambre. “Nos obligaban a trabajar como esclavos”, cuenta Mark, quien logró huir del campamento militar.30

A muchos de estos niños les dan drogas, y así los ablandan para la guerra. La noche posterior a mi llegada a Goma, se me acercan tres adolescentes uniformados. Uno de ellos, más o menos de catorce años, dirige el cañón de su Kalashnikov hacia mi pecho y me pide amablemente unos dólares y cigarrillos. Sus ojos brillan amarillentos, las pupilas están dilatadas. Me pregunto cuánto tiempo podrá mantener el dedo así, sin apretar el gatillo. Cuando vuelvo a pasar la noche siguiente, me saluda contento, como si fuéramos viejos conocidos. “Nuestros niños mueren para que ustedes lucren” No importa a quién se le haga la pregunta, en las calles de la ciudad todos creen que los principales culpables de esta situación desesperante son los rebeldes y sus adeptos ruandeses. “Pero ellos no son los únicos responsables de esta desgracia”, dice un maestro desempleado, que, en la plaza principal de Goma, vende máscaras tradicionales a los pocos extranjeros que están aquí, trabajando básicamente para organizaciones humanitarias y para la ONU: “Son los europeos y los americanos los que compran el coltan y traen las armas. Ellos explotan las riquezas de nuestro país y dejan que nuestros niños mueran en las minas para seguir lucrando.” Señala el horizonte. Hacia el cielo se elevan las montañas de Masisi, donde están los yacimientos más importantes: “Allí envían a la muerte a nuestros niños.”

El joven que está junto a él ya probó suerte en las minas: “Estás en medio del lodo, con miedo de que en cualquier momento se derrumbe la tierra y te caiga encima. Permanentemente se oyen disparos desde algún lugar. Te vigilan los soldados o las milicias clandestinas, depende del caso. Vienen unos y echan a los otros, pero a nosotros nos daba lo mismo. Ellos te lo compran. Si tienes suerte, te dan varios cientos de francos congoleños. En Goma ganan diez veces más, pero si te pescan con coltan, entonces…” Me pone los dedos índice y mayor sobre la frente: “¡Bang!”

Tres semanas después de esta charla, el 11 de marzo de 2001, casi cien personas murieron en una mina de coltan (situada cincuenta kilómetros al noroeste de Goma) al derrumbarse el acceso a un túnel. 

Matar para sobrevivir

Casi todos mis interlocutores insisten en que no mencione sus nombres. Ya son demasiados los que han sido arrestados o incluso desaparecieron para siempre después de haber hablado con extranjeros. El miedo a los rebeldes es grande.

Una mujer me cuenta que en las minas trabajan, sobre todo, hutus ruandeses. Según el informe de la ONU sobre el saqueo ilegal de materias primas en el Congo, la mayoría de ellos son prisioneros de Ruanda. Considerados como presuntos autores del genocidio de 1994, excavan de a miles en busca del coltan, que luego entregan al ejército ruandés. “Además trabajan civiles congoleños, que llegan a esta región atraídos por falsas promesas”, dice la directora de un movimiento feminista. “Los soldados rebeldes los vigilan como a esclavos, y les birlan el mineral por un precio irrisorio. Al que no obedece, lo fusilan.”

El jefe rebelde Onosumba sabe que en su ejército se cometen abusos. Pero dice que son una excepción y que se lucha contra ellos sin descanso. “Lamentablemente, muchos de los que se alistan no tienen pautas morales”, reconoce. “Ven el ejército como un lugar donde pueden dar rienda suelta a su mala conducta. Por eso ahora, durante el reclutamiento, convencemos a los padres para que nos den los hijos que estén mejor educados.” Para Onosumba, ésa es la única forma de evitar las violaciones a los derechos humanos.31

