Podríamos empezar por tantas experiencias, de las cuales hemos sido testigo, tantas vivencias escondidas en alguna parte de nuestra mente. Hemos sido manoseados, reprimidos, conducidos, abducidos, por parte de una cultura del terror, del miedo.

La iglesia históricamente ha sido una institución que ha esclavizado a las personas, que ha legitimado una forma de existencia que es la del hombre sumiso que trabaja para ganarse el cielo. Pero la iglesia ha perdido terreno cada vez más, y su legitimidad es cada vez menor, increíblemente el supuesto rival de la iglesia ha ganado legitimidad, es la ciencia, sus estudios se han convertido en verdaderos testamentos, tiene mandamientos de los cuales no podemos descolgarnos, los doctores son semi dioses irrefutables y tienen un mayorazgo dentro de la sociedad, son los curas del siglo XXI.
 
Nuestros niños pierden cada vez más la capacidad de asociarse, no salen a jugar, no tienen grupos de amigos, ya no son proactivos, de hecho un niño proactivo puede ser diagnosticado y lo que es una cualidad se criminaliza y se convierte en una cuestión clínica, que por lo tanto debe ser, dicho de una forma “científica” tratada, es decir medicada, esa cualidad debe ser reprimida no pueden quedar rastros de ese niño que no para de jugar, de ser feliz. Los padres han caído en una trampa, han llevado a sus niños con el cura, es decir el médico, han llevado al pie de la letra sus indicaciones no han dado espacio para el cuestionamiento, el miedo los a carcomido prefieren quitarle la teta, darle una droga o darle un castigo, ya que el medico incluso es un consejero familiar, recomienda en diversas ocasiones mano dura. Pero debemos pensar quienes son los que proveen y sustentan estas ideas. La academia, nuevamente, aquella servicial al orden, aquella de las cuales nacen esas falsas ideas, se han creado una serie de organismos científicos solo para infundir el miedo. Algunos de estos han señalado que un niño que tome leche materna después del año puede tener rasgos de “degeneramiento” y olvidan intencionalmente que somos animales que necesitamos apego y amor y que la leche materna es el alimento más rico en un bebe puede recibir. También se ha creado la necesidad de vacunar a los niños contra diversas “enfermedades” de las cuales nadie sabe de donde nacen, estas vacunas contienen grandes dosis de mercurio y generan en la mayoría de los casos niños autistas o sedentarios, sin ganas de jugar, sin ganas de asociarse. Y derechamente la tecnología se ha tomado los mejores años de la vida, la niñez, con todos sus aparatos; play station, juegos virtuales, wifi etc.
  
Recordemos un párrafo de un pediatra español llamado Carlos Gonzales que  en su libro Bésame Mucho nos cuenta una experiencia: “En la sala sólo había una madre, con un bebé de pocos meses en un cochecito, esperando para otro colega. El bebé se puso a llorar, y la madre intentó calmarlo moviendo el cochecito adelante y atrás. Cada vez los llantos eran más desesperados, y los paseos de la madre más frenéticos. Cuando un niño llora con todas sus fuerzas, los minutos parecen horas. «¿Qué hace? —pensé—. ¿Por qué no lo saca del coche y lo toma en brazos?» Esperé y esperé, pero la madre no hacía nada. Finalmente, aunque nunca he sido amigo de dar consejos no solicitados, me decidí a lanzar una indirecta lo más suave que pude: —¡Pero qué enfadado está este niño! Parece que quiere brazos…

Y entonces, como movida por un resorte, la madre se abalanzó a sacar del coche a su hijo (que se calmó al instante) y explicó: —Es que como dicen los pediatras que no es bueno cogerlos… ¡No se atrevía a tomar a su hijo en brazos porque había un pediatra delante! Aquel día comprendí cuánto poder tenemos los médicos y cuántas presiones y temores deben soportar cada día las madres”1.

La ciencia es la iglesia de nuestros tiempos, nos vacuna contra la rebeldía, prohíbe y permite, nos da consejos que tomamos por temor, son policías, jueces, profesores, curas. Se meten en nuestra cama, nos dicen que opción sexual tomar, nos legitima nos prohíbe, y por sobre todo nos niega, nos desconstruye,  y lo hace desde que nos gestan, convierte a nuestros padres en tiranos, señala que a los 12 meses el niño debe dormir en piezas separadas, cuando somos mamíferos que vivimos en manadas,  nos quiere ordenados, vacunados, sumisos obedientes, nos dice que comer, que beber, olvida todas las creencias naturales milenarias, le sede el terreno al capital, induce a llevarlos a la guardería,  el primer presidio que debemos cumplir para luego ir al segundo: el colegio. ¿Qué ha pasado para que olvidemos todos aquellos conocimientos milenarios?, ¿Cómo el miedo nos ha manejado?. les incito  a observar lo que comemos, lo que recibimos, en nuestros jardines esta la medicina y muchos conocimientos no provienen de la academia, ni están en una capa blanca, ni en  un cartón, están en nuestro origen, en nuestros ancestros, están en nuestra tierra, en los árboles  y los prados.

“Debía de tener seis o siete años cuando, corriendo a oscuras por la casa, choqué con una puerta de cristal que siempre había estado abierta. Quedó hecha añicos a mis pies. Me pegué un susto de muerte y me hice un pequeño corte en la frente. Pero no notaba ningún dolor; el miedo al castigo me paralizaba” Manuel.

“Si hay un ángel que anota las penas de los hombres, así como sus pecados, bien sabe cuántas y cuan profundas son las penas nacidas de falsas ideas de las que nadie tiene culpa”. George Eliot, Silas Marner.

“Las flores de mi jardín han de ser mis enfermeras” Violeta Parra.

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