Por lo general, no se trata tanto de moral, sino más bien de mera supervivencia. Tal como informa la ONU, “esta mezcolanza de guerras trae como consecuencia una gran cantidad de personas hambrientas, que luchan y cometen saqueos para conseguir comida y municiones”. Así se genera una “terrible escalada de violencia”, que incluye “la violación sistemática de muchachas en edad escolar y a la cual están expuestos los ciudadanos debido a la acción de tropas ruandesas”.32

“Nuestros militares también tienen que comer”

Considerando la opinión de los jefes rebeldes, es justamente el comercio de coltan el que debe ayudar a mejorar la situación: “Con la exportación de coltan financiamos nuestro plan social”, afirma Onosumba. Los ingresos fiscales provenientes de la exportación de riquezas del subsuelo servirán para garantizar por primera vez salarios estables. “La firma Somigl es una de nuestras principales fuentes de ingreso”, precisa su vocero de prensa, un hombre bien acomodado, con anteojos de sol oscuros, Rolex dorado y traje de Armani. “El monopolio de Somigl sobre el coltan nos aporta un millón de dólares estadounidenses al mes. Con 300.000 les pagamos a los funcionarios civiles, el resto va a proyectos sociales. Pero nuestros militares también tienen que comer algo.”33

“De eso, jamás hemos visto nada, ni siquiera un franco congoleño”, se queja el director de una institución social. “Aquí todos los hospitales, escuelas y programas de ayuda son financiados por la población, por las iglesias y las organizaciones solidarias. Si no, no hay nada. Con el coltan solamente se enriquecen las élites. Todo va a parar a los canales de una economía mañosa.”

Además, Madame Gulamali no pudo satisfacer las expectativas que se habían depositado en ella. A fin de cuentas, Somigl remitió a los rebeldes sólo una fracción del millón de dólares que éstos esperaban. Fue por eso que una semana después de mi estadía en Goma, el 28 de febrero de 2001, los rebeldes volvieron a suprimir el monopolio en el comercio de coltan.

Desde entonces, la exportación está nuevamente en manos privadas. En Goma, averigüé quién es el principal traficante privado de este preciado material: el alemán Karl-Heinz Albers, un geólogo de los alrededores de Nuremberg. Albers dirige la firma congoleña Somikivu, que pertenece en un 70% a la Gesellschaft für Elektrometallurgie (Sociedad Electrometalúrgica) de Nuremberg.34 Somikivu posee los derechos sobre la mina de Lueshe, ubicada al norte de Goma, cuya explotación fue suspendida en 1993 y retomada por Albers a comienzos del año 2000.35 De allí se extrae niobio, un metal similar al tántalo. Según datos del RCD, Somikivu entrega 300.000 dólares estadounidenses mensuales a los rebeldes, quienes, a su vez, protegen las minas.

Karl-Heinz Albers, principal proveedor de H. C. Starck

No bien llegué a Alemania, llamé a Karl-Heinz Albers a Nuremberg. Después de todo lo que había oído, pensé que Albers reaccionaría con las mismas reservas que el vocero de H. C. Starck. Pero el geólogo se mostró dispuesto a conversar durante varias horas y me brindó información acerca de su extensa actividad relacionada con el comercio mundial de materias primas, detallando especialmente sus compromisos en el Congo.36

Karl-Heinz Albers es –él mismo me lo contó con orgullo– el mayor exportador privado de coltan por amplio margen. Según dijo, cuatro de los mayores depósitos regionales le envían el material exclusivamente a él. El tráfico de coltan se desarrolla a través de su firma Masingiro.37

En el informe de la ONU sobre la explotación ilegal de materias primas en el Congo, dicha sociedad aparece mencionada para ejemplificar el “desmedido afán de lucro de algunas empresas extranjeras, que estaban dispuestas a hacer negocios aun infringiendo la ley y cometiendo irregularidades”.

“De la región se exportan, en total, unas 200 toneladas de mineral metalífero por mes”38, me contó Albers por teléfono. Ésa era la misma cifra que ya me habían mencionado al comienzo de mis investigaciones.39 Sobre la base del precio promedio señalado en el informe de la ONU (200 dólares por kilo de materia prima en el año 200040), se obtendría una cifra superior a los 500 millones de euros por año.

¿Y cuánto fue a parar a la cuenta del alemán? “Nosotros entregamos entre 100 y 150 toneladas de concentrado por mes.” Es decir: ¡la mitad o hasta tres cuartas partes del total de las exportaciones!

¿Y a quién?

“La mayor parte se la suministramos a H. C. Starck.”

Aquí tragué saliva por primera vez. Naturalmente, yo ya sabía (por mis averiguaciones secretas en Internet) que la empresa no tenía escrúpulos y que con sus compras de tántalo contribuía a financiar la guerra en el Congo. Algo después, en abril de 2001, el informe de la ONU sobre el saqueo ilegal de materias primas en el Congo también denunció que H. C. Starck se encontraba entre los clientes de Aziza Gulamali, la ex traficante de armas y actual traficante de coltan. Pero lo que el renombrado geólogo alemán me contaba ahora, tan campante, significaba, ni más ni menos, que la filial de Bayer era el máximo comprador de la materia prima que genera más polémica en esta crítica región.41

¿Hace cuánto tiempo que esto es así?

“Ellos ya venían comprando cantidades pequeñas”, dejó entrever Albers, “pero en gran escala lo hacen desde hace seis o siete años, desde que operamos allí y podemos garantizar el suministro.”42

¿Qué significa violar los derechos humanos?

El alemán me contó todo esto con ese tono impaciente, levemente arrogante que caracteriza a algunos expertos y a los trotamundos. Albers es ambas cosas, y me lo hizo notar cuando le pregunté cómo era el tema de la guerra y esas cosas.

“Yo vengo a menudo al Congo”, dijo. Y luego puso en duda que allí hubiera en verdad una guerra.

Aja. Traté de modular mi “aja” para que sonara lo más auténtico posible en el tubo del teléfono. Albers no tenía idea de que yo mismo había estado en el Congo hacía apenas una semana. Le pregunté cómo era su relación con ese gobierno rebelde sobre el cual se leía en los periódicos.

“Yo no sé si es un gobierno rebelde o no”, dijo Albers sobre sus principales socios comerciales a nivel local. “Ese no es asunto mío.” En lugar de abordar este tema, habló de los “métodos del Far West” que empleaban otras empresas, más pequeñas, para desarrollar sus negocios con el coltan.

Le pregunté si se cometían violaciones a los derechos humanos.

“¿Violaciones a los derechos humanos?” Evidentemente la pregunta lo sorprendió por completo. “¿Qué significa para usted violar los derechos humanos? ¡Primero tendríamos que definir eso!”

Y… Trabajo forzado, explotación, trabajo infantil…

“A ver, atiéndame bien. Trabajo infantil: eso en África es una historia muuuy distinta. Trabajo. Infantil. En África. Básico. ” Faltó poco para que lo deletreara. “Porque los niños también trabajan en el campo.”

Aja. ¿Y en la explotación de coltan, allí también trabajan niños?

“No que yo haya visto. Pero descartarlo, no lo descartaría. Aunque… los niños son demasiado débiles para ese trabajo. No tiene sentido.” De eso yo no tenía dudas. Y seguramente tampoco las tenían aquellas personas que, en Goma, me habían hablado de niños y niñas de ocho, nueve años que trabajaban como bestias en las regiones de extracción.

Albers dice que al menos la minería asegura puestos laborales. “Decenas de miles de personas trabajan allí en la explotación de coltan. ¡A la gente le va bien! ¡Créame!”, me pide. “Quiero decir: todos trabajan por su cuenta.”

¿Y cuánto ganan?

Frente al tema dinero, el industrial alemán ve la necesidad de explayarse.

“Los africanos no son como nosotros. El africano no puede conservar el dinero, lo gasta enseguida. ¿En qué? No sé. Si usted le da a un africano cien mil dólares en la mano, él los despilfarra en un par de días. Y vuelve a ser más pobre que una rata. Pero tengo la sensación de que, así y todo, se siente mejor. Mientras ellos tengan su cervecita y un poco de música para bailar, están más que conformes.”

En esencia, esta cosmovisión explica un sistema que aparece en varias secciones de este libro. Un sistema que ve al hombre como una variable local y a los estándares éticos como una pretensión desmedida. Que presenta a sus víctimas como seres de segunda clase, cuyas necesidades deben medirse con criterios totalmente distintos de los nuestros: al africano le gusta que lo exploten; al africano le basta con menear un poco las caderas para estar más que conforme; y probablemente al africano también le guste morir. Esta escuela de pensamiento alcanza su apogeo en Goma, donde un Karl-Heinz Albers convive con una Faida Mugangu, la mujer que ha perdido a su familia en la guerra. Una guerra cuya existencia incluso es puesta en duda por Albers, aunque él mismo sea una pieza de ajedrez dentro de este conflictivo tablero. Los ajedrecistas, sin embargo, están en Goslar, Alemania, y en todos los demás lugares del mundo donde resulta más fácil esquivar esa mirada de Faida Mugangu clavada sobre la pared gris del hospital.

Las empresas electrónicas generaron el boom del coltan

La firma H. C. Starck no es la única que participa del lado del vencedor en este cruel juego. Y no es la filial de Bayer la que generó este boom del tántalo, que revolucionó los mercados sobre todo a fines del año 2000. Coincidiendo con otros expertos en minería, Karl-Heinz Albers me contó que las empresas de telefonía celular y computación se habían volcado a comprar las materias primas del tántalo en forma directa. Y dijo que de esta manera habían desatado la histeria en los mercados. “Así surgió la sensación de que la demanda crecía a todo ritmo, y de que ya no podía asegurarse el suministro a través de los productores tradicionales.”

Esta impresión se ve reflejada en las revistas especializadas de la industria minera. Allí se habla de una “vertiginosa demanda de tántalo causada por el boom de los teléfonos celulares”. “Prácticamente el 70% dela producción de tántalo va a parar al sector de la electrónica”, dice Lee
Sallade, jefe de Marketing de H. C. Starck en EE.UU.43 De acuerdo con estimaciones independientes, la cantidad de teléfonos celulares se elevaría a nivel mundial de 400 millones en el año 2000 a 1.000 millones en el año 2004.

Fabricantes de teléfonos buscan socios en el Congo

En enero de 2001, el fabricante de teléfonos satelitales Erkis USA buscaba un socio para explotar un yacimiento de tántalo en el Congo oriental. Pero, tal como informaba una publicación de la industria metalúrgica, la tarea no era nada sencilla debido a la inestabilidad política y económica.44 De todos modos, un vocero de la empresa industrial Metallurg International45 es optimista: “Vista la demanda de nuevas fuentes de materia prima, los riesgos asumidos tendrán una pronta recompensa.” El elevado precio del tántalo sirve a muchos como acicate para intentar la explotación también en regiones inestables. Y los productores de materias primas quieren acercarse más al consumidor final, evitando escalas intermedias como H. C. Starck. Porque, como señala un vocero del fabricante de teléfonos Erkis, “todo paso productivo dirigido hacia el consumidor aumenta el margen de ganancias”.

Albers también confirmó que las empresas de electrónica intentan adquirir el tántalo directamente para asegurarse el suministro de la materia prima. Quise saber cuáles eran esas empresas. “Usted puede recorrer el abanico completo. Desde Mitsui hasta Sony, pasando por… qué sé yo cómo se llaman.” ¿Nokia, Siemens, Ericsson, Motorola? “De Nokia yo nunca oí nada.” Pero de Mitsui y Sony ¿sí oyó? “Sí, entre otros. Samsung también se interesó y… Dios, la cantidad de nombres que circulan es tan enorme, pero de ahí a que todas efectivamente hayan comprado, no se sabe; y además, ¿a quién le importa?”

A mí sí me importaba, y averigüé directamente en las empresas. La vocera de Nokia, líder en telefonía celular, sólo dijo que no diría nada. El número dos del mercado es Siemens. De su filial Epcos se sabe que es uno de los principales compradores del tántalo en polvo suministrado por H. C. Starck. La mayoría de las otras empresas de electrónica mostró su reticencia.

Un caso para nuestro hombre en Tanzania: Robert Mbaye Leman, el traficante virtual de coltan, volvió a formular atractivas ofertas y las envió por e-mail a apenas una docena de fabricantes que operan en el mercado de la electrónica. Tantalita proveniente de la región de Kivu en la República Democrática del Congo, condiciones favorables de entrega, 40 toneladas, para relación a largo plazo, por favor responder a la brevedad.

Samsung, líder del mercado, muerde el anzuelo

Esta vez tuve que esperar varios días, hasta que el 5 de marzo de 2001 llegó la primera respuesta. Desde Corea, un hombre muy atento expresaba sus deseos de que el Sr. Leman y su familia se encontraran bien de salud, augurando al mismo tiempo éxitos en los negocios. Luego informaba que había derivado mi propuesta a la oficina correspondiente en Inglaterra. A partir de la dirección, se infería que el remitente era la Samsung Corporation.

Samsung es uno de los más famosos fabricantes de teléfonos celulares, accesorios de computación, artículos electrónicos de entretenimiento, productos electrodomésticos y equipos para la oficina. En varios rubros (por ejemplo, monitores y equipos de fax), este conglomerado de empresas se encuentra entre los líderes mundiales. Las ventas de Samsung Alemania ascienden por sí solas a unos 475 millones de euros.

Desde Inglaterra se presentó Claude Bittermann, gerente comercial de Samsung (Sección Metales), para fijar las condiciones de la transacción y llevar el material ofrecido hacia Europa. Yo seguí con mi juego: dije que, como la exportación de coltan era controlada por los rebeldes del RCD (lo cual impedía desarrollar relaciones comerciales normales), me interesaba saber si Samsung ya tenía experiencia en la región. Bittermann señaló que él ya había comprado cobre del Congo y que estaba al tanto de la infraestructura regional y sus obstáculos. Advertí que el negocio con los rebeldes requería una especial discreción, porque yo sacaría el mineral del Congo “sin papeleo ni complicaciones financieras”. Pero eso a Bittermann pareció no molestarle: “No se preocupe, el material no volverá a aparecer en el mercado. Será utilizado directamente para el consumo propio de Samsung en la industria electrónica.” Eso era todo lo que me interesaba saber.

También Sabena se lucra con la guerra del coltan

Al referirse al comercio del coltan en la región bajo dominio rebelde, el informe de la ONU sobre la explotación ilegal de materias primas en el Congo menciona a otro de los vencedores: la aerolínea belga Sabena se cuenta entre las “empresas clave dentro de esta cadena que articula la explotación de materias primas y la continuidad de la guerra. Sabena Cargo transporta recursos naturales ilegalmente extraídos en la República Democrática del Congo. Según se dice, Sabena Cargo lleva el coltan del Congo desde el aeropuerto de Kigali (nota del autor: capital de Ruanda) hacia diferentes destinos europeos.” Cuando los responsables del informe de la ONU indagaron en Bruselas, buscando que la dirección de la aerolínea diera explicaciones frente a estas imputaciones, “nadie se mostró dispuesto a hablar con los miembros de la comisión”.46

Empresas inmersas en el furor del coltan

El informe de la ONU no deja lugar a dudas: “La conexión entre la continuidad del conflicto y la explotación de los recursos naturales no existiría si no hubiera habido algunos que –sin contarse propiamente entre las facciones participantes en la guerra– jugaron, de manera voluntaria o involuntaria, un papel clave.” Tal como se indica allí, los individuos y las empresas del ámbito privado asumieron dentro de este contexto un papel decisivo. Y hay que obligarlos a que carguen con su responsabilidad: “Porque las empresas importadoras y sus cómplices saben perfectamente cuál es el verdadero origen del coltan.”

Pocas veces se ve con tanta claridad cómo la falta absoluta de responsabilidad económica puede desencadenar una catástrofe humanitaria. Por supuesto, no toda la culpa de esta guerra la tienen las multinacionales. Hay militares y funcionarios locales que avivaron el conflicto. Pero las empresas occidentales echan leña al fuego y allí se calientan las manos. “Nadie se opone a que las empresas internacionales inviertan su capital en una solución política para el Congo”, dice un profesor universitario de Goma. “Nadie se opone tampoco a que con esas inversiones obtengan beneficios a largo plazo. Pero aquí nadie invierte nada. Aquí todos cobran su dinero y miran para otro lado.”

Nota: Sabena declara un embargo para el coltan Luego del cierre de redacción de El libro negro de las marcas, nos llegó un comunicado de la ONU: el 15 de junio de 2001 la aerolínea belga Sabena declaró junto a Swissair un embargo contra el transporte de “coltan y similares riquezas del subsuelo” procedentes de África Oriental.47

Suplicios de Tántalo para los teléfonos celulares. El libro negro de las marcas. KLAUS WERNER ­ HANS WEISS

1 Nombre cambiado
2 “Preliminary Findings Indicate Some Two and a Half Million Deaths in Eastern Congo Conflict”, comunicado de prensa del International Rescue Committee, 30.4.2001
3 Ibidem
4 Bulletin hebdomadaire d’ínformation 48 pour I’Afrique Céntrale et de l’Est. UN OCHA Integrated Regional Information Network for Central and Eastern África (IRIN-CEA), 1.12.2000
5 Sixth report of the Secretary-General on the United Nations Organization Mission in the Democratic Republic of the Congo, 12.2.2001
6 UN Security Council Report SC/6962, 28.11.2000
7 Report of the Panel of Experts on the Illegal Exploitation of Natural Resources and Other Forms of Wealth of the Democratic Republic of the Congo, Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 12.4.2001, ver http://www.un.org/Docs/sc/letters/2001/357e.pdf
8 “Etappensieg für den Abenteurer”, Der Spiegel 52/2000
9 Entre los años 1999 y 2000, las ventas se elevaron de 435 a 665 millones de euros. La página web de la empresa señala que “esta alentadora expansión en las ventas puede atribuirse básicamente a la coyuntura favorable en el campo de las telecomunicaciones, pero también al tipo de cambio exhibido por el dólar estadounidense y el yen”. (http:// http://www.hcstarck.de)
10 Entrevista con Klaus Werner, 30.1.2001
11 Dominic Johnson: “Ein Minister will sich bilden”, die tageszeihtng, 21.11.2000
12 Dominic Johnson: “Erzfeinde im Coltan-Rausch”, die tngeszeitung, 22.12.2000
13 Otro que quiso conocer más detalles sobre la procedencia del misterioso material fue Philipp Mimkes, de la Coordinación contra los Peligros de Bayer. Pero el representante de esta organización (que observa con una mirada crítica a la empresa debido a su pasado nazi y a la fabricación de productos químicos sumamente peligrosos) tampoco obtuvo respuesta “por razones ligadas a la competencia”. Lo único que le hicieron saber es “que las principales fuentes de materia prima del tántalo no se encuentran en África”. (Fax enviado por H. C. Starck a la Coordinación contra los Peligros de Bayer, 5.12.2000)
14 Entrevista con Klaus Werner, 30.1.2001
15 Entrevista con Klaus Werner, 23.1.2001
16 Entrevista con Klaus Werner, 31.1.2001. Lo último que registró suinstituto fue una tonelada de tantalita en 1994 (una cantidad mínima, si se la compara de manera global). Luego, nada más. En la tabla relativa a Ruanda –esta tabla es relevante, dado que los ruandeses, como fuerza de
ocupación en el Congo oriental, son los propios beneficiarios– aparecen unas 25 toneladas anuales, cifra que tampoco resulta demasiado significativa. Fuentes: US Geological Survey: The Mineral Industry of Congo (Kinshasa), The Mineral Industry of Rwanda
17 En la actualidad, la producción anual mundial se estima en 2.500 toneladas de pentóxido de tántalo (Ta2O5). La tantalita proveniente del Congo (coltan) tiene en promedio un grado de pureza del 20%, es decir que con 200 toneladas mensuales de coltan se obtienen más o menos 480 toneladas de Ta2O5 al año. Ni siquiera desde Australia (país que según cifras oficiales es, por amplio margen, el mayor productor) se exporta una cantidad superior.
18 Entrevista con Klaus Werner, 31.1.2001
19 Por ejemplo: http://www.cbn.co.za, http://www.goldseek.com, http:// tradezone.com o http://www.emb.com
20 Ver http://www.equatorialsafaris.co.tz
21 http://www.cbn.co.za/tradeenquiries/trd evapora ting tantalite.htm
22 http://www.emb.com/bbs/messages/386.html
23 Las casillas de correo electrónico pueden obtenerse gratuitamente en http://www.gmx.net, en http://www.hotmail.com, etc.
24 “Deutsches Geld für Kongos Krieg”, die tageszeitung, 4.4.2001
25 Pierre Lumbi, Observatoire Gouvernance-Transparence (OGT): “Guerre en Rdc: ses enjeux économiques, intéréts et acteurs”, abril de 2000
26 Report of the Panel of Experts on the Illegal Exploitation of Natural Resources and Other Forms of Wealth of the Democratic Republic of the Congo, Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 12.4.2001
27 Dos meses después (el 4.4.2001), Born le contaría al “tageszeitung” lo siguiente: “A mí no me consta que Somigl invierta en las minas. Ellos ganan una cantidad infernal de dinero, y el dinero no retorna.” En su opinión –segun el taz–, los importadores de tántalo deberían contribuir a mejorar las condiciones de vida en las regiones de extracción, por ejemplo en el Congo
28 “Deutsches Geld für Kongos Krieg”, die tageszeitung, 4.4.2001
29 Entrevista con Klaus Werner, 18.2.2001
30 Comunicado de prensa de Refugees International, 24.4.2001
31 Entrevista con Klaus Werner, 17.2.2001
32 UN Office for the Coordination of Humanitarian Affairs (OCHA), DRC Monthly Humanitaritin Bulletin, mayo/junio de 2000
33 Entrevista de Klaus Werner con el vocero del RCD, Jean-Pierre Lola
Kisanga, 17.2.2001
34 La Gesellschaft für Elektrometallurgie (GfE) es una filial de la empresa metalúrgica norteamericana. Según el informe de la ONU sobre la explotación ilegal de materias primas en el Congo, el socio de Karl-Heinz Albers en Somikivu es el congoleño Emmanuel Kamanzi, hombre de negocios y ex jefe de finanzas de los rebeldes del RCD
35 Dentro de los círculos diplomáticos, Albers no es ningún desconocido (especialmente a partir del litigio con el acaudalado austríaco Michael Krall). El apellido Krall, cuyo portador goza de buenos contactos tanto con el cónsul honorario de Austria como con los máximos círculos del poder en Uganda, aparece mencionado una y otra vez en los informes sobre tráfico de armas en África Central. Albers está enredado en un forcejeo con Krall debido a que ambos aseguran poseer los derechos sobre la mina de niobio en Lueshe. Aparentemente Krall habría obtenido la concesión por parte del ya fallecido presidente congoleño Laurent Kabila. Esta declaración carece de valor, dado que, desde el estallido de la guerra, Lueshe se encuentra bajo el control de los aliados de Ruanda. De esta manera ha surgido una situación grotesca, en la que una empresa austríaca y otra alemana se disputan el predominio y la explotación de las materias primas en el Congo. Un embajador, que en el pasado fue asignado a esta región y que no quiso indicar su nombre, dice que una cosa está clara: “Allí tienen lugar los artilugios más increíbles. Allí hay empresas europeas que están involucradas en los crímenes más terribles”
36 Todas las citas siguientes provienen de entrevistas telefónicas, realizadas por Klaus Werner el 28 de febrero y el 2 de marzo de 2001
37 Masingiro está inscripta desde abril de 1996 como S.R.L. en el Registro Comercial de Nuremberg y tiene su sede en una casa de familia de la localidad alemana de Burgthann, donde asimismo vive la directora de la empresa, Rita Breyl. El registro mencionado consigna como rubro comercial “recursos técnicos para la explotación de riquezas del subsuelo”
38 Albers habla de 200 toneladas de preconcentrado, con un grado de pureza promedio del 20% de Ta2O5
39 Según el “Informe de la ONU sobre la Explotación Ilegal de Materias Primas en el Congo”, solamente entre noviembre de 1998 y abril de 1999 se habrían exportado 1.000-1.500 toneladas de coltan desde la región
40 Precio por un kilogramo de coltan de mediana calidad según el “Informe de la ONU sobre la Explotación Ilegal de Materias Primas en el Congo”; sin embargo, para marzo de 2001, el precio había vuelto a retroceder hasta situarse en alrededor de 100 dólares estadounidenses por kilo
41 El “Washington Post” presume que aproximadamente la mitad del coltan congoleño desembarca en H. C. Starck (“Vital Ore Funds Congo War”, 19.3.2001)
42 De esta manera, Albers confirma los rumores que existen al menos desde junio de 1999, es decir casi un año después del comienzo de la guerra. Por entonces, un periodista norteamericano afirmó que H. C. Starck (filial de Bayer, el fabricante de la aspirina) estaba involucrada en una joint venture cuyo objetivo era explotar un metal de gran importancia para las tecnologías occidentales (ver http://www2.minorisa.es/inshuti/ businb.htm). Entre las firmas mencionadas, se encontraban asimismo un banco ruandes, la delegación suiza de la Banque Nationale de Paris y una empresa norteamericana llamada Kenrow. A esta última también se hizo alusión en un sonado artículo publicado en octubre de 1999 por Le Monde Diplomatique (Colette Braeckman: “Carve-up in the Congo”, Le Monde Diplomatique 10/1999). Allí se analizan las conexiones entre las riquezas del subsuelo y la guerra del Congo. El artículo otorga una gran importancia a los yacimientos congoleños de coltan, indicando que el 80% de las reservas
mundiales se encuentran en África y que, a su vez, el 80% de las reservas africanas están en la República Democrática del Congo. Por otra parte, la autora de la nota destaca que la sociedad ruandesa Sogermi, especializada en la extracción del tántalo, ha procurado establecer una joint venture con firmas occidentales. “Tuvimos la idea de hacer algo con las que producen entre cinco y diez toneladas al mes”, dice Albers. Pero señala que Kenrow, en cambio, ha perdido protagonismo hace rato 43 “Electronics, superalloys markets fnelling tantalum demand growth”,
American Metal Mnrket, 18.9.2000
44 “Erkis seeking partner for Zaire tantalum”, American Metal Mnrket, 9.1.2001
45 Metallurg International es la empresa matriz de la Sociedad Electrometalúrgica (GfE) de Alemania. La GfE participa con un 70% en la mina de niobio de Lueshe (Congo) y tiene como gerente a Karl-Heinz Albers
46 Report of the Panel of Experts on the Illegal Exploitation of Natural Resources and Other Forms of Wealth of the Democratic Republic of the Congo, Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, 12.4.2001
47 UN OCHA lntegrated Regional Information Network for Central and Eastern África: Bulletin quotidien d’information Na 1205 pour la región des Grands Lacs, 21.5.2001 

